Mostrando las entradas con la etiqueta ROSAMEL DEL VALLE. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta ROSAMEL DEL VALLE. Mostrar todas las entradas
martes, agosto 25, 2015
EL HOMBRE DEVORADO por ROSAMEL DEL VALLE
Venid ahora, oh tembloroso fuego robado por mí,
venid ahora que la sangre inunda la noche
y la altura donde la estrella
pavorosa crece en mí rodeada de visiones y tijeras.
Ahora
que ya no sueño ángeles ni coros, dorados universos,
pasos interrumpidos, silencios mortales,
luces entreabiertas.
¡Venid! Las lámparas de mis huertos te hicieron mío...
Lo oscuro
palpita y vive, mi piel se cubre de hojas y chispas,
mis ojos se hacen maravillosa debilidad,
mi boca cría árboles
y hasta cuando la terrible delicia del abismo
abre sus aguas
los espejos profundos me apagan la sed , y me escucho.
¡Venid! El definitivo asombro se despliega a lo lejos,
entre secretas cadenas y estatuas de ojo ardiente.
Mío es por fin el calor. Mía es la cabellera que se corre
noche adentro en el sonido de un caballo de fuego.
Etiquetas:
ROSAMEL DEL VALLE
domingo, septiembre 07, 2014
AMOR PUBLICO por ROSAMEL DEL VALLE
Entre el agua y el aire
Pasabas con un nido en la frente.
Más suave que los ojos, más profunda que la boca,
Con la palabra amor vuelta hacia el verano.
Por ti vivo en el recuerdo
De un pozo con un alelí en el centro.
Por ti los años venían a hablar con el espejo
De cejas profundas.
Había un rostro vivo por ti en el recuerdo de una primavera
que no le pertenecía y que pasaba en un
coche tirado por lámparas.
Un rostro nunca visto.
Un rostro agrietado por la luz de un jardín.
Oh faz ciega a quien he hablado en el muro
De una catedral donde no estuve.
Como los rostros amarillos O lilas que miran
Hacia un reino perdido.
Un tiempo con flores de durazno.
Un tiempo de entierros.
Los féretros florecían en la calle y eran arrastrados
¿Quién podría decir que no se lloraba detrás,
Que no se lloraba como en una lluvia en un jardín?
por caballos de crines amarillas.
Sí. Y en el recuerdo Labia carruajes
Con caras otoñales.
Carruajes con amores heridos en el amor por el amor
De la muerte.
El amor de las Lilas era el desamor. Algunas
Lágrimas lavaban las calles
A causa de cualquier nombre.
Se vivía detrás de esos duelos
Y había que esperar para reír.
Todo se vuelve tan confuso de pronto.
Tanta puerta abre la boca.
Tanta vida olvida andar para la muerte.
Después, sí, después por ti vivo a miradas
En una estatua de color donde las cosas
Empezaran a moverse.
Sé hacia donde van, sé que abandonan la danza.
Un sol retardado las invita a pasar.
A quitarse el polvo donde brillan
Los cabellos del tiempo,
Una música donde vas sin moverte hacia un baile.
Hacia una sala fría con un frío sol donde duermen
Los amarillos amantes de las morgues.
Por ti están enlazados y quisieran verte.
Quisieran saber que los miras desde algo semejante
a la vida. Por ti se alejan al través de tus ojos y
quizás si arrastrados por lámparas en una noche
sola y con un alelí en la boca.
Por ti van hacia un cántico,
Hacia un sol de piedra.
Y por ti vivo. Con tu palabra que es la corona
Cruzada sobre las manos en el pecho de los muertos.
En un lugar donde el sol duerme todavía
Un sueño brillante y desganado.
Allí recoges los rayos.
Allí donde me esperas.
Alguna vez vi allí tu rostro.
Alguna vez pasó tu mano por detrás de mi mano.
Quizás sea lo que retorna
Desde nosotros mismos.
Quizás sea la sed que dejamos partir,
El rostro que perdimos en una noche sin puertas.
¿Has visto cómo se derrumban las cosas
Que dejamos atrás? Por ti pienso
En una campana sonando entre tú y yo.
Por ti siento que no son mías estas palabras.
Que no son mías porque estaban solas
En el rocío de un jardín público.
Junto a un mendigo y a una prostituta.
Por donde se cruzaron los carruajes
De una boda y de un entierro.
En un jardín público, ya lo ves.
Palabras para un extraño canto
De amor.
Por ti.
Etiquetas:
ROSAMEL DEL VALLE
sábado, noviembre 23, 2013
DEL LIBRO DE LOS SUEÑOS por ROSAMEL DEL VALLE
En extraña compañía de Daniel, un día,
Así, un día de viajeros. El joven mago
Alojaba en la taberna. El vielo caldeo
En Park Hotel. Tú dirás, tú dirás. Tú que sigues los astros
Tú que estás inclinada hacia una noche de vidrio.
Si allí no hay higueras, tú dirás. Si allí
No está el sueño junto, el hombre junto, la tierra junta,
Tú lo dirás, hija proscripta. Amor rnio, tú lo dirás.
¿Es posible? Un huésped tiene tu pecho. El otro, tus sueños
Uno te lleva al jardin levantado, al agua que lee en
las manos
El otro a lo que no eres cuando estás en un baile.
En una reunión de señoras a quienes les hablas de
no hablar
De no hablar, sí, por supuesto. Sino de abrir las ventanas
Del cuerpo a la primavera. De abrir los cofres. Los cofres
Que el baño no limpia. Ahí estaría bien el hombre.
El cuerpo es la luz que anda. Lo que va dentro, sueño.
Un astro solo para el día de los muertos.
¿Cómo no verte junto a Daniel? ¿Junto
A los leones de la noche?
Somos los seguidos, tú lo sabes. Nos siguen. Al fondo
Alguien limpia las pisadas. Alguien lava las luces
Que hemos perdido. ¿Cómo no verte atravesar las
puertas
Donde duermen las cosas conseguidas?
Pero tú vas a una cita. Una verja. Un huerto. El jardinero
Dormita junto a un hoyo sin rosas.
Sombrío monte de Marte. No lo ignoras. estás
Rodeada de la vida. De la muerte. Hay que tener paciencia
Los leones de Daniel. Lo que dice Daniel.
Ya verás. Ya verás.
Más tarde, más tarde las campanas tocan hacia el
Oeste.
Encima del matorral. Eso es. La luna del matorral.
Siempre buscar. Buscar lo que nos sigue. Buscar
Donde riada hay que buscar. Tú lo sabes. Siempre
buscar
¿No se cansa el jardinero de enterrar sus rosas?
su sueño es la linterna que lo anima.
Lo anima desde sus manos, no lo ignoras,
Hacia el fondo de la tierra donde llaman
Sin que nadie responda.
¿Estarás allí? NOS siguen, amor. Nos siguen. Lo dicen
Las hojas solas. La hierba crecida. Un buen día
Todo está ahí, presente. Estás tú. Estoy yo. Y
Lo que la noche esconde en el oído.
Luego no hay más que ver y oír. El corazón
Viaja solo dentro del cuerpo. Tú eres la viajera,
la viajera más sola de la hierba. Amas y eres amada.
Abelardo y Eloísa. Amas y eres coronada
Con el ruido más hondo, con la estrella más ciega.
Amas y eres amada. Amas y eres amada. ¿Cómo
Se abrió la noche para seguir?
Los años son la estatua del amor Brilla detrás de ti.
Estamos allí y Daniel nos ve. Tú dirás tu canción.
El dirá qué creció para el año que viene.
Yo debería decir mi palabra. Pero, tú sabes, yo sueño.
Tú dirás tu bella canción. Yo perderé mi bello sueño
¿Hay que adorar? Amas y eres amada. Ningún rayo,
ningún libro
Dirá lo que no diga
Tu amor.
Etiquetas:
ROSAMEL DEL VALLE
POSIBLE JUEGO DE DADOS IMPOSIBLE por ROSAMEL DEL VALLE
Soy el irritado y tú eres
El nardo lleno de escamas
Puedes llevarme hacia esa ciudad sin jardines
Con escorpiones a cinco centavos en la feria
Oh señora de todos los acontecimientos
Con olor a pesebre
He muerto tantas veces por ti
Viruta del tonelero al mediodía
Con algunas golondrinas alrededor
Para que no sueñes y salgas al fin del pozo
donde tus palabras se oxidan
.Esta corona fue destinada para un muerto
Siempre para siempre
De buena familia con duendes cultivados.
Y cuando vas los domingos a la catedral
A conversar con el dios oculto eres
La oveja negra de la casa
Tus pasos resuenan
Como rayos de sol en las columnas
Princesa cuello de garza
Con un álbum de cartas amarillas
Escritas por el padre desde la prisión
Hoy las rosas
Han mejorado de color
Boca de mujer en el lecho
Mientras Adriana la viuda
Ve a su marido en el espejo
Una herida que deja de sangrar en casa de la modista
La bruja adolescente sabe
Cambiar invierno por primavera
Con sus muslos de cerezos en flor
Y el caballero paralítico_dice
La poesía es una enfermedad
Cualquiera puede pensar en los monumentos
Cuando se le ve la nariz pegada a las costillas
El exquisito
Con el Mont Blanc asomado a la ventana
Desde allí Thérese escribe cartas llenas de violetas
A su hermana en Toronto
Y la majestad musical cuando temblé
Bajo el único cielo que he visto tantas veces
Con esas azucenas terribles
Quita de mí todas las manchas de sol si quieres
O déjame poner en un marco tus manos de vidrio
(Sabes que los insectos viven en mis recuerdos como en
un castillo?
Debo identificarme poco a poco
Aceptar el hueco solar del invierno
Mientras por debajo de mi cuerpo silba el tren
Que me lleva hacia ninguna parte
En Marsella el mar se parecía a tus senos
Y yo preso en Tolón como tú sabes
Junto al Mediterráneo de alas azules
En el jardín olvidado donde hablabas
De historia con los jacintos
Sí la trucha azul a dos pasos de Ginebra
Ojo inmenso no me mires
Un día
En Marsella el mar se parecía a tus senos
Y yo preso en Tolón como tú sabes
Junto al Mediterráneo de alas azules
En el jardín olvidado donde hablabas
De historia con los jacintos
Mas la niebla ha madrugado en mi ventana
Estrictamente como en Londres
En Hyde Park
¿Recuerdas que alguna vez llamé a tus manos el Arco
Mármol?
Tú dijiste que la reina era una pieza de ajedrez
O que la Plaza de Toros en Madrid era una olla
No lo repitas
El sentido común es una banda militar
En todas las Plazas de Armas del Mundo
Y cómo lloré con las canciones en Venecia
Solamente
Los Cuartetos de Beethoven deben haber sido
El origen en mi de tantas catástrofes
Eso eres
La bella catástrofe y te amo
Te amo te amo te amo
Hasta que muera sin truenos
En el Calvario
Yo que durante años tuve un mirlo
Que repetía mi tos y mis malas palabras
En plena primavera triunfal
Así viene la sabiduría de parecerse a todo el mundo
Con enfermedades y caprichos
Que esperan la corona de flores para la tumba
Tan alegre suceso
Higuera frondosa
Arma fría contra los terrores
Imagina ahora por un instante
Me voy
En viaje hacia la tierra que es un nido
Tantos padres y madres
Tantos amigos y flores
Nadie va a pensar en el silencio
sólo tu sol clavado en mí
sólo mi corazón seco fijo en ti
Y una leve lluvia en cada aniversario
Una vida
Una muerte
El juicio final
Cantando en armonios sin huesos
Oh dios
En ese tiempo estaré jugando a los dados contigo
Etiquetas:
ROSAMEL DEL VALLE
ROSAMEL DEL VALLE: EL DESCONOCIDO por LUDWIG ZELLER
Presentaré los lectores de habla inglesa a un poeta de la complejidad de Rosamel del Valle resulta siempre un problema mayor. Desde luego, cada poeta es único, el mutante dentro de su idioma. ¿Y quién tiene el derecho de presentar a otro, si no es movido por la admiración? Quien lea estas páginas quedará fijado en muchas de las facetas de este poeta singular, sin embargo es necesario ver el inmenso panorama creativo que su obra descubre.
Lo primero que salta a la vista es la profusión y suntuosidad de sus imágenes, extendida a lo largo del sonido de largos versículos, para llegar a ser en sus últimos libros casi un diálogo coloquial que el poeta ha entablado con fantasmas. Difícil si pensamos que tras largos años de amistad v admiración acompañamos sus restos al Cementerio General de Santiago de Chile, en una primavera de septiembre de 1965. Y difícil saber si fue realidad o 110, ya que el poeta puede emerger desde el muro blanqueado frente a nosotros, cubierto de una máscara ardiente de las que tanto gustaba, maravillado como un niño, siempre más cerca de la magia que de la poesía.
Lo conocí a mediados de la década de los cuarenta. Ya no recuerdo bien si trabajaba entonces para una imprenta o en la oficina de correos. padeciendo todos los ultrajes que un poeta suele sufrir como condenado a remo, en esas galeras de la burocracia, más pobre aún, más sórdida en los empobrecidos países de América Latina.
Había nacido en 1901 Era hijo de un hogar humilde y conocí de pasada a uno de sus hermanos que trabajaba en una librería. Como en muchas familias él era la semilla de color radiante, extraño a lodo, la excepción. lo que se sale dé norma.
El poeta Homero Arce, amigo de juventud, cuenta que Rosamel solía visitarlo a veces al atardecer en su oficina después de la jornada de trabajo escribir en esas viejas máquinas de oficinas públicas, con dos dedos, come picoteando sobre el papel mis fulgurantes poemas. Es una situación que él mismo vio repetirse años más tarde, cuando funcionario del Ministerio de Educación. En la oficina de la sala de exposiciones otros poetas volvían a copiar sus obras como sumidos en un mundo de sueños. A Rosamel le había tocado hacer algo por el estilo años antes y acaso por eso era generoso v abierto con los jóvenes poetas que como yo mismo se acercaban a él buscando derroteros, u movidos por la admiración hacia una obra que empezaba a tomar forma de volúmenes ahora inencontrables: País blanco negro, Poesía, Orfeo.
Había en su rostro moreno de grandes ojos una sonrisa que suavizaba todas las diferencias. Se formó a sí mismo como autodidacta y aprendió el francés y el inglés leyendo a sus poetas preferidos con ayuda de un diccionario y una gramática. Y no se crea que su aprendizaje pudiera resultar superficial, son muchas las traducciones que él hizo al español, pero extraordinarias de Fata Morgana de André Bretón o el difícil texto El hombre aproximativo de Tristán Tzara. . Todo esto en un tiempo cuando en España los editores sólo se atrevían a publicar lo que tuviera el beneplácito de la censura castrense.
Por sus méritos, junto con otros cuatro funcionarios, fue contratado ,a las Naciones Unidas en el departamento de publicaciones. Se ensanchaba su mundo: pudimos leer sus crónicas apasionadas que aparecían en los periódicos de Santiago Pro arte y La Nación: una visita a la casa museo de Edgar Allan Poe la primavera en el río Hudson. o simplemente esa visión de las calles y dé las gentes en el Manhattan de los años cincuenta. Su poesía también encontró un cauce más amplio, el amor le tendió por una vez la segura mano de Thérese Dulac y de ese encuentro brotan los encendidos cantos de amor que le ayudan a conjurar los fantasmas, a sobrepasar las visiones que lo acosan.
Sus libros son extraordinarios documentos de la poesía escrita en español. El joven olvido. Fuegos y ceremonias, La visión comunicable y El corazón escrito, resultan el más fastuoso y radiante desfile de imágenes. Su importancia es solo comparable a la de Vicente Huidobro en sus obras maduras, o el Neruda de Residencia en la tierra, y conforman con la poesía de Humberto Díaz Casanueva, los poetas que integraban el grupo surrealista Mandrágora. Eduardo Anguita y otros, un nuevo firmamento poético, en ese cielo secreto del Sur de América.
Volvió a Chile a principios de los años sesenta \ tuvimos oportunidad de vernos v t lia ría t muchas veces en su casa-quinta de José Domingo Cañas. Quizás debemos agradecer a Thérese Dulac cuya presencia y amor logro hacer germinar en una mente sombría cantos de auténtica revelación. Hay en todos los poemas de las últimas décadas una majestuosidad. un fluir de imágenes que pesan como inmensas joyas en la mente de quien se acerca a su poesía. No negaba nunca sus preferencias hacia los grandes románticos alemanes, Blake, Nerval y los surrealistas. Es curioso notar que en el último número de la revista Mandrágora en un texto escrito por Enrique Gómez Correa bajo el nombre " Testimonio de un poeta negro” en el que se enjuicia duramente a los poetas de la generación anterior, expresa: “Sólo Rosamel del Valle habría podido integrarse a la Mandrágora" y es acaso porque su enorme creatividad lo conecta con las poetas de las más distintas tendencias, Durante los casi veinte años que estuvo lucra del país el poeta pudo ampliar enteramente su horizonte con viajes a Europa y contacto con otros escritores y artistas con los que !e tocó tratar.
Chile es un país difícil y Rosamel del Valle lo sabía. Volvió como los pájaros migratorios, guiado más por el insinuó y lo afectivo que por cualquier otro tipo de cálculo, va que era ajeno a obtener prebendas, fueran éstas de cofradías o de partidos políticos. la publicación de El sol es un pájaro cautivo en el reloj, la alegría de reencontrarse con viejos amigos y el homenaje y admiración de los más jóvenes, acompañaron sus últimos años. Murió el de septiembre de 1965.
Por los desvelos de su compañera Thérese Dulac se ha podido ver publicada LA Antología de Monte Avila. compilada por el poeta venezolano Juan Sánchez. Peláez v prologada por su amigo Humberto Díaz Casanueva. Era y la fuga, una nouvelle de los años 30 ha podido ser analizada y estudiada por esa apasionada del surrealismo. Anua Balakian. Cuyo juicio siempre es una aportación valiosa. Elina aroma terrestre fue publicada hace pocos años en el Quebec y es una de sus tantas novelas que aún permanecen inéditas.
Chile ha vivido años difíciles y es quizás en parte la razón de que no se le haya dado a Rosamel del Valle la importancia que merece. Quizás nuestra. Generación o la anterior tienen muy cerca “ese ojo de volcán de su poesía y tengan que ser nuestros hijos los que divulguen el mensaje secreto de sus libros esas joyas irisadas de locura, de amor, de certezas inevitables como la muerte.
Etiquetas:
ROSAMEL DEL VALLE
martes, septiembre 17, 2013
CANTO DEL SEXAGENARIO SONRIENTE por ROSAMEL DEL VALLE
Hay un ojo solar en el muro
Y tu imagen nada al revés hacia ti mismo
Aunque has desaparecido hace años
Gracias a oscuros accidentes
El ojo
De la nostalgia
La joven con agujas en los párpados
Nos visita cuando no estamos
Cuando hemos salido en busca de palabras
Desterradas de la lengua
Nunca estamos
Mientras el tiempo dice
La soledad es un diamante
Y lo amamos
Como la vieja dama de las cicatrices
Lo usa para resucitar en los salones
¿Dejamos la vida sin despedirnos?
Los años los años
Acuérdate de poner en orden tus papeles
Elegir el número que te identifique
Y vivir todavía
Sin ningún misterio gozoso El cielo
No tendrá puertas para ti
¿Para qué Tener un ojo solar en el muro?
Mi lengua es un laberinto
Me lo dijo Edith Wharton en el Bar Costello »
Los astros son un aroma secreto
En el vaivén humano«
Mi pecho es una caverna
Con animales y pájaros clavados en los muros
Y recuerdo que está nevando
Porque el frío es un humo azul
Y porque las palabras no se parecen a la lengua
Ni el canto se parece a las golondrinas
Tampoco los- sueños se parecen al mar
No lo quieres creer
Pero en mi boca hay un tren que viene de ti
Una vida que ha perdido el imán obsequiado
Una muerte de otro tiempo que danza con antorchas
Para que insectos sin nombre canturreen en mis manos
Y un recuerdo tejido por abejas
Se acuesta en mi lecho
¿Para qué si mi cuerpo es el vacío?
No te preocupes Todas las respuestas
Se han ido en busca del sol a las montañas
En alguna parte de mí florecen naranjos
No tiembles por estas semejanzas
Ya que no has hecho otra cosa
Que decapitar los sueños más hermosos
Para pasearte por la tierra envuelta en un rayo
Oh en estos tiempos difíciles los astronáutas
Son los únicos paseantes solitarios
Aunque los predicadores hablen de un cielo agujereado
Lo decía una señora
Creo que se llamaba Evelyn Starnes
Nacida en un barco en viaje hacia Tahiti
Y yo
Sueño con los naranjos en el patio de una isla
Y en mis costillas hay luz todavía
Mientras el prestidigitador
Extrae princesas de su sombrero
En Coney Island
Y la señora del hipopótamo
Da a luz a su tercer hijo
En el jardín zoológico del Bronx
Amor amor
Después de los sesenta
Se empieza a preguntar
No respondas
Aunque todavía la lluvia juegue a las cartas con las hojas
Aunque Brígida siga escribiendo cartas desde Europa
Aunque el corazón no pueda aceptar más alfileres
Cierra la puerta al gusano
Disfrazado de sol
En tu jardín
Etiquetas:
ROSAMEL DEL VALLE
martes, septiembre 27, 2011
L A COPA TERRESTRE por ROSAMEL DEL VALLE

Estás ahí, penumbra donde mi cuerpo desciende
A la caverna del ciego que cuenta sus huesos.
Estás ahí, ¿eres tú? Anciana cuidadora de las puertas.
Visión tatuada en los jardines que se apartan al verme.
¿Duermen los perros brillantes que lamían la noche?
No los oigo sentarse a la sombra, ni rechazar el sonido
Con que hila el tiempo el traje de los muertos.
Tu cuerpo cubre el césped rojo por el verano,
Ceñidas las rodillas con insectos y tijeras.
¿Han lavado los jardines? Solamente ha crecido la
bruma
Para cerrar las puertas, para cavar el sueño.
Han sido numerosos los huéspedes del otro invierno.
Desenterraban cánticos donde lucían arpas las hojas.
Bailaban tal vez y vaciaban la noche. Dormían tal vez
En pesada carrera detrás de los sueños. Y tú, y tú
Con las viejas llaves en el corazón.
Ibas y venías por la escala, por el tiempo,
Por las visiones ardientes.
Siempre allí, oh Anciana, cerca de los pies torcidos
En lo vivo de mí aunque borroso. En lo mío sin mí.
¿Cómo me sostenías al borde de tanta luz? Las cosas
Años y años en el recuerdo de las horas degolladas.
A veces limpiándote los días de la frente,
Rodeada de ángeles cansados de brillar.
Y campanas también. Campanas de vuelta de la noche,
Con pasto crecido entre los dientes.
Tú. debajo de los pasos nocturnos, debajo de las bocas
turbadas
De tanto cavar en la memoria. Tú, con las llaves.
¿Pasaban las bodas, los entierros, los ruidos de la feria?
¿Pasaban los bebedores, los sonámbulos, los crucificados?
Ellos son los dueños de la noche, los que gastan sus monedas
Sueñan con arpas al hombro, con la cabeza vacía.
Conversan con lo que va a venir, como el espejo con
las cosas
Detrás de un secreto, de una frente que se mueve.
Alegres por desdichados sabores. O mirando pan
adentro
Por ti se ahogan a veces las olas de la harina.
Ellos, a tu puerta, para oirte dormir. Para separar
la bruma
Que te rodea la cabeza si a lo lejos el mundo
Se deja devorar por las piedras de la noche.
Ellos y tú, oh mirada terrestre fija en el borde de mi
En la estatua del tiempo que me crece a la espalda
Tú ahí, despierta por ti misma,
Prendida a la niebla que desgarran las horas. El polvo
En la frente, cercada por muros y torres.
¿Hay una Navidad que dura
Más de un día en las campanas del corazón.
Entre tú y yo todo crece hundido y sin sabor.
¿Recuerdas los bebedores de los domingos? ¿Los ancianos
que
Escarbaban el tiempo en la hierba? ¿Las voces y las
máscaras?
Ellos mismos eran el fuego. El día caído, la hora.
Todo podía pasar y cambiar. Mientras el Angel de tu
puerta
Reparaba las naves nocturnas apartando con las manos
el ruido
He ahí el sueño sumergido en mi memoria. La imagen,
Que nada podría borrar sobre la tierra.
¿Me oyes aún en las llamas? ¿Me oyes perecer en el
árbol
Nacido para la muerte? Estoy detrás de ti. Te he oído
Cruzar el umbral, apartar la hierba y salir
A mi encuentro en la noche derrumbada.
Mi mano va a tu lado y hace ruido sin que la veas.
Sacude las plantas que se doblan.
Abre los ojos de las hojas.
Y sobre todo el calor de la muerte que eres. Nada
Puede permanecer de rodillas si pasas y si mi sombra
Te precede en el polvo derramado de las cosas.
Oh, muerte recomenzada. Ninguna vana luz, ninguna
piedra
Podría decir que la habitas. Pero la madre de la noche
Enreda tus vestidos en las llamas, mueve la humedad
Y te sienta a la orilla de los pozos donde me vi nacer.
Extraña imagen de ti misma y fuera de ti. Allí, allí
todavía
Donde los muertos remueven la tierra. Donde los ángeles
Cuidan de las hachas y las palas sin dormir.
Ellos están siempre despiertos y apartan la niebla.
Se oyen vivir y deshacerse. Y aman la tierra que cavan.
Cada hoyo es una puerta. Cada ser sumergido. un viajero
Ellos, ellos, la visión nocturna detrás de los árboles.
Nosotros somos el ruido, la vara movible, el barro.
El poco de barro que rechaza la voz. Huíd, huíd,
lámparas
Huíd, escalas de oro por donde hay que descender.
Yo soy la visión, yo soy la tempestad, yo soy el fuego.
Abridme las puertas de par en par. Que se aparte la
noche
Yo soy el que dice: «Primero brillarán los peces en
mi sien
Primero rodarán las olas fuera del mar.
Primero se anidará el tiempo debajo de mis ojos.
Después
Estar al lado de los ángeles en exilio,
De rodillas sobre el agua. Solo
Entre las ovejas ardientes dormidas en la hierba.
En conversación con los signos, cantando tal vez
Y con la cabeza en cascada».
Lo que decían tus llaves.
¿Y tú, qué piedras cuidas
Entre la carne y los huesos, entre la frente y la ceniza?
Etiquetas:
poesía nacional,
ROSAMEL DEL VALLE
viernes, agosto 12, 2011
ENIGMA NUMERO 8 por ROSAMEL DEL VALLE
No dejes flotar tu cabellera
En el bosque del verano
Por esa luz se va al martirio
Como en Pisa
Hacia el Arno mientras la torre
Nunca cesa de caerse
Y acompáñame
Bajo el ramaje del sol estival
Que tampoco tiene muerte
Estamos
En el mármol de la hierba
Con abejas y estatuas además de la música
Con el viento en ramas doradas a la espalda
Por una sola vez en la vida
Sin mancha alguna
Con pasos que resuenan
Por escalas en el fondo del mar
Ahora tus ojos son el torbellino
Que me despierta
El más bella viaje es el que se hace en los sueños
Sin torres en peligroso equilibrio
Sin la oscuridad frenética del Simplón
Y se nada en la nada
De ríos invisibles
Pero no temas
Al agua detenida en el ojo de las agujas
Al cuerpo ahogado
Al pez sonriente
A los anillos mágicos
Ni temas a esta sombra que soy
Alrededor de tus dientes
A este cuerpo agrietado
Por antiguas sequías
A estas manos
Que son todavía el lecho donde duermes
¿Recuerdas a los amigos bebedores de vinagre?
En tus ojos hay un violín
Para no ser olvidados del todo
No pienses dos veces en un cielo sin pájaros
No vivas dos veces en el mismo espejo
El mundo es lo que se deja en el baño
Y yo vivo sólo para lo que pierdes
Como la noche se aleja de los que se mueren
Y a aquel que se pregunta por qué no se le ven los huesos
cuando habla
No sabe vestirse ni desnudarse para la vida
Ni para el fruto amarillo que lleva dentro del cuerpo
Mientras más uno se oculta más canta el gusano
Y el terror viene siempre de esas pequeñeces sin instrumentos
El cielo se derrumba de noche
Y tus ojos se derrumban todos los días sobre mi cuerpo
Lo sé y tú lo sabes
Tú que todo lo deshaces
Para que todo sea cierto
Etiquetas:
poesía nacional,
ROSAMEL DEL VALLE
jueves, julio 14, 2011
ESTRELLA DESCOSIDA por ROSAMEL DEL VALLE

Las hojas se parecen a las palabras
.Arden por algún tiempo en el árbol, es decir, en la
lengua
Un invierno pintado en el fondo del mar
Un otoño con ovejas perdidas entre nubes
Una primavera con el pecho abierto ante el luego
No debian apagarse las estaciones
Ni las palabras
Ni el diamante de tus huesos
Los ojos derriten la nieve
Mientras imágenes con alas
Podan los árboles
Ahí
Donde un día dejó su raíz un cometa
Para sueños tic jardineros de mañana
Abrúzate a la luz de este carruaje tirado por arañas
Recuerda cuando se teme a las experiencias
Todo se derrumba
Como levantar una piedra de la humedad
Y ver que estaba sostenida por gusanos
Aparta
De mí ese ruido tuyo que deshace al tiempo
Aparta de mí esa estrella tuya parecida a una almendra
Aparta de mí ese mar tuyo con el faro enloquecido
Y aparta de mí esa muerte tuya que te levanta en el aire
Soga olvidada que pende de todos los árboles
¿Sabes que no lie podido poner una espada
Entre.tu sueño y mi vida?
Es como ahogar una estrella en el mar
¿Este dios en exilio
Vacia otra luz en las estaciones del año?
¿Esta vida en exilio
Mata poco a poco al enano fiel de la memoria?
¿Esta muerte en exilio
Me ahoga lentamente en tus palabras?
Mas alguien —ni tú ni yo— muere y resucita
Mientras un desfile de cebras y Icones
Atraviesa la ciudad sumergida
los años regresan o son de tambores
Y bajo estandartes deshojados
Tú y yo
El pequeño botín de una eternidad en peligro
Tú y yo
Los ciegos de los jardines públicos
Los amantes alojados en el Central Park de Nueva York
Los pájaros cantores en los cementerios de Boston
Los cazadores de fantasmas en Baltimore
Con el corazón decapitado en el exilio
Valle de Josafat dice el ruido de Harlem con los
brazos abiertos
Y es
El eco que en vatio viene a nuestro encuentro
No nos ven en el leve torbellino
En el tiempo de las arañas transparente en el alma
En el tiempo del hombre vestido de león o de quimera
Dejemos cantar al pájaro sordo
Dejemos atrás el día que ya no puede levantarse
De entre sus ramas
Mientras los espacios se abren para ver estallar
las fucsias lunares
Abanicos de espanto para no dormir
Dormir ¿no es ir en busca de lo que hemos perdido?
Mas ¿se recupera algo al despertar?
Por ahora
No olvides ese castillo construido por alacranes
En tu casa de campo
Ni que el viento entra en el jardín sin llamar
Quien llama es la respiración mágica
De otros mundos
Y el tiempo leño que arde alrededor del reloj
El padre a punto de morir la madre a punto de renacer
Y viene
La reina que nos quita la máscara
Para dormir
Valle de Josafat
En esta hora de nuevos rituales
Déjame respirar bajo el agua
No temas a las hojas de ningún árbol
Ni a las palabras
No llores debajo de higueras sin frutos
Ni rechaces las olas olvidadas por el mar entre las sábanas
El reino está solo y se han cerrado las puertas
Vive y duerme con el pecho abierto
Por su cráter volarán las golondrinas
Porque
He conocido el huerto de las despedidas
Llamado por algunos Getsemani
Oh Harlem
¿Cómo puedo abrirle la puerta al éxtasis
Si tengo la casa llena de lagartos?
Y tú
Que aguardas mi puerta no me esperes
¿Cómo llamar ante este altar de luces hirvientes?
¿Cómo cantar ante esta copa que empieza a desbordarse?
Entérrame ahí
Estrella descosida
Etiquetas:
poesía nacional,
ROSAMEL DEL VALLE
CANTO DEL SEXAGENARIO SONRIENTE por ROSAMEL DEL VALLE

Hay un ojo solar en el muro
Y tu imagen nada a] revés hacia ti mismo
Aunque has desaparecido hace años
Gracias a oscuros accidentes
El ojo
De la nostalgia
La joven con agujas en los párpados
Nos visita cuando no estamos
Cuando liemos salido en busca de palabras
Desterradas de la iengua
Nunca estamos
Mientras el tiempo dice
La soledad es un diamante
Y lo amamos
Como la vieja dama de las cicatrices
Lo usa para resucitar en los salones
¿Dejamos la vida sin despedirnos?
Los años los años
Acuérdale de poner en orden tus pape le *
Elegir el número que te identifique
Y vivir todavía
Sin ningún misterio gozoso
El cielo
No tendrá puertas para ti
¿Para que
Tener un ojo solar en el muro?
Mi lengua es un laberinto
Me lo dijo Edítii Wharton en el BaT Costello
»Los astros son un aroma secreto
En el vaivén humano«
Mi pecho es una caverna
Con animales y pájaros clavados en los muros
Y recuerdo que está nevando
Porque el frío es un humo azul
Y porque las palabras no se parecen a la lengua
Ni el canto se parece a las golondrinas
Tampoco los sueños se parecen al mar
No lo quieres creer
Pero en mi boca hay un tren que viene de ti
Una vida que ha perdido el imán obsequiado
Una muerte de otro tiempo que danza con antorchas
Para que insectos sin nombre canturreen en mis manos
Y un recuerdo tejido por abejas
Se acuesta en mí lecho
¿Para qué si mi cuerpo es el vacío?
No te preocupes
Todas las respuestas
Se han ido en busca del sol a las montañas
En alguna parte de mi florecen naranjos
No tiembles por estas semejanzas
Ya que no has hecho otra cosa
Que decapitar los sueños más hermosos
Para pasearte por la tierra envuelta en un rayo
Oh en estos tiempos difíciles los astronautas
Soji los únicos paseantes solitarios
Aunque los predicadores hablen de un cielo agujereado
Lo decía una señora
Creo que se llamaba Evelyn Starnes
Nacida en un barco en viaje hacia Tahiti
Y yo
Sueño con los naranjos en el patio de una isla
Y en mis costillas hay luz todavía
Mientras el prestidigitador
Extrae princesas de su sombrero
En Concy Islán d
Y la señora del hipopótamo
Da a luz a su tercer hijo
En el jardín zoológico del Bronx
Amor amor
Después de los sesenta
Se empieza a preguntar
No respondas
Aunque todavía la lluvia juegue a las cartas con las hojas
Aunque Brígida siga escribiendo cartas desde Europa
Aunque el corazón no pueda aceptar más alfileres
Cierra la puerta al gusano
Disfrazado de sol
En tu jardín
Etiquetas:
poesía nacional,
ROSAMEL DEL VALLE
martes, junio 14, 2011
MÁS QUE LA MUERTE EL TIEMPO por ROSAMEL DEL VALLE

Contigo
Rueda y ruido de la vida
En el hueco de mi cuerpo
No seré más el alfiler en el vacío
Contigo
Tú liarás que el globo errante que es mi imagen
No regrese
Más que la muerte el tiempo
En mi taza de té de cada día
En tu cuerpo agonizan los tulipanes
Poco habituados a que el sol les repita su discurso
Después de cada resurrección
Como mi garganta se hace mártir y se niega
A cantaT lo que mis espinas le ordenan
En esta música que es la vida contigo
Aunque sueños y objetos
Cambien ruidos por pájaros
Y aunque órganos secretos conversen
Con el cielo por la noche
Y yo insista en ser el ancla sacado del mar
O el fuego que no arde sino desde la muerte
Esa idea tú sabes
Que molesta como un traje nuevo
Sí debo amar el martirio
Que te lleva a mirar ai través de todas las ventanas
Para ver la eternidad
Como yo soy en ti
El animal recogido entre su propia sombra
Y aun el mito de los espejos
Donde el hombre se quita un poco de infinito
Cada vez que se afeita
Ahora
Esos océanos no dicen lo que uno quiere
Sino lo que uno será
Y con esa flor de corazón azul
Se podrá ir a todas partes
Mas contigo
La soledad no es un mueble
La soledad es el pájaro sin alas
En vuelo ciego
Como el muerto hacia el reino
Yo lo miro y tiemblo
Tú lo ves y sonríes
Dejémonos conducir
Por jardineros y astrónomos
Y que la máscara se alimente con aromas
Del tiempo que vendrá
Oh contigo
El mundo acaba de ser creado
La luz anda en dos pies y repite
El discurso de Adán bajo el árbol
El tiempo tiene olor a aceite
La máquina ya no es un fruto incomible
r esta noche se puede dormir bajo un árbol lunart
Tú dices que el horror no existe
Lo creamos
Yo digo que este cuerpo me lleva
Por donde yo no quiero
Etiquetas:
poesía nacional,
ROSAMEL DEL VALLE
viernes, febrero 04, 2011
RESPIRACION por ROSAMEL DEL VALLE

Después de todo, no hago más que vivir sin traicionar ni traicionarme y conozco la vida mejor que aquel que escoge una de las suyas para mostrarla en la plaza. Una, digo, porque hay quien no carece de inteligencia para procurarse varias vidas y salir a la feria justamente con la que viene al caso. ¿ Tiene un nombre esa vida? Lo tiene, sólo que es un fenómeno tornasol. A ese fin ha llegado el hombre con quien cambiamos el saludo por las mañanas. Esa es, se dice, su sangre. Y bien, mi sangre no es color tornasol ni salpica. Hago lo que hace todo aquel que tiene algún quehacer para vivir. Y aspiro a soñar en libertad. Aun más, no quiero que nadie muera sino de su propia muerte y abomino del que la impone en nombre de cualquier circunstancia, idea o mito. No se alcanza fácilmente la jerarquía del gusano. Como es difícil habituarse a poner el oído a ras de tierra y convivir con el amor terrible de las cosas que no aspiran al poder ni al deseo. Y no me hablen del héroe. Prefiero creer en lo que no dice el corazón de cada uno. Prefiero pensar en lo que hace de noche una mariposa y en el terror con que cada ser humano suele encontrarse en la soledad a sí mismo. Es decir en la palabra de los huesos. Ahí estoy. Tiemblo yo también. Y si me dejara llevar a gritar a la plaza no vacilaría en empezar mi discurso con un "¡Que tiemble el corazón del hombre!" Y ya lo sé, temblar, se dice, es ser irresponsable. ¿Tendré que agregar que esa responsabilidad de todos los tiempos de que se habla y que yo no me atrevo a asumirse parece a la del gusano? Que me perdonen el bien dotado y el héroe. Que me perdone todo aquello que no veo. Que me perdone todo lo que grita.
En los oídos tengo atrapado al mar.
Etiquetas:
poesía nacional,
ROSAMEL DEL VALLE
jueves, diciembre 16, 2010
LOS OJOS DEL LABERINTO por ROSAMEL DEL VALLE

El viajero vestido de ardor silencioso
Es la pregunta que ha perdido las llaves.
¿Qué ojos me hablan desde esos rostros? Si supiera
Quién me sale al encuentro. ¿Qué dicen? ¿Qué digo?
Un fakir cansado de sus serpientes. Reunión
Entre soles e insectos. Bienvenido Atlántico
En la ebriedad petrificada de mis sueños.
El viajero. Una semejanza con el aceite y el ruido
Desprendidos de la llama de la lámpara50 al andar.
Una pregunta con el sabor a ceniza
Levantada por el viento en el bosque seco.
Ábrete, mar. Mi paso es el eco en la caverna.
El que una vez soñó sueña todavía. Este año
Y el que no vendrá. Despierto entre viajeros
De regreso por el mar que no he visto. Pregunto
Por los ojos desprendidos. Por el destino
De las manos que parten y se pierden. Por lo que son
Al fin los rostros que miraron y que fueron mirados.
Por las bocas cortadas de raíz por el tiempo.
¿Qué oído se atreverá a venir a mi oído y a mi máscara Ahora que voy de paso por hoyos ardientes? Dirán «Va con los ojos atravesados por tijeras».
Y todo es tan cierto. Pregunto. Pregunto. Es mi manera De llamar y entrar. Acuérdate del viajero Con un nido en la lengua. «Tú eres nacido De una respuesta». Y tal vez cuando había Más viento enloquecido en los océanos. Más hogueras de preguntas sobre la tierra. Más ceremonias entre los convidados de la muerte. «Llévame de la mano todavía, torre infiel A todas las lenguas. No me desconozcas, dulzura Endiosada y perdida». De los huesos del hombre Se hacen todas las cosas. De los huesos Del viajero se hace la noche. De los ojos El trueno. Es la hora de reunir llama y tierra. La hora terrible del ser pútrido. La hora de quemar las heridas Bajo los torbellinos. La hora De la muerte nueva.
Absalón
Teseo
Absalón
Al que huye, selva se le hacen los cabellos. Viajero cuello torcido. Oleaje y desierto. Extranjero, ojo con cicatrices. Y Absalón dice la noche.
He aquí la mano de fuego a la puerta de toda entrada.
He aquí el mar caminando sobre sí mismo.
Me sigues, corazón devorado.
Y lo que me sale al encuentro se parece
A la soledad de la mano puesta de noche sobre el pecho.
O a las escalas que conducen al mar sumergido.
Hora caída de las ramas, no me verás.
País levantado en una llama ¿quién eres?
Si me devuelvo a la colina donde se deshace mi lámpara
Absalón dice la noche. Y yo digo
El sol es el único árbol fresco para las lágrimas.
Etiquetas:
poesía nacional,
ROSAMEL DEL VALLE
Suscribirse a:
Entradas (Atom)


.jpg)
.jpg)
