viernes, julio 15, 2011

MI LUMÍA por OLIVERIO GIRONDO



MI LU
mi lubidulia
mi golocidalove
mi lu tan luz tan tu que me enlucielabisma
y descentratelura
y venusafrodea
y me nirvana el suyo la crucis los desalmes
con sus melimeleos
sus eropsiquisedas sus decúbitos lianas y dermiferios limbos y
gormullos
mi lu
mi luar
mi mito
demonoave dea rosa
mi pez hada
mi luvisita nimia
mi lubísnea
mi lu más lar
más lampo
mi pulpa lu de vértigo de galaxias de semen de misterio
mi lubella lusola
mi total lu plevida
mi toda lu
lumía

EL PURO NO por OLIVERIO GIRONDO



EL NO
el no inóvulo
el no nonato
el noo
el no poslodocosmos de impuros ceros noes que noan noan noan
y nooan
y plurimono noan al morbo amorfo noo
no démono
no deo
sin son sin sexo ni órbita
el yerto inóseo noo en unisolo amodulo
sin poros ya sin nodulo
ni yo ni fosa ni hoyo
el macro no ni polvo
el no más nada todo
el puro no
sin no

jueves, julio 14, 2011

ESPERGESIA por CESAR VALLEJO



Yo nací un día
que Dios estuvo enfermo.
Todos saben que vivo,
que soy malo; y no saben
del diciembre de ese enero.
Pues yo nací un día
que Dios estuvo enfermo.
Hay un vacío
en mi aire metafísico
que nadie ha de palpar:
el claustro de un silencio
que habló a flor de fuego.
Yo nací un día
que Dios estuvo enfermo.
Hermano, escucha, escucha...
Bueno. Y que no me vaya
sin llevar diciembres,
sin dejar eneros.
Pues yo nací un día
que Dios estuvo enfermo.
Todos saben que vivo,
que mastico... Y no saben
por qué en mi verso chirrían,
oscuro sinsabor de féretro,
luyidos vientos
desenroscados de la Esfinge
preguntona del Desierto.
Todos saben... Y no saben
que la luz es tísica,
y la Sombra gorda...
Y no saben que el Misterio sintetiza...
que él es la joroba
musical y triste que a distancia denuncia
el paso meridiano de las lindes a las Lindes.
Yo nací un día
que Dios estuvo enfermo,
grave.

DIOS POR CESAR VALLEJO





Siento a Dios que camina
tan en mí, con la tarde y con el mar.
Con él nos vamos juntos. Anochece.
Con él anochecemos, Orfandad...
Pero yo siento a Dios. Y hasta parece
que él me dicta no sé qué buen color.
Como un hospitalario, es bueno y triste;
mustia un dulce desdén de enamorado:
debe dolerle mucho el corazón.
Oh, Dios mío, recién a ti me llego
hoy que amo tanto en esta tarde; hoy
que en la falsa balanza de unos senos,
mido y lloro una frágil Creación.
Y tú, cuál llorarás..., tú, enamorado
de tanto enorme seno girador...
Yo te consagro Dios, porque amas tanto;~
porque jamás sonríes; porque siempre .
debe dolerte mucho el corazón.

HOY CONOCI A UN GENIO por CHARLES BUKOWSKI


Hoy
conocí a un genio en el tren
como de seis años de edad;
se sento a mi lado y,
mientras el tren
corría por la costa,
llegamos al océano.
el niño me miró y me dijo:
"el mar no es nada bonito".
fue la primera vez
que me di cuenta
de ello.

CUATRO BOLEROS MAROQUEROS por ANTONIO CISNEROS


1

Con las últimas lluvias te largaste
y entonces yo creí
que para la casa más aburrida
del suburbio
no habrían primaveras
ni otoños ni inviernos ni veranos.
Pero no.
Las estaciones se cumplieron
como estaban previstas en
[cualquier almanaque
Y la dueña de la casa y el cartero
no me volvieron a preguntar
por ti.
2
Para olvidarme de ti y no mirarte
miro el viaje de las moscas por el aire
Gran Estilo
Gran Velocidad
Gran Altura.
3
Para olvidarte me agarro al primer
tren y salgo al campo
Imposible
Y es que tu ausencia
tiene algo de Flora de Fauna de Pic Nic.
4
No me aumentaron el sueldo por tu ausencia
sin embargo
el frasco de Nescafé me dura el doble
el triple las hojas de afeitar.

POEMA SOBRE JONÁS Y LOS DESALIENADOS por ANTONIO CISNEROS



Si los hombres viven en la barriga de una ballena
sólo pueden sentir frío y hablar
de las manadas periódicas de peces y de mural as
oscuras como una boca abierta y de manadas
periódicas de peces y de murallas
oscuras como una boca abierta y sentir mucho frío.
Pero si los hombres no quieren hablar siempre de lo mismo
tratarán de construir un periscopio para saber
cómo se desordenan las islas y el mar
y las demás ballenas -si es que existe todo eso.
Y el aparato ha de fabricarse con las cosas
que tenemos a la mano y entonces se producen
las molestias, por ejemplo
si a nuestra casa le arrancamos una costilla
perderemos para siempre su amistad
y si el hígado o las barbas es capaz de matarnos.
Y estoy por creer que vivo en la barriga de alguna bal ena
con mi mujer y Diego y todos mis abuelos.

LA POESIA por OCTAVIO PAZ



¿Por qué tocas mi pecho nuevamente?
Llegas, silenciosa, secreta, armada,
tal los guerreros a una ciudad dormida;
quemas mi lengua con tus labios, pulpo,
y despiertas los furores, los goces,
y esta angustia sin fin
que enciende lo que toca
y engendra en cada cosa
una avidez sombría.
El mundo cede y se desploma
como metal al fuego.
Entre mis ruinas me levanto,
solo, desnudo, despojado,
sobre la roca inmensa del silencio,
como un solitario combatiente
contra invisibles huestes.
Verdad abrasadora,
¿a qué me empujas?
No quiero tu verdad,
tu insensata pregunta.
¿A qué esta lucha estéril?
No es el hombre criatura capaz de contenerte,
avidez que sólo en la sed se sacia,
llama que todos los labios consume,
espíritu que no vive en ninguna forma
mas hace arder todas las formas
con un secreto fuego indestructible.
Pero insistes, lágrima escarnecida,
y alzas en mí tu imperio desolado.
Subes desde lo más hondo de mí,
desde el centro innombrable de mi ser,
ejército, marea.
Creces, tu sed me ahoga,
expulsando, tiránica,
aquello que no cede
a tu espada frenética.
Ya sólo tú me habitas,
tú, sin nombre, furiosa sustancia,
avidez subterránea, delirante.
Golpean mi pecho tus fantasmas,
despiertas a mi tacto,
hielas mi frente
y haces proféticos mis ojos.
Percibo el mundo y te toco,
sustancia intocable,
unidad de mi alma y de mi cuerpo,
y contemplo el combate que combato
y mis bodas de tierra.
Nublan mis ojos imágenes opuestas,
y a las mismas imágenes
otras, más profundas, las niegan,
ardiente balbuceo,
aguas que anega un agua más oculta y densa.
En su húmeda tiniebla vida y muerte,
quietud y movimiento, son lo mismo.
Insiste, vencedora,
porque tan sólo existo porque existes,
y mi boca y mi lengua se formaron
para decir tan sólo tu existencia
y tus secretas sílabas, palabra
impalpable y despótica,
sustancia de mi alma.
Eres tan sólo un sueño,
pero en ti sueña el mundo
y su mudez habla con tus palabras.
Rozo al tocar tu pecho
la eléctrica frontera de la vida,
la tiniebla de sangre
donde pacta la boca cruel y enamorada,
ávida aún de destruir lo que ama
y revivir lo que destruye,
con el mundo, impasible
y siempre idéntico a sí mismo,
porque no se detiene en ninguna forma
ni se demora sobre lo que engendra.
Llévame, solitaria,
llévame entre los sueños,
llévame, madre mía,
despiértame del todo,
hazme soñar tu sueño,
unta mis ojos con aceite,
para que al conocerte me conozca.

ELEGIA INTERRUMPIDA por OCTAVIO PAZ


Hoy recuerdo a los muertos de mi casa.
Al primer muerto nunca lo olvidamos,
aunque muera de rayo, tan aprisa
que no alcance la cama ni los óleos.
Oigo el bastón que duda en un peldaño,
el cuerpo que se afianza en un suspiro,
la puerta que se abre, el muerto que entra.
De una puerta a morir hay poco espacio
y apenas queda tiempo de sentarse,
alzar la cara, ver la hora
y enterarse: las ocho y cuarto.
Hoy recuerdo a los muertos de mi casa.
La que murió noche tras noche
y era una larga despedida,
un tren que nunca parte, su agonía.
Codicia de la boca
al hilo de un suspiro suspendida,
ojos que no se cierran y hacen señas
y vagan de la lámpara a mis ojos,
fija mirada que se abraza a otra,
ajena, que se asfixia en el abrazo
y al fin se escapa y ve desde la orilla
cómo se hunde y pierde cuerpo el alma
y no encuentra unos ojos a que asirse...
¿Y me invitó a morir esa mirada?
Quizá morimos sólo porque nadie
quiere morirse con nosotros, nadie
quiere mirarnos a los ojos.
Hoy recuerdo a los muertos de mi casa.
Al que se fue por unas horas
y nadie sabe en qué silencio entró.
De sobremesa, cada noche,
la pausa sin color que da al vacío
o la frase sin fin que cuelga a medias
del hilo de la araña del silencio
abren un corredor para el que vuelve:
suenan sus pasos, sube, se detiene...
Y alguien entre nosotros se levanta
y cierra bien la puerta.
Pero él, allá del otro lado, insiste.
Acecha en cada hueco, en los repliegues,
vaga entre los bostezos, las afueras.
Aunque cerremos puertas, él insiste.
Hoy recuerdo a los muertos de mi casa.
Rostros perdidos en mi frente, rostros
sin ojos, ojos fijos, vaciados,
¿busco en ellos acaso mi secreto,
el dios de sangre que mi sangre mueve,
el dios de hielo, el dios que me devora?
Su silencio es espejo de mi vida,
en mi vida su muerte se prolonga:
soy el error final de sus errores.
Hoy recuerdo a los muertos de mi casa.
El pensamiento disipado, el acto
disipado, los nombres esparcidos
(lagunas, zonas nulas, hoyos
que escarba terca la memoria),
la dispersión de los encuentros,
el yo, su guiño abstracto, compartido
siempre por otro (el mismo) yo, las iras,
el deseo y sus máscaras, la víbora
enterrada, las lentas erosiones,
la espera, el miedo, el acto
y su reverso: en mí se obstinan,
piden comer el pan, la fruta, el cuerpo,
beber el agua que les fue negada.
Pero no hay agua ya, todo está seco,
no sabe el pan, la fruta amarga,
amor domesticado, masticado,
en jaulas de barrotes invisibles
mono onanista y perra amaestrada,
lo que devoras te devora,
tu víctima también es tu verdugo.
Montón de días muertos, arrugados
periódicos, y noches descorchadas
y amaneceres, corbata, nudo corredizo:
"saluda al sol, araña, no seas rencorosa..."
Es un desierto circular el mundo,
el cielo está cerrado y el infierno vacío.

LA CAIDA DEL AUSENTE por MAURICIO BARRIENTOS


Nunca dirás, introvertido, que la película de tu vida
funciona de otra manera.
Engendra flores del fuego muerto.
Mezcla aliento con el aire de allá.
Usa el bulto de viajero derrotado y no estrellas en la
ciudad.
Allá recorro,
Allá mi otro yo se idiotiza con la alegría del verano;
Una siniestra cabina telefónica que espera:
5-7-6, cabina 27, planta baja
5-7-6, cabina 27, planta baja;
Madre, tienes que entenderme.
A la brumosa membrana que rodea Santiago o a los
rostros alucinados;
El sol achicharra el corazón de los capitalinos
--contrabando de ilusiones-- hermosa canción ridiculiza
la raza,
cuando parado en el décimo piso de un departamento
vacío
con personas vacías
con un silencio vacío
con el ruido vacío de las avenidas,
y yo estaba comiendo semillas de maravilla como si
ese instante
fuese el instante adecuado par agachar la cabeza,
romper tiernamente en 2, con mis delicadas manos
y mirar la noche de verano,
los edificios,
el sin fin que hace imaginar el calor, oh atmósfera
¿Qué pretendes estúpido detrás de tu sucio atuendo?
Yo recordaba el pasado en condiciones normales,
ellos siempre producían sentimientos de rareza.
recordé, apoyado a la ventana, veraneos de adolescencia.
recordé a mi mujer, tristemente abandonada y enferma,
haciendo el amor en una desolada playa.
recordé también (eso no pude dejar de recordarlo)
a mi difunta amante, la viuda loca, la enferma de placer
y poder;
--imagen añeja y confidencial de los treinta--
Y yo comía semillas de maravilla y nadie me preguntaba
Y el calor era inmenso y no sabía si estaban con ropas
O si yo debía abandonarlo.
Pero, qué haría en la calle a esta hora;
Miraba, por un pasillo, por una puerta, hacía la calle;
¿Hacía dónde voy hoy día?
La última volada de la tarde,
la noche me aprieta y me suelta
¿Cuáles eran las alternativas?
¿Un quiebre emocional?
El daño separa mi inercia,
La soledad me traga como un beso a la víspera
Y nadie preguntaba nada y nadie hablaba;
¿Qué música te atrae ahora?
La caída de la risa,
si recuerdas por un instante aquella imagen,
no volverás a vivirla, está muerta.
¿Qué sueñas?
El abismo que aprieta,
A media noche recordaba esa monstruosa cabina
telefónica;
Está ocupado, desea esperar un momento,
y si hablo más tarde, ¿de qué hablo?
--y para volver a renacer de nuevo--
¿Qué sientes?
Bajar por un enorme laberinto
¿Es mucho pedir eso?
(el laberinto de la mentira)
--parece mentira verse al otro lado--
O el movimiento es una constante que deprime.
El introvertido pensaba que no estaba siendo introvertido
por lo tanto no era introvertido.
El departamento existía sólo a la hora
en la noche de verano y ese cíclico ruido eterno.
Los individuos se repartían
fumaban
descansaban;
en fracciones de tiempo la película de su vida
funcionaba,
y si por las noches tengo pesadillas
en el día la reality es otra
y las cabañas telefónicas son other
y el acto de contarlo es otro.

EL COLLAGE DEL CONFIDENTE por MAURICIO BARRIENTOS


La mujer reclama una vida propia.
se siente amada y protegida;
no está dispuesta a tolerar sus asuntos amorosos
con otras mujeres.
el hombre se siente hondamente herido
y desilusionado;
piensa:
no me ama,
es egoísta,
dominadora.
Imagina ahora ser gran amante
y se queja amargamente de la ingratitud
de su compañera;
necesita cambiar la imagen de la cabeza,
la imagen posesiva y diabólica sino
tuc, tuc, tuc, para las cabezas sucias.
su finalidad es ser amado:
no creo que ella sepa mucho pero sabe cómo se comportan las cosas,
sin duda es una mujer interesante.
tiene los ojos sensitivos y penetrantes,
eróticos y calculadores;
luego,
una excusa de disentimiento:
su belleza la utiliza como arma,
pero me dan risa las estúpidas pero facinerosas
comedias provocativas.
Es peligroso vivir en el futuro
y el presente es un continuo irremediable.
siente ahora una dependencia en ella;
dice:
quiere sentirse amada y protegida.
chismea con otras mujeres acerca de su relación
amorosa,
se siente pura e ilusionada;
piensa:
debe sentir algo por mí,
no es egoísta,
no es nada de dominadora;
de cierta calidad, querido Yehoshua.
Me dispongo a salir de una fuerte crisis;
repite: del verano pasado,
a propósito de la relación con Claudia,
todo se predispone para el fracaso.

A UN SOÑADOR por H.P. LOVECRAFT


Reconozco tu rostro, tranquilo y pálido,
En el reflejo luminoso de la vela;
La negra sombra de tus párpados, bajo
esa cortina
Están los ojos que no ven utilidad a
este mundo.
Y mientras observo, ansío conocer
Los caminos por donde tus sueños van,
Las tenebrosas regiones que tu
imaginación ve
Con los ojos velados por la rutina y
por mí.
Pues del mismo modo, yo contemplo en
sueños
Cosas que mi memoria no podría
guardar,
Y desde la penumbra intento vislumbrar
Las imágenes que aparecen ante tus
ojos.
Yo, Que conozco demasiado bien la
cumbre de Thok;
Los valles de Pnath, donde los sueños
se reúnen;
Las criptas de Zin; y así, pienso
Por qué tus rezos se dirigen a la
llama de la vela.
¿Pero, qué es lo que se desliza
quedamente
sobre tu cara y tus barbudas
mejillas?
¿Qué miedo distrae tu mente y tu
corazón,
y te hace llorar con repentino temor?

Viejas visiones se despiertan…Ante tus
ojos

Brillan las oscuras nubes de otros
cielos,
Y por alguna demoníaca perspectiva
Me veo flotar por la noche encantada.

SABADO 28/2/87 por CLAUDIO BERTONI


Debo partir de aquí.
¿Debo partir de aquí?
De donde no es fácil definir la sensación de ausencia y vértigo, simultáneas, volviendo a ti.
¡Es un pene lanzado al suelo y sin fondo!
Y de aire como la quilla de un yate o mejor de una piragua de lo graciosa y débil de barro y greda cocida o sepia y movediza por lo etérea.
No sé muy bien lo que pasó, lo que pasa.
Debo despegar.
Debo elevarme otra vez sobre tus cartas y ladear mis alas.
Debo levantar vuelo y debo sumergirme y revolcarme y salir del fondo del lodazal con un objeto en la mano, antiguo y de metal.
Ayer y antes de ayer y antes, me vi preso de los pasos blancos de una niebla olvidadiza que abrió
mis oídos al cansancio y a la lasitud y a las tabletas más desalentadoras de ausencia.
Ausencia en la que no cabías sino tú, tendida como un estropajo de madera y de fibra y de estera y de arpillera y todo esto bajo la capita de agua claruchenta pero inmunda por lo inmóvil desde hace mucho y que trae a colación la silenciosa mudez vociferante por ejemplo del sujeto de la chancleta ese día medio a medias mojada y puesta por mí al sol frío y crepuscular bordeado el río.
Es un asunto de audacia y mala fama.
O es un asunto de idiotez o falta de astucia o de no entrar –todavía– por el sendero de la fama
¡Y cómo te gustaría que nos gustara la fama!
Nos aliviaría y nos mandaría contra el cielo en forma de campana o embudo de fuego y de luz, artificiales. Para volvernos a encontrar sobre la tierra y el frío de las playas entrando en la noche como dos palos de fuego artificial insignificantes, uno al lado del otro, ateridos de tiesos.
Te contaré algo.
Te contaré algo que no le he contado
a nadie nunca.
Algo que no me he contado ni a mí mismo y que ni siquiera he escrito porque no he podido.
Se trata de algo extremadamente simple y monótono y por eso creo que no he podido.
Se trata de lo que no he puesto.
De lo que no he podido poner nunca.
De lo que siempre queda fuera, se me queda fuera.
De lo que no he podido incorporar.
Y se trata sobre todo de historias o recorridos a pie o líneas sinuosas dificultosamente apenas que bordeando piedras insignificantes avanzan imperceptibles por la berma de la más torpe, de la más fome, de la más lacia de las veredas.
Se trata de la inconsciencia mía y de la luz.
Y de la conciencia exacerbada de cinturones y solapas.
Esto que parece mentira es la pura y santa verdad.
Imaginen o es imposible, yo desciendo a donde siempre, bajo un sol glauco.
Esperen, no estoy ahí todavía.
No estoy ahí del todo.
Y no hago más que postergar y postergo y me suspendo y hago cualquier cosa por ausentarme y no ir.
Es un chiflón que me pasa y me traspasa con cientos de miles de pepitas de arena y golosinas y envoltorios y yo estoy en la duda eterna y enorme, la indecisión es ya una moldeada y maniobrable certeza. En nuestro caso a lo que uno renuncia es a una suerte anterior de hueco ausencia o espacio.
Antes de comenzar, antes de la partida y mucho antes me doy cuenta que sujeto idiotamente las riendas, me doy cuenta que no me gusta decir sujeto lasriendas en cambio me gusta un manojo de ovillos de huiro que son de cuero y tallarines como las riendas.

Debo decir creo
que lo mejor será abandonarse del todo.
Es decir explotar.
O transformarse en un enorme plano.
O en una enorme planicie.
O en alguna interminable superficie con referencias o tumores o granos o minaretes o nada o esos gárrulos de cobre negro y azulado y con gorgoritos secos de los restos de los cadáveres incinerados.
No puedo entrar corrigiendo.
Está prohibido.
Y creo que lo tienen prohibido.
Que me lo tienen, que me lo tengo –lamentablemente–prohibido.
Y que la entrega de roedoras fiebres no será en la forma de sinuosas novedades.
Parto freno y chanto y parto de nuevo al poco rato.
Y entro por cualquier parte.
Aunque siento que todavía (hoy día) no entro en ninguna parte.
No es sólo el cansancio.
Ni tampoco esa lengua de agua seca y larga puesta sobre la tierra como una espiral de caracoles de grava o asfalto.
Se trata de un gorgoteo, de un borborigmo interno y de tornillo cartilaginoso que corre y cruje por detrás de las orejas entre los ojos al centro de la cabeza.
Se trata de una música oída con el oído interno que no es otra cosa que una oreja pero más chica dada vuelta de adentro hacia afuera y que nos saca trocitos del cráneo así perfectos circulares como redondelas o chauchas de cal o cerámica que ruedan por nuestro pescuezo hacia los hombros chorreándonos la cabeza.

ESTRELLA DESCOSIDA por ROSAMEL DEL VALLE


Las hojas se parecen a las palabras
.Arden por algún tiempo en el árbol, es decir, en la
lengua
Un invierno pintado en el fondo del mar
Un otoño con ovejas perdidas entre nubes
Una primavera con el pecho abierto ante el luego
No debian apagarse las estaciones
Ni las palabras
Ni el diamante de tus huesos
Los ojos derriten la nieve
Mientras imágenes con alas
Podan los árboles
Ahí
Donde un día dejó su raíz un cometa
Para sueños tic jardineros de mañana
Abrúzate a la luz de este carruaje tirado por arañas
Recuerda cuando se teme a las experiencias
Todo se derrumba
Como levantar una piedra de la humedad
Y ver que estaba sostenida por gusanos
Aparta
De mí ese ruido tuyo que deshace al tiempo
Aparta de mí esa estrella tuya parecida a una almendra
Aparta de mí ese mar tuyo con el faro enloquecido
Y aparta de mí esa muerte tuya que te levanta en el aire
Soga olvidada que pende de todos los árboles
¿Sabes que no lie podido poner una espada
Entre.tu sueño y mi vida?
Es como ahogar una estrella en el mar
¿Este dios en exilio
Vacia otra luz en las estaciones del año?
¿Esta vida en exilio
Mata poco a poco al enano fiel de la memoria?
¿Esta muerte en exilio
Me ahoga lentamente en tus palabras?
Mas alguien —ni tú ni yo— muere y resucita
Mientras un desfile de cebras y Icones
Atraviesa la ciudad sumergida
los años regresan o son de tambores
Y bajo estandartes deshojados
Tú y yo
El pequeño botín de una eternidad en peligro
Tú y yo
Los ciegos de los jardines públicos
Los amantes alojados en el Central Park de Nueva York
Los pájaros cantores en los cementerios de Boston
Los cazadores de fantasmas en Baltimore
Con el corazón decapitado en el exilio
Valle de Josafat dice el ruido de Harlem con los
brazos abiertos
Y es
El eco que en vatio viene a nuestro encuentro
No nos ven en el leve torbellino
En el tiempo de las arañas transparente en el alma
En el tiempo del hombre vestido de león o de quimera
Dejemos cantar al pájaro sordo
Dejemos atrás el día que ya no puede levantarse
De entre sus ramas
Mientras los espacios se abren para ver estallar
las fucsias lunares
Abanicos de espanto para no dormir
Dormir ¿no es ir en busca de lo que hemos perdido?
Mas ¿se recupera algo al despertar?
Por ahora
No olvides ese castillo construido por alacranes
En tu casa de campo
Ni que el viento entra en el jardín sin llamar
Quien llama es la respiración mágica
De otros mundos
Y el tiempo leño que arde alrededor del reloj
El padre a punto de morir la madre a punto de renacer
Y viene
La reina que nos quita la máscara
Para dormir
Valle de Josafat
En esta hora de nuevos rituales
Déjame respirar bajo el agua
No temas a las hojas de ningún árbol
Ni a las palabras
No llores debajo de higueras sin frutos
Ni rechaces las olas olvidadas por el mar entre las sábanas
El reino está solo y se han cerrado las puertas
Vive y duerme con el pecho abierto
Por su cráter volarán las golondrinas
Porque
He conocido el huerto de las despedidas
Llamado por algunos Getsemani
Oh Harlem
¿Cómo puedo abrirle la puerta al éxtasis
Si tengo la casa llena de lagartos?
Y tú
Que aguardas mi puerta no me esperes
¿Cómo llamar ante este altar de luces hirvientes?
¿Cómo cantar ante esta copa que empieza a desbordarse?
Entérrame ahí
Estrella descosida

CANTO DEL SEXAGENARIO SONRIENTE por ROSAMEL DEL VALLE




Hay un ojo solar en el muro
Y tu imagen nada a] revés hacia ti mismo
Aunque has desaparecido hace años
Gracias a oscuros accidentes
El ojo
De la nostalgia
La joven con agujas en los párpados
Nos visita cuando no estamos
Cuando liemos salido en busca de palabras
Desterradas de la iengua
Nunca estamos
Mientras el tiempo dice
La soledad es un diamante
Y lo amamos
Como la vieja dama de las cicatrices
Lo usa para resucitar en los salones
¿Dejamos la vida sin despedirnos?
Los años los años
Acuérdale de poner en orden tus pape le *
Elegir el número que te identifique
Y vivir todavía
Sin ningún misterio gozoso
El cielo
No tendrá puertas para ti
¿Para que
Tener un ojo solar en el muro?
Mi lengua es un laberinto
Me lo dijo Edítii Wharton en el BaT Costello
»Los astros son un aroma secreto
En el vaivén humano«
Mi pecho es una caverna
Con animales y pájaros clavados en los muros
Y recuerdo que está nevando
Porque el frío es un humo azul
Y porque las palabras no se parecen a la lengua
Ni el canto se parece a las golondrinas
Tampoco los sueños se parecen al mar
No lo quieres creer
Pero en mi boca hay un tren que viene de ti
Una vida que ha perdido el imán obsequiado
Una muerte de otro tiempo que danza con antorchas
Para que insectos sin nombre canturreen en mis manos
Y un recuerdo tejido por abejas
Se acuesta en mí lecho
¿Para qué si mi cuerpo es el vacío?
No te preocupes
Todas las respuestas
Se han ido en busca del sol a las montañas
En alguna parte de mi florecen naranjos
No tiembles por estas semejanzas
Ya que no has hecho otra cosa
Que decapitar los sueños más hermosos
Para pasearte por la tierra envuelta en un rayo
Oh en estos tiempos difíciles los astronautas
Soji los únicos paseantes solitarios
Aunque los predicadores hablen de un cielo agujereado
Lo decía una señora
Creo que se llamaba Evelyn Starnes
Nacida en un barco en viaje hacia Tahiti
Y yo
Sueño con los naranjos en el patio de una isla
Y en mis costillas hay luz todavía
Mientras el prestidigitador
Extrae princesas de su sombrero
En Concy Islán d
Y la señora del hipopótamo
Da a luz a su tercer hijo
En el jardín zoológico del Bronx
Amor amor
Después de los sesenta
Se empieza a preguntar
No respondas
Aunque todavía la lluvia juegue a las cartas con las hojas
Aunque Brígida siga escribiendo cartas desde Europa
Aunque el corazón no pueda aceptar más alfileres
Cierra la puerta al gusano
Disfrazado de sol
En tu jardín

FRAGMENTO 1956 por ALLEN GINSBERG



Ahora a la llegada del poema, que pueda ser digno
& cantar santamente el pathos natural del alma humana,
desnuda piel original bajo nuestros sueños
& ropajes de pensamiento, la perfecta identidad del yo
radiante de pasiones y caras intelectuales
Quién lleva las líneas, las dolorosas contorsiones
del entrecejo de los ojos superiores, la totalidad del
cuerporespirante y sensible entre flores y edificios
con ojos abiertos auto - conocedores, temblando de
amor—
Alma que yo tengo, que Jack tiene, que Huncke tiene
que Bill tiene, que Joan tenía, y aún tiene en mi memoria, que tiene el vagabundo harapiento, que tiene el loco
bajo ropas negras.
Almas idénticas entre sí, como cuando en pie en
la esquina de la calle miré a Jack
y le dije que éramos la misma persona—mírame
a los ojos y háblate a ti mismo, esto me hace
el amante de todo el mundo, hace a Hal mío en contra
de su voluntad,
yo tenía ya su alma en mi cuerpo, mientras él
fruncía el ceño—junto a la farola 8.ª Avenida & 27.ª

Calle 1947—acababa de volver de Africa
con un atisbo de la iluminación que de hecho
me llegaría a su tiempo como le llega a todo el mundo—Jack
el peor asesino, Allen el más cobarde
con una veta de amor amarillo
atravesando mis poemas, una colilla en la ciudad, Joe Army gritando
con angustia en Dannemora, cárcel de 1945,
rompiendo su propio nudillo blanco contra las barras
su atontado y triste compañero de celda golpeado por
los guardas
debajo un suelo de hierro, Gregory llorando en Tumbas,
Joan con los párpados pesados, debajo ojos de benzedrina
escuchando la paranoia de la pared,
Huncke de Chicago soñando en Galerías
de infernal Pokerino luz de piel azul de Times Square,
Bill King aullando pálido en la ventana del metro espasmo-muerte de último minuto luchando por volver,
el propio Morphy, principal suicida, expirando envuelto en sangre
en el Passaic, trágico & desconcertado en
sus últimas lágrimas, logrando la muerte en aquel momento
humano, intelectual, barbudo, ¿quien era el en aquel momento
más que sí mismo?

ALUBIAS CON AJO por CHARLES BUKOWSKI




Esto es bastante importante
poner tus sentimientos por escrito
es mejor que afeitarte
o cocinar alubias con ajo
es lo poco que podemos hacer
este pequeño coraje del conocimiento
y también está, por supuesto
la locura y el terror
de saber
que alguna parte de ti
es como un reloj
al que no puede dársele cuerda
otra vez,
una vez que se para.
Pero ahora hay un tic-tac bajo tu camisa
y revuelves las alubias con una cuchara,
un amor muerto, un amor que partió,
otro amor...
¡ah!, tantos amores como alubias
si, contalos ahora
triste, triste
tus sentimientos hirviendo sobre la llama
trágate esto.

miércoles, julio 13, 2011

SOY UNA PIEDRA LANZADA DE CANTO por OSCAR HAHN



Muerte escondida en los arrabales del silencio
en los sutiles pliegues de las sombras
¿soy el lanzado como una piedra por la mano de Dios
en el agua de la existencia?
¿soy el que en ondas circulares irá creciendo
hasta desbordarse en el vacío sin fin?
Porque ahora
como una tangente en agonía
toqué el acuoso círculo de las ondas despeñables
y lleno de pavor
como quien ve resucitar a sus muertos olvidados
sentí hambre de espacio y sed de cielo
Se romperá el espejo de mi vigilia
y no reflejará mis carnes en la florida tierra
Pero hay que morirse con las uñas largas
para poder cogerse del recuerdo

martes, julio 12, 2011

RAPHAEL la balada de la trompeta

MI COLEGA por CHARLES BUKOWSKI




para ser un chico de 21 años en Nueva Orleans yo no valia mucho
la pena: Tenia una pequeña habitacion que olia a
meados y muerte
pero queria estar alli, y habian
dos adorables chicas al final del vestibulo quienes
no paraban de golpear a mi puerta y gritar. "Levantate !
Hay cosas buenas alla afuera !"
"Largaros," les decia, pero eso solo las
estimulaba mas, me dejaban notas bajo la puerta y
pegaban flores con cinta adhesiva al
pomo de la puerta
Yo estaba metido en vino barato y cerveza verde y
demencia...
Conoci al viejo tio de la habitacion de
al lado, de algun modo yo me sentia viejo como
el; sus pies y tobillos estaban hinchados y no podia
atarse los zapatos.
Cada dia sobre la una del mediodia saliamos a dar un paseo
juntos y era un paseo muy
lento: Cada paso era doloroso para
el.
Cuando nos acercabamos al bordillo, yo le ayudaba a
subir y bajar
agarrandole por el codo
y por la parte de atras de su
cinturon, lo conseguiamos.
Me gustaba: nunca me cuestiono
sobre que hacia o que dejaba de
hacer.
El deberia de haber sido mi padre, y lo que mas me gustaba
era lo que decia una y
otra vez: "Nada vale la
pena."
Era un
sabio
aquellas chicas jovenes deberian
de haberle dejado a el
las notas y las
flores

lunes, julio 11, 2011

LA SUPERFICIE DEL SOL por CHARLES BUKOWSKI




Los toros son grandiosos
como la superficie del sol
y aunque los matan para las rancias multitudes,
es el toro quien atiza el fuego,
y aunque hay toros cobardes
tanto como toreros y hombres cobardes,
generalmente el toro se mantiene puro
y muere inmaculado
sin ser tocado por símbolos y élites o falsos amores,
y cuando lo sacar arrastrando
nada ha muerto
y el hedor final
es el mundo

Balada triste de trompeta - Trailer final

DEMASIADO TARDE por CHARLES BUKOWSKI





Yo era lento de desarrollo
me volví bueno demasiado tarde:
la secundaria había pasado,
era verano
sin trabajo
y mi padre mirándome
por sobre los platos
en la comida.
Durante el día solía
rondar por las canchas
"Oigan, ¿alguno quiere
jugar al fútbol? ¿béisbol?"
de vez en cuando juntaba
algunos tipos y entonces
me veía bien:
podía empolvar la pelota
mejor que nadie,
podía hacer imposibles atrapadas,
elegantemente sobre mi
hombro.
en el fútbol
era el mejor corredor
de medio campo del
barrio -
-me reía de ellos
mientras
hacía gambetas
mientras las chicas y la gente del barrio
aplaudían mi
maestría.
pero los muchachos
ya no querían jugar
más: "escucha, Hank,
tenemos cosas que
hacer.
¿por qué no juntabas
equipos
cuando estabas aún
en el colegio?"
entonces se iban
y la gente se iba
y yo me quedaba
en la vacía
cancha
solo.
entonces volvía
a la casa y
volvía a mi padre
que me observaba por sobre
su plato de comida:
"bien, hijo, ¿qué has hecho
hoy?, ¿has encontrado
trabajo?
me tendría que haber visto
con todas esas chicas
gritando.
no se daba cuenta
con quién
estaba sentado
a la mesa.

MANIFIESTO por NICANOR PARRA




Señoras y señores
Ésta es nuestra última palabra.
-Nuestra primera y última palabra-
Los poetas bajaron del Olimpo.

Para nuestros mayores
La poesía fue un objeto de lujo
Pero para nosotros
Es un artículo de primera necesidad:
No podemos vivir sin poesía.

A diferencia de nuestros mayores
-Y esto lo digo con todo respeto-
Nosotros sostenemos
Que el poeta no es un alquimista
El poeta es un hombre como todos
Un albañil que construye su muro:
Un constructor de puertas y ventanas.

Nosotros conversamos
En el lenguaje de todos los días
No creemos en signos cabalísticos.

Además una cosa:
El poeta está ahí
Para que el árbol no crezca torcido.

Este es nuestro mensaje.
Nosotros denunciamos al poeta demiurgo
Al poeta Barata
Al poeta Ratón de Biblioteca.
Todos estos señores
-Y esto lo digo con mucho respeto-
Deben ser procesados y juzgados
Por construir castillos en el aire
Por malgastar el espacio y el tiempo
Redactando sonetos a la luna
Por agrupar palabras al azar
A la última moda de París.
Para nosotros no:
El pensamiento no nace en la boca
Nace en el corazón del corazón.

Nosotros repudiamos
La poesía de gafas obscuras
La poesía de capa y espada
La poesía de sombrero alón.
Propiciamos en cambio
La poesía a ojo desnudo
La poesía a pecho descubierto
La poesía a cabeza desnuda.

No creemos en ninfas ni tritones.
La poesía tiene que ser esto:
Una muchacha rodeada de espigas
O no ser absolutamente nada.

Ahora bien, en el plano político
Ellos, nuestros abuelos inmediatos,
¡Nuestros buenos abuelos inmediatos!
Se retractaron y se dispersaron
Al pasar por el prisma de cristal.
Unos pocos se hicieron comunistas.
Yo no sé si lo fueron realmente.
Supongamos que fueron comunistas,
Lo que sé es una cosa:
Que no fueron poetas populares,
Fueron unos reverendos poetas burgueses.

Hay que decir las cosas como son:
Sólo uno que otro
Supo llegar al corazón del pueblo.
Cada vez que pudieron
Se declararon de palabra y de hecho
Contra la poesía dirigida
Contra la poesía del presente
Contra la poesía proletaria.

Aceptemos que fueron comunistas
Pero la poesía fue un desastre
Surrealismo de segunda mano
Decadentismo de tercera mano,
Tablas viejas devueltas por el mar.
Poesía adjetiva
Poesía nasal y gutural
Poesía arbitraria
Poesía copiada de los libros
Poesía basada
En la revolución de la palabra
En circunstancias de que debe fundarse
En la revolución de las ideas.
Poesía de círculo vicioso
Para media docena de elegidos:
"Libertad absoluta de expresión".
Hoy nos hacemos cruces preguntando
Para qué escribirían esas cosas
¿Para asustar al pequeño burgués?
¡Tiempo perdido miserablemente!
El pequeño burgués no reacciona
Sino cuando se trata del estómago.

¡Qué lo van a asustar con poesías!

La situación es ésta:
Mientras ellos estaban
Por una poesía del crepúsculo
Por una poesía de la noche
Nosotros propugnamos
La poesía del amanecer.
Este es nuestro mensaje,
Los resplandores de la poesía
Deben llegar a todos por igual
La poesía alcanza para todos.

Nada más, compañeros
Nosotros condenamos
-Y esto sí que lo digo con respeto-
La poesía de pequeño dios
La poesía de vaca sagrada
La poesía de toro furioso.

Contra la poesía de las nubes
Nosotros oponemos
La poesía de la tierra firme
-Cabeza fría, corazón caliente
Somos tierrafirmistas decididos-
Contra la poesía de café
La poesía de la naturaleza
Contra la poesía de salón
La poesía de la plaza pública
La poesía de protesta social.

Los poetas bajaron del Olimpo.

AXOLOTL por JULIO CORTAZAR



Hubo un tiempo en que yo pensaba mucho en los axolotl. Iba a
verlos al acuario del Jardin des Plantes y me quedaba horas
mirándolos, observando su inmovilidad, sus oscuros movimientos.
Ahora soy un axolotl.
El azar me llevó hacia ellos una mañana de primavera en que
París abrió su cola de pavorreal después de la lenta invernada. Bajé
por el bulevar de Port-Royal, tomé St. Marcel y L´Hospital, vi los
verdes entre tanto gris y me acordé de los leones. Era amigo de los
leones y las panteras, pero nunca había entrado en el húmedo y
oscuro edificio de los acuarios. Dejé mi bicicleta contra las rejas y me
fui a ver los tulipanes. Los leones estaban feos y tristes y mi pantera
dormía. Opté por los acuarios, soslayé peces vulgares hasta dar
inesperadamente con los axolotl. Me quedé una hora mirándolos y
salí, incapaz de otra cosa.
En la biblioteca Sainte-Geneviève consulté un diccionario y
supe que los axolotl son formas larvales, provistas de branquias, de
una especie de batracios del género amblistoma. Que eran mexicanos
lo sabía ya por ellos mismos, por sus pequeños rostros rosados
aztecas y el cartel en lo alto del acuario. Leí que se han encontrado
ejemplares en África capaces de vivir en tierra durante los períodos
de sequía, y que continúan su vida en el agua al llegar la estación de
lluvias. Encontré su nombre español, ajolote, la mención de que son
comestibles y que su aceite se usaba (se diría que no se usa más)
como el de hígado de bacalao.
No quise consultar obras especializadas, pero volví al día
siguiente al Jardin des Plantes. Empecé a ir a todas las mañanas, a
veces de mañana y de tarde. El guardián de los acuarios sonreía
perplejo al recibir el billete. Me apoyaba en la barra de hierro que
bordea los acuarios y me ponía a mirarlos. No hay nada de extraño
en esto, porque desde el primer momento comprendí que estábamos
vinculados, que algo infinitamente perdido y distante seguía sin
embargo uniéndonos. Me había bastado detenerme aquella mañana
ante el cristal donde unas burbujas corrían en el agua. Los axolotl se
amontonaban en el mezquino y angosto (sólo yo puedo saber cuán
angosto y mezquino) piso de piedra y musgo del acuario. Había
nueve ejemplares, y la mayoría apoyaba la cabeza sobre el cristal,
mirando con sus ojos de oro a los que se acercaban. Turbado, casi
avergonzado, sentí como una impudicia asomarme a esas figuras
silenciosas e inmóviles aglomeradas en el fondo del acuario. Aislé
mentalmente una, situada a la derecha y algo separada de las otras,
para estudiarla mejor. Vi un cuerpecito rosado y como translúcido
(pensé en las estatuillas chinas de cristal lechoso), semejante a un
pequeño lagarto de quince centímetros, terminado en una cola de pez
de una delicadeza extraordinaria, la parte más sensible de nuestro
cuerpo. Por el lomo le corría una aleta transparente que se fusionaba
con la cola, pero lo que más me obsesionó fueron las patas, de una
finura sutilísima, acabadas en menudos dedos, en uñas
minuciosamente humanas. Y entonces descubrí sus ojos, su cara. Un
rostro inexpresivo, sin otro rasgo que los ojos, dos orificios como
cabezas de alfiler, enteramente de un oro transparente, carentes de
toda vida pero mirando, dejándose penetrar por mi mirada que
parecía pasar a través del punto áureo y perderse en un diáfano
misterio interior. Un delgadísimo halo negro rodeaba el ojo y lo
inscribía en la carne rosa, en la piedra rosa de la cabeza vagamente
triangular pero con lados curvos e irregulares, que le daban una total
semejanza con una estatuilla corroída por el tiempo. La boca estaba
disimulada por el plano triangular de la cara, sólo de perfil se
adivinaba su tamaño considerable; de frente una fina hendidura
rasgaba apenas la piedra sin vida. A ambos lados de la cabeza, donde
hubieran debido estar las orejas, le crecían tres ramitas rojas como de
coral, una excrecencia vegetal, las branquias, supongo. Y era lo único
vivo en él, cada diez o quince segundos las ramitas se enderezaban
rígidamente y volvían a bajarse. A veces una pata se movía apenas,
yo veía los diminutos dedos posándose con suavidad en el musgo. Es
que no nos gusta movernos mucho, y el acuario es tan mezquino;
apenas avanzamos un poco nos damos con la cola o la cabeza de
otro de nosotros; surgen dificultades, peleas, fatiga. El tiempo se
siente menos si nos estamos quietos.
Fue su quietud lo que me hizo inclinarme fascinado la primera
vez que vi a los axolotl. Oscuramente me pareció comprender su
voluntad secreta, abolir el espacio y el tiempo con una inmovilidad
indiferente. Después supe mejor, la contracción de las branquias, el
tanteo de las finas patas en las piedras, la repentina natación (algunos
de ellos nadan con la simple ondulación del cuerpo) me probó que
eran capaces de evadirse de ese sopor mineral en que pasaban horas
enteras. Sus ojos, sobre todo, me obsesionaban. Al lado de ellos, en
los restantes acuarios, diversos peces me mostraban la simple
estupidez de sus hermosos ojos semejantes a los nuestros. Los ojos
de los axolotl me decían de la presencia de una vida diferente, de otra
manera de mirar. Pegando mi cara al vidrio (a veces el guardián
tosía, inquieto) buscaba ver mejor los diminutos puntos áureos, esa
entrada al mundo infinitamente lento y remoto de las criaturas
rosadas. Era inútil golpear con el dedo en el cristal, delante de sus
caras; jamás se advertía la menor reacción. Los ojos de oro seguían
ardiendo con su dulce, terrible luz; seguían mirándome, desde una
profundidad insondable que me daba vértigo.
Y sin embargo estaban cerca. Lo supe antes de esto, antes de
ser un axolotl. Lo supe el día en que me acerqué a ellos por primera
vez. Los rasgos antropomórficos de un mono revelan, al revés de lo
que cree la mayoría, la distancia que va de ellos a nosotros. La
absoluta falta de semejanza de los axolotl con el ser humano me
probó que mi reconocimiento era válido, que no me apoyaba en
analogías fáciles. Sólo las manecitas... Pero una lagartija tiene manos
así, y en nada se nos parece. Yo creo que era la cabeza de los
axolotl, esa forma triangular rosada con los ojillos de oro. Eso miraba
y sabía. Eso reclamaba. No eran animales.
Parecía fácil, casi obvio, caer en la mitología. Empecé viendo
en los axolotl una metamorfosis que no conseguía anular una
misteriosa humanidad. Los imaginé conscientemente, esclavos de su
cuerpo, infinitamente condenados a un silencio abisal, a una reflexión
desesperada. Su mirada ciega, el diminuto disco de oro inexpresivo y
sin embargo terriblemente lúcido, me penetraba como un mensaje:
"Sálvanos, sálvanos." Me sorprendía musitando palabras de
consuelo, transmitiendo pueriles esperanzas. Ellos seguían
mirándome, inmóviles; de pronto las ramillas rosadas de las branquias
se enderezaban. En ese instante yo sentía como un dolor sordo; tal
vez me veían, captaban mi esfuerzo por penetrar en lo impenetrable
de sus vidas. No eran seres humanos, pero en ningún animal había
encontrado una relación tan profunda conmigo. Los axolotl eran
como testigos de algo, y a veces como horribles jueces. Me sentía
innoble frente a ellos; había una pureza tan espantosa en esos ojos
transparentes. Eran larvas, pero larva quiere decir también máscara y
también fantasmas. Detrás de esas caras aztecas, inexpresivas y sin
embargo de una crueldad implacable ¿qué imagen esperaba su hora?
Les temía. Creo que de no haber sentido la proximidad de otros
visitantes y del guardián, no me hubiese atrevido a quedarme solo
con ellos. "Usted se los come con los ojos". me decía riendo el
guardián., que debía suponerme un poco desequilibrado. No se daba
cuenta de lo que eran ellos los que me devoraban lentamente por los
ojos, en un canibalismo de oro. Lejos del acuario no hacía más que
pensar en ellos, era como si me influyeran a distancia. Llegué a ir
todos los días, y de noche los imaginaba inmóviles en la oscuridad,
adelantando lentamente una mano que de pronto encontraba la de
otro. Acaso sus ojos veían en plena noche, y el día continuaba para
ellos indefinidamente. Los ojos de un axolotl no tienen párpados.
Ahora sé que no hubo nada de extraño, que eso tenía que
ocurrir. Cada mañana, al inclinarme sobre el acuario, el
reconocimiento era mayor. Sufrían, cada fibra de mi cuerpo
alcanzaba ese sufrimiento amordazado, esa tortura rígida en el fondo
del agua. Espiaban algo, un remoto señorío aniquilado, un tiempo de
libertad en que el mundo había sido de los axolotl. No era posible que
una expresión tan terrible, que alcanzaba a vencer la inexpresividad
forzada de sus rostros de piedra, no portara un mensaje de dolor, la
prueba de que esa condena eterna, de ese infierno líquido que
padecían. Inútilmente quería probarme que mi propia sensibilidad
proyectaba en los axolotl una conciencia inexistente. Ellos y yo
sabíamos. Por eso no hubo nada de extraño en lo que ocurrió. Mi
cara estaba pegada al vidrio del acuario, mis ojos trataban una vez
más de penetrar el misterio de esos ojos de oro sin iris y sin pupila.
Veía de muy cerca la cara de un axolotl inmóvil junto al vidrio. Sin
transición, sin sorpresa, vi mi cara contra el vidrio, la vi fuera del
acuario, la vi del otro lado del vidrio. Entonces mi cara se apartó y yo
comprendí.
Sólo una cosa era extraña; seguir pensando como antes, saber.
Darme cuenta de eso fue en el primer momento como el horror del
enterrado vivo que despierta a su destino. Afuera, mi cara volvía a
acercarse al vidrio, veía mi boca de labios apretados por el esfuerzo
de comprender a los axolotl. Yo era un axolotl y sabía ahora
instantáneamente que ninguna comprensión era posible. Él estaba
fuera del acuario, su pensamiento era un pensamiento fuera del
acuario.
Conociéndolo, siendo él mismo, yo era un axolotl y estaba en mi
mundo. El horror venía - lo supe en ese momento - de creerme
prisionero en un cuerpo de axolotl, transmigrado a él con mi
pensamiento de hombre, enterrado vivo en un axolotl, condenado a
moverme lúcidamente entre criaturas insensibles. Pero aquello cesó
cuando una para vino a rozarme la cara, cuando moviéndome apenas
a un lado vi a un axolotl junto a mí que me miraba, y supe que
también él sabía, sin comunicación posible pero tan claramente. O yo
estaba también en él, o todos nosotros pensábamos como un hombre,
incapaces de expresión, limitados al resplandor dorado de nuestros
ojos que miraban la cara del hombre pegada al acuario.
Él volvió muchas veces, pero viene menos ahora. Pasa semanas
sin asomarse. Ayer lo vi, me miró largo rato y se fue bruscamente.
Me pareció que no se interesaba tanto por nosotros, que obedecía a
una costumbre. Como lo único que hago es pensar, pude pensar
mucho en él. Se me ocurre que al principio continuamos
comunicados, que él se sentía más que nunca unido al misterio que lo
obsesionaba. Pero los puentes están cortados entre él y yo, porque lo
que era su obsesión es ahora un axolotl, ajeno a su vida de hombre.
Creo que al principio yo era capaz de volver en cierto modo a él - ah,
sólo en cierto modo - y mantener alerta su deseo de conocernos
mejor. Ahora soy definitivamente un axolotl, y si pienso como un
hombre es sólo porque todo axolotl piensa como un hombre dentro
de su imagen de piedra rosa. Me parece que de todo esto alcancé a
comunicarle algo en los primeros días, cuando yo era todavía él. Y
en esta soledad final, a la que él ya no vuelve, me consuela pensar
que acaso va a escribir sobre nosotros, creyendo imaginar un cuento
va a escribir todo esto sobre los axolotl.

4 TRES CIENTOS SESENTA Y CINCOS Y UN 366 DE ONCES -O "ESTÁ EN LA CALLE" por RODRIGO LIRA



dada la continuidad de la ausencia de tibieza
considerando la permanencia de las carencias y
las ansiedades que se perpetran cotidianamente
y el frío sobre todo en especial o solo
o el frío completo en salchicha con mayonesa viscosa
seminal y estéril
la sábana sucia que cubre monstruosos ayuntamientos
la escasez de radiación solar
(lo poco que alcanza a llegar a través del monóxido de
carbono, el humo de chimeneas pastizales que se queman en febrero cigarrillos
chimeneas tubos de escape tubos chimeneas humo)
de la que tiene que atravesar además esa sucia sábana
que cubre apenas -como mera sábana polucionada-
esas teratológicas cópulas, esos coitos de ahítos
esas violaciones y estupros
y las ondas
de radio en amplitud o frecuencia modulada
las largas y las cortas ondas
de radio de televisión o télex
las ondas que emiten las antenas emisoras
y las receptoras, que también reciben
esas ondas que la luz solar debe atravesar
lo inconcebiblemente banal y eficazmente hipnógeno
de lo que se radiodifunde y televe
lo opaco de los cristales
"color humo por dentro
espejo color bronce hacia el exterior"
los cristales que dispersan los que refractan
los que cromatizan la luz lo exiguo de la tasa de luz que alcanza
a corresponder per cápita, por cabeza
lo gachas que se encuentran estas últimas
(lo desigual de la tasa de luz de cabeza a cabeza)
lo sucio de la sábana que lo cubre todo
o casi todo
o hartas cosas
(la sucia sábana no se cubre a sí misma)
considerando también los olores a añejo, a podrido a quemado o
infectado
parece que como que hubiera que hacer alguna cosa.
Aunque cabe la posibilidad de que sea mejor
no hacer nada
nada hacia la izquierda
nada
hacia
la
derecha
nada hacia adelante tampoco, más aún
especialmente, nada hacia adelante -está la inercia
nada hacia atrás, no se puede,
trate usted de nadar hacia atrás, no se puede, la historia
no retrocede
-está la historia
-están las bayonetas de la historia bajo las banderas de la historia
-está la sangre en las bayonetas de la historia bajo las banderas de la historia
coagulada ya, reseca, más bien, como yesca
yesca de sangre sobre las bayonetas de la historia bajo las banderas de la
historia -de lo que queda atrás
(no fumar, peligro grave de incendios, demasiada yesca
-sangre seca- atrás)
Nada tampoco ni hacia arriba ni hacia abajo ni hacia adentro ni hacia afuera
nada hacer, no hacer nada
-cruzarse de brazos- sentarse en posición de loto -tirarse boca arriba y
-mirar al cielo
(nada hacia arriba; no pensar en escalar el cielo)
-tirarse boca abajo, la mejilla pegada al suelo
o hundida en el barro
(no pensar en hundirse; no evitar hundirse)
al menos cabe la posibilidad de que eso fuera lo que
parece que como que hubiera que hacer, la cosa aquella
alguna
cabe la posibilidad de que eso fuese: alejarse de la acción
con las manos en los bolsillos
o con las manos tomadas en la espalda
o con las manos enlazadas en la nuca
o levantadas mirando el suelo
a patadas con las piedras
aplastando descuidadamente
eventuales caracoles cuncunas, lombrices o cucarachas distraídos-as?
-jamás tomarán venganza-
alejarse de la acción: irse despacio a ninguna parte
pues no hay donde irse
pero hay que irse
-tal vez, digo yo, como que habría que irse -a ninguna parte
-tal vez haya donde esconderse, no sé
en todo caso sería preciso
no salir a la calle:
los sujetos de París rayaron las murallas de mayo
graficaron las palabras francesas que traducidas al idioma español dicen:
la/ acción/ está/ en/ la/ calle
y si hay que alejarse de la acción
sería inconsecuente tomar una micro
tomar el metro, una liebre, un bus urbano o interurbano,
tomar
bebidas alcohólicas o de cola o cafecitos

habría que morirse de hambre, pienso
secarse en una esquina poco frecuentada o en un sótano oscuro, digo yo
porque las Torres Santa María podrán ser los edificios más altos de Chile
pero haga usted la prueba de subir
-tendrá que ir bien vestido-
tomar uno de esos ascensores que adivinan el pensamiento o poco menos
y que son tan veloces como altas son esas torres
y llegue lo más arriba que pueda, hasta la terraza, si es posible
actúe hacia arriba para después tirarse y no hacer nada
abastecido de libertad por lo libre de la caída
que te hace abrir los brazos y planear, acercándote a tu reflejo
que se acerca hacia arriba desde los espejos de agua
con tu imagen multiplicada por los vidrios que por fuera son espejos
que reflejan tu imagen cayendo de modo que tú no alcanzas a ver adentro
pero que no les impide verte desde dentro pasar volando en caída libre
-y creerían que pasó un ángel y habrá un momento de silencio...-

No podrás: alguien sujetará a usted del brazo justo a tiempo
alguien o algo, algún robot, por ejemplo
y alguien -o algo- llamará a una ambulancia
a través de un citófono a un teléfono que llamará a una central que pasará
el mensaje a otro teléfono etcétera
todo a velocidad escasamente menor que la de la luz o la de tu cuerpo
en la frustrada caída
probablemente el radio del radiopatrullas no será necesario
habrá una sirena o tal vez no, habrá, habrá en todo caso un silencio eléctrico
de terapia de choque tac/
un vacío
y un hueco para ti en una terapia
de grupo
de un grupo cualquiera
y sean cuales fueren los cuentos que te cuenten, desgraciado
la cuenta que te pasen
saldrás del hospital clínica o centro médico
tarareando gracias a la vida
motivado por los avisos y consejos de la publicidad que nos ayuda a vivir mejor
desde la radio o el televisor
que tanto habrán contribuido a tu curación
rumbo al local más cercano
en que se pueda jugarle una cartilla a la
Polla Gol a cambio de un templo donde sacrificar un
gallo a Esculapio que ya no se usan esas cosas, pues hombre
para después entretenderse un rato mascando
chicle de un sabor predilecto
en la máquina de pinbol o pingpong electrónico

O sea que en resumen habría que morirse sin alharaca
sin pánico cundiendo ni cúnico pandiendo ni púnico candi endo

suave, callado el loro
morirse
o quedarse en la vereda como un pedazo más grande que el promedio
de basura
saboreando algo así como un candi masticable o un goyak
y hasta incluso un caramelo bueno, de Serrano, o fino,
de Ambrosoli,
pero muriéndose,
muriéndose sin alharaca,
muriéndose.

LEDA, PRESENTE por ENRIQUE LIHN



Un presente griego es el que me has hecho, Leda
de tu linda persona en estos días alborotados
Cada cosa tiene su sombra, cada sombra su luz
si se ha de ser inaguantablemente optimista
y cada mujer el reverso sombrío
en que se embosca su cancerbero
tímido y brutal, aterrado y aterrador
El enloquecido que espera bajo la ventana
pajarera sitiada la salida de Leda
y el momento de entrar a saco en esta casa.
Por alguna razón, Leda, tú bien lo sabes
hasta los dioses inmortales mentían:
se disfrazaban para hacer el amor

Sólo tú en honor a la verdad
has entregado a un cisne mortal atado de pies y manos
dándole mi nombre y dirección al loco de tu esposo.

NATHALIE por ENRIQUE LIHN




Estuvimos a punto de ejecutar un trabajo perfecto,
Nathalie en una casa de piedra de Provenza.
Dirás ahora que todo estuvo mal desde el principio
pero lo cierto es que exhumamos, como por arte de magia,
todos, increíblemente todos los restos del amor
y en lo que a mí respecta hasta su aliento mismo:
el ramillete de flores de lavanda.

Es cierto: nuestras buenas intenciones fracasaron,
nuestros proyectos se redujeron al polvo del camino
entre la casa de Lulú y la tuya.
No se podía ir más lejos con los niños
que además se orinaron en nuestro experimento;
pero aprendí a Michaux en tu casa, Nathalie; una
vociferación que me faltaba,
un dolor, otra vez, incalculable
para el cual las palabras no tienen gusto a nada.

Vuelvo a París con el cuaderno vacío,
tu trasero en lugar de mi cabeza,
tus piernas prodigiosas en lugar de mis brazos,
el corazón en la boca no sé si de tu estómago o del mío.
Todo lo intercambiamos, devorándonos: órganos y
memorias, accidentes del esfuerzo por calarnos a fondo,
Nathalie, por fundirnos en una sola pulpa.

Creer en dios; sólo me falta esto
y completar, rumiando, el ciclo de la baba,
a lo largo de Francia.
Pero sí, trabajamos duramente
hombro con hombro, ombligo contra ombligo
y estuvimos a punto de sumergirnos en Rilke.

No hemos perdido nada:
este dolor era todo lo que podía esperarse;
sólo me falta aullarlo en el momento oportuno,
mi viejecilla, mi avispa, mi madre de
dos hijos casi míos, mi vientre.

"Va faire dodo Alexandre. Va faire dodo Gérome."
Ah, qué alivio para ellos
el flujo de la baba de la conciliación. Toda otra
forma de culto es una mierda.
Me hago literatura.
Este poema es todo lo que podía esperarse
después de semejante trabajo, Nathalie.

ELEGÍA A CARLOS DE ROKHA por ENRIQUE LIHN


No hubo dolor en el momento justo
de oír sobre tu muerte. Fue como si tú mismo la hubieras anunciado
en uno de esos absurdos llamados telefónicos que solías hacer a tus amigos:
una broma sangrienta.
Y la inocencia que, a esas horas, se volvía irritante, la cigarra de una voz chirriando
en la paja seca del día. No hubo dolor
pero sí, Carlos, la inmediata certeza
de que contigo se eclipsaba la noche
sobre el desierto de un día estable y es como si cayera
un poco de ceniza del cielo sobre tierras eriáceas.

Me he llamado a lo real. Pero qué peso insoportable
tendría ahora un guijarro sobre la palma de la mano. Todas, todas estas pobres historias
diurnas no son sino desgarradoras. Aquí, también, esta visión confusa y demasiado nítida de caras conocidas.

Si la vida no es más que una locura,
lo que importa son los sueños y aun el delirio, la mentira piadosa
de las palabras en libertad arrojadas
al millar de los vientos nocturnos,
como en tu poesía: la oscuridad vidente:
palabras como brasas, balbuceos del fuego.

Tenías que morir acaso así, como quien
despierta de sí mismo en un acceso de sangre;
es sorprendente, pero natural,
la poesía ha muerto, entre nosotros, fue un sueño
tú sabes qué difícil es conciliar entre otros:
palabras, y en el fondo,
sigue a la exaltación un cansancio profundo,
sólo una rabia negra que tiende a confundirse
con la oscuridad. Así
todo era destrucción para ti a ciertas horas
tan fácil recaer en la locura
aullando por un poco de paz en el exceso del bosque.
"Vuelvo al bosque" - escribiste a tu familia a una edad que tendrías para siempre -,
hijo el más pródigo de todos, tan dócil
como Isaac pero irrecuperable.
Abraham fue el victimizado y el ángel
de la poesía enzarzado en las alas
mal te pudo salvar del autosacrificio
si él mismo era un temblor de hojas, un grito pánico.
Oveja negra como todas las noches
de una misma soledad de cuarenta y dos años.
No es verdad que extraviaras el camino, sólo cabía girar
sobre tus propios pasos en un desierto espeso.
Ella - la poesía - al menos fue tu sombra.
No iba a encender en el hueco de la mano
temblorosa, a la siga de un ciego blasfemante
ninguna luz que no fuera tempestad.

ADOLFO HITLER MEDITA EN EL PROBLEMA JUDIO por OSCAR HAHN



Toma este matamoscas y extermina a los ángeles,
después con grandes uñas arráncales las alas.

Ya veo sus muñones, ya los veo arrastrarse:
desesperadamente tratan de alzar el vuelo.

Toma este insecticida. Oigo sus toses blancas
prenderse y apagarse. Una puesta de sol
o una puesta de ángeles es lo mismo sin duda
porque la noche ahora levanta su joroba
y ellos se van hundiendo lentamente en el suelo.

Levanta el pie despacio. Así mismo. Tritúralos.
Que les saquen las plumas con agua hirviendo y pongan
esos cuerpos desnudos en las fiambrerías.

Ahora me van pasando sudarios de juguete
y ataúdes con cuerda. Ahora me van pasando
las cruces más pequeñas, para que se entretengan
los infantes difuntos. Pásame el insectario,
los alfileres negros. Toma este matamoscas
y extermina a los ángeles.

NINGUN LUGAR ESTA AQUI O ESTA AHI POR OSCAR HAHN



Ningún lugar está aquí o está ahí
Todo lugar es proyectado desde adentro
Todo lugar es superpuesto en el espacio

Ahora estoy echando un lugar para afuera
estoy tratando de ponerlo encima de ahí
encima del espacio donde no estás
a ver si de tanto hacer fuerza si de tanto hacer fuerza
te apareces ahí sonriente otra vez

Aparécete ahí aparécete sin miedo
y desde afuera avanza hacia aquí
y haz harta fuerza harta fuerza
a ver si yo me aparezco otra vez si aparezco otra vez
si reaparecemos los dos tomados de la mano
en el espacio
donde coinciden
todos nuestros lugares

FRAGMENTOS DE HERACLITO AL ESTRELLARSE CONTRA EL CIELO por OSCAR HAHN



Heráclito vivía en un río de Éfeso
encerrado en la placenta del sueño
lejos de los dormidos de la ribera
Heráclito tenía la barba luenga
y la lengua larga para lamerte mejor
No nos bañamos dos veces en el mismo río
No entramos dos veces en el mismo cuerpo
No nos mojamos dos veces en la misma muerte
A bordo de un tonel sube el Oscuro
en dirección a los rápidos rápidos
a contracorriente de Parménides
y desemboca en la Biblioteca de Londres
con la barba más negra y ancestros de aire

Heráclito vivía en un río de Éfeso
pero no se bañaba dos veces en el mismo río
Se bañaba en la catarata de un ojo
Se bañaba en su acuoso cuerpo
y rielaba fluía y ondulaba
Parménides vivía en un bloque de hielo
y se bañaba siempre en el mismo bloque
El que se purifica manchándose con sangre
el que se limpia el barro con barro
en este punto trata de retornar contradiciéndose
y reingresa en las llamas acuáticas
en las aguas flamígeras que flamean
A grupas de la luz monta el Oscuro
en dirección al gran Fuego celeste
a la velocidad del sentimiento
de los que se aman a primera vista
y se destroza en astillas de hielo
contra los muros del espacio finito
embarrado de estiércol y fango estelar

Si Heráclito no tuviera hidropesía
las clínicas se llenarían de agua
las camas blancas de arroyos enfermos
si Heráclito no tuviera hidropesía
Y en el Corral de las Constelaciones
los animales luminosos disputan
los desperdicios de su cuerpo encallado

La Osa chupa la miel de sus vértebras
el Pez desgarra sus carnes con algas
y el Can entierra en el cielo sus huesos
Heráclito vivía en el éter del cosmos
y era una tempestad de aerolitos
en dirección a los Mares terrestres
Heráclito tenía el alma seca
y el vino triste y un aire soñoliento

sábado, julio 09, 2011

LA RAIZ DE UNO DE RIVERA LUTZ: LA PERSISTENCIA ARIDA DEL SER NORTINO. POR EDUARDO J. FARIAS ALDERETE



A mi juicio el norte de chile debería ser una Marca, en el concepto geográfico ,es decir, un distrito fronterizo, cuatro regiones , pero hay que ir más allá, es una Marca Espiritual, algo que define en la aridez en los cielos despejados en las largas distancias de ciudad en ciudad, un terreno difícil de tratar y poblar, la impronta que deja este desierto este norte es indistinta, Fernando Rivera Lutz la posee, su poesía es el registro de la ineludible pasión que lleva el nortino, esa combinada con el extraño desgano de vivir, debería parecer una contradicción ontológica insalvable, pero no es así.

El primer capítulo de la Raíz de uno se ahonda en las profundas complejidades del ser, la experiencia de vivir , se vuelve grafica, un aridez poética, no en el sentido obvio de la palabra si no que en el rigor, en la energía combinada con lo crítico de la mirada, tratar de revisitar una mirada racial de este fenómeno es totalmente inútil, el nortino es un crisol de sangres así como los versos de esta Antología Olvidada, es un crisol de sentimientos versificados.

El lector se liga con los textos, respira esa sequedad que parece colarse paulatinamente, mientras prosigue la lectura, en los intersticios del alma, a ratos abismante resulta el segundo capítulo en que lo provinciano de esta “Marca” árida llega a su plenitud, si el lector no ha vivido la experiencia de recorrer el Desierto de Atacama, combinar la historia propia y nacional, no dimensionará el real tenor de estos poemas, el lector debe atyreverse, abrir los ojos del espíritu y adentrarse en el Paisaje que en este libro se propone y luego en una operación rápida llevarla al nivel humano , esparcirla en las vivencias propias y las vivencias de todos los nortinos.

El sincretismo de la religión , el urbanismo descarnado, unido con la ironía , nos invita a caminar por las calles del norte divisando los cerros sin vegetación y sentarse a la mesa a comer un plato de pobreza, ya que para muchos a los que le parece este norte, una tierra de promesas, no les resulta así. El tercer capítulo y los poemas finales nos trae esa advertencia. Lo político es insoslayable a lo largo y ancho de este poemario, recordemos donde comenzó Recabarren a pasearse antes de oficializarse el Partido, es acaso que esta “mezquindad de la tierra” este “desierto más arido del mundo” determina una manera de ser única? Es posible, este fenómeno lo medimos aquí con la medida de Fernando Rivera.

Hay y se denota un oficio vigoroso, una musicalidad propia y una perspectiva lírica firme en sus objetivos, un arraigo constante, que nos entrega La raíz de uno , que no es mas que la propia esencia del ser del poeta Rivera, de nosotros mismos , del Norte de chile y sus regiones.
Un poemario recomendable.
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