martes, junio 21, 2011

LOS MEJORES DE LA RAZA. por CHARLES BUKOWSKI



No hay nada que
discutir
no hay nada que
recordar
no hay nada que
olvidar

es triste
y
no es
triste

parece que la
cosa más
sensata

que una persona puede
hacer
es
estar sentada
con una copa en la
mano
mientras las paredes
blanden
sonrisas de
despedida

uno pasa a travès de
todo
ello
con una cierta
cantidad de
eficiencia y
valentía
entonces
se va

algunos aceptan
la posibilidad de
Dios
para ayudarles
en su
paso

otros
lo aceptan
como es

y por estos

bebo
esta noche.

POEMA III por LAWRENCE FERLINGHETTI



El ojo del poeta mirando obscenamente
observa la superficie del mundo redondo
con sus techos borrachos
y oiseaux de madera en los hilos de tender la ropa
y sus machos y hembras de arcilla
con piernas calientes y pimpollos de pechos
en camas giratorias
y sus árboles llenos de misterios
y sus parques de domingo y estatuas mudas
y su América
con sus pueblos fantasmas y las vacías
islas de Ellis
y su paisaje surrealista de
praderas sin mente
supermercados de
suburbios
días festivos de cinerama
y catedrales protestando
un mundo a prueba de besos de plásticos toilet-seats y Tampax y taxis
cowboys de almacén y vírgenes en Las Vegas
indios robados y matronas fanáticas del cine
senadores no-romanos y enemigos del servicio militar
y todos los otros fatales fragmentos mochos
del sueño del inmigrante demasiado realizado
y engañado
entre los que toman baños de sol

viernes, junio 17, 2011

SALTOS por EDUARDO J. FARIAS ALDERETE




Escuchabas a Elvis
Mientras saltabas sobre la cama
Rechinaba el somier como en uno de
Nuestros mejores combates

Elvis parecía mover sus caderas
Junto a las tuyas
Entreabrías tus labios
Mostrando tus dientes de nicotina
Tu delicada lengua de vino tinto

Continúas saltando

Recordé a Elvis el día en que murió
Y el canal nacional en su noticiero
Mostraba el dibujo de un gordo inmenso
Puedo ver mi rostro
Siendo infante
Con una cara estúpida
De asombro
La boca entreabierta…
Había dejado de saltar sobre
La cama de mis padres
Ahora me ves de cerca
Ya no brincas.

PIKO por ALVARO LOPEZ BUSTAMANTE



"Siempre me traiciona la razón y me domina el corazón: no sé luchar contra el amor"
– el gran kamilo.

tal vez debería escribir un ensayo al respecto:
“la poesía como apariencia”
“la poesía como expresión de frustración anal”
tal vez debería escribir un ensayo al respecto:
“la poesía como apariencia”
“la poesía como expresión de frustración anal”
tal vez debería escribir un ensayo al respecto: “la poesía como apariencia” “la poesía como expresión de frustración anal” “la poesía como expresión de frustración sexual”“la poesía como apariencia” “la poesía como expresión de frus
“la poesía como e poesía como xpr un ensayo al respecto anal como expresión de frustración un ensayo un en sía como sayo encia” ncia” “la poesía como expresi xpr un ens ón de ón d xpr un ens ón dns óe ón xreped frus frus frus frus frus frus frus frus frus frus frus frus frus frus frus frus frus frus frus frus frus frus frus frus frus frus frus frus frus frus frus frus frus frus frus frus frus frus frus frus frus frus frus frus frus frus frus frus frus frus frus frus frus frus frus frus frus frus frus frus frus frus frus frus frus frus frus frus frus frus frus frus frus frus frus frus frus frus frus frus frus frus frus frus frus frus frus frus frus frus frus frus frus frus frus frus frus frus frus frus frus frus frus frus frus frus frus frus frus frus frus frus frus frus frus frus frus frus frus frus frus frus frus frus frus frus frus frus frus frus frus frus frus frus frus frus frus frus frus frus frus frus frus frus frus frus frus frus frus frus frus frus frus frus frus frus frus frus frus frus frus frus frus frus frus frus frus frus frus frus frus frus frus frus frus frus frus frus frus frus frus frus frus frus frus frus frus frus love

entonces

lo recuerdo

hice saltar
en pedazos tu virginidad
– no pareció importarte demasiado
igual como

AH estos textos que TERMINAN por decir nada

porque sencillamente

TE ABURRo

Y NO ENCUENTRAS SENTIDO ALGUNO

A NADA DE LO QUE DIGO

mierda – doble mierda por eso [t#e4$odio y mme odiØsnif] eres mi parodia perfecta, un muchacho un cóctel una angustia adolescente, [odas esas cosas qe] no logran reflejar ni el dolor ni el miedo ni la crueldad que llenan mi tórax [cmo side orina o semen se tratara], escribo pero no toco nada, lees y no sientes sino tu reflejo, y eso apenas, una percepción pasajera, y es por ello que debo dejar de escribir pues mi frente se ha vuelto
sangre a fuerza de golpearse contra el muro, lo sublime – eso ya es una idiotez, los paisajes del espíritu no son sino basurales en llamas, la lektura una pérdida de tiempo, y el resto el vacío que finalmente terminarás por abrazar como virgen ensangrentada, una cabeza de animal aardiendo,, excrementos nel cielho, kr basura intevención humana basura las kcartas tuyas basura piel rosa bas nbasura muerte us veyos ojoscolor mierda basura amistad dignidad demokaaacia basura basura basura derechps civiles basuraaa
mierda basura
amor basura poesñí¡a
basura comprnsion basura d da anti anti anti peosía
basura kaka
amorvacíosoledadyvacíoespecalmenee basura mierda


baasurdihfgkmsfdufcnd873vnnnnada nadagh nada nada nada nada
nada nada nada naAAAAAAAAAAAAAAAAAAAda ms
qe decir
basura mierda

(tra vez


sisisisissisis otra vez [ ]

[..]

POESIA COMO HEMISFERIO, CALIENTA, LEJOS DE CUANDO EN VEZ EL CORAZON por SEÑOR QUIROFANO


Y si me das cinco de luca (un color verde agua anido en su memoria)

Un saque de mote en el baño de damas
Las bananas? Todas fucsias si así lo prefieres (y delgadas, aquí no se venden incógnitas)
El sabor es amargo después de dos abrazos y él..
(Refiriéndose a un tipo pálido con la curiosidad suficiente)
Látigo e indiferencia
-Dame calor Andrómeda y dirige el transito de todas mis alamedas-
Los gustos se fabrican a merced de la necesidad
Una voz desde la barra cortaba los episodios a manera de guillotina
Me gustan tus caderas, pero decirlo sería faltarle el respeto a la madrugada
Saben los que tienen.. (dijo su paladar, antes de consumirse en los abismos)
Que el poder no se reclama –el poder se otorga-
Los caminos son los mismos mientras uno no trate de detener el tiempo
-Ella sabe poco dijo Raquel- mientras un papel se abría como rosa
¡Fabrícame de hambre!
Dirígete a mí, como hombre
Dame un compás, para seguirte de manera inexacta
Beber mas que agua se perdona en esta orilla
Y huelo tu perfume oriflame sin llama.. y si llamas me quedo
Uno, siete, siete (los juguetes dan pena sin pilas)
Lapantallanegra (rapidito y sin comas)
El juego consiste en olvidar los dígitos antes de besar el cuello
Y si me quedo.. ¿?
No porque me llames ó yo te necesite de manera afrodisíaca
Me quedo
En la alegría de tus parpados abiertos
En las lujurias de mis tactos encerrados
Me quedo
Con los sentidos abiertos a todas las hipocresías que me ofrece la mañana
Queriendo que tú seas otra
Tu nombre no importa y me regalas otra carrera
Los espejos azules o simplemente intactos
Mi voz se pierde en el compromiso de lo que queda
Y lo que queda es menos que mi compromiso
-duerme, en mi pecho, pero no en mis brazos-
(ALTO)
Cómo has de creer que existo de la manera que me percibes
acaso no ves que tengo una costilla menos?
-tienes razón, el amor es una bóveda-
Y todas esas combinaciones exactas que pensaste cuando tenías quince se fueron a la mierda, las batallas silenciosas de tus creencias versus las modas se han ido ahogando , mas bien perdiendo, y ahora lo piensas sólo porque amanece y no tienes a quien acariciar..

En el ante-amanecer

(Stop)

Puedo escribir frases pequeñas mientras la micro me lleva
Pero siempre me preguntaré.. a dónde
Tres puntos
. uno
.. dos
… tres

Me he permitido esta noche recordar las consecuencias
Y con ellas
Me mantengo despierto

MECÁNIMA por JAIME CORTES




La lluvia ha cesado y debiese dejar de escribirte, tras mi ventana la gente parece ser feliz, y mis hijos están por despertar, a cuantos años sombras te has ido Ariadna, a cuanto espacio, cuantas calles y edificios y relojes y minutos e infiernos y escuelas e hipotecas y carreras.
¿Dónde estas ahora? dónde van mis cartas que continuamente se pierden en mi boca y el recuerdo idealizado de tus ojos en desbandada mientras mis manos duras te corrompen y hacen nacer de una ceniza que juraría roja en mi recuerdo, pero imposible, claro que imposible, toda la metafísica me inunda tu presencia desvanecida en los años Ariadna, y si cierro los ojos aun sólo puedo ver tu risa, y desear que la próxima vez que abra la puerta de aquel bar, estés tu y el espacio fulgurante que me incendia.
pero estas palabras no van a nada
estas palabras se quedaran aquí
en una suerte de nada
en tu boca
en tu pelo
en lo gris que es el tiempo y nuestra derrota
o rendición.
¿derrota?
pero que acaso no eres feliz ahora? Ariadna, no acaso la ultima vez que te vi reías mientras te alejabas profusamente sobre ese mar de bruma que te sofoca-
ahora apagare el despertador antes que ella despierte
iré a golpear la puerta de la pieza de mis hijos
serviré la mesa, subiré a ducharme
dejaré que el agua me envuelva
convenciendome de que la sal que se derrama hasta mi boca es otro error de la compañía de aguas u otra ilusión de pesadillas que tengo por la mañana.
el sol acaba de romper.

CENA DE LA MINERIA por JUAN LUIS CASTILLO



una luz nos atraganta por todos los costados y nos ciega cuando caminamos por el espacio cónico de Antofagasta,parecen ser idiotas en la noche, una fiesta alternativa que se ensancha en la mirada y resulta inalcanzable para mis defectos heredados, algo similar a un escritor que sueña con la fama,me miento al observar, interpreto, lo sé, me mientes al tratar de sonar acorde,y escucho tu risa cuando bebes una copa de champán y te mueves como ninfa sobre la corbata ejecutiva de un seremi de gobierno, en tanto él busca un flash que se le escapa o la luz incandescente de un camarógrafo que pincha el ambiente y nos refleja en un par de minutos que quizás salgan al aire, un salto de carnero, la profundidad de campo, todo es válido para ti y el seremi de gobierno que sonríe nervioso tras la llegada del ministro que asume su impostura hablando de corrido sin papeles ni artefactos en el horizonte, mientras muchos se encabritan saludando como pestes que se amarran y encadenan a una posibilidad incierta de que les compre el punto para un negocio potente, no sólo porque sí: sí, me miento, miénteme con tus joyas prestadas, tu risa de actriz rusa de los años 20, tu viejo ejecutivo con corbata de minera y su colección de putas en filita en el salón vip, miénteme con la hojalata que fricciona a un comerciante de poca monta que intenta sentirse uno entre los grandes cuando todo el salón busca los ojos presidentes, de la minera X o del país Y, de la limosina que está al costado del hotel esperando por lo suyo, más bien un par de empresarios canosos saboreando el goce de su triunfo que no es otra cosa que el cobre amilanado en su estado de ánimo, quién sabe qué esperanzas más se escurren desde tu vestido negro terciopelo, de tu cara blanca y hermosa, de tus labios rojos de carne indecisa que intenta decir: “sí, me miento” o “no, soy yo” cuando te esperan en tu pasado las mil desilusiones y un niño regalado a tu mamá durmiendo después de romper el lomo y tu fatiga oportuna al ver el futuro, sí, me miento, invito a mentirnos mientras esperamos que el humorista termine su rutina y los invitados en sus mesas ovaladas terminen de digerir el escueto alimento consagrado esta noche, estoy tranquilo, hablo en paz de lo que miento, me sacudo el ala derecha como si estorbara mi tráfico, sugiero entonces una paradoja que calce con el ambiente ya pasado a whisky -me he tomado 5- y arremeto hablándote de lo extraño que suena decir ”me miento”, y miras el suelo como si no existiera y levantas la vista y la voz cuando pasa un amigo que conociste en la cena anterior, y te le acoplas al brazo, arrancas a pasos grandes gigantes como las carreteras y el agua y el sol que se nubla de vez en cuando en la perspectiva animal de sabernos vacíos,sueño contigo actuando esta canción http://www.youtube.com/watch?v=hlPzeJ1et8Q&feature=related , las entrañas del diablo que nos vienen a buscar, y miento, no creo en el diablo, pero me esperanzo en ti que ya vas cerca de la salida con otro ejecutivo que recién llegó a la zona, promociona el silencio, promociona su cultura de circo en el firmamento, promociona su paz que se confunde con mi paz al mentir descaradamente a todos los presentes, como o parecido a los delirantes, a los artistas que mienten en la tablas en las telas y en los libros y se acomodan para sacar de esta cita solemne un pedazo de arte, como yo y tú, que seguimos parados estupefactos tratando de dejar por lo menos algo a los que vienen, como los cuatro pelagatos que en las afueras gritan y venden que no vendan el cobre que se quedé aquí como pan nuestro de cada día para la solución de nuestros santos problemas y pecados y la nota escéptica del escudo chileno y de la educación y de la brecha digital y de la samba y canuta que nos parió dentro de este momento especial y clásico como tú que ya subiste a un taxi y te marchas a lo que piensas es y ha sido tuyo.

¿Qué es eso?

MI ALBA por ALLEN GINSBERG



Ahora que he desperdiciado
cinco años en Manhattan
pudriéndoseme la vida
mi talento en blanco
desconectada el habla
paciente y mental
regla de cálculo y número
máquina en una mesa
triplicado autografiado
sinopsis e impuestos
obediente rápido
mal pagado
me mantuve en el mercado
juventud de mis veinte años
me desmayaba en oficinas
lloraba sobre máquinas de escribir
engañaba a multitudes
en vastas conspiraciones acorazados
de desodorante asunto serio,
la industria


cada seis semanas
cualquiera bebía
de mi banco de sangre
inocente mal ahora
parte de mi sistema
cinco años de trabajo infeliz
de los 22 a los 27 años
trabajando encima
ni un centavo en el banco
en justificación
llega el alba no es más que el sol
el Este humea O mi dormitorio
Estoy condenado al Infierno
qué despertador está sonando?

ANNABEL LEE por EDGAR ALLAN POE




Hace muchos, muchos años, en un reino junto al mar,
Habitaba una doncella cuyo nombre os he de dar,
Y el nombre que daros puedo es el de Annabel Lee,
quien vivía para amarme y ser amada por mí.

Yo era un niño y era ella una niña junto al mar,
En el reino prodigioso que os acabo de evocar.
Más nuestro amor fue tan grande cual jamás yo presentí,
Más que el amor compartimos con mi bella Annabel Lee,
Y los nobles de su estirpe de abolengo señorial
Los ángeles en el cielo envidiaban tal amor,
Los alados serafines nos miraban con rencor.

Aquel fue el solo motivo, ¡hace tanto tiempo ya!,
por el cual, de los confines del océano y más allá,
Un gélido viento vino de una nube y yo sentí
Congelarse entre mis brazos a mi bella Annabel Lee.

La llevaron de mi lado en solemne funeral.
A encerrarla la llevaron por la orilla de la mar
A un sepulcro en ese reino que se alza junto al mar,
Los arcángeles que no eran tan felices cual los dos,
Con envidia nos miraban desde el reino que es de Dios.

Ese fue el solo motivo, bien lo podéis preguntar,
Pues lo saben los hidalgos de aquel reino junto al mar,
Por el cual un viento vino de una nube carmesí
Congelando una noche a mi bella Annabel Lee.

Nuestro amor era tan grande y aún más firme en su candor
Que aquel de nuestros mayores, más sabios en el amor.
Ni los ángeles que moran en su cielo tutelar,
Ni los demonios que habitan negros abismos del mar
Podrán apartarme nunca del alma que mora en mí, Espíritu luminoso de mi
hermosa Annabel Lee.

Pues los astros no se elevan sin traerme la mirada
Celestial que, yo adivino, son los ojos de mi amada.
Y la luna vaporosa jamás brilla baladí
Pues su fulgor es ensueño de mi bella Annabel Lee.


Yazgo al lado de mi amada, mi novia bien amada,
Mientras retumba en la playa la nocturna marejada,
Yazgo en su tumba labrada cerca del mar rumoroso,
En su sepulcro a la orilla del océano proceloso.

LOS ENEMIGOS por DYLAN THOMAS



Era entrada la mañana en los verdes prados del valle de Jarvis, y el señor Owen arrancaba las malas hierbas de las lindes de su huerta. Un viento poderoso le tironeaba de la barba, y a sus pies bramaba el mundo vegetal. Un grajo perdido en el cielo graznaba en busca de compañía, pero su pareja no apareció. Al fin, enfiló solitario hacia el oeste con un lamento prendido en el pico. Irguiendo los hombros para descansar un poco, el señor Owen levantó la vista al cielo y contempló aquel oscuro batir de alas contra un sol rojizo. En su cocina que azotaba el viento, la señora Owen suspiraba ante un puchero de sopa. Tiempo atrás, el valle era tan solo un redil para el ganado. Solo los vaqueros bajaban de la colina para guiar con sus voces a las vacas y ordeñarlas después. Ningún desconocido había pisado jamás el valle. El señor Owen había llegado hasta allí un atardecer de finales de verano, después de vagar a solas por toda la comarca. Aquel día y a aquella hora, las vacas yacían plácidamente tumbadas, y el arroyo saltaba cantarín entre las guijas. Aquí, en medio de este valle, pensó el señor Owen, edificaré una casa pequeña, de una sola planta, rodeada por un jardín. Y volvió sobre sus pasos, por la misma ruta que lo había llevado hasta el valle, por las colinas tortuosas, para regresar a su pueblo y contar a su mujer lo que había visto. Así acabó por levantarse entre los verdes campos una humilde casita. Plantaron en torno a ella un huerto y en torno al huerto se alzó un cercado con su seto, que impedía el acceso de las vacas a las verduras.
Todo eso sucedió a principios de año. Ya habían pasado el otoño y el verano. El huerto había florecido y se había marchitado. La escarcha cubría la hierba. El señor Owen volvió a inclinarse sobre la tierra para arrancar los hierbajos; el viento retorcía las testas de la grama y arrancaba una oración de sus verdes fauces. Pacientemente iba arrancando y estrangulando los hierbajos, provocando en la tierra un combate: entre sus dedos morían los insectos que habían excavado sus galerías donde brotó la mala hierba. Se iba cansando de matarlos, y se cansaba más aún de arrancar las raíces y los tallos verdes y malignos.
La señora Owen, asomada a las profundidades de su bola de cristal, había dejado que la sopa hirviese a su manera. La bola bullía oscura y espesa hasta que vino a iluminarla el reflejo de un arco iris. Relucía, refulgía como el sol, gélida como la estrella polar, y se reflejaba en los pliegues de su vestido, donde la sujetaba con todo su amor. Los posos del té del desayuno le habían anunciado la llegada de un oscuro desconocido. La señora Owen se preguntaba qué le diría la bola de cristal.
Por las raíces descuajadas culebreaba un gusano retorciéndose al tacto de los dedos, inerme y ciego a plena luz del sol. De pronto se había llenado la hondonada entera con el viento, el gemir de las raíces, los alientos del cielo bajo. No solo chilla la mandrágora cuando la arrancan de cuajo: las raíces retorcidas chillan también. Todos los hierbajos que el señor Owen arrancaba del suelo chillaban y daban alaridos como si fueran niños de pecho. En el pueblecito del otro lado del monte, al compás del viento encolerizado, las ropas tendidas a secar en los jardines se mecían en danzas extrañas. Y las mujeres de vientre inflado sentían un golpe nuevo en las entrañas al inclinarse sobre las artesas de agua hirviendo. La vida les corría por las venas, los huesos y la carne que los envolvía, carne que tenía su estación y su clima, mientras el valle envolvía las casas con la carne de la hierba verde.
Como una tumba profanada, la bola de cristal rendía sus cadáveres a los ojos de la señora Owen. Ella contemplaba los labios de las mujeres y los cabellos de los hombres que iban cobrando forma en la superficie de aquel mundo transparente. Pero de repente desaparecieron las formas como por ensalmo y ya solo se distinguían los perfiles de las colinas de Jarvis. Por el valle invisible que se abría bajo aquella superficie venía caminando un hombre tocado con un negro sombrero. Si prosiguiera su marcha, acabaría por caerle en el regazo. «Por las colinas viene caminando un hombre con un sombrero negro», exclamó, y abocinó la voz al otro lado de la ventana. El señor Owen se sonrió y siguió escarbando entre los hierbajos.
Fue por entonces cuando se extravió el reverendo Davies. Llevaba toda la mañana extraviado, así que se apostó contra un árbol plantado en la divisoria de las colinas de Jarvis. Un ventarrón removía las ramas y la tierra magnífica y verdosa trepidaba inquieta a sus pies. Por doquiera que paseara la vista, las lomas del monte se alzaban erizadas contra el cielo, y dondequiera que buscase refugio de la tormenta hallaba una atemorizada oscuridad. Cuanto más caminaba, más extraño se volvía el paisaje en derredor. Se remontaba hasta altitudes impensables, o bien descendía vertiginoso por un valle no mayor que la palma de su mano. Los árboles se balanceaban como seres humanos. Fue una coincidencia providencial alcanzar la divisoria de los montes cuando el sol llegaba a su cenit. El mundo se deslizaba entre dos horizontes, y él permaneció junto a un árbol y contempló el valle. Había en la campiña una casita rodeada por un huerto. Alrededor de la casa bramaba el valle, el viento la zarandeaba como un boxeador, pero la casa permanecía impasible. Le pareció al reverendo que la casa había sido arrancada del caserío del pueblo por un ave gigantesca que la hubiera depositado en medio de un universo tumultuoso.
Sin embargo, a medida que sorteaba los peñascos del monte, a medida que bajaba por los riscos, iba perdiendo su sitio en la bola de la señora Owen. Una nube le arrebató el sombrero negro, y vagaba bajo la nube la sombra anciana de un fantasma con heladas estrellas en la barba y sonrisa de media luna. Nada sabía de esto el reverendo Davies, que se iba arañando las manos entre las peñas. Era viejo, se había emborrachado con el vino del oficio matutino y aquello que le brotaba de los cortes no era sino sangre humana.
Nada sabía tampoco el buen señor Owen sobre las transformaciones del globo. Con el rostro pegado a la tierra, seguía arrancando los cuellos de los hierbajos que chillaban sin cesar. Había oído la profecía del sombrero negro en boca de la señora Owen, y se había sonreído para sus adentros, pues siempre sonreía ante la fe ciega que tenía su mujer en los poderes de las tinieblas. Había levantado la cabeza al oír sus voces, pero con una sonrisa había preferido la llamada preclara de la tierra. «Multiplicaos, multiplicaos», había dicho a los gusanos sorprendidos en las galerías, y los había partido en mitades parduzcas para que se alimentasen y creciesen por todo el huerto, para que salieran hasta los campos y llegaran a los vientres del ganado.
Nada de aquello sabía el señor Davies. Vio la silueta de un joven barbudo industriosamente inclinado sobre el suelo. Vio que la casa era una hermosa imagen con el pálido rostro de una mujer apretado contra el cristal de una ventana. Y quitándose el sombrero negro, se presentó como párroco de un pueblo que estaba a unas diez millas del lugar.
—Está usted sangrando —dijo el señor Owen.
Las manos del señor Davies estaban en verdad cubiertas de sangre.
Cuando la señora Owen observó las heridas del párroco, le hizo sentar en un sillón que había junto a la ventana y le preparó una taza de té.
—Le he visto a usted por el monte —dijo ella, y él le preguntó entonces que cómo había podido verle, si las colinas estaban a tanta distancia.
—Tengo buena vista —respondió ella.
Él no lo puso en duda. Aquella mujer tenía los ojos más extraños que él hubiera visto jamás.
—Esto es muy apacible —dijo el reverendo.
—No tenemos reloj —dijo la mujer poniendo mesa para tres.
—Es usted muy amable.
—Somos amables con cuantos llegan hasta aquí.
El reverendo se preguntaba cuántos caminantes vendrían a parar a una casa tan solitaria en medio del valle, pero decidió no hacer ninguna pregunta por miedo a que la mujer hallara una respuesta. Se dijo que la mujer tenía cierto misterio, que debía amar la oscuridad, pues todo estaba muy oscuro. Era ya demasiado mayor como para inquirir los secretos de la oscuridad, y ahora se sentía aún mayor, con el traje talar hecho jirones y empapado, y con las manos frías y envueltas en las vendas que le había puesto aquella extraña mujer. Los vientos de la mañana podían ya con él, ya podía cegarle el repentino advenimiento de la oscuridad. La lluvia podía pasar a su través como pasa a través de los fantasmas. Viejo, canoso y cansado, se había sentado junto a la ventana y casi se hacía invisible perfilado contra las estanterías y el lienzo blanco del sillón.
Pronto estuvo lista la comida y el señor Owen entró desde el jardín sin lavarse.
—¿Bendecimos la mesa? —preguntó el señor Davies cuando los tres estuvieron sentados a la mesa.
La señora Owen asintió.
—Oh, Dios Todopoderoso, bendice estos alimentos —dijo el señor Davies. Levantó la vista mientras seguía la oración y observó que los Owen habían cerrado los ojos—. Gracias te damos, Señor, por los dones con que Tú nos obsequias. —Y notó que los labios de los Owen se movían imperceptiblemente. No oía lo que decían, pero supo que no pronunciaban la misma oración.
—Amén —dijeron los tres al unísono.
El señor Owen, orgulloso en el comer, se inclinaba sobre el plato igual que se había inclinado sobre la tierra. Fuera se distinguía el pardo corpachón de la tierra, el verde pellejo de la hierba y el pecho de las colinas de Jarvis. Un viento constante zahería la tierra animal, y el sol absorbía el rocío de los campos. En las orillas del mar, los granos de arena se estarían multiplicando mientras el mar rodaba por ellos. Sintió en la garganta la aspereza de los alimentos: le parecía que la corteza de la carne tenía algún sentido y que también lo tenía el llevarse la comida a la boca. Observó con repentina satisfacción que la señora Owen tenía la garganta desnuda.
También ella estaba inclinada sobre su plato, pero jugueteaba por los bordes de este con las púas del tenedor. No comía porque se habían posado sobre ella los viejos poderes, y no se atrevía siquiera a levantar la cabeza y a alumbrar el verdor de su mirada. Sabía predecir por el sonido la dirección del viento en el valle. Sabía, por las formas de las sombras en el mantel, cuál era la situación del sol. Oh, si pudiera volver a tomar el globo y contemplar la extensión de las tinieblas que cubrían aquella luz invernal... Pero le rondaba las mientes una oscuridad que iba arrumbando la luz a su alrededor. Tenía a la izquierda un fantasma. Con todas sus fuerzas convocó a la luz intangible que rodeaba al fantasma y la mezcló con las tinieblas de su propia mente.
El señor Davies, como si un pájaro le estuviera chupando la sangre, sintió una intensa desolación en las venas y, en un dulce delirio, contó sus aventuras por los montes, el frío y el viento que había pasado, y cómo aquellos habían subido y bajado ante sus ojos. Había estado perdido, dijo, y había encontrado un oscuro recoveco en que refugiarse del viento intimidante. Le había dado miedo la oscuridad y había errado por el monte, zarandeado toda la mañana como un barco sin rumbo. Por todas partes se había sentido bamboleado, suspenso en el vacío o aterrado por las tinieblas que le acuciaban. No había lugar al que pudiera ir a parar un viejo, se dijo, compadeciéndose de sí. Por amor a su parroquia amaba también las tierras que la circundaban, pero el monte se había vencido a su paso o lo había levantado por los aires. Y porque amaba a su Dios, amaba también la oscuridad donde los hombres de edad rendían culto a las tinieblas invisibles. Pero ahora las cuevas de los montes se habían poblado de formas y voces que se burlaban de él porque era viejo.
«Tiene miedo de la oscuridad —pensó la señora Owen—, tiene miedo de la maravillosa oscuridad.» Con una tenue sonrisa, el señor Owen pensó: «Tiene miedo del gusano de la tierra, de la copulación del árbol, del sebo viviente de las entrañas del mundo». Contemplaron al viejo y más que nunca les pareció un fantasma. La ventana le dibujaba en torno a la cabeza un halo difuso de luz.
De repente, el señor Davies se arrodilló y se puso a rezar. No comprendía el frío de su corazón ni el miedo que le paralizaba al arrodillarse, pero mientras recitaba la oración que había de salvarlo, contempló los ojos sombríos de la señora Owen y la mirada risueña de su marido. De rodillas en la alfombra, a la cabecera de la mesa, miraba fijamente a la oscura mente y al burdo cuerpo oscuro. Los miraba y rezaba como un viejo dios acosado por sus enemigos.

LOS CUERPOS SOBRE EL MURO por THOMAS HARRIS



Sobre la pared encalada, proyectaban por la
noche un cuerpo hecho trazos, a rayas, configuraciones
desmendradas de pintura o carbón.
Una voz en off que provenía desde la proyectora
repetía átona la palabra cuerpo, la palabra desmembramiento,
la palabra aullido: la imagen, intermitente, era ya un
close-up del gesto desdentado del rictus, ya de los
trazos crispados del torso, ya de la pintura o carbón dolorido
del vientre. La voz en off no cesaba su letanía de palabras:
la palabra miedo, la palabra espasmo,
la palabra imposibilidad.
Nosotros, que habíamos tenido acceso a la cultura,
sabíamos que proyectaban sobre la pared los aquelarres de Goya
y al reconocimiento siguió el miedo y el presagio.
Pero todos mirábamos en silencio y a la palabra cuerpo
nos palpábamos el cuerpo, a la palabra aullido, enmudecíamos
de horror y a la palabra imposibilidad nos reconocíamos
en esos cuerpos desmendrados por la imaginación.
Un voz en off decía la verdad está en la imagen.
Una voz en off decía la verdad está en el ojo.
Duró poco más de una semana, por las noches: a la palabra
cuerpo nos tocábamos los cuerpos, a la palabra desmembramiento
nos buscábamos a nosotros mismos entre los otros, con
desesperación; a la palabra imposibilidad, nos reconocíamos
en los cuerpos desmendrados por la imaginación.

TODO por CHARLES BUKOWSKI




Todo.

Los muertos no necesitan
aspirina o
tristeza
supongo.

pero quizas necesitan
lluvia.
zapatos no
pero un lugar donde
caminar.

cigarrillos no,
nos dicen,
pero un lugar donde
arder.

O nos dicen:
Espacio y un lugar para


volar,
da
igual.

los muertos no me
necesitan.

ni los
vivos.

pero quizas los muertos se necesitan
unos a
otros.

En realidad, quizas necesitan
todo lo que nosotros
necesitamos

y
necesitamos tanto
Si solo supieramos
que
es.

probablemente
es
todo

y probablemente
todos nosotros moriremos
tratando de
conseguirlo

martes, junio 14, 2011

RETRATO FURIOSO por PABLO DE ROKHA



Empuño tu nombre como una canción nunca escrita o como pañuelo
de viajero, en este instante alto y ancho con la altura y la
anchura total de un ataúd
y un sudor popular de muchedumbre a las médulas agarrado como el
manotazo del atardecer surge en galope horripilante de tabla de
náufrago desde el ser espinal del orbe a la criatura de peripecia
que soy yo solo, exacto, indescriptible, con el puñal a la altura del corazón.
Si enormes congojas me azotan como grandes puños hinchados por
añejos vientos con olor a agua y a sombra,
por látigos de "salvación" u oro boreal y las vacas cristianas de la Dictadura de la Burguesía me escarban las entrañas encadenadas a
la desesperación
desde la antigüedad polvorosísima con cuchillos de niebla y de piedra,
el pueblo me defiende de mi mismo envolviéndome en su frazada de acero
y mi jornada de peón colosal de la literatura da categoría a mi
estilo continental, que es mi destino universal y mi abismo o
lenguaje de amante enfurecido,
un airón inmortal me chorrea de sangre las metáforas
v contemplo todas las cosas y su sombra como si me fuese a morir de
repente...
Retumba el sol arando los sueños a ia vertical del tiempo lleno de
banderas mojadas,
ineluctablemente grito con rugidos de dios vencido en los ríñones, inmensos
llantos impresos en la greda de los altares violados y pisoteados
por caballos de maldición, sin que acaso nadie me escuche sino
la multitud y las últimas formas, sólo como "roto" difunto.
Winétt, aunque te ande trayendo como adentro de un panal
de miel
y me respondan la memoria y el eco completamente muerto y Heno de
volcanes apagados de mi vocabulario, porque yo estoy hablan-
do ya para el porvenir del mundo.
Como los dos llenamos el siglo de hijos, grandes canas verdes echan
materias muertas como llanto de estupor sobre estos dos espejos
de sol poniente y lágrimas
con los que yo, combatiéndolo, reflejo desde adentro el gran huracán capital-
imperialista, que es como el huevo de un crepúsculo,
y estamos desplumados bramando debajo del Plan crimina! de los Monopolios, lo mismo que una gran pareja de leones de antaño en
aqueste hogaño de espanto o un matrimonio de carácter asombroso,
por la U. R. S, S. inmortal, que es el vino de oro de la Humanidad,
con los huesos ardiendo de criterio y congoja como el primero de los últimos
discípulos de Marx;
la política atómica siembra la guerra vomitándola y el hambre
se abre de fauces mordiendo la población mundial escarnecida, pateada en
el vientre, meada y ensangrentada por el neofascismo
y cruje como tren fantasma la sombra inmensa del verdugo;
el lenguaje social lo encuentro aquí comiendo dolor y terror de multitudes
con cucharas de desgracia a la orilla de un estupor que desapareció
y la tragedia capitalista se me refleja en cantos de barro con espanto y
sangre,
porque es la sociedad mi lengua y soy un comunista que monologa en
francotirador despedazándose contra el explotador y contra ei
cómplice del explotador en el poema, como un volcán que se
sublima y se derrumba
precisamente en virtud de la gran llama lanzada al píe de los sepulcros.
Resuenan los aceros de los hidalgos entrechocándose con mi familia
en los sótanos de la heráldica,
el espadón mandón del segundón de solar y portalón herrado que aspira a
la Caballería y los pendones de ios Señores de Aldea y Villorrio
que decían con don Iñigo; "Las letras nos embotan el hierro de
las lanzas",
llorados de moscas, de años, de pulgas feroces con polvo adentro del alma
o de la trágica chinche de! crepúsculo en donde Job la allanó,
en la soledad de los despoblados y los extramuros y los cementerios, contra
el Dios Oficial y los Caballeros Cruzados de Santiago que van
a saquear el Santo Sepulcro, a comerciar en especias y a controlar los Oriente-Dardanelos para la España tan piojosa como
inmortal, tan hedionda como remota y católica, echando llave
con el Cinturón de Castidad al capullo de rosa de sus amores,
y ti Señor Feudal implanta la horca en mis antepasados empobreciéndose y
emputeciéndose en un callejón sin salida en donde fusilan a un
héroe;
criatura de asombro soy y espanto, por eso entiendo la noche y todo la que
se le parece: como por ejemplo la miseria y la calumnia, comprendo la tarde a la caída de los Emperadores y aprecio los
lagartos embalsamados de las ruinas, las viejas y negras espadas,
los fusiles ensangrentados y enmohecidos en cuyo cañón todo el
horror de la guerra resuena y la Poesía Española del Siglo de
Oro tanto y cuanto la fanfarronada soldada y apolíllada de
Quevedo.
y es por aquello por lo que Manrique y Cervantes, que son como peñascos
de la literatura, me ofrecen la espada y la posada y el licor
colosal
del cual está forjada y cruzada y condecorada la epopeya que yo compongo
montado a caballo desde mi montura-ataúd, entre arañas y
piratas, mujeres y corceles, santos, héroes, locos, descubridores,
aventureros, conquistadores y fundadores-conductores de ciu-dades en las que fueron Alcaldes o Notables de la pena inmensa
y en la cual los ahorcaron;
¡qué enorme pelo de pueblos voy cargando a la espalda de la palabra!...
y ¡cómo las cadenas de los presidios resuenan en lúgubre trompeta de condenados y de fusilados en la ilegalidad de mi literatura,
cuando yo levanto mi voz a la cabeza de los calabozos de la libertad política, alto como un parto al amanecer!,
porque el marxismo no lo aprendo, lo encuentro coincidiendo con los grandes
clásicos materialistas, como la intuición de mi rebelión milenaria,
y el trotzkismo lo vomito como el alcohol falsificado;
mi lenguaje de Chile es lenguaje rajado de mundo y el mundo levanta como
un eslabón su pabellón de sombra en mi interior que es público
y notorio, porque en él rugen los pobres del mundo,
porque cuando me duele el corazón, le duele el corazón al pueblo,
y calumnian a la Humanidad cuando me calumnian como cuando calumnian
a cualquiera de los desventurados mundiales y mi llanto es el
llanto del siglo;
soy un caserón de provincia lluvioso y telarañoso, con cabellos de difunto
y los letreros obscenos ardiendo en las murallas
y adentro del cual, entre candelabros degollados, como la cosecha en el grano
de trigo o el amor en el vientre rugiente de la tempestad, que es
la flor de acero del invierno,
estalla la sociedad comunista.
Probablemente no he nacido nunca, por eso escupo mi retrato
y estoy hundido hasta las entrañas en la memoria de la tierra mordido y
transido de larvas, cuando me escuchan roncar en cien, leguas
a la redonda,
en el llanto de toro del universo por el fuñeral de la vivienda, reflejando
sus catástrofes, su historia social, sus huracanes y sus tempestades, el nacimiento inmemorial de los océanos y el hundimiento de los continentes. entre volcanes verdes y montañas que paren oscuros
dioses que echan fuego y tiempo por la boca, el surgimiento del
sol en el sistema planetario terriblemente resonando como un
carro de barro de relámpagos,
y cuando emerge el hacha del alma del hombre del corazón de la naturaleza
yo sigo mirando su deslumbramiento inicial. . .
Las jarcias, las horcas, las lanchas marcadas de yodo, de salitre, de
moho mundial, de petróleo, de sales y de sangres y antigüedad
ya usada y el mar de John Esquemeling, sabroso como un torso
de mujer o un asado de pescado, las marinerías entre sus cuchillos, sus acordeones, sus marmitas, o aquellos inmensos recuerdos
que huelen a hembra portuaria,
Walter Raleigh y su mascarón de proa, que eran los pechos desnudos de
Gran Bretaña, desde los cuales surgía un cadalso,
el corsario, el filibustero, el gran pirata Pier le Grand y su tripulación de
presidiarios, asesinos, vagabundos, misioneros, ladrones y cabrones, curas, tahúres, locos, poetas, bandidos, artistas y héroes como
Marco Polo, sabios, santos, zafios, soldados, capitanes y almirantes con enorme panza de sapos,
don José Santos Ossa y los atacameños, encima del nitrato tremendamente
robado a Chile, y las guaneras de Mejillones,
Recuerdos del pasado" y su autor vegetal el semental caballero don Vicente
Pérez Rosales, el último "don" escritor de la época, y el capitán
Pineda y Bascuñán o Pedro de Oña y el forastero español majestuoso como la Catedral de Burgos, en el Descubrimiento y
Conquista del país de O Higgins, don Alonso de Ercilla y Zúñiga
en sus testimonios a octava real de "La Araucana", gran tribuna
de Pedro de Valdivia,
Juan Godoy descubriendo en Chañarcillo el cínturón de plata de la República popular de Recabarren
y los parlamentarios radical-francmasones de Tarapacá — Antofagasta
— Atacama — Coquimbo — Aconcagua, el químico-poliglota-
dionysíaco Domingo Sanderson, periodista y polemista de material
grande con su sombrero de Escocia y su gran levita finisecular,
ellos todos muertos, con las mandíbulas aradas de eternidad y los hueso?
rugiendo cantan cuando yo canto mi canto,
son mi voz y mi condición de chileno como crujiendo en un gran huracán
de hojas, como saliendo y como rompiendo los viejos andrajos
del antaño antaño de antaño,
como un cañón disparado con atraso de mil años en un sepulcro;
el dolor que derramó el horror del hachazo mal pegado en la montaña y
la congoja gris del inventor fracasado, funeral-funerario, delirando en tristes hoteles o en cuartos de barrio de alquiler con
millones de pantalones parchados y el complejo de inferioridad
del escritor rico y tonto, la maldición de los conquistadores fallidos y de la moneda ilegal,
la última mirada de Giordano Bruno a sus asesinos, los verdugos de la
Inquisición, cuando les dijo desde las parrillas de la Edad Media:
"Tenéis mucho más miedo que yo, vosotros"
y la agonía soberbiamente espantosa del enorme Papa y maricón mundial
Alejandro VI, ei gran salvaje y gran amante clandestino de la
Iglesia, su querida, a la cual desnudaría en todas las plazas públi-
cas de la historia, como a una meretriz cualquiera,
la patada de burro de Sócrates, el asno genial de la moral del Estado, tan
macabro como Kant, "el reloj de Koenigsberg",
porque se es un genio y un bruto idiota cuando se dá a los conceptos el valor
de generadores de la realidad, como lo hizo Plotino o Platón, su
ama de cría,
o el gran sacristán metafísico Hegel y su criadero de existencialistas capones,
todos, hasta cierto "famoso" necio con sus alforjas y con sus redomas y con
sus pelotas al sol, aúllan en mis imágenes, en las que restalla el
látigo de los negreros de América encima de la rebelión de los
trabajadores, por caminos de fusilamiento;
si las piedras furiosas empuñan grandes espadas montando una gran yegua
de mar,
ladra un volcán moviendo la cola y rugiendo y el último de los árboles agita
una gran cadena de presidiarios en el atardecer, pronunciando
un esperpento tan idiota que parece un discurso del Pontificado,
mi conciencia, entre cien lideres,
se integra de estallidos del infinito natural y el instinto se me desencadena
como un perro de fuego que mordiera un saco de arañas,
porque soy lo mismo que el Faraón Hereje Akenathon cantando al Dios-Sol-
Agricultura, que dá comida y definiéndolo en imágenes de imágenes, como fenómeno artístico, desde el hongo de moho de tas
Pirámides, que son los urinarios del ultramundo,
o que el postrero de los rotos chilenos ametrallado por el pobre González
abandonado de Dios,
y cuando la gran tormenta social del siglo le desgancha la rama del espinazo
al esqueleto de la Gran Burguesía Americana, resurge la India
ancestral, emerge la China popular adentro del imperio de la
caída del sol,
el proletariado flamea como bandera ensangrentada y el capitalismo cruje
de ratones con inmenso horror,
¡yo estoy haciendo grandes procesos de multitud que avanza al asalto de las
barricadas tremendamente atoradas de cadáveres y sujeto los leones oceánicos desde el presente a aquel enorme ayer cuando
tus pechos eran dos jarrítos de plata,
sujeto las leonas oceánicas encima del minuto en el cual la Humanidad se
pone a llorar y a bramar a gritos contra la Humanidad
por la gran matanza internacional organizada por los neofascistas de Wall
Street, en sociedad de asesinos con el Vaticano, hasta que la
U. R. S, S. levante el sable de la justicia definitiva sobre la tierra
y les destine a los verdugos de los pueblos la gran patada en el
esternón!...
¿A dónde estarán los almaceneros quebrados de antaño en las provincias, los últimos empleados públicos de la aldea natal que
bebían aquellos enormes vinos de luto en el atardecer de mi
padre recordando lo pasado, siempre recordando lo pasado antepasado por preterición tan pretérita como el abogado Abarzúa:
el Notario, el Oficial del Registro Civil, el Preceptor del pueblo
o el difunto de hojalata mal llamado de Puturraga, que cantó
y plagió mi gran estilo de hombre el cual le ajusta a él como al
burro la jáquima?. . .
¿Y el procesado por abigeato o por haber robado por hambre o por haber
matado por hambre colosal
o haberle degollado al millonario, no la mujer ladrona, sino la flaca y
magra e inútil oveja de los hambrientos, porque es la entidad
metafísica del Estado burgués carcelario y aterrado y el agusanado brebaje del triste que emerge de la necesidad de acumular
comida?
El caballo de santo de polvo inmortal del único Miguel de la literatura, ¿no
estará haciendo restallar los siglos con el oro del llanto en este
presente, como grandes tablas que se rajasen medio a medio del
techo del mundo?
Todos los anónimos, los horrorosos anónimos que hicieron a patadas la Catedral Gótica o la casita a la orilla del río y se metieron alegremente adentro, los que tallaron las Esfinges de vientres sexuales
y los barcos vikingos con baba del alma y los que parieron en
flor los caminos del Inca, todos, definitivamente todos, he ahí
que aquí están gritando por debajo de la tos pulmonar de Hispanoamérica.
Y el tal "Hernán" ¿andará tan borracho y degenerado como y cuando
ejercía la prostitución?,.,
Y Rubén y "Santana" y Tomás, con "Eleazarcito", Oreste,"Manuelrojitas".
por cuyo prontuario corre la sangre tenebrosa de la calumnia y
la difamación y la mentira, ¿aun no los ajusticiaron en las inmen-
sas horcas huracanadas?...
Como un ataúd que volara y cruzara el gran océano desde para
siempre,
mi poema no tiene edad ni dimensión, existe a la manera inmortal del universo
y sus catástrofes, no tuvo principio ni fin, aunque de origen
piojoso e hidalgo español con indio adentro
y va cargado con la voluntad del mundo, con el mundo en las alforjas,
edificando con los anhelos de ía época la estatua de la época y llorando
los llantos tronchados y acumulados de las criaturas en un escrito
lleno de huevos de toro
exactamente que hablasen los vivos y los muertos cuando yo hablo.
Soy un explotado social expresando en la metáfora contemporánea
del explotado social expresado y popular
toda la cadena social de los encadenados sociales y su heráldica degolladamente dramática, con pelo crecido de muerte rugiente e inconsolable,
explotado entre explotados, desde los subterráneos épicos de la mocedad
y mí libertad de existir está condicionada por mi posibilidad de encontrar
la verdad del trabajo mundial
como un potro amarrado a una palabra en la flor de las botellas.
Heroicamente vivimos y queremos y creamos,
asoma !a pelada vejez su gran hoja de invierno total, pariendo entre la lluvia
inmensa de los cincuenta años su antigua paloma podrida,
como una gran flor en la cicatriz del pretérito somos los solos definitivos,
y aunque tú eres eterna como el mundo, el anecdotario social cuelga la
hilacha vital de un siglo poniente en nuestra gran figura y está
llorando en nosotros,
gente pobre vestida de pobre gente, pero polvosa y aterradora como la
pólvora o un azahar en el traje de novios de los antiguos muertos,
poetas conscientemente marxistas, creadores de vocabularios que retratan la
historia y se retratan en su corriente de alcohol enorme y quebrado que va a naufragar a la mar oscura de un complejo,
pequeñoburgueses que devienen héroes y se derrumban como murallas o
cuencas de viejas calaveras en el huevo de hueso de "Dios"..,
Un poco cenizas y leños, con el fusil del escritor democrático terciado
sin embargo y cargados de responsabilidad y misterio
como un pabellón enlutado, Winétt, congojosos,
echamos llamas bramando y llorando al pronunciar las viejas palabras del
amor de antaño, en un crepúsculo terriblemente decrépito de
profesor a la luz de un eclipse.
La sociedad está preñada de fuego y tú pareces una especie de
manzana de sol en las tinieblas o una gran canasta de nidos de
huevos de perdiz,
como todos los viejos no creemos ni en la nada ahora, sino en nosotros mismos como mito,
y en la gran doctrina que nos domina y dominándola estamos tan estupefactos, sudando de terror como en la juventud remota en el
momento del endurecimiento arterial y el gran otoño dramáticamente cruzado por el caballo de fuego de Mao Tse Tung,
percherones de comerciante, tiramos los carromatos del trabajo del explotado
en despoblado,
trabajadores intelectuales, como trabajadores intelectuales del proletariado
continental vivimos y sufrimos el enorme callo del alma,
sublimando la peripecia en la epopeya de la creación estética
y al amasar las propias entrañas, el linaje mundial emerge del agonizante
relinchando como caballo colorado.
Echo de menos mi polvorosa-antañosa escopeta de leñador y mi gran
hacha antigua para escribir el devenir humano
y cuando les fallan las glándulas a mis contemporáneos y se suicidan
arrojándose a la bacinica,
a los poetas se les cae la conciencia como a un imbécil los pantalones y
comienzan a sollozar las montañas arrodilladas en la soledad
universal, como si ellas también fueran ovejas a las que un cobarde va a desgollar,
¡yo contemplo, querida amiga, la figura de la revolución futura saliendo de
adentro del pecho de la Humanidad despedazada, porque quien
dice "Stalin" nombra la libertad.,,
¿No te parece que siempre deviene oro el barro cuando lo quemamos?
Es entonces endureciéndonos como la piedra de los sepulcros como nos plantamos frente a frente a la invasión histórica,
y quedamos como los acueductos subterráneos en el corazón de las urbes
modernas,
cantando por abajo la gran tonada del agua incomparable, que es una niña
pura con vestido de cristal o un toro
que brama con la garganta llena de uvas
en todo lo hondo de la historia, allí donde la espiga se transforma en
sangre, relincha como potranca,
y rugen las médulas del hierro o el corazón de los héroes,
O como adentro de atardeceres de degüellos y ahorcamientos,
con quebrazón de mundos y caída de cadáveres de regímenes debajo del
arado de la Revolución,
se derrumban las infamias y las iglesias arrastrando los Negociados con la
lengua afuera
y nosotros nos erguimos precisamente encima de antiguas catástrofes como
los cascos de los soldados después de la gran matanza.
¿Atardeciendo o amaneciendo alumbran los astros antiguos?
Ronca la aurora en los escombros de la noche y el parto colosal se anuncia con quejidos y bramidos
como la parición de las leonas. ..

TEATRO DE SOMBRAS por THOMAS HARRIS



Pero estábamos en el Hotel King:
proyectadas sombras chinas marionetas actores
agónicos sobre los muros pálidos
como éramos nada más un simple haz
de luz sobre la ilusión derruida de este mundo
proyectado sobre los pálidos muros del Hotel King.
Las imágenes habían abierto una escalera oscura,
colgante sobre un tiempo impregnado de humedad ventral
y presagios. Nos abrieron una escalera al frente
para que ahora, anhelantes, ascendiéramos por ahí.
Tu cuerpo era un fulgor tenue en la densidad de la
escalera y yo te seguí porque tú parecías abrir
la espesura de lo oscuro con su ensoñada complexión.
Las puertas se abrían las puertas se cerraban.
Los pasillos subían hasta el entretecho
multiplicándose por las
cabeceras de los catres. Había más cuerpos entre nosotros,
no sé si muchedumbres, pero no estábamos solos.
Los cuerpos en los catres estaban muertos.
Los cuerpos en los catres estaban vivos
los cuerpos en los catres no estaban vivos.
Jamás sabré si hubo una ventana, pero se filtraba
sobre los muros pálidos el fulgor verde de un letrero
luminoso. Y en el delirio que acompaña al amor,
en el delirio impune en que terminábamos todos
comenzamos a imaginarnos cosas.

JAZZIK por JAIME CORTES




Dejame hacerte jazz
Desde adentro
Muñeca
Envenenarte
Las entrañas
Los futuros hijos

Partirnos en estas notas
Asi como te encontré
Naciendo de otro trombón
Cayendo entre platillo y trompeta
Mesas apagadas
Y ardiendo
Muñeca.
Ar
Di
Endo.

MÁS QUE LA MUERTE EL TIEMPO por ROSAMEL DEL VALLE



Contigo
Rueda y ruido de la vida
En el hueco de mi cuerpo
No seré más el alfiler en el vacío
Contigo
Tú liarás que el globo errante que es mi imagen
No regrese
Más que la muerte el tiempo
En mi taza de té de cada día
En tu cuerpo agonizan los tulipanes
Poco habituados a que el sol les repita su discurso
Después de cada resurrección
Como mi garganta se hace mártir y se niega
A cantaT lo que mis espinas le ordenan
En esta música que es la vida contigo
Aunque sueños y objetos
Cambien ruidos por pájaros
Y aunque órganos secretos conversen
Con el cielo por la noche
Y yo insista en ser el ancla sacado del mar
O el fuego que no arde sino desde la muerte
Esa idea tú sabes
Que molesta como un traje nuevo
Sí debo amar el martirio
Que te lleva a mirar ai través de todas las ventanas
Para ver la eternidad
Como yo soy en ti
El animal recogido entre su propia sombra
Y aun el mito de los espejos
Donde el hombre se quita un poco de infinito
Cada vez que se afeita
Ahora
Esos océanos no dicen lo que uno quiere
Sino lo que uno será
Y con esa flor de corazón azul
Se podrá ir a todas partes
Mas contigo
La soledad no es un mueble
La soledad es el pájaro sin alas
En vuelo ciego
Como el muerto hacia el reino
Yo lo miro y tiemblo
Tú lo ves y sonríes
Dejémonos conducir
Por jardineros y astrónomos
Y que la máscara se alimente con aromas
Del tiempo que vendrá
Oh contigo
El mundo acaba de ser creado
La luz anda en dos pies y repite
El discurso de Adán bajo el árbol
El tiempo tiene olor a aceite
La máquina ya no es un fruto incomible
r esta noche se puede dormir bajo un árbol lunart
Tú dices que el horror no existe
Lo creamos
Yo digo que este cuerpo me lleva
Por donde yo no quiero

C'EST MAGNIFIQUE. por PABLO ESPINOZA BARDI



como todas las mañanas/ me sirvo el tecito frente a la ventana/
por la cual entran amigables los primeros rayos del sol/ el polvo
se ve suspendido/ tomando la apariencia de un pequeño
universo situado en la cocina/ eso suena bastante cursi/ y
pomposo/ hasta puede que suene patético y un tanto poético/
siendo que la realidad es otra/ es algo más bien oscura/
bastante triste/ y también grotesca/ para empezar diré que al
principio mis encías sangraban bastante con cada mordisco que
le daba al pan duro/ la sangre discurría por este/ dándole un
sabor especial/ como a óxido/ y a medida que fue pasando el
tiempo/ y medida que la infección se fue masificando/ la sangre
de las encías se transformó en materia/ que con cada mordisco
soltaba pequeñísimos chorros de pus sanguinolento/
cambiando el menú/ pero el refrigerador está vacío/ y no hay
nada que comer.../ nada cambia/ sólo cambia la materia
degenerada/ fermentada/ corrupta/ fétida/ de mi cuerpo
enfermo/ pues el pus verdoso/ otrora amarillento/ otrora
blanquecino/ brota de mi brazo derecho como sachet de
mayonesa mal cortado/ alojándose infeccioso sobre lugares
comunes de mi casa/ mucha de aquella repugnante materia/
queda depositada en pequeñas charcas en las que pululan
desagradables microorganismos/ entonces se podría decir que
soy un dios/ pero un dios mutante/ decadente/ cesante/ un
dios preocupado por las cartas de desalojo/ de pagar cuentas
atrasadas/ un dios despreocupado de la vida que ha creado/ ... /
pero a medida que pasa el tiempo/ los microorganismos
cambian a un estado larvario/ y son como pequeñas hilazas de
color beige que se arrastran fuera de los charcos/ buscando la
bendición de su creador... / creador que está perdido en una
bruma/ turbia y decadente/ ocasionada por el miasma que se
extiende por toda la casa/ creador que desea sentir un pan
caliente/ crujiente/ repleto de mantequilla/ repleto con
cualquier tipo de cecina/ en fin/ los minutos pasan y el té ya
está frío/ el refrigerador está vacío/ no hay nada que comer/
sólo pan duro/ con hongos/ que con cada día que pasa se pone
más amargo/ entonces imagino/ para luego llevar la idea a la
práctica/ untar un trozo de ese pan en aquel verdusco manjar
que chorrea por mi brazo derecho/ lo unto/ lo saboreo/ lo
vuelvo a untar/ lo disfruto/ lo trago/ no puede ser tan malo/ lo
vuelvo a untar/ ahora sí/ sí qué sí/ qué puedo perder/ el
refrigerador está vacío/ no hay nada que comer/
/ c'est magnifique/

lunes, junio 13, 2011

BARRIO SIN DIOS DE DANILO PEDAMONTE: UN ORFEO EN EL INFRAMUNDO por EDUARDO J. FARIAS ALDERETE




De una profunda religiosidad adolece Pedamonte, una que se emparenta con la auto humillación traducido en una entrega, a Dios, a la Humanidad. Se traduce en varias aristas todas legítimas manifestaciones de una espiritualidad desequilibrada, la primera nota de aquello es en el tercer poema que nos sume en la sombra de un amor que es silencio "Una tarde en casa". Un amor que pareciese no conocer la luz del sol.

Un ascetismo primigenio escritural y profundo se cuaja en "El oficio" donde la pasión surge desde la misma sangre del poeta, una visión no muy común , la mayoría abarca la poesía como una maldición y la poesía como oficio execrable. Aquí vamos al acto objetivo, el oficio, lo que a todas vista determina el ser o no poeta. Sólo a los ojos del mundo. El mundo del poeta es distinto, muy distinto.

"Es hora de irse", el amor furtivo como la traza de un sentimiento mayor. "Espérame" "Vivir" "Comienzo del Comienzo" distintas facetas del amor estadios distintos unidos por un protagonista. el yo lírico sufre de una atávica resignación.

En "El sol dejó de arder" se halla el punto de inflexión en donde comienza a materializarse lo urbano de una sensación de ausencia de Dios, se refleja la miseria en los callejones en una atmósfera cruel.

El péndulo se inclina por una deidad caída, un Cronos cuya derrumbe, pero esta teofanía es interior , es todo un juego de imágenes en que la pareja ocupa el centro del cosmos en donde se presenta un renunciamiento a la imagen masculina y un auto castigo. Y la tierra es lo femenino, la tierra como entidad astral.
"Ella, creó el viento y la tormenta
creo el infierno y paraíso y por sobre todo
hizo caer, caer al gigante a la tierra de sus brazos"

Lo que continúa es la desintegración en diversos aspectos, un desgano que comienza en "Prefacio de la demencia y la fe" el yo lírico es puesto en diversas escenas, todo parece derruirse con el compás inexorable del tiempo, la degradación de sí mismo llega hasta le esencia, en "Recuerdo" la metempsicosis a un perro sarnoso.

Luego del viaje en variadas instancias vitales, descendemos como lectores al poema "Afueras del hospital" aquellos que experimentamos aquel viaje al infierno y sus miserias reconocemos todos y cada uno de versos expuestos. No hay mayor dolor que la espera interminable, ni más humillación cuando nuestro cuerpo reclama esa atención que parece más una limosna, que un derecho.

"En la suite de la locura, en la suite de esos amores extraños" recuerdo la poesía narrativa de Bukowski y su libro " El amor es un perro del infierno", se extravía el sentido , una paranoia asalta despiadada en un monólogo laberíntico, allí se introduce la forma de vida del "Barrio sin Dios" la mención de los elementos que en el abunda se extiende hasta el poema "Cuando éramos niños" volvemos en "Las calles de la infancia" pronto arribaremos , lectores, a la moraleja de el continuo devenir de este poemario.

El autor desnuda las situaciones a pie forzado nos calza su vista, sus pies a través de las calles y las imágenes que en diversos tonos poseemos en nuestra memoria , los aromas , los colores , los rituales de la miseria.

Danilo Pedamonte es un Orfeo , que no regresa del infierno.

VISIONES DE LAS HIJAS DE ALBION por WILLIAM BLAKE




El ojo ve más de lo que el corazón sabe.

ARGUMENTO

Amé a Theotormón sin avergonzarme. ¡Me estremecí con virginal temor y me oculté en el valle de Leutha! Tomé la flor de Leutha y me oculté sobre el valle, pero horribles truenos rasgaron en dos mi manto virginal.

VISIONES

Las hijas de Albión lloraban esclavizadas dejando escapar temblorosos
lamentos por las montañas.
En los valles, suspiros que se dirigen a América.
En busca de la tierna alma de América Oothoon erró, doliente, por los valles de Leutha cogiendo flores para reconfortarse. Y así dijo al brillante girasol:
—¡Eres una flor! ¡Una ninfa! ¡Te veo a veces como una flor y a veces uno una Ninfa! ¡No me atrevo a arrancarte de tu lecho bañado de Rocío.!
Respondió la ninfa dorada: Toma mi flor, dulce Oothoon. Otra crecerá, porque el alma del dulce deleite nunca se puede agotar. Callo, cerrando su áureo santuario.
Oothoon arrancó entonces la flor diciendo: De tu lecho te separo, dulce flor, y aquí te dejo, entre mis pechos, para que resplandezcas. Así vuelvo el rostro hacía donde mi alma te busca.

Anduvo sobre las ondas, presa del delicioso, vivaz y eufórico deleite y hacia el reino de Theotormón encaminó su vigorosa carrera.

Bromión la desgarró con su rayo. En su lecho de tempestades yace la desmayada doncella; y pronto su dolor conmueve al tosco rayo.
Bromión habló: He ahí, en el lecho de Bromión, a esa ramera. Que los
celosos delfines jueguen en torno a la niña encantadora. Tus suaves
planicies americanas mías son y míos tu norte y tu sur. Marcados con
mi emblema están los cetrinos hijos del sol. Son obedientes; no se
resisten; se pliegan a los azotes.
Sus hijas veneran al terror y acatan al violento.
Ya puedes casarte con la prostituta de Bromión y proteger al hijo de la
cólera de Bromión, que Oothoon echará al mundo
dentro de nueve meses.

Luego, las tempestades desgarran los miembros de Theotormón, quien se rodea de olas y pliega sus celosas alas negras en torno a la pareja adúltera.
Atados entre sí por la espalda, el terror y la docilidad se hospedan en

las cavernas de Bromión.
Ante la entrada, Theotormón se sienta, procurando conmover al duro umbral con lágrimas secretas. Debajo suyo, un sonido como el de las olas en una orilla desértica y voces de esclavos bajo el sol. Niños que se compran con dinero tiemblan en religiosas cavernas bajo los ardientes fuegos de la lujuria eructada por las cumbres de la tierra.
Oothoon no llora ¡no puede llorar! Sus lágrimas están aprisionadas, Pero puede gemir sin pausa, retorciendo sus dulces miembros de nieve, y llamar a las águilas de Theotormón para que hagan presa de su carne.
¡Clamo con sagrada voz! ¡Reyes del aire sonoro, desgarren este seno mancillado para que pueda reflejar la imagen de Theotormón en mi pecho puro y transparente! A su llamada, las águilas descienden y destrozan su presa ensangrentada.
Theotormón sonríe severamente y el alma de ella refleja su sonrisa como la clara primavera embarrada por las patas de las bestias, gana pureza y sonríe.
Las hijas de Albión escuchan sus gemidos y devuelven en eco sus suspiros.
—¿Por qué mi Theotormón permanece lloroso en el umbral? Oothhoon ronda cerca suyo, tratando en vano de convencerle. —Te pido, Theotormón, que te incorpores, pues el perro del poblado ladra al alba. El ruiseñor ya no se lamenta, la alondra en el cereal maduro murmura y el águila retorna de su nocturna cacería alzando su pico dorado en dirección al este puro y sacudiendo el polvo de su ala mortal para despertar al sol que duerme demasiado. Levántate, Theotormón mío, que soy pura.
La noche que me encarcelará en su negrura horrenda se ha ido. Me dijeron que el día y la noche serían todo cuanto podría ver; me dijeron que poseía cinco sentidos y que ellos me aprisionarían; confinaron mi cerebro infinito en un círculo estrecho y sumieron a mi corazón en un abismo, en una esfera roja, ardiente, hasta que olvidé y borré todo lo de la vida.

En lugar de la mañana, una brillante sombra amanece, semejante a un ojo de la nube oriental. En lugar de la noche, un pestilente matadero. ¡Pero Theotormón no me escucha! Para él, noche y mañana son iguales. Noche de suspiros, mañana de nuevas lágrimas. Y sólo con Bromión puede escuchar mis lamentos.
¿Sirviéndose de qué sentido elude el polluelo al halcón hambriento?. Con qué sentido la dócil paloma mide la amplitud? . ¿Con qué sentido construye la abeja sus celdas? .¿El ratón y la rana carecen de ojos, oídos y de tacto? Pero sus habitáculos y propósitos tan diferentes son como sus formas y dichas.

Pregunten al rústico asno por qué rehusa la carga y al sumiso camello por qué ama al hombre. ¿Por sus ojos, oídos, boca, piel u olfato? No, que también los poseen el lobo y el tigre,

Pregunten al ciego gusano por los secretos de la tumba o por qué sus espiras se deleitan en formar rizos en torno a los huesos de la muerte y pregunten a la voraz serpiente dónde obtiene su veneno; y al águila alada por qué ama al sol y después revélame los pensamientos del hombre que hace tiempo se han ocultado.

Silente rondó la noche entera; todo el día podría callar si Theotormón sólo una vez hacia mi madriguera dirigiera sus ojos amados. ¿Cómo una mujer mancillada podría reflejar tu imagen pura? Más dulce es el fruto que nutre al gusano y el alma en la que ha hecho presa el dolor; y el cordero recién bañado que el humo del poblado que apenas mancha; y el bello cisne junto a la roja tierra de nuestro río inmortal donde lavó mis alas. Y soy blanca y pura al desplegar mi vuelo sobre el pecho de Theotormón.

Entonces Theotormón rompió su silencio. Y respondió: Dime ¿Qué diferencia existe entre el día y la noche para quien vive abrumado de dolor? Dime ¿qué es una dicha? ¿En qué jardines crecen las alegrías?
¿En qué río nadan las penas? ¿Sobre qué montañas ondean las sombras del descontento? ¿En qué moradas se alberga el miserable ebrio de dolor olvidado y ajeno a la fría desesperanza?
Dime dónde moran los olvidados pensamientos hasta que tú les llamas. Dime dónde viven las dichas de otrora; dónde los antiguos amores. ¿Cuándo revivirán? ¿Cuándo transcurrirá la noche del olvido? ¡Ah, si pudiese atravesar tiempos y espacios remontísimos para aportar consuelo a un pesar actual y a una noche de dolor! ¿Adónde te has marchado, pesar mío? ¿A que distante tierra diriges tu vuelo?
Si volvieras a los presentes momentos de aflicción ¿traerías en tus alas consuelo y rocío y miel y bálsamo, o con veneno a los ojos del envidioso extraído vendrías del erial desierto?


Entonces dijo Bromión estremeciendo con su lamento la caverna: Ya sabes que los viejos árboles vistos con tus ojos dan fruto; pero ¿Sabias que los viejos árboles y frutos crecen en la tierra para gratificar , sentidos ignorados?. Animales de los árboles y aves desconocidas; desconocidas, no imperceptibles si se extienden ante el infinito microscopio, existen en sitios nunca visitados aún por el viajero o en mundos con otra clase de mares o en desconocidas atmósferas.
¿Existen guerras, fuera de las guerras de la espada y el fuego? ¿Existen dolores fuera de los dolores y la indigencia? ¿Existen dichas fuera de las dichas de la riqueza y la holgura? ¿Acaso hay más de una ley para el león y el buey?
¿No existe el fuego eterno y las eternas cadenas para apartar a los fantasmas de la existencia y de la vida eterna?
Oothoon esperó en silencio el día entero y la noche.

Al despuntar el alba reanudó sus lamentos y las Hijas de Albión escucharon la expresión de su miseria e hicieron eco a sus suspiros.

¡Urizen, creador de los hombres, confundido demonio del cielo! ¡1ágrimas son tus dichas! Vano es tu esfuerzo de crear hombres según tu imagen.
¿Cómo podría una dicha absorber a otra? ¿No existen acaso alegrías distintas, santas, eternas, infinitas? Y cada una es un Amor.
¿No ríe grande la boca ante el obsequio? ¿Los finos párpados se mofan del trabajo que supera todo pago y vas a elegir al simio como
consejero? ¿Al perro como maestro de tus hijos? Quien desdeña la pobreza y quien se aparta con aborrecimiento de la usura ¿sienten idéntica pasión? ¿Se conmueven del mismo modo?

Cómo podría el dador de regalos experimentar las delicias del mercader?.
¿Cómo el ciudadano industrioso, los dolores del campesino?
¡Oué diferentes son ambos del engordado mercenario de vacuo tambor, que reduce los campos y granos a la esterilidad y canta en el zarzal! ¡Cómo difieren sus ojos y sus oídos! ¡Qué diferente es para los dos el mundo! ¿Con qué propósito exige el sacerdote al campesino su trabajo? ¿Cuáles son sus redes, sus redes y trampas? Le envuelve de fríos diluvios abstractos y de bosques de soledad para que levante castillos y torres en que reyes y sacerdotes habrán de morar.

La que rebosa de juventud y carece de destino cierto se ve unida por artilugios legales a quien aborrece ¿ha de arrastrar la cadena de la vida con anhelo cansado?. ¿Han de oscurecer sus criminales pensamientos el claro cielo de su eterna primavera?. ¿Engendrará la ira invernal de un implacable terror que lleva a la locura al verse sujeta al cetro que todo el día pesa sobre sus encogidos hombros? ¿Pasará sus noches dando vueltas a la rueda del falso deseo y a los anhelos que despiertan su seno al aborrecido nacimiento de querubines con forma humana, que viven una enfermedad, mueren como el meteoro y desaparecen?.

El niño vive con quien odia y realiza hechos que le repugnan; usando su fuerza, el azote impuro planta su semilla, que dará lugar al nacimiento prematuro para que sus ojos por siempre puedan contemplar las flechas del día.
¿Venera el cachalote tus umbrales como el perro hambriento? ¿Husmea la presa de la montaña con la boca entera sumida en el océano? ¿Disciernen sus ojos la nube fugitiva como los ojos del cuervo? ¿Mide los espacios como el halcón?. ¿Puede la araña móvil contemplar los acantilados del águila, ocultos a sus pequeños?. ¿Se regocija la mosca porque llega la cosecha?
¿Acaso el águila no desprecia la tierra y desecha los tesoros que cubre? Pero el topo sabe lo que allí hay y el gusano ya te lo dirá: ¿no erige él una columna para que no vaya a desmontarse el cementerio y un

palacio eterno ante las quijadas de la tumba voraz?.

Sobre su pórtico constan estas palabras: ¡Aprovechen la bendición, hombres, que dulces serán sus paladares y dulces sus renovadas alegrías infantiles!.
¡Infancia intrépida, lujuriosa y dichosa que anida en regazos placenteros buscando placer! ¡Inocencia! Sincera, abierta, curiosa de probar las
alegrías de la luz matinal; abierta a la bendición virginal que te enseño la modestia, la sutil modestia. Hija de la noche y el sueño ¿fingiste al despertar desconocer tus alegrías secretas o dormías al revelarse ese misterio?.

Luego te adelantaste, modesta virgen que sabes disimular, llevando
redes que bajo tu almohada hallaste para cazar con ella la virginal felicidad y marcarla
con fuego como prostituta para venderla en la
noche silenciosa que no deja escapar ni un susurro y que en apariencia duerme.
Sueños religiosos y santas vísperas encienden tus fuegos humeantes.
En otros tiempos tus fuegos fueron hinchados por los ojos de la
honesta mañana ¡y mi Theotormón busca tan hipócrita modestia!
¡Tan enterada, astuta, secreta, temerosa, prudente y temblorosa
hipócrita!.
iDe modo que Oothoon es en verdad una prostituta! ¡Y todas las
dichas virginales de la vida son cosa de meretriz! Theotormón apenas es el sueño del
enfermo y Oothoon la mañosa esclava de la egoísta
beatitud.
Pero no: Oothoon no es eso, sino una virgen plena en virginales
fantasias dada a la alegría y a la delicia, en cuanto aparece la belleza.
Sí en el sol de la mañana la hallo, a ella se adhieren mis ojos en feliz cópula.
Y si la encuentro en el tibio atardecer, cansada del trabajo; me siento en un banco para
gozar los placeres que me otorga esta dicha
que libre ha nacido.

¡E1 momento del deseo! ¡El momento del deseo! La virgen que anhela un hombre, abrirá su seno a inmensos goces en las sombras secretas de su estancia y el joven apartado del sensual placer olvidará generar y crear una amorosa imagen a la sombra de sus cortinas y entre los pliegues de su almohada silenciosa. ¿No son estos los lugares de la religión y las recompensas de la continencia?
¿Las propias delicias de la propia negación? ¿Por qué buscas la religión?.

¿Es porque los actos no son bellos y buscaste la soledad donde la horrible penumbra
queda marcada con los reflejos del deseo?
¡Padre de los Cielos, que la tierra te maldiga!
¿Por qué has enseñado a Theotormón algo tan condenable?
Hasta que la belleza se desvanezca que mis hombros sombríos y
expulsados, una solitaria sombra llorará en la ribera de
la falta de identidad.
Exclamo: ¡Amor! ¡Amor! ¡Amor, felicísimo amor, libre como el viento de la montaña!
¿Puede ser amor esto de beberse a otro como la esponja absorbe agua? ¿Esto, que nubla con celos sus noches y con llantos el día entero? ¿Lo que causa tejer una red de edades a su alrededor?

¿Gris y cano? ¡Oscuro!.

Hasta que sus ojos se emborrachan con el fruto que sale ante la vista. ¡Así es el amor de sí mismo que todo lo envidia! Es un reptante esqueleto de ojos como lámparas, que vigila el tieso lecho matrimonial. Pero sedosas mallas y trampas de cortejos sembrará Oothoon para atrapar muchachas de dulce plata o de furioso oro y ofrecértelas en un cascabel, a tu lado me tumbaré para presenciar sus desenfrenados juegos, sus encantadoras cópulas, bendición sobre bendición, con Theotormón.
Roja cono la rosada mañana, voluptuosa como el primer rayo del día, Oothoon verá sus preciosas delicias, que ya no cubrirá la nube celosa, llegar al cielo del generoso amor, libre de la plaga egoísta.

¿Pasea el sol vestido en gloria por el suelo secreto donde el frío avaro extiende su oro? ¿Se posa la nube refulgente ante su pétreo umbral? ¿Pueden sus ojos contemplar el rayo que aporta expansión al ojo piadoso? ¿Se atará a si mismo, junto al buey ante tu frío surco? ¿Acaso el cálido rayo no mancha al murciélago, al búho, al tigre resplandeciente, monarca de la noche?
El ave marina aprovecha la bocanada de aire invernal para cubrirse con ella y la serpiente salvaje,
el lodo pestilente para engalanarse con gemas y oro Árboles, pájaros, bestias y hombres contemplan sus goces imperecederos. ¡Incorpórense, altas sesgadas, y canten su alegría infantil! ¡Incorpórense para beber su bendición, que todo cuanto existe es sagrado! Así es como cada mañana se lamenta Oothoon. Pero Theotormón permanece inmóvil junto al océano, conversando con las horrendas sombras. Las Hijas de Albión escuchan los lamentos de Oothoon y devuelven en eco sus suspiros...
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