viernes, agosto 28, 2015
jueves, agosto 27, 2015
NATHALIE A SIMPLE VISTA por ENRIQUE LIHN
En lo real como en tu propia casa,
el secreto reside en olvidar los sueños;
poner así en peligro el sentido de la noche retirando,
uno a uno los hilos de la urdimbre
en que ella trama sus horribles dibujos,
como se gasta, en el umbral la estera, bajo el polvo.
Y bienvenidos sean los consejos del cuerpo y las
sanas costumbres de la nueva barbarie.
Quizá la práctica del Judo o el furibundo asalto a un
neumático viejo
en rue Manuel, a las seis de la mañana,
y la dulce y perdida murmuración del ombligo al
caer de la tarde; sí, atrévete a decirlo
maravillosa.
Viene del vientre la voz del paraíso. En lo real
como en su propia pulpa
el desnudo femenino corta el aliento del sueño.
Atrévete a decir que no habías mordido
sino sólo pequeños frutos ácidos.
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ENRIQUE LIHN
miércoles, agosto 26, 2015
THE HOLLOW MEN by T.S. ELIOT
I
We are the hollow men
We are the stuffed men
Leaning together
Headpiece filled with straw. Alas!
Our dried voices, when
We whisper together
Are quiet and meaningles
As wind in dry grass
Or rats’ feet over broken glass
In our dry cellar
Shape without form, shade without colour,
Paralysed force, gesture without motion;
Those who have crossed
With direct eyes, to death’s other Kingdom
Remember us-if at all-not as lost
Violent souls, but only
As the hollow men
The stuffed men.
II
Eyes I dare not meet in dreams
In death’s dream kingdom
These do not appear:
There, the eyes are
Sunlight on a broken column
There, is a tree swinging
And voices are
In the wind’s singing
More distant and more solemn
Than a fading star.
Let me be no nearer
In death’s dream kingdom
Let me also wear
Such deliberate disguises
Rat’s coat, crowskin, crossed staves
In a field
Behaving as the wind behaves
No nearer-
Not that final meeting
In the twilight kingdom
III
This Is the dead land
This is cactus land
Here the stone images
Are raised, here they receive
supplication of a dead man’s hand
Under the twinkle of a fading star.
Is it like this
In death’s other kingdom
Waking alone
At the hour when we are
Trembling with tenderness
Lips that would kiss
Form prayers to broken stone.
IV
The eyes are not here
There are no eyes here
In this valley of dying stars
In this hollow valery
This broken jaw of our lost kingdoms
In this last of meeting places
We grope together
And avoid speech
Gathered on this beach of the tumid river
Sightless, unless
The eyes reappear
As the perpetual star
Multifoliate rose
Of death’s twilight kingdom
The hope only
Of empty men.
V
Here we go round the prickly pear
Prickly pear prickly pear
Here we go round the prickly pear
At five o’clock in the morning.
Between the idea
And the reality
Between the motion
And the act
Falls the shadow
For Thine is the Kingdom
Between the conception
And the creation
Between the emotion
And the response
Falls the Shadow
Life is very long
Between the desire
And the spasm
Between the potency
And the existence
Between the essence
And the descent
Falls the Shadow
For Thines is the Kingdom
For Thine is
Life is
For Thine is the
This is the way the world ends
This is the way the world ends
This is the way the world ends
Not with a bang but a whimper
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T.S. ELIOT
Nick Cave & the Bad Seeds - Into my arms
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NICK CAVE
A SERGUEI ESENIN por VLADIMIR MAIAKOVSKI
Usted se fue,
como suele decirse,
al otro mundo.
¡Qué vacío... !
Vuela usted
hasta incrustarse en las estrellas.
Ya no le ayuda
ni el dinero
ni las tabernas.
¡Sobriedad pura !
No, Esénin,
no me burlo.
En la garganta,
el dolor ajusta un nudo,
y no es la risa...
Yo veo
sus brazos colgando
y su mano cortada,
balanceando la propia bolsa de sus huesos.
¡Qué hace!
¡Quieto!
¿Está usted en su sano juicio?
Dejar que las mejillas
se cubran de tiza mortal
Sí, usted sabía cantar
como nadie en el mundo.
¿Por qué?
¿Para qué?
Me pilló de sorpresa.
Los críticos farfullan:
-Es el vino,
es esto, es aquello
o lo de más allá.
Y, como resultado,
mucho vino, mucha cerveza.
Cambiando
la bohemia por la «clase»,
la clase tendría influencia sobre usted,
y ya no habría por qué pelear.
¿Acaso la «clase»
calma la sed sólo con limonada?
La clase no es idiota
y también sabe empinar el codo.
Es decir,
si contase con el apoyo
de algunos de los de «En Guardia»,
usted tendría otra orientación
y escribiría todos los días
cien estrofas fatigosas y extensas
como las de ese tal Dorónin.
En mi opinión,
si se hubiera realizado semejante pesadilla,
usted se hubiera colgado mucho antes.
Es mejor morir de vodka
que de aburrimiento.
No revelarán
la causa de esta pérdida,
ni la cuerda
ni el puñal suicida.
Tal vez,
si hubiese tinta en el hotel «Inglaterra»,
no tendría razones
para cortarse usted las venas.
Los imitadores se alegraron:
-¡Bis! - aplaudieron.
Contra usted,
casi un pelotón entero,
parecía haber realizado un atentado.
¿Para qué aumentar
el número de suicidas?
Mejor aumentar
la calidad de la tinta.
Ahora
se han cerrado sus labios
para siempre.
Inoportuno
y penoso
es hablar de estos misterios.
Al Pueblo,
al creador del Idioma,
se le ha muerto
un sonoro
cantor,
vicemaestro.
y llevan los viejos versos al velatorio,
sacados de otros entierros,
casi sin rehacer
ni afilar las rimas.
¿Acaso es éste
el homenaje que merece este poeta?
A usted
todavía
no le han erigido un monumento.
¿Dónde están
el bronce sonoro
o las aristas de granito?
Pero al pie del recuerdo ya han dejado
homenajes y dedicatorias.
Su nombre
lo bordan ya con mocos todos los pañuelitos.
Babeando
entona su versos Sóbinov ,
surgiendo detrás de un abedul del decorado:
«Oh, amigo mío,
ni palabras ni suspiros».
¡Eh!
¡Yo hablaría de otro modo
con ese tal Leónidas Lohengrinoide!
Me levantaría aquí mismo,
estridentemente escandaloso.
-No permito babear
ni ajar el verso!
Los dejaría sordos
con un silbido de locomotora,
y les mentaría a su buena madre, a su buen Dios y a su
abuela.
Hasta hacer trizas al bigotudo Kógan,
clavado con lanzas más agudas que sus bigotes retorcidos.
La basura,
por desgracia,
es lo que más abunda.
Asuntos hay muchos,
sólo nos falta el tiempo.
Primero,
hay que transformar la vida;
una vez transformada,
podremos cantarla.
Nuestro tiempo
es difícil para la pluma.
Pero, decidme,
vosotros,
mutilados y lisiados,
¿dónde
cuándo,
cómo y cuál de los grandes
eligió el camino
más gastado y fácil?
Verbo,
comandante en jefe
de la fuerza humana.
¡Adelante... !
Que el tiempo se nos quede atrás hecho jirones,
y únicamente el viento
despeine los mechones de pelo alborotado.
Para la alegría,
nuestro planeta
está escasamente preparado.
Debemos arrancar la alegría
de los días venideros.
En esta vida
morir es cosa fácil.
Hacer la vida
es mucho más difícil.
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Maiakovski
martes, agosto 25, 2015
SATIEMUS por EZRA POUND
¿Y qué si supiera tus discursos palabra por palabra?
Y si tú supieras que los conozco ¿hablarías?
y qué si supiera tus discursos palabra por palabra,
y todo el tiempo los repitieras sobre lo que digo.
“Mira, hubo uno que torció su bella y brillante
cabeza,
suspirando mientras tú continuabas tu dorado
discurso.”
O, como nuestras risas mezcladas una con otra,
mientras apretados labios dan bocanadas de aire
intermitente
qué si mis pensamientos se volvieran en su
búsqueda mental
murmurando entre sí“El bello muerto debe conocer
tales momentos, pensando sobre la hierba:
¡cuan blancos cornejos susurraron sobre su cabeza
en los brillantes días de la alegría!”
Cómo si el dulce sonido en el interior de tu garganta
es igual que el tañido de un laúd en su débil acorde
confusas narraciones que me ciegan, repetidas una
por una
contadas tantas veces que las conocemos de
memoria;
¿Y qué si conozco tu risa palabra por palabra
si no encuentro nada original en tu regocijo?
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EZRA POUND
DE BAJO LA LLUVIA AJENA (1980) (Notas al pie de una derrota) por JUAN GELMAN
I
Es difícil reconstruir lo que pasó, la verdad de la memoria lucha contra la memoria de la verdad. Han pasado años, los muertos y los odios se amontonan, el exilio es una vaca que puede dar leche envenenada, al menos algunos parecen alimentados así.
En la colonia exiliar argentina predomina la apatía política y de otro tipo. Se trabaja o no, se estudia o no, se aprende el idioma del país en que se está o no, se reconstruye la vida o no. Las mujeres pasan como ríos, se las quiere o no, se las conserva o no.
La necesidad de autodestruirse y la necesidad de sobrevivir pelean entre sí como dos hermanos vueltos locos. Guardamos la ropita en el ropero, pero no hemos deshecho las valijas del alma. Pasa el tiempo y la manera de negar el destierro es negar el país donde se está, negar a su gente, su idioma, rechazarlos como testigos concretos de una mutilación: la tierra nuestra está lejana, qué saben estos gringos de sus voces, sus pájaros, sus duelos, sus tormentas.
Son muy distintos a nosotros. No se preocupan verdaderamente de nosotros. No sufren la injusticia que nos pasó a nosotros. Los más solidarios tienen como vergüenza por nosotros. Es un problema de ellos, pero nos afecta a nosotros. Como si el diálogo entre extranjeros sobre algo aparentemente comprensible —el dolor de los unos— viniera envuelto por parte de los otros en pudores, candores, paternalismos, usos.
No nos vamos a poner de acuerdo nunca. Y seremos muchas veces injustos, tomando la humildad por soberbia, la reserva por falta de compromiso, la voluntad de no herir por la voluntad de no saber.
Así estamos de enfermos. Buscaremos compromisos con el Museo del Prado, con Santa María Maggiore, la Place de la Contrescarpe, el Paseo de la Re-forma, las escaleras mecánicas de Caracas, el Hyde Park de Londres. Son compromisos de idiota y duran una idiotez. La maravilla pasa, el dolor queda. Como el fuego del alma, queda.
Queda.
¿Acaso el cielo no es el mismo? El cielo no es el mismo. ¿Dónde estará la Cruz del Sur sino en el sur? ¿No es el mismo sol? No: ¿acaso ilumina a Buenos Aires? Lo hace horas después, cuando yo ya no estoy. Color de cielo otro, lluvia ajena, luz que mi infancia no conoce.
Las voces del rocío se parecen a las voces del rocío. Una pequeña lengua lame y las diferencias, las distancia. Mi rocío del sur o cabellera o cristalina madrugada sobre los pechos del combate. No rocía lo mismo sobre el Mercado Común Europeo, el más común de los mercados.
Todos los hombres son humanos y lo que cabe en mí, debería caber en los demás. Y viceversa, porque todos los hombres son humanos. Quepámonos, humanos. Que quepa en mí el extraño mundo alrededor, sus egoísmos justificados, su decencia a parquímetro, su honradez de consumo, su fino individualismo brutal, su amor triste, la suciedad de sus higienes. Apenas tengo de ofrecerle los rayos de luz que iluminaban el combate por la dicha, las generosidades de la muerte, es decir, de la vida, los estallidos de la dicha, esta derrota por ahora.
Revolvamos la tierra con las manitas juntas. A lo mejor crece una planta de dos rostros, que necesita agua de los dos, y mira dos distancias a partir de la misma soledad. Así estaremos juntos, verdaderamente.
roma / 9-5-80
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JUAN GELMAN
EL HOMBRE DEVORADO por ROSAMEL DEL VALLE
Venid ahora, oh tembloroso fuego robado por mí,
venid ahora que la sangre inunda la noche
y la altura donde la estrella
pavorosa crece en mí rodeada de visiones y tijeras.
Ahora
que ya no sueño ángeles ni coros, dorados universos,
pasos interrumpidos, silencios mortales,
luces entreabiertas.
¡Venid! Las lámparas de mis huertos te hicieron mío...
Lo oscuro
palpita y vive, mi piel se cubre de hojas y chispas,
mis ojos se hacen maravillosa debilidad,
mi boca cría árboles
y hasta cuando la terrible delicia del abismo
abre sus aguas
los espejos profundos me apagan la sed , y me escucho.
¡Venid! El definitivo asombro se despliega a lo lejos,
entre secretas cadenas y estatuas de ojo ardiente.
Mío es por fin el calor. Mía es la cabellera que se corre
noche adentro en el sonido de un caballo de fuego.
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ROSAMEL DEL VALLE
EL FIN DE UN BREVE ROMANCE por CHARLES BUKOWSKI
esta vez
lo intenté de pie.
normalmente no funciona
pero ahora
parecía que sí…
ella no dejaba de decir
«oh, Dios, tienes unas
piernas maravillosas!»
todo estaba bien
hasta que levantó los pies
del suelo
y atenazó mi cintura
con sus piernas.
«oh, Dios, tienes unas
piernas maravillosas!»
pesaba como 70 kilos
y se colgó de mí
mientras yo hacía mi labor.
fue cuando acabé
que sentí un dolor
subiendo por la espalda.
la empujé al sofá
y caminé por la habitación,
el dolor seguía.
«mira», le dije
«mejor vete, tengo
que revelar algunas fotos
en el cuarto oscuro».
se vistió y se fue
yo fui a la cocina
por un vaso de agua,
tomé el vaso lleno
con la mano izquierda,
el dolor se extendió
detrás de mis orejas
y se me cayó el vaso
que se hizo pedazos
en el piso.
me metí a la tina llena
de agua caliente y sales
comenzaba a relajarme
cuando sonó el teléfono,
traté de levantarme
y el dolor invadió
mi cuello y brazos,
me agarré de unos tubos
y salí
con la cabeza llena
de manchas luminosas
verdes, amarillas y
rojas.
el teléfono seguía sonando
descolgué
«¿bueno?»
«TE AMO», dijo ella.
«gracias», le dije.
«¿es todo lo que tienes que decir?»
«sí»
«come mierda», dijo y
colgó.
el amor se acaba, pensé,
mientras regresaba al
baño, más rápido incluso
que el esperma.
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CHARLES BUKOWSKI
lunes, agosto 24, 2015
156 por EMILY DICKINSON
Me quieres. Estás segura.
No temeré equivocarme.
No me despertaré engañada
una sonriente mañana
para descubrir que la luz del sol
ha desaparecido,
que los campos están desolados,
¡y que mi amada se ha ido!
No debo inquietarme. Estás segura.
Nunca llegará esa noche
en que, asustada, corro a casa, a tu lado,
y encuentro las ventanas oscuras,
y que no está mi amada.
¿Estás segura? ¿Nunca llegará?
Asegúrate de que estás segura.
Sabes que lo soportaré mejor ahora,
si me lo dices así,
que si, cuando la herida haya curado,
en este dolor que tengo,
me hieres otra vez más.
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EMILY DICKINSON
TU ALZAS TU CABEZA por ARMANDO URIBE
Tú alzas tu cabeza, tu triste cabeza encendida,
y el dïa retrocede, el tiempo retrocede,
y la aurora boreal llena la tarde.
Tú alimentas mis ojos con tu luz imprecisa
y el color de tus ojos me hace cerrar los míos
y en la tarde opalina como arroz, como ausencia,
mi cuerpo se deshace en silencio, en amor.
GRAN CORAL DE ALABANZA por BERTOLD BRECHT
1
¡Alabad la noche, las tinieblas que os rodean!
Venid todos juntos,
levantad al cielo los ojos
ahora que, el día ha acabado.
2
¡Alabad la hierba, los animales que con vosotros viven y mueren!
Pensad que el animal y la hierba
viven también
y han de morir también con vosotros.
3
¡Alabad el árbol que desde la carroña sube jubiloso hacia el cielo!
Alabad la carroña,
alabad el árbol que se la come,
pero alabad también el cielo.
5
¡Alabad el frío, las tinieblas, la descomposición!
Mirad hacia lo alto.
De vosotros no depende
y podéis morir tranquilos.
De la amabilidad del mundo
A la tierra llena de viento frío
todos llegasteis desnudos.
Sin temer cosa alguna, tiritabais
cuando una mujer os dio un pañal.
No os llamó nadie ni erais deseados.
No os fueron a buscar en carroza.
Erais desconocidos en la tierra
cuando un hombre os tomó de la mano.
A vosotros el mundo nada os debe:
fin. si queréis marcharos, nadie os retiene.
Quizá erais indiferentes para muchos,
pero a otros muchos, niños, les hicisteis llorar.
De la tierra llena de viento frío
con costras y con tiña al fin os vais.
Y casi todos habéis amado el mundo
si llegasteis a tener un palmo de esta tierra.
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BERTOLD BRECHT
NOCTURNO DE LA PIPA .por MAHFUD MASSIS
Bajo este astro podrido del otoño,
como un dios seminal que llora por las mujeres,
fumo mi pipa como un pope rojo,
con aire egipcio de gladiador golpeado en la nuca.
Entre presagios y golondrinas que atraviesan la piel de la cabeza,
echo humo sobre mis obsesiones funerarias,
sobre rostros que olvidé enterrar, gruesos como marsopas,
arrastrando una flor, una peluca verde llena de pájaros,
un hueso de mono olvidado en el bolsillo.
Del fondo del cráneo me arrancan grandes huevos,
ciertas imágenes, un féretro destruido por la lluvia,
gusanos teñidos de azul por el fuego de una ojos,
un párpado seco con que miraba el mundo.
Oigo el grito de un jinete muerto, alguien se arrastra sobre una muleta
¿Quién es? Yo nada escucho.
Sólo fumo este pedazo de cerezo que me va agrietando la jeta,
cubriéndome los dientes, la nariz, como un ídolo amarillo,
y deja en mi boca un olor a caballo, a cuadrilla oscura.
Alguien, con los ojos huecos, me afeita la cabellera
Señora, por favor, no olvide los fósforos.
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MAHFUD MASSIS
UNA CIUDAD MALIGNA por CHARLES BUKOWSKI
Frank bajó las escaleras. No le gustaban los ascensores.
Había muchas cosas que no le gustaban. Detestaba menos las escaleras de lo que detestaba los ascensores.
El empleado de recepción le llamó:
—¡Señor Evans! ¿Quiere venir un momento, por favor?
Asociaba la cara del empleado de recepción con un plato de gachas de maíz. Era todo lo que Frank podía hacer para no pegarle. El empleado de recepción miró a ver si había alguien en el vestíbulo, luego se acercó a él, inclinándose.
—Hemos estado observándole, señor Evans.
El empleado volvió a mirar hacia el vestíbulo, vio que no había nadie cerca, luego se aproximó de nuevo.
—Señor Evans, hemos estado observándole y creemos que está usted perdiendo el juicio.
El empleado se echó entonces hacia atrás y miró a Frank cara a cara.
—Tengo ganas de ir al cine —dijo Frank—. ¿Sabe dónde ponen una buena película en esta ciudad?
—No nos desviemos del asunto, señor Evans.
—De acuerdo, estoy perdiendo el juicio. ¿Algo más?
—Queremos ayudarle, señor Evans. Creo que hemos encontrado un trozo de su juicio, ¿le gustaría recuperarlo?
—De acuerdo, devuélvame ese trozo de mi juicio.
El empleado buscó debajo del mostrador y sacó algo envuelto en celofán.
—Aquí tiene, señor Evans.
—Gracias.
Frank lo metió en el bolsillo de la chaqueta y salió. Era una noche fresca de otoño y bajó la calle, hacia el Este. Paró en la primera bocacalle. Entró. Buscó en el bolsillo de la chaqueta, sacó el paquete y quitó el celofán. Parecía queso. Olía a queso. Dio un mordisco. Sabía a queso. Se lo comió todo. Luego salió de la calleja y volvió a seguir bajando la calle.
Entró en el primer cine que vio, pagó la entrada y se adentró en la oscuridad. Se sentó en la parte de atrás. No había mucha gente. El local olía a orina. Las mujeres de la pantalla vestían como en los años veinte y los hombres llevaban fijador en el pelo, peinado hacia atrás, apretado y liso. Las narices parecían muy largas y los hombres parecían llevar también pintura alrededor de los ojos. Ni siquiera hablaban. Las palabras aparecían debajo de las imágenes: BLANCHE ACABABA DE LLEGAR A LA GRAN CIUDAD. Un tipo de pelo liso y grasiento estaba haciendo beber a Blanche una botella de ginebra. Blanche se emborrachaba, al parecer. BLANCHE SE SENTÍA MAREADA. DE PRONTO EL LA BESO.
Frank miró a su alrededor. Las cabezas parecían balancearse por todas partes. No había mujeres. Los tipos parecían estar chupándosela unos a otros. Chupaban y chupaban. Parecían no cansarse. Los que se sentaban solos estaban al parecer meneándosela. El queso le había gustado. Ojalá el del hotel le hubiese dado más.
Y AQUEL HOMBRE EMPEZÓ A DESNUDAR A BLANCHE.
Cada vez que miraba, aquel tipo estaba más cerca de él. Cuando Frank volvía a mirar a la pantalla, el tipo se acercaba dos o tres asientos.
Y AQUEL INDIVIDUO VIOLO A BLANCHE MIENTRAS ESTA ESTABA INDEFENSA.
Volvió a mirar. El tipo estaba a tres butacas de distancia. Respiraba pesadamente. Luego, el tipo estaba ya en el asiento de al lado.
—Oh mierda —decía el tipo—, oh, mierda, oh, ooooh, ooooh, oooooh. ¡Ah, ah! ¡Uyyyyy! ¡Oh!
CUANDO BLANCHE DESPERTÓ A LA MAÑANA SIGUIENTE COMPRENDIÓ QUE HABÍA SIDO MANCILLADA.
Aquel tipo olía como si no se hubiese limpiado nunca el culo. Se inclinaba hacia él, le caían hilos de saliva por las comisuras de los labios.
Frank apretó el botón de la navaja automática.
—¡Cuidado! —le dijo a aquel tipo—. ¡Si te acercas más a lo mejor te haces daño con esto!
—¡Oh, Dios santo! —dijo el tipo. Se levantó y corrió por la fila hasta el pasillo. Luego bajó por el pasillo rápido hacia las filas delanteras. Había allí otros dos. Uno se la meneaba al otro y el otro se la chupaba. El que había estado molestando a Frank se sentó allí a mirar.
POCO DESPUÉS, BLANCHE ESTABA EN UNA CASA DE PROSTITUCIÓN.
Entonces a Frank le entraron ganas de mear. Se levantó y fue hacia el letrero: CABALLEROS. Entró. El lugar apestaba. Sintió náuseas, abrió la puerta del retrete, entró. Sacó el pijo y empezó a mear. Luego oyó un ruido.
—Oooooh mierda oooooh mierda ooooh ooooooh Dios mío es una serpiente una cobra oooh Dios mío oooh oooh!
En la partición que separaba los waters había un agujero. Vio el ojo de un tipo. Desvió el pijo y meó por el agujero.
—¡Ooooh ooooh, marrano! —dijo el tipo—. ¡Oooh eres un salvaje, un cacho mierda!
Oyó al tipo arrancar el papel higiénico y limpiarse la cara. Luego el tipo empezó a llorar. Frank salió del retrete y se lavó las manos. No le apetecía ya ver la película. Salió y volvió andando al hotel. Entró. El empleado de recepción le hizo una seña.
—¿Sí? —preguntó Frank.
—Por favor, señor Evans, lo siento mucho. Sólo era una broma.
—¿El qué? —Ya sabe.
—No, no sé.
—Bueno, lo de que estaba perdiendo el juicio. Es que he estado bebiendo, sabe. No se lo diga a nadie, si no me echarán. Es que estuve bebiendo. Ya sé que no está usted perdiendo el juicio. No era más que una broma.
—Sí estoy perdiendo el juicio —dijo Frank—. Y gracias por el queso.
Luego se volvió y subió las escaleras. Cuando llegó a la habitación, se sentó a la mesa. Sacó la navaja automática, apretó el botón, miró la hoja. Sólo estaba afilada, muy bien, por un lado. Podía clavar y cortar. Apretó de nuevo el botón y guardó la navaja en el bolsillo. Luego cogió pluma y papel y empezó a escribir:
Querida madre:
Esta es una ciudad maligna. Controlada por el Diablo. Hay sexo por todas partes y no se utiliza como instrumento de Belleza según los deseos de Dios, sino como instrumento de Maldad. Sí, la ciudad ha caído sin duda en manos del demonio, en manos del Maligno. Obligan a las jóvenes a beber ginebra y luego las desfloran y las obligan a entrar en casas de prostitución. Es terrible. Es increíble. Tengo el corazón destrozado.
Ayer estuve paseando a la orilla del mar. No exactamente a la orilla sino por unos acantilados, y luego me detuve y me senté allí respirando toda aquella Belleza. El mar, el cielo, la arena. La vida se convirtió en Bendición Eterna. Luego sucedió algo aún más milagroso. Tres pequeñas ardillas me vieron desde abajo y empezaron a subir por el acantilado. Vi sus caritas atisbándome desde detrás de las rocas y desde las hendiduras de los acantilados mientras subían hacia mí. Por último llegaron a mis pies. Sus ojos me miraban. Nunca, madre, he visto ojos más bellos... tan libres de Pecado: todo el cielo, todo el mar. La Eternidad estaba en aquellos ojos. Por último, me moví y ellas…
Alguien llamaba a la puerta. Frank se levantó, se acercó a la puerta, la abrió. Era el empleado de recepción.
—Por favor, señor Evans, tengo que hablar con usted.
—Muy bien, pase.
El recepcionista cerró la puerta y se quedó plantado frente a Frank. El empleado de recepción olía a vino.
—Por favor, señor Evans, no le hable al encargado de nuestro malentendido.
—No sé de qué me habla usted.
-—Es usted un gran tipo, señor Evans. Es que, sabe, he estado bebiendo.
—Le perdono. Ahora váyase.
—Hay algo que tengo que decirle, señor Evans.
—Está bien. ¿De qué se trata?
—Le quiero, señor Evans.
—¿Cómo? ¿Querrá decir usted que aprecia mi carácter, verdad?
—No, su cuerpo, señor Evans.
—¿Qué?
—Su cuerpo, señor Evans. ¡No se ofenda, por favor, pero quiero que usted me dé por el culo!
—¿Qué?
—QUE ME DE POR EL CULO, señor Evans. ¡Me ha dado por el culo la mitad de la Marina de los Estados Unidos! Esos muchachos saben lo que es bueno, señor Evans. No hay nada como un buen ojete.
—¡Salga usted inmediatamente de esta habitación!
El recepcionista le echó a Frank los brazos al cuello, luego posó su boca en la de Frank. La boca del empleado de recepción estaba muy húmeda y fría. Apestaba. Frank le dio un empujón.
—¡Sucio bastardo! ¡ME HAS BESADO!
—¡Le amo, señor Evans!
—¡Cerdo asqueroso!
Frank sacó la navaja, apretó el botón, surgió la hoja y Frank la hundió en el vientre del empleado de recepción. Luego la sacó.
—Señor Evans... Dios mío...
El empleado cayó al suelo. Se sujetaba la herida con ambas manos intentando contener la sangre.
—¡Cabrón! ¡ME HAS BESADO!
Frank se agachó y bajó la cremallera de la bragueta del empleado de recepción. Luego le cogió el pijo, lo estiró y cortó unos tres cuartos de su longitud.
—Oh Dios mío Dios mío Dios mío... —dijo el empleado.
Frank fue al baño, y tiró el trozo de carne en el water. Luego tiró de la cadena. Luego se lavó meticulosamente las manos con agua y jabón. Salió, se sentó otra vez a la mesa. Cogió la pluma.
...se fueron pero yo había visto la Eternidad.
Madre, debo irme de esta ciudad, de este hotel: el Diablo controla casi todos los cuerpos. Volveré a escribirte desde la próxima ciudad... quizá sea San Francisco o Portland, o Seattle. Tengo ganas de ir hacia el Norte. Pienso continuamente en ti y espero que seas feliz y te encuentres bien de salud, y que nuestro Señor te proteja siempre.
Recibe todo el cariño de tu hijo
Frank.
Escribió la dirección en el sobre, lo cerró, puso el sello y luego metió la carta en el bolsillo interior de la chaqueta que estaba colgada en el armario. Luego, sacó una maleta del armario, la colocó en la cama, la abrió, y empezó a hacer el equipaje.
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CHARLES BUKOWSKI
lunes, agosto 10, 2015
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