lunes, diciembre 13, 2010

DE PASO PARA SIEMPRE: La imposibilidad de escapar del ombligo de Atacama por Claudio Labarca







Dicen que de las nostalgias, una de las peores es la añoranza de situaciones que nunca transcurrieron. La otra es idealizar lo que ya no existe, sentimiento alentado por la inocente ignorancia de muchas personas que no se percatan de lo prescindible de su existencia ante la evolutiva codicia racional. Estas nostalgias más dos o tres terquedades, un par de paradojas, una pizca de rabia y de rebeldía, un manojo de frustración y sueños a gusto son los componentes del guiso identitario que ronda la cultura de los que viven en el desierto del Norte de Chile. Y recalquemos que sólo se vive o sobrevive, porque habitar es estar en una relativa comunión con el entorno entendiendo, medianamente, el origen y la pertenencia, y aquí eso todavía no se fragua.
Las ciudades costeras -en esta extensa, millonaria y terrosa región- son el gesto básico de subsistencia. Es el apiñamiento urbanístico que se convierte en el final del camino para la más amplia gama de “buscadores”, el borde del abismo de un derrotero sin retorno. Estas ciudades se constituyeron como el último peldaño para alcanzar el guano fertilizante –primero- y los minerales posteriormente, hasta hoy. También son el refugio de la agonía salitrera, de la efímera existencia de muchas personas que se constituyeron a la fuerza como pueblos y oficinas logrando crear identidad con perfiles propios, gesto que se niega a desaparecer con ritos convertidos en publicaciones esporádicas de la “historia de la pampa” y fiestas itinerantes que visitan las ruinas de sus poblados destruidos de abandono. Bailan y beben ajenos, muchas veces, al hecho que su vida en medio del desierto fue la necesidad de un sistema productivo que requería mano de obra cautiva, barata y muchas veces desechable. Los originarios de esa gesta sin honores están bajo una cruz de madera y flores de papel enterrados con su pobreza de campesinos transmutados. Otros llegaron a las ciudades del litoral sólo a perder la batalla contra la silicosis frente a la humedad del mar. Sus descendientes viven en estas urbes pretenciosas tratando de que no muera de olvido su cultura pampina.
El hombre y la mujer común permitieron escribir la historia de esta zona, los mismos que –condenados al anonimato- fueron desplazados por los que, posteriormente, instalaron sus estandartes, fortunas y apellidos y crearon el relato oficial. De los que constituyen la casta de los extraviados por la historia, existieron dos individuos disímiles por su vida y por el tiempo; el reflejo del estigma del nortino. Uno es Juan López –buscador de riqueza material- ; sin segundo nombre ni apellido materno, quien fue el primer habitante permanente de la Capital de la Segunda Región, Antofagasta. Fue su fundador por derecho, del que nadie habla ni honra. Su imagen es aún un párrafo inconcluso que difícilmente se podrá reivindicar. El otro es Mario Bahamonde Silva –buscador de riqueza intelectual-, quien cien años después se atrevió a develar la constitución de la identidad nortina a través de su obra literaria y su ejercicio docente, raro oficio en esta parte de la existencia. Su pecado fue no llenar de halagos su prosa y su verso sino asumir con cariño la realidad de su contexto. Ese gesto crítico fue su condena. Hoy es el nombre de un liceo y habita en la memoria de unos pocos. López y Bahamonde, como todos los habitantes de Antofagasta, llegaron de otro lado. Caminaron, bulleron y murieron para la amnesia de esta ciudad.
Antofagasta es sólo la sombra de la euforia por la riqueza material. Nació por la porfía y la necesaria cuota de locura de los primeros aventureros. Se mantuvo al filo de la existencia por la fuerza de los trabajadores y por la necesidad de una vida nueva de algunos inmigrantes venidos de casi todas las esquinas del mundo. Cuando los poderosos decidieron que el Salitre, la Plata y el Cobre eran las divinidades de turno, los capitales venidos desde Santiago, Inglaterra, Estados Unidos y Alemania le asignaron el derecho de vivir; Antofagasta sería el ombligo de Atacama, consignada a rendir honores eternos a las transnacionales y a albergar en sus casas hacinadas, los mismos sueños que aún continúan enganchados a los cerros cargados de minerales.
La historia conocida, constituida como una costura de fechas que une con largas puntadas algunos hitos sólo importantes para replicar el progreso económico, refrenda así la biografía de la ciudad: En 1866, José Santos Ossa -considerado como el adelantado de la gesta regional- inicia la explotación de las calicheras del Salar del Carmen. Muy pronto requiere nuevos capitales para proyectar la empresa. Consigue con el gobierno boliviano importantes concesiones: explotar por quince años casi todo el Desierto de Atacama y construir una carretera hacia el interior de la región cuya longitud sería de casi 170 kilómetros. Santos Ossa logra concretar una nueva sociedad con Anthony Gibbs y Agustín Edwards. Nace el primer conglomerado económico eficiente e invencible, ávido de mano de obra para domar a la bestia que resguarda el tesoro sin dueño; La Sociedad Exploradora del Desierto de Atacama se instala no solamente para extraer el mineral sino también para desarrollar las características definitivas de la relación de las personas con esta geografía.
La iniciativa minera ya era empresa segura, razón suficiente para atraer capitales extranjeros. Así, en 1868, la Sociedad Exploradora del Desierto de Atacama es comprada con dinero británico convirtiéndose en la Melbourne Clark y CIA. Ese mismo año la República de Bolivia procede a la fundación administrativa del villorrio que será el núcleo urbano de la configuración de Antofagasta, denominándolo La Chimba. En ese entonces ya vivían 1500 personas. Entre agosto y octubre se procede al loteo de los terrenos para ofrecerlos a los particulares y para construir edificios fiscales. La nueva compañía, dueña de un capital inicial de $ 300.000 de la época, adquiere una propiedad costera de mil metros de largo por trescientos de ancho. El sitio, 137 años después, está actualmente en el centro de la ciudad, ocupada por la empresa de Ferrocarriles de Antofagasta a Bolivia y Soquimich.
Cuando Bolivia enarbolaba su pabellón patrio, otra bandera más poderosa ya flameaba con la brisa marina. El imperio británico instauraba oficialmente su soberanía económica. Patrimonio que fue defendido, paradójicamente, por todos los bandos en conflicto durante la Guerra del pacífico.
Seis años después, en 1874, continúa la consolidación de capitales. Melbourne Clark y CIA se transforma en la Compañía De Salitres y Ferrocarril de Antofagasta. Esta nueva sociedad la componen viejos patronos; Edwards, Gibbs, Francisco Puelma y otros socios aportan $2.500.000 y en un gesto concreto de centralismo, crean la cede en Valparaíso. Ya era tiempo de administrar las ganancias lejos del pamperío y del pueblo que se agrupaba alrededor de las instalaciones industriales. El corazón de esta ciudad son las compañías mineras. Sus arterias y columna vertebral es, desde el comienzo, el ferrocarril. La nueva empresa se propone construir una vía férrea para movilizar la creciente producción salitrera. En diciembre de 1873 se culminan las obras que constituyen cuarenta kilómetros de vías. Tu trazado fue por la calle San Martín, Lamar (A. Prat), Nuevo Mundo (M.A. Matta), atravesaba un sitio eriazo (actual manzana del mercado) y se internaba por la quebrada de San Mateo -hoy conocida como la Negra- hasta las instalaciones salitreras. Este fue el primer ferrocarril construido en la República de Bolivia. En 1877 se prolongó hasta Carmen Alto (kilómetro 127) y en 1878 hasta Salinas. Recién en 1877 el gobierno autorizó su uso para el transporte de pasajeros, antes era sólo exclusivo de la Compañía de Salitres para el transporte de minerales.
Mientras los mineros, campesinos e indígenas de Bolivia, Chile y Perú se desangraban en épicas y fraticidas batallas, en plena Guerra del Pacífico, la Compañía Huanchaca de Bolivia negocia la extensión del ferrocarril hasta las minas de plata en Pulacayo, 600 kilómetros dentro del territorio boliviano. Hasta 1882, la Compañía de Huanchaca embarcaba su producción a través de puertos peruanos. La reducción de los costos en el traslado a los mercados internacionales y la incorporación de nuevas cargas para la Compañía de Salitres, conjugaron un ramillete de conveniencias para ambas empresas. La soberanía y el patriotismo, exacerbado hasta su máxima expresión en la Guerra del Pacífico, no alcanzaban para perturbar las racionales transacciones mercantilistas. El gobierno chileno, ahora como administrador de turno, concedía los permisos. En 1884 comenzaron las obras. Durante el desarrollo del proyecto la Compañía Huanchaca compra todas las instalaciones ferroviarias y los derechos de concesión a la Compañía de Salitres. En 1888, la imposibilidad económica de continuar la construcción de la vía, empujó a la empresa boliviana a vender su ferrocarril a capitales ingleses. En Londres se crea The Antofagasta (Chili) and Bolivian Railway Co. Esta empresa, con un capital de 1.450.000 Libras Esterlinas, concluyen la construcción del ferrocarril hasta Pulacayo y posteriormente se extiende hasta Oruro. Este es el eslabón final para consolidar la presencia británica en el Desierto de Atacama.
La Compañía Huanchaca desarrolla toda la infraestructura para procesar en la ciudad el mineral de plata. En 1892 se inicia la construcción de “El Establecimiento Metalúrgico de Playa Blanca de Antofagasta” . Hasta esa época el agua para uso doméstico e industrial era producida por plantas desalinizadoras. El mayor requerimiento de agua a menor costo incentiva el tendido de una tubería de 500 kilómetros para traerla desde los deshielos cordilleranos. Así comienza el flujo permanente para el suministro de la producción minera y para el uso doméstico. También, y silenciosamente, comienza el lento envenenamiento de la población antofagastina por arsénico contenido en el agua. Al comenzar el siglo veintiuno, se construye nuevamente una planta desalinizadora, la más grande de Latinoamérica, pero nunca entró en funcionamiento. El valor establecido por metro cúbico no es tentador para echar a andar la maquinaria. La baja ley del mineral extraído en Pulacayo, y la caída de los precios de la plata hizo colapsar el proyecto minero. Después de una corta producción, en 1902, La Compañía Huanchaca desmantela el establecimiento metalúrgico, y Antofagasta hereda Las Ruinas de Huanchaca. Para quien las ve por primera vez, le es imposible no sobrecogerse ante el imponente esqueleto de piedra que parece un pedazo de alguna ciudad inca perdida, pero no es más que el resultado de una eutanasia financiera.
En 1904 entrega el contrato de arrendamiento del ferrocarril a los ingleses. The Antofagasta (Chili) and Bolivian Railway Co. es la dueña exclusiva del transporte ferroviario en la región. En 1979, el ferrocarril es comprado por Andrónico Luksic.
La industria Salitrera necesito fuerza de trabajo y el ferrocarril la diseminó por el desierto en un viaje que fue sólo de ida. Las miradas atónitas de inocentes ojos sureños ante la vastedad que hervía delante de ellos, les indujo, seguramente, el arrepentimiento instantáneo y voló de un batacazo sus sueños de prosperidad. Pero se quedaron, resignados, con sus manos escarbando la costra salitrosa y con su pensamiento vagando entre su verde y frutal pasado. La remembranza angustiada y la infértil geografía, en un gesto excepcional, fecundaron la cultura Pampina. Antofagasta creció con frenesí. Paulatinamente, los rostros de los pampinos son reemplazados por el de los faeneros, los nuevos peones del ajedrez industrial; el mismo gesto de piedra gastándose la vida en las choperías y bares -que heredaron el bullicio y ansiedad de las antiguas cocinerías-, y en los mismos burdeles que les aplacan el deseo a cambio de sus salarios. El alumbrado a gas fue reemplazado por la electricidad. Las veredas de tablas ya no están, en su lugar hay concreto y vendedores ambulantes. Las carretas tiradas por mulas que transportaban mineral se transformaron en camiones gigantescos. Las decenas de periódicos que invitaban al debate, fundados ante la urgencia de promover ideas libertarias, intereses empresariales, itinerarios de vapores e incluso un insipiente mundo literario involucionaron al número de dos, patrimonio de la familia Edwards; la completación del circulo del poder. Aún quedan los mismo bancos con sus capitales y nuevas denominaciones, la iglesia y los pájaros rodeando la Plaza Colón. También transita el dinero, y por montones; las ganancias viajan miles de kilómetros. Aquí quedan los sueldos, el nortino indiferente y la sombra de una ciudad construida para dueños y dependientes separados estratégicamente de sur a norte por una frontera abismal.
La Antofagasta de estos días está repleta de modernidad, arribismo y polarización social; instalada como una costilla fracturada que se recuesta en los cerros de la Cordillera de la Costa.
Si comenzamos a retirar lentamente los pomposos edificios de la costanera y las casas minúsculas de las poblaciones, y despejamos cuidadosamente el baldío de basura e ignorancia, divisaremos una pequeña casucha construida de sacos y latones casi en la orilla del mar. En su interior estará Juan López; juntando sus precarias herramientas y planificando una nueva incursión para catear, desierto adentro, los cerros que le vaticinan riquezas todavía esquivas.
JUAN LÓPEZ Y EL POBLADO DE TRES NOMBRES
Justo donde se acaba la humedad de las olas y comienzan los terrales, el Océano Pacífico y el Desierto de Atacama, la desolación más antigua del planeta, conviven en una tregua ancestral que permite a los seres humanos, casi como una excepción, dormitar en esta franja de vida.
Los changos recorrieron los secretos de esta costa en sus embarcaciones de cuero de lobo marino mucho antes de que la codicia del salitre y las pugnas de soberanía terminaran por enemistar definitivamente a los habitantes de esta parte del planeta. Muchos viajeros pasaron de prisa, asumiendo a esta tierra como un pasillo infernal hacia valles más benignos. Sólo las caravanas de mineros locos se fueron quedando, y machacaron las piedras hasta extraerles las ánimas.
Toda la vida de Juan López fue una áspera e ingrata marcha. Su viaje, que duraría más cuarenta años, comenzó en la Región de Copiapó en 1825, fecha estimada de su nacimiento. Todas las datas que consignan sus actividades están registradas en los escasos documentos que dan fe de la existencia de Juan López; uno de ellos es un extenso petitorio, conocido como El Memorial, que hace redactar López para solicitar trabajo y vivienda al gobierno boliviano ya cercano a su vejez. El otro es un registro financiero que hace referencia a la explotación de guano –Las Guaneras de Mejillones- redactado en 1863, desde donde se rescata valiosos antecedentes sobre las actividades comerciales de Juan López, información que es descubierta por el investigador Oscar Bermúdez Miral y publicada en 1966.
Los registros indican que en 1845 López arribó a Punta de Jara y recorrió la zona hasta Mejillones. Punta Jara aún hoy es una zona despoblada, rodeada de acantilados y dunas accesible por la costa solamente por algunos rocosos caletones y por una pequeña playa que fue denominada recientemente como “Escondida”. Apenas iniciado el siglo veintiuno se construyó un camino de tierra que permite el acceso a este lugar, convertido, a la fecha, en un basural de veraneo.
Sin abusar de la especulación gratuita, Juan López debió acumular algún tipo de capital para iniciar sus precarias expediciones por lo que tuvo, necesariamente, que trabajar en Cobija o Mejillones algunos años antes. Seguramente se empleó en tareas propias del hombre común. Es muy probable que su personalidad aventurera más sus excepcionales condiciones físicas y psicológicas fueran el motor fundamental para su permanencia en el desierto por muchos años. Lejos de ser una alabanza gratuita, no cabrían otras características para describir a este personaje, dado que tuvo que soportar un entorno en extremo hostil. Hagamos el ejercicio y resignifiquemos sus andanzas.
Con no más de veinte años, después de adquirir un bote para poder costear el litoral y apertrechado de herramientas, alimentos y agua debió zarpar probablemente desde Mejillones o tal vez Cobija, principal puerto boliviano, y navegar uno o dos días hacia el sur, bordear Punta Angamos, Peña Blanca –lugar donde se funda Antofagasta- hasta Punta Jara en el paralelo 23º50’ aproximadamente. Su objetivo no fue el guano sino las vetas de cobre que repletan los cerros del desierto. El conocimiento necesario para descubrir el mineral debió adquirirlo desde sus orígenes, allá en Copiapó. Es factible que desde niño trabajó como pirquinero, acompañando –tal vez- a su padre o como un obrero más que horadaba las entrañas al desierto. López sabía leer y escribir, quizás fue a la escuela o fue instruido por algún familiar. Sus primeros veinte años de vida son una nebulosa fosilizada, imposible de disipar.
Sus exploraciones las realizaba desde la costa internándose en el desierto, durmiendo a la intemperie y cateando hasta donde sus limitados recursos le permitían. Debieron ser muchas veces que debió regresar a Mejillones para adquirir nuevos suministros. Sus recorridos por tierra y por mar lo convirtieron en un conocedor de la zona. Estuvo durante un año en este proceso sin resultados favorables. Llama la atención la capacidad de orientación de este personaje, porque -para los que recorren el desierto- resulta muy fácil ser víctima del extravío y del embotamiento que empampa inevitablemente a todos los que transitan, sin temor e indiferencia, los despoblados de Atacama.
Juan López, hace escribir la siguiente reseña en su Memorial: “Al contemplar sus desiertos amenazadores, no se me ocultaron los obstáculos y dificultades con que tenía que luchar. Ni menos los inmensos sacrificios porque tenía que pasar, hasta poner en juego mi existencia lanzándome a una empresa semejante; pero, consideraciones de ningún género fueron suficientes para desalentar mi propósito ni desvanecer mis planes, por el contrario mi ánimo se robustecía cada vez más, y con la decisión del que arriesga el todo por el todo, me arrojé sin pérdida de tiempo y lleno de abnegación al campo de mis ilusiones; recorrí sus desiertos áridos y desnudos de vegetación, reconocí sus montañas y serranías, examiné sus panizos de norte a sur, sin dejar de fijar mi atención en sus playas y caletas del litoral; no pudiendo hacer otro tanto por entonces al interior, al extender mis exploraciones al oriente de los inmensos desiertos, pues todas las tentativas que practicaba con ese objeto me daban malos resultados por falta de agua, que jamás pude encontrar en todo el trayecto de mis repetidas y penosas excursiones al interior. En este trabajo lleno de privaciones y peligros permanecí hasta fines de año, en el que recorrí hasta Mejillones, que no pude por entonces explorar su interior a causa de habérmese agotado los elementos de subsistencia que ya tocaron a su fin”.
Durante once años, López trabaja en las guaneras en el litoral de Mejillones como empleado de empresarios que explotaban el fertilizante. No abandona su búsqueda de independencia y fortuna, pero carece del capital suficiente para emprender una nueva empresa exploratoria. El rápido agotamiento de los yacimientos costeros de guano y prejuiciado por la mayoría de los pudientes comerciantes y empresarios del puerto que no financiaban su iniciativa, lo incitan a dejar la zona y busca trabajo en Perú. A los treinta años, aproximadamente, en 1856 se embarca hacia las Islas Chinchas y trabaja durante media década en las guaneras peruanas.
Juan López, además de profundizar sus conocimientos de extracción y manejo de covaderas, logra atesorar el dinero suficiente para adquirir un bote, herramientas, además de todos los suministros requeridos para reiniciar sus incursiones. Contrata a dos marineros para asegurarse el resguardo necesario en el viaje que emprendería. Entre enero y febrero de 1861 zarpa desde la región de Tarapacá, cerca de Caleta Buena y enfila el rumbo hacia el sur. Es seguro que cuando las velas se hinchaban con el viento y la embarcación incrementaba su velocidad, López rememoraba su primera incursión, dieciséis años antes, repasando sus errores y aciertos una y otra vez para obtener, esta vez, la fortuna que se enmascara entre las piedras y las quebradas.
Su primer arribo sería en el puerto de Tocopilla. No falta casi nada para arrimarse a la costa. El mar está intranquilo, peligroso. Debieron cruzarse las miradas y apretarse los estómagos. El naufragio es inminente. El mar los traiciona. Por pura porfía logran nadar y de prodigio alcanzan la orilla.
Juan López pierde toda su inversión, cinco años de ahorro se diluyen en el océano. El resto del año trabaja como cargador de playa para subsistir y recuperar, en parte, los ahorros perdidos. Ya tiene 36 años y, aunque aún no se percata, ya convive con el estigma de los emprendedores sin alcurnia que coquetean con la riqueza mineral. No cesan las gestiones para convencer a los “acomodados” de la viabilidad de sus planes. Su terquedad dio frutos. En el Memorial esta registrado este momento: “Don Matías Torres, sujeto pudiente, amigo de las grandes empresas y de elevados pensamientos, estando al corriente de mis proyectos, los acogió favorablemente y se propuso desde luego proteger mi empresa, facilitándome toda clase de recursos hasta llegar a su fin. Protegido de esta manera armé otra nueva embarcación”.
Con los conocimientos adquiridos en las guaneras peruanas, López emprende, ahora capitaneando a un grupo de hombres, la tarea inconclusa. Nuevamente desembarca en Punta Jara. Experimenta el desazón del recuerdo de su naufragio. La arena caliente lo transporta de súbito a los momentos donde afectado por la falta de agua y comida debió combatir contra la soledad que le recitaba al oído su epitafio de hombre pobre.
Organiza los grupos de búsqueda, y a la cabeza de uno de ellos, Juan López divide la zona hasta Mejillones para abarcar todo el terreno posible. Los pertrechos llegaban por mar, los hombres se sucedían en turnos. Torres –alentado por la aventura- invierte casi todo su patrimonio en nuevas embarcaciones y suministros. La ansiedad se incrementaba, el sol y la sal les abre el cuero de sus rostros. Tres meses de cateo y reconocimiento permanente dan el resultado esperado. Se produce un doble descubrimiento, en Punta Angamos y en los islotes cercanos encuentran guano en cantidad suficiente para su explotación. También en el Morro de Mejillones descubren guano fósil. Hasta esa fecha el guano colorado o fósil se extraía en Perú pero no se había encontrado de este tipo en lo que se consideraba territorio chileno. Este fertilizante se encuentra tanto en la costa como al interior del desierto a varios metros de profundidad.
Al llegar a Punta Angamos se percatan que las faenas serían muy difíciles por los escarpados roqueríos que conformaban los islotes y los peligrosos barrancos de la península. Era imposible arrimarse con alguna embarcación a causa del fuerte y permanente oleaje, entonces López se apera de cordeles y se arroja al mar. Su intransigencia, su desprecio al infortunio son más fuertes que la marejada y alcanza los islotes. Tienden un andarivel y comienza el ensacado y acopio del guano blanco. También comienzan la explotación de las covaderas fósiles en los barrancos del Morro de Mejillones.
El tiempo y las ansias le agotaron los recursos para continuar las faenas. Es imperioso recapitalizar las inversiones y el esfuerzo. Matías Torres y Juan López se proponen vender el guano acumulado en diversas partes de la costa explorada. Si mezclaban el fertilizante blanco de alta calidad con el fósil de baja ley, podrían obtener un producto aceptable en los mercados europeos y un precio favorable para continuar con las extracciones. Disponían de una 600 toneladas aproximadamente.
El 9 de abril de 1862, Torres viaja a Cobija a entrevistarse con el cónsul chileno para obtener las licencias de exportación y de extensión de las exploraciones en Mejillones. Seis meses después obtienen las visas otorgadas por el Gobierno de Chile y tramitadas por el Ministerio de Relaciones Exteriores. Torres viaja inmediatamente a Valparaíso a ofrecer el cargamento. Pero su gestión se frustra rápidamente por dos razones: ALSOP y CIA dependiente de Pedro López Gama alegó ser el concesionario único de los guanos de Bolivia en razón, según López Gama, que el territorio de Mejillones era de esa república. También –y fundamentalmente- influyó la opinión generalizada de los comerciantes del puerto de que los guanos chilenos estaban agotados desde 1856. Esta pugna era una señal definitoria de la relatividad de la soberanía entre Chile y Bolivia; presencia y gestión versus administración, avidez de riquezas contraponiendo intereses entre empresarios de una misma nacionalidad sumaron antecedentes y odiosidades para que, algunos años después, las fronteras se definieran con una cicatriz que nunca dejó de doler.
Matías Torres volvió a Cobija sin compradores ni recursos propios. Sin embargo la fortuna les dio un espaldarazo. Juan Garday, empresario local de origen francés, se interesa por la empresa que estaba a punto de fenecer; analiza la calidad del guano colorado y se compromete a ser parte de la iniciativa. Así se conforma la sociedad Torres, López y Garday. Este último se traslada a Valparaíso, hace trato con WILLIAMSON DUNCAN y CIA y fleta los buques “Japonesa” y “Asia” que enfilan hacia Mejillones. Paralelamente, realiza todas las gestiones aduaneras y, prescribiéndose a todos los requerimientos de exportación, regresa para iniciar las faenas. Garday dio con los compradores correctos y presionó los lugares adecuados para no ser entorpecido por las minucias de soberanía y los problemas consulares.
Las exploraciones se multiplican, ahora en la búsqueda del guano fósil. Juan López es gravitante en este proceso. Con su experiencia acumulada en su trabajo en las covaderas de Pabellón y Punta Lobos en Perú, realiza acertados sondeos y consolida el descubrimiento –ahora oficialmente- de las Guaneras de Mejillones, proceso de extracción descrito en el documento del mismo nombre.
El centro de explotación de fertilizantes tenía ciento cincuenta hombres trabajando en las faenas. Nuevos senderos se trazaron a pulso para el embarque del guano, se construyó una máquina destiladores de agua salada y un almacén para víveres además de la instalación de carpas para el alojamiento de los cargadores. Más de cien mulas transportaron la efímera veta a cuestas hacia la costa. El movimiento de los andariveles y el ir y venir de pequeños botes cargados que llenaban las bodegas de los veleros fueron, sin duda, la imagen primigenia fijada en la voluntad de Juan López, quien habría observado -con un rictus imperturbable- como su persistencia se constituía en un compañero que se detenía junto a él y le daba palmadas de complicidad en su hombro . La antigua cadena productiva se ponía en marcha para apaciguar los sueños de riqueza.
Los esfuerzos y las ansias fueron borrados por el ventarrón del infortunio. Los problemas limítrofes entre Chile y Bolivia obligaron a detener la empresa. Pedro López Gama inicia un pleito contra la sociedad representada por Torres. El gobierno de Chile, en febrero de 1863, ordena paralizar los trabajos. Se elevan solicitudes al Congreso Nacional para no terminar con la iniciativa. La Cámara de Diputados acoge la propuesta y estudia la posibilidad de indemnizaciones. El trámite dura más de un año. Se perdieron los capitales, se nublaron los horizontes y Juan López abandonó Mejillones. En el Memorial está descrita la tribulación: “Impelido por estas circunstancias a renunciarlo todo, no me quedaba otro recurso que el de buscar un asilo. Me dirijí a mi patria, donde arribé sin más recursos que la triste memoria del pasado”.
Los sueños amputados y las desventuras de Juan López debieron ser suficientes para apaciguar el ímpetu del más encaprichado de los buscadores de fortuna. Pero algo, que no tiene sentido especular, lo motivó a volver al desierto a seguir rifándose la vida y su fatalidad. Entre octubre y noviembre de 1966 vuelve al litoral nortino a continuar sus exploraciones, pero esta vez sería –por decisión propia- un viaje sin regreso.
Ese año, las condiciones de trabajo mejoran para todos los que buscaban riquezas en la zona. Se desarrolla un efímero espíritu de fraternidad entre Bolivia, Chile y Perú alentado por la guerra contra España. Se firma un tratado entre Chile y Bolivia que definía los límites de las naciones y el espacio concesionado donde se explotarían los diversos yacimientos, todos financiados por capitales chilenos e ingleses.
No hay registros que revelen el paradero que tuvo López entre 1863 y 1866 ni sus actividades. Se sabe que constituyó familia. Al momento del regreso tenía una esposa, una hija pequeña y un hijastro de 23 años aproximadamente. Ya tiene más de cuarenta años. Casi por capricho, llega hasta la Bahía de San Jorge, territorio que repasó incontables veces en sus caminatas insoladas. Ya no tenía esperanza alguna de recuperar sus derechos en las guaneras del morro de Mejillones. Había retomado sus primeros anhelos de encontrar alguna veta mineral esquiva para reclamarla como propia.
López se instala definitivamente en un sector que él denomina Punta Blanca. Construye una choza de dos ambientes con sacos, piedras y latas en el área comprendida, aproximadamente, en lo que hoy es el nacimiento de las calles Prat y Sucre. En el mismo espacio donde la precariedad hogareña lo abrigó del viento marino y de la humedad nocturna, hoy existe el hotel más lujoso de Antofagasta que resguarda a turistas impávidos y ofrece sus alfombrados salones a empresarios que pregonan, en pomposos encuentros, la importancia de constituir a la ciudad en la capital minera del mundo.
Juan López de adentra en la Cordillera de la Costa y explora la zona. Encuentra vetas de cobre en el Salar del Carmen y Coloso. Rápidamente pide las concesiones en Cobija y trabaja absolutamente solo en la extracción y acopio del mineral. Recordemos que en 1866 José Santos Ossa ya tiene la franquicia para explorar “todo el Desierto de Atacama”. En diciembre de ese año se produce el encuentro entre el empresario y el aventurero. Santos Ossa se instala con Juan López en Peña Blanca. Con caballos, herramientas y suministros en abundancia Santos Ossa explora el Salar del Carmen en busca de salitre. Por su parte, López continúa con sus faenas de pirquinero y se encarga, además, de aprovisionar de agua al grupo de expedicionarios salitreros. Debía cruzar en su embarcación hasta la aguada de Cerro Moreno, al otro lado de la bahía de San Jorge. Este trayecto le significaba un día entero de viaje.
Juan López ya tiene acumulado suficiente mineral para compensar sus inversiones. Viaja hasta Valparaíso para buscar compradores. Nuevamente logra convencer a un comerciante –Pedro Arauco- quien le financia su empresa para incrementar la extracción. Contrata mano se obra en el puerto y regresa con el grupo para comenzar los trabajos a la brevedad. A penas se produce el regreso, López manda a buscar a toda su familia, realiza algunas mejoras a su choza y se reafirma en sus ilusiones de piedra y fortuna.
1867 es un año definitorio para el poblamiento de Antofagasta. Santos Ossa comienza la habilitación de la caleta, López realiza su primer embarque de 25 quintales. En Coloso también se embarca mineral descubierto por el explorador chileno Francisco Carabantes. López y su familia ya se constituyeron como los primeros habitantes de la caleta. La configuración del lugar se componía de algunas bodegas, precarios alojamientos de los trabajadores, una cancha de acopio y un malecón donde López almacenaba y luego embarcaba el mineral hacia cobija en su embarcación conocida como El Halcón. Para comienzos de 1868 ya lleva acopiado 6500 quintales de cobre, resultado del trabajo de sus 50 operarios que extraen el mineral desde el Salar del Carmen. En Mayo de ese año gestiona con una casa compradora de Lota la venta del cobre. Calculó que la ley que había obtenido era superior al 17 por ciento, pero a causa de un error o un engaño de los compradores le adjudican una ley del 6 por ciento. Este hecho es determinante para su fracaso definitivo. Imposibilitado de cumplir con los préstamos otorgados por Pedro Arauco, no tiene otra opción que prescindir de sus operarios. Desde ese momento trata de continuar las faenas ayudado sólo por su hijastro.
Peña Blanca es el nombre que Juan López le da a la caleta, denominación que es usada por todos los que ya habitan el lugar. Indistintamente el sector ya era conocido como La Chimba o chimpa, vocablo quechua que significa “del otro lado” . El 22 de octubre de 1868, el gobierno de Bolivia funda administrativamente el villorrio oficializando el nombre de La Chimba, imponiendo el distintivo que debe existir un ancla puesta en el cerro más alto -adyacente al asentamiento- para la ubicación de los buques que buscaban recalar en la bahía. El Ancla, remozada permanentemente, todavía existe en el mismo lugar como un espectador miope de la historia.
En ese mismo periodo la Sociedad Exploradora del Desierto de Atacama, dependiente de José Santos Ossa, se transforma en la Compañía Salitrera de Melbourne Clark .
López, en la miseria económica, además de extraer insignificantes cantidades de Cobre, se dedica a la cacería de lobos marinos en los alrededores de la Isla Guamán y a la extracción del poco guano que todavía quedaba en los roqueríos. Este sector, en la actualidad, es una caleta saturada de contaminación donde se desembarca gas, rodeada de proyectos inmobiliarios.
El gobierno boliviano, apenas dispuso su soberanía administrativa comenzó el remate de los loteos de terreno. Rápidamente se dispuso el ordenamiento del poblado en manzanas. Chilenos, bolivianos, ingleses; hombres y mujeres de los más variados oficios: comerciantes, mineros, tahúres, marineros y prostitutas le arrebatan su caleta a “el Chango López”, como ya era conocido el desventurado explorador. El golpe de gracia lo recibe cuando lo expulsan del lugar donde había instalado su casa. En el Memorial está detallado ese momento: “Más tarde el señor Ossa, asociado a una compañía que promovió para la explotación de las salitreras, se apoderó de una gran extensión de terreno para su Establecimiento, despojándome del que yo poseía y destruyéndome a la vez una gran cancha de piedras que tenía construida para el referido depósito de mis minerales, y sin más voluntad que la propia se apoderó del material de que se componía, sin que fuese capaz de indemnizarme hasta hoy un solo centavo de su costo, que no importaba menos de quinientos pesos”.
Juan “el Chango” López recibió, no solamente la prepotencia del poder económico, sino también el desagradecimiento del que es considerado modelo de empeño, valentía y determinación hasta nuestros días. López además de aprovisionar de agua a José Santos Ossa, lo acoge en su choza al inicio de sus exploraciones y colabora en la construcción de los alojamientos de los operarios que trabajaron en la explotación el salitre. También le entrega valiosa información sobre los yacimientos ubicados en el Salar del Carmen. Así está registrado en el artículo “Fundación de Antofagasta” escrito por Aníbal Echeverría y Reyes en “Los descubridores del Salitre en Antofagasta” (Santiago, 1914): “El señor Ossa encontró a López, quien le proporcionó cuantas noticias había recopilado sobre caliches en el interior”. Es obvio que Juan López tenía un profundo conocimiento de la zona, al igual que otros exploradores que ya habían encontrado salitre en el mismo lugar; como es el caso de los Latrille. ¿Porqué López no explotó el caliche si ya conocía su paradero?, simplemente le era prohibitivo -desde lo financiero- asumir cualquier iniciativa que significara procesar salitre.
Ya estamos en 1870. En lo que fue la caleta Peña Blanca, viven más de 1500 personas. López y su familia sobreviven entre el gentío. Ese año, un decreto de la República de Bolivia le asigna el nombre definitivo de “Antofagasta”. Los deseos de grandilocuencia de algunos historiadores le otorgan el origen de la denominación a la inspiración de alguna autoridad que, uniendo vocablos quechuas, la bautiza como “Pueblo del Salar Grande”; Anto: grande, Faya: salar y Gasta: pueblo. Sin embargo es la decisión del dictador que en ese momento comanda el país altiplánico, el general Mariano Mergarejo, de nombrarla como una de sus propiedades agrícolas. La capital de la Segunda Región tiene su símil en una estancia de pastos, ubicada en la Puna de Atacama, que hasta hoy se conoce como Antofagasta de la Sierra.
Los nombres de Punta Blanca, La Chimba y Antofagasta fueron usados Indistintamente. Por un tiempo el poblado fue reconocido con tres nombres. Después de 1870, los documentos oficiales aparecía sólo el denominativo “Antofagasta”, utilizado hasta nuestros días.
Ya cercano a los cincuenta años, en 1872, Juan López le encarga a Agustín Segundo Humeres, del cual se desconoce el tipo de vínculo que tenía con López, que le redactara un Memorial para solicitar, como último recurso de subsistencia, al gobierno de Bolivia un lugar para vivir y una plaza laboral. El último párrafo de este documento dice: “En su virtud, y en mérito a las razones que dejo expuestas, a los bienes que con el contingente de mis sacrificios ha reportado a la Nación, y a la suma de indigencia en que me encuentro, al estado achacoso de mi salud quebrantada por los sufrimientos, a mi edad un poco avanzada, que me imposibilita los medios de ganar con facilidad mi subsistencia, y considerándome acreedor a las gracias con que la Nación recompensa a sus servidores, me permito la libertad de ocurrir a S. E. Suplicándole que por el Ministerio de ley correspondiente se sirva acordarme, si fuere justo, un espacio de terreno hábil, suficiente para fundar mi domicilio, en el centro de la población de Mejillones, una pequeña subvención para el edificio de una modesta habitación en aquel local; y una ocupación en el resguardo de aquella aduana, que me proporcione los medios de ganar mi subsistencia con sosiego, contando como cuento para ello con las aptitudes suficientes para desempeñarlo con el tino y delicadeza que se requiere en un empleado de esa clase. Es gracia y justicia que imploro, Excelentísimo Señor. Juan López”.
El documento debió ser presentado a la Junta Municipal de Antofagasta –la que funcionaba exclusivamente con funcionarios chilenos- o al Consejo Municipal Departamental de Cobija, estamento gubernamental del que dependía. El 22 de septiembre de 1872 el documento es terminado y se le da curso inmediatamente. Si López o el redactor del Memorial entregaron la solicitud a la Junta Municipal de la ciudad debió estar registrado en la actas municipales, pero no hay ninguna referencia en los registros de las sesiones, de acuerdo a las indagaciones de Bermúdez Miral. Se concluye, entonces, que el Memorial fue remitido al Consejo instalado en Cobija para que pudiese despacharse al Gobierno de Bolivia. Este último gesto, como el resto de las andanzas de López, no tiene el final esperado. El Memorial nunca fue despachado, traspapelándose hasta 1906, donde se hace referencia del petitorio en un artículo de prensa del diario El Industrial, escrito por Pedro Pablo Figueroa. Algunos días después, el 20 de enero, es publicado un inserto donde Agustín Segundo Humeres asume la autoría: “En obsequio a la verdad, declaro: que en la fecha indicada yo escribí ese documento por encargo de López. Este hombre esforzado y emprendedor que fue el primero que surcó la rada de Antofagasta, como si una secreta predestinación le hubiese anunciado que en estas desiertas playas se iba a formar mas tarde el pueblo comercial mas grande del Pacífico”. El Memorial se pierde nuevamente hasta que es trascrito, en parte, por el historiador local Isaac Arce en sus “Narraciones Históricas de Antofagasta” (1930). Nadie sabe su actual paradero.
Juan López, El Chango, no volvió a figurar en ninguna actividad productiva de la Región. En ningún registro histórico posterior se hizo mención jamás de lo que fue el resto de su vida. Sin embargo no es difícil conjeturar con la continuidad de su existencia, si aludimos a la jurisprudencia de los miserables de esta tierra. Pero sería satisfactorio pensar que una vez más, quien sabe desde qué rincón de su rebeldía, buscó la forma de truncar su destino de buscavida. No hay versiones concluyentes para determinar qué pasó después; algunas versiones dicen que trabajó en la fundición Orchard, otras dicen, y es la que menos gustaría creer, que era el chango anciano que en 1896 vendía pescados y mariscos por las calles de Antofagasta, al que los niños apedreaban constantemente. Se sabe que estuvo en el funeral de José Santos Ossa, en 1878, según los escritos de su hijo Ossa Borne: “En el acto público que se realizó con ese motivo en Antofagasta, se encontraba entre los concurrentes don Juan López”.
En esta ciudad todavía se entreveran la esperanza, el mar, la desdicha y el desierto. A El Chango López, como a muchos nortinos –hombres comunes en su patrimonio material pero excepcionales y tenaces-, la fortuna lo despreció irreconciliablemente.
De algo hay absoluta certeza; los huesos de López andan por algún lado abrigados entre el cobre, el salitre y el guano fósil, esperando morirse de verdad. Aguardando el funeral de los reconocidos.
BAHAMONDE Y EL PECADO DE LA CRÍTICIDAD
A la vuelta de la esquina de la historia, casi cien años después de que a Juan López lo absorbiera el anonimato, Mario Bahamonde Silva se definía como escritor. Eso acontecía sólo seis años antes de morir. En su quehacer también fue pedagogo, comunista, doliente, amante, viajero, masón, boxeador y bohemio. Sobresale transversalmente su rango intelectual, su condición de investigador y su nortinidad recalcitrante. Eso interesa de sobremanera.
Su trabajo es información culturalmente procesada; es teoría sin ideario que se muestra, para quien quiera ver, como un gesto urgente de su novelística. El autor, sin recetas, define la esencia del género: ”la novela no es una unidad sino un complejo. No es una biografía sino un ciclo. Su tejido armónico nos dará la sensación de lo unitario y su fuerza expresiva nos proporcionará el don biográfico. Pero la novela -como la vida- es una suma condicionada de episodios”. Esto se plasma en sus tres novelas publicadas postmortem (El Caudillo de Copiapó, Ruta Panamericana, Gentes de Greda o los Ceremoniales del Tiempo y Gabriela Mistral en Antofagasta; años de forja y rebeldía ). Trabajos históricos; llenos de referencias y relatos transversales, lejos de la retórica oficialista y de esa alabanza que repta por los mástiles despintados del chovinismo.
Mario Bahamonde fue una especie de centinela de la Generación del 38 que se apostó, voluntariamente, en uno de los más despoblados e ingratos cantones del trabajo literario; un partisano a honores, enajenado de la rimbombancia, que se mimetizó con el terral y sobrevivió gracias a la mejor de las vanidades; la intelectual. Sus contemporáneos reconocen su porfía sistemática de alejarse de las actividades sociales, de marginarse de los eventos donde los hermanos de pluma y muñeca se aplauden en un mutuo descueramiento. Esa inapetencia por lo público lo estigmó como un arrogante que, tal vez, se afanaba en descubrir el sentido del Ser Nortino mientras otros se ufanaban de lirismo al ver crecer su séquito. A Bahamonde se le respetó, se le detractó, se le temió pero nadie lo enalteció.
En su novelística, el Ser Nortino está en un viaje perpetuo que lo hace estar de paso para siempre. Vive entre su tiempo y un tiempo mítico; un arraigo desarraigado, desvinculado absolutamente de la cultura original. Mario Bahamonde así define al poblador zonal: ”El nortino como expresión regional de tipo humano, existe y ha existido siempre, aunque para el resto del país este concepto diferencial no resulte muy claro. El nortino, en su legítima calidad de habitante regional, no es hijo del diaguita ni del atacameño ni del quichua ni del aimará, que caminaron por estas serranías en la añoranza ancestral del tiempo. En el norte, lamentablemente, toda la tradición se perdió y, en apariencia, será muy difícil recuperarla. Por ejemplo, nadie conoce ahora el idioma cunza, que hablaron los abuelos atacameños. La tradición se perdió por completo y desapareció sin más rastros ni justificaciones que nuestra propia ignorancia. Y lo que es peor, nadie sabe que significan nuestros nombres regionales. Nadie sabe que quiere decir Chuquicamata (dura lanza) ni Taltal (gallinazos) ni Calama (brote, reverdecer) ni Loa (rápido, ágil) ni Iquique ni Tocopilla, ni cada uno de los nombres que señalan nuestra toponimia. El nortino es hijo de la aventura y no de la tradición. Pero es un hijo legítimo, con todos los honores del aventurero, desde los remotos abuelos españoles hasta los más recientes transeúntes del destino zonal. Y lo que ocurre es que, además de ser hijos de la aventura, son hijos del olvido, lo que es peor. Y esta condición de olvidadizos nos empezó junto con nuestros primeros habitantes zonales”.
El Ser Nortino no es derrotado por la geografía ni la sequedad sino por los procesos sociales; definidos absolutamente por el desarrollo industrial de la zona. Con la sutileza de una sola letra Bahamonde construye la realidad del mundo laboral: “Cuando un viajero se acerca al mineral, se ve una barra que le cierra el camino. Acá queda Chile, con sus tierras muertas y sus distancias dormidas; al otro lado está Chilex, metálico y frío como una risa de gringo. Son diferencias que aplastan y que conmueven”.
Mario Bahamonde reconstruye la historia a través del lenguaje, la otra historia. Esta reedificación se cimienta desde la visión crítica, lejos de la alabanza gratuita. Nunca un autor regional fue tan duro en describir a la ciudad: “¿Y conocen ustedes Antofagasta? La ciudad menos sentimental del mundo. Y esto lo han reconocido todos los navegantes que a diario han estado arribando al puerto desde la época del salitre, tan fascinante para algunos y tan inútil para otros. ¡La ciudad menos sentimental!, les digo. Pero la más arribista y la más aficionada a aparentar. Una aldea grande, enferma de alienación por ignorancia y ceguera. Pero es mejor que se desengañen por ustedes mismos y, cuando puedan, se aparezcan por acá a soportar su pobreza y a reírse de los figurones”.
Su visión descarnada no reniega, es más bien una reafirmación afectiva que asume que en esta porción de existencia no todo es gloria y añoranza. Bahamonde así resume su forma de relaccionarse con la Región: “Cada hombre tiene sus propios ojos para querer a su modo las cosas de la tierra. Yo tengo mi corazón para escribirlas”.
Mario Bahamonde escribió sus novelas en la etapa madura de su proceso como intelectual y escritor, después de un largo periodo de silencio. Durante su vida de literato lo que más cautivó fue su cuentística; mientras Andrés Sabella era considerado como el “poeta del Norte Grande” a Bahamonde le correspondió el reconocimiento del “Cuentista del Norte Grande”. La crítica de la época no escatimó elogios para la producción del autor.
Muchos de sus trabajos están perdidos entre el tiempo y la memoria. Hay registros de un cuento publicado en 1938 llamado On Ramo. Este escrito podría considerarse como su primer cuento publicado. Por esa época Mario Bahamonde impartía clases en la Escuela de Minas de Antofagasta, y la revista Progreso, órgano oficial de la institución, en su primer número (diciembre de 1938) guarda el registro de este trabajo. En 1950, en el Mercurio de Antofagasta del 25 de diciembre, es publicado “La Voz de la Vida. Bahamonde también trabajó en un proyecto que nunca fue publicado, y al parecer nunca lo terminó. En una entrevista hecha en 1978 expresó: “Estoy trabajando, entre otras cosas, en un proyecto de antología del cuento hispanoamericano actual (...) El cuento hispanoamericano es la expresión literaria que mejor identifica en nuestros días al escritor con su país y con sus problemas, a través de un modo expresivo característico y nacional. Por decirlo de otro modo, los cuentos colombianos están escritos “en colombiano” y los cuentos mexicanos nos muestran con claridad el empleo del español de América en México, y lo mismo sucede en cada país”.
Muchos de sus cuentos están publicados en el libro Derroteros y cangalla. Este texto reúne veintiún relatos, algunos de ellos publicados anteriormente como Huella Rota y Ala Viva, además de los premiados en el extranjero como Río Indígena.
Aunque a primera vista sólo parezca una reunión de sus relatos, existe una coherencia temporal; empieza con El Calladito, un cuento que narra la muerte de uno de los últimos habitantes de Gatico, puerto que nació y murió con la bonanza del salitre; hoy queda una casona en la costa entre Mejillones y Tocopilla como monumento a la riqueza y a la desgracia. El Calladito es una historia llena de un influjo de realismo mágico que nos muestra la convivencia de sus personajes con el ser más temido y aceptado por la mitología nortina, el diablo encarnado: “...Esta mujer perdió la edad hace años - insistió Chilla - la perdió el mismo día en que se metió con El Calladito. Hay hombre, no diga esas cosas. Aunque sea por respeto a la muerta, pero cállese viejo idiota - lo retó doña Ascania - ¿Y qué... acaso no supo siempre todo Gatico que doña Esmerenciana Ríos se metió con El Calladito porque éste la embrujó con su poder? ...Esta misma fue la casa que El Calladito “le puso” a doña Esmerenciana Ríos, hace años, cuando era moza. Por lo menos así lo comentaba mi padre. Y las tres mujeres pasearon la vista por las paredes apolilladas y mugrientas, por el techo a punto de caerse, por las ventanas desvencijadas y por el ámbito destartalado de la casa que se prolongaba hacia otros cuartos interiores, tan miserables como éste. Lo que son las cosas de la vida - dijo suspirando doña Ascania Yupanqui, que también ardía en deseos de comentar el pasado de doña Esmerenciana Ríos. Efectivamente, ésta era la casa y todos los viejos habitantes de Gatico sabían cómo había sido aquello de “ponerle casa”, porque sirvió de material de comentario por mucho tiempo, siempre que El Calladito no estuviera por ahí o no fuera a saber lo que decían. Eran otros tiempos, claro, con más prosperidad y más plata. El roto era más hombre y el minero más aventurero, el Diablo no era tan malo y los cerros menos avaros”.
Los cuentos continúan narrando el destino de los habitantes del norte, textos llenos de desierto y soledad absoluta, pero referidos a esas grandes llanuras peladas que crecen el espíritu y la conciencia de los individuos que terminan por vivir en esta parte del mundo. De estos, varios sorprenden por el gran manejo del tiempo narrativo y por entregar esa necesaria angustia que espera todo lector asiduo a los cuentos : Tres hombres en la soledad, La virgen de oro, El tío Hemingway y Perspectivas, son algunos de los relatos que muestran a Bahamonde en su real dimensión; un narrador con una infinidad de recursos, que sorprende incluso a los que lo consideran un autor estancado en los tiempos salitreros.
El último cuento del libro Derroteros y cangalla -después de pasar por Antofagasta de principios de siglo, por las venganzas que el desierto le infringe a los hombres y el acto de ver nacer al último de los dinosaurios-, es El club de los aburridos; relato ambientado en el Taltal actual, que muestra la asociación de los hombres en una amistad casi obligada, el alcohol necesario que apaga y revive los designios que niegan el amor y la quietud: “Las olas relamían la playa revolcándose como chiquillos juguetones. Volvió a sentir sed y de nuevo apuró un delicioso trago. Luego comprendió que todo eso estaba muy lejos, allá en los años perdidos. Si ahora ella se había ido de Taltal, nada tenía que ver con su antiguo romance. Era como si la vida se le hubiera interrumpido en la distancia.
Lo apremió el sueño, un pesado agotamiento sobre los párpados y quiso descansar. ¿Qué sería de la estación de servicios? Ah, si él fuera como Guillermo Bagioli o como el cura Pancho. Pero él era él y nada más.
Se lanzó vestido sobre la cama. Cerró los ojos. Algo se había quedado allá lejos, más atrás de su soledad”.
Mario Bahamonde, en su desarrollo literario, no posterga su trabajo como cuentista al dedicarse a la producción novelística. Si bien para muchos entendidos esta es la etapa de madurez de los escritores, el dominio de la cuentística es la gala de quienes dominan el oficio. Así Bahamonde continúa mostrando esa calidad intercalando cuentos en sus novelas. En su trabajo publicado en forma póstuma -Ruta Panamericana- se identifican varias historias que son bifurcaciones del tronco principal de la novela que el autor logra hilvanar con soltura. Destacan algunos hechos fantásticos; Como el relato de humor negro que cuenta la hazaña seudo circense de un individuo que se cuelga de una jaula en plena plaza para resistir el hambre hasta la muerte; un espectáculo que hace que todo su entorno se convierta en una feria y que, finalmente, los habitantes del poblado convierten en su única entretención. Este relato, según algunos detractores, es una copia inspirada en una narración de Frank Kafka, sin embargo las descripciones de los acontecimientos son reveladores para configurar la idiosincrasia del nortino; la dureza y la tolerancia a la desgracia. También se desarrollan acontecimientos auténticos de la memoria de Chile que develan interesantes y comprometedores detalles, por ejemplo, de la traición que sufre Manual Rodríguez y su posterior asesinato. Estos relatos más otros, son perpendiculares a la geografía que recorre un bus que viaja de sur a norte por la Carretera Panamericana, inmediatamente después del golpe de estado en 1973.
Si se reconocen los inicios de Bahamonde como cuentista, casi en paralelo, la poesía ocupó un lugar muy importante en su juventud, sin embargo nunca publicó sus trabajos. El primer intento de recopilación lo hicieron sus amistades en un volumen que, tentativamente, se llamó Camanchaca de Espumas sin embargo nunca se consumó la iniciativa. La poesía de Mario Bahamonde es el segmento de su trabajo literario más disgregado, y no existe ninguna publicación que ordene su expresión lírica y menos una que analice el contenido de su poesía. Al parecer, de acuerdo a las conversaciones que Bahamonde tenía con sus seres más queridos, a él le resultaba “muy fácil” expresarse en el ámbito lírico, por lo tanto, su trabajo no debía ser bueno. Estas reflexiones lo conminaron a que su autocrítica fuera muy severa y, así, muchas de sus poesías terminaron destruidas en el fondo de algún papelero.
Al leer sus trabajos, de inmediato se advierte su fácil acceso, su lectura fluida y extremadamente sencilla, tal vez un claro indicio del dominio del lenguaje que apunta hacia su esencia, rescatando la simpleza de las palabras. Pero hay un claro trasfondo; la intencionalidad de plasmar sus inquietudes sociales; línea que marca toda su obra literaria. En la revista Litoral (Santiago, 1968), publicación literaria capitalina, comentan su trabajo en una escueta recopilación de sus poesías: “Tal vez lo menos conocido de Bahamonde es su poesía, de la cual ha aparecido algo en antologías y revistas. Sin embargo, podemos afirmar que la maneja con igual maestría que la prosa y que especialmente sus sonetos arrancan a la tierra nortina sus escondidos sortilegios, con una fuerza sonora y vibrante.”
Si se busca la concepción que Bahamonde tenía de la poesía, podemos rescatar algo de su postura en su novela Gabriela Mistral en Antofagasta, años de forja y valentía: “... Y comprendió que no hay poesía sin la verdad. El juego lírico está muy lejos de ser poesía porque, más allá de su gracioso donaire, no estruja otro contenido ni otro mensaje que las mismas palabras. Y nunca las palabras por sí solas conseguirán ser poesía.
En este sentido - y en muchos otros - lo lírico es diferente a lo poético, puesto que lo lírico es un modo y lo poético es una verdad que emerge desde la belleza. Sin verdad no hay poesía y sin poesía no hay belleza, aunque se trate de Baudelaire”. Esta concepción está claramente estigmada por su generación literaria, aunque para muchos esta postura puede ser rebatida con facilidad en defensa del esteticismo lírico, no es menos cierto que es un gran desafío para cualquier autor el mixturar belleza y verdad; fórmula que utilizan los grandes poetas latinoamericanos para desarrollar las temáticas propias.
La poesía de Mario Bahamonde estuvo más presente en la opinión de sus contemporáneos y en las pocas personas que pudieron leer su obra lírica. Y como sabemos, la preocupación por preservar su obra después de fallecido está centrada en su labor como novelista y ensayista.
Yerko Moretic, (1957) crítico y literato nacional, hace referencia a la prosa de Bahamonde, interesante opinión válida en el contexto temporal de los inicios de la divulgación de la obra del escritor: “El dominio que ha logrado del idioma -donde a veces alcanza una plasticidad sorprendente- la búsqueda de mejores recursos técnicos; la limitación de la tendencia psicologista (o abuso en la presentación de casos morbosos); el abandono de la concepción telúrica y, sobre todo, la profundización de la realidad humana, social, del Norte, convierten a Mario Bahamonde en uno de los valores más efectivos de la literatura chilena y, lo que es mejor, en constante ascenso”.
Si damos por hecho que Bahamonde, al igual que en su trabajo cuentístico y novelístico, aporta con información culturalmente procesada, su lírica será sencilla y locuaz, pero exigirá del lector un compromiso y un nivel de conocimiento, que va más allá de la intensión regocijante de la lectura de entretención. Es mejor mostrar algunas de sus poesías que fueron recabadas desordenadamente entre sus papeles personales y algunas publicaciones antiguas. Las apreciaciones deberán hacerlas las pocas personas que leerán este material:
SOLEDAD: Aquí no vuela un pájaro ni un grito/ Vive la muerte diseminada/ soledad, su terrible y calcinada /y pétrea empuñadura de granito./ El aletazo pertinaz del mito/ desenterró la piedra de la nada/ y germinó la sal cristalizada/ en la luz mineral y el infinito./ Un día llegó el hombre,/ silencioso,/ arreó su corazón de veta en veta,/ de muerte en muerte, terco y ambicioso./ Recorrió el cobre, el viento, la yareta,/y en la ambulante soledad desierta/ nació la risa de una flor abierta.
CALAMA: Casi una orilla del desierto vivo,/ casi una verde ola de fantasmas,/ casi un barrio de huqui con el alma/ de un campesino casi sorprendido./ Una estación el tren en el camino./ Choclos y pólvora, río y alfalfa./ Te defiendes del frío de la pampa/ con el ala del poncho de tu vino./ Casi cordillera en tu olor a puna,/ casi un nombre solo en sitial de gloria,/ casi una flor rubia lejos del mar./Calama, casi sueño, casi lucha,/ hay en tu casi mudo, casi boca,/un pueblo verde con raíz de sal.
TALTAL: Cada noche de amor Taltal despierta/ en su insomnio de viejo aventurero/ para llorar de sed por el viajero/ que sembrará una estrella ante su puerta./ Pero todo se fue: el sol, la huerta,/ el cateador, el loco y el minero,/ apenas quedó junto al salitrero/ sobre la playa una gaviota muerta./ Una rosa de paz en la bahía,/ la costa abrupta, la melancolía/ de un atardecer: piedra, cerro, alma./ Y hay tanta sed entre su calma/ que el mar sobre la arena se recuesta/ para no desvelarlo de su siesta.
VIENTO: Ya en la tarde comienza la batalla./ La mano gris del viento empuña su ira/ y arremete bramando, canto y lira,/ contra el sediento pedregal que calla./ Furia y duelo, todo el desierto estalla/ en una inmensa llamarada. Gira / el arenal ardiente que delira/ y el viento es un azote que resalta./ Su galope se duerme en el distancia:/ ulula en Pampa Unión, en Sierra Gorda,/ como el viejo fantasma de una horda/ de mil cuchillos que hieren su arrogancia./ El viento grita y muerde a pecho abierto./ Se oye la voz rebelde del desierto.
La vida de Bahamonde transcurre al interior de tres ciudades; Taltal, Santiago y Antofagasta. Hasta los doce años Taltal fue su universo. Podría considerarse que el contexto donde nació Mario Bahamonde Silva es muy importante para entender su crecimiento y su actitud de arraigo en el norte. Todavía gravita en el consciente colectivo de muchos habitantes de Antofagasta la estampa de este personaje. Algunos rememoran su caminar y su prestancia, otros su caballerosidad. Más de alguno comenta entre pasillos la fuerte atracción que ejercía sobre el género femenino. Sus críticos arremeten contra su orgullo y su hosquedad, y los más cercanos traen a la memoria su gran capacidad intelectual y el sitial que tenía entre sus contemporáneos. La conjugación que llevó a asumir a Bahamonde su condición de hombre adulto es compleja. No hay intención de generar una postura determinista para encasillar su trayectoria en alguna vivencia que se imponga por sobre otras. Bahamonde, al igual que casi todos los habitantes del norte, tiene su ascendencia lejos de estas tierras y esa es una característica de nuestra identidad que el autor identificó y desarrolló en su trabajo literario. Su origen materno se remonta a un abuelo portugués; Manoel Silva, minero que pierde su fortuna en Copiapó durante la guerra civil de 1891. Se instala en Taltal con su esposa e hijas. Silva desaparece explorando el desierto. Nunca se encontró su cuerpo.
Su origen paterno está en la isla de Chiloé, de las familias más tradicionales del archipiélago. Su abuelo, entre otras actividades que desempeño, fue Capitán de Puerto en Melinka, donde asumió con éxito la captura de un connotado bandido de la época; Pedro Ñancupel. Una canción habla de la gesta. Así versa El Corrido de Pedro Ñancupel: “El caso más peregrino / del señor Pedro Ñancupel, / que en Melinka fue cautivo./ El Capitán de ese puerto, / aunque tenía temor,/ con toda su policía / se embarca con gran valor./ El práctico que sabía / dónde estaba su habitación,/ mandó izar las velas / y dio la dirección:/ al Este casa de ramas,/ al Sur mata de quilas./ Dicen que llegando a Melinka / lo buscaban como flores / al primero Capitán / don Belisario Bahamonde, / a cuya casa llegaban / en busca de provisiones / y una vez habilitados / se lanzaban como leones”.
Su padre; Antonio Bahamonde se instala en Taltal, una vez recibido su nombramiento como profesor. En este Puerto conoce a la hija de Manoel Silva, se enamoran y el resto de la historia sigue su curso natural. El 17 de abril de 1910, Mario Bahamonde se prendió a la vida. Cuando era pequeño todavía existían en la bahía de Taltal grandes veleros. Este puerto era un paraíso para los niños, llenos de quebradas en la cordillera de la costa muy cerca de la ciudad. Taltal era el principal puerto salitrero de la región y todo este auge minero y las características y condiciones sociales que esto generaba, además de ser hijo único y tener un padre profesor, definió fuertemente el origen de su personalidad.
El padre de Mario Bahamonde fue profesor normalista. Al empezar sus estudios don Antonio Bahamonde le pidió a su padre, Belisario, que también se los costeara a su mejor amigo Francisco Bórquez. Ambos estudiaron en Valdivia. Al final Antonio recibe su nombramiento como profesor en el liceo de Taltal y Francisco se queda trabajando por su cuenta en la zona del Calle Calle y hace una fortuna en el negocio del transporte marítimo.
Años después, cuando Roberto Bahamonde (hermano de Antonio) regresa a Taltal en el vapor Lautaro, propiedad de Francisco Bórquez, se produce el reencuentro de los amigos de la infancia y “Pancho” Bórquez le regala a Antonio un viaje en primera clase para que conociera toda la costa del país. Así Mario Bahamonde inicia un viaje, a los siete años, que lo llevará hasta las tierras de sus ancestros, en Chiloé.
Los antecedentes de la niñez de Bahamonde son algo escuetos. Se sabe que aprendió a caminar con la ayuda de un perro, tal vez la primera referencia de su buena relación con los animales. Esta situación parece no trascender más allá de la anécdota, pero Bahamonde era un hombre muy ligado a la naturaleza y con fuertes actitudes coservacionistas, situación que se deja ver en algunos de sus escritos.
Cuando pequeño Salía de excursión a las quebradas, en especial a la de Cortadillas la que conocía de memoria. Otros de los juegos favoritos en el puerto de Taltal era hacer competencias de nado de un muelle a otro.
Entre sus peripecias infantiles también acostumbraba a jugar a los bandidos y trenzarse en sendas grescas para ganarse la simpatía y el amor de alguna muchacha. Uno de sus principales contendores era un niño a quien conocían como “el chino Hun Fang” quien con los años fue un dentista radicado en Antofagasta. De esas musas la más codiciada era Meche Chacc (quien posteriormente fue actriz y es la madre del científico y conductor de programas de divulgación Eric Goles). Al parecer ahí están los orígenes de su profunda admiración al género femenino.
Sus primeros aciertos literarios, al parecer, se exteriorizan cuando escribe una composición a un caballo mampato que sus parientes chilotes le habían enviado de regalo. Su padre manda el cuento a un concurso que organizaba la revista El Peneca, resultando ganador. En su periodo de niñez las lecturas que más lo marcaron fueron las de Jack London. Mario Bahamonde, después de terminar la enseñanza primaria, es enviado por su padre a Santiago para continuar sus estudios e iniciar alguna carrera profesional. Este proceso es crucial para su determinación futura. Durante todo su periodo de estudiante en Taltal, Bahamonde destacó por ser un alumno ejemplar, acicateado por la condición de ser hijo del profesor del liceo y por la formación que su padre le aportó. Don Antonio Bahamonde se definía políticamente como radical, además de pertenecer a la masonería.
Cuando el pequeño Mario debía despedirse de Taltal, el padre vendió su caballo mampato y lo envió a entregárselo a sus nuevos dueños. De acuerdo a las posteriores confesiones de Bahamonde, partió con su animal y durante todo el trayecto, de ida y vuelta, no paró de llorar desconsoladamente; esta situación tan fuerte emocionalmente le hizo pensar, de acuerdo a su corta experiencia de niño recio, que cuando adulto sería “maricón”.
Partió a los doce años del pequeño puerto y estuvo durante toda su enseñanza secundaria en el internado Barros Arana, en Santiago. Hay que reflexionar en el hecho de que -todavía muy pequeño- debe vivir solo un gran proceso de desarraigo al llegar a un lugar totalmente nuevo, con su visión de niño taltalino, y sumergirse en la vida capitalina. Fue en esta ciudad donde vio llover por primera vez y lo primero que pensó fue que no podría estudiar más, porque toda esa cantidad de agua terminaría por deshacer a Santiago. Su larga estadía en la urbe es una peregrinación plagada de aventuras, el génesis de una sobrevivencia urbana que se prolongó hasta el día de su expiración. En solitario se abrió paso entre la adolescencia hasta una adultez prematura que definió su carácter y su gesto. En soledad, experimentó los primeros inviernos fríos y grises, en soledad se sintió sobrepasado por una ciudad si mar ni límites, en soledad se durmió sin abrazo materno en noches de fiebre. Por esas justicias del destino, la desafectividad, quizás, fue compensada por maestros que lo definieron como pedagogo e intelectual.
En su vida de estudiante, poco a poco iba desarrollando características de autosuficiencia. El dinero que utilizaba para su manutención lo obtenía, además de la reducida mesada familiar, como basquetbolista y boxeador. En cuarto de humanidades ya ostentaba el título pugilista de campeón nacional estudiantil. Al tiempo comenzó a dar clases a sus propios compañeros del internado para el bachillerato.
Cuando aún era estudiante secundario, a los quince años, participa en la defensa de la Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile cuando grupos nazis intentan quemar el edificio. Esta situación es uno de los hitos que lo define políticamente. El joven Bahamonde es detenido y relegado por algunos días a Viña del Mar, finalmente el padre lo rescata.
En el internado Barros Arana es elegido presidente de los estudiantes. También se destaca por ser uno de los gestores de la creación de la biblioteca de ese centro estudiantil.
Terminada la enseñanza secundaria ingresa al Pedagógico de la Universidad de Chile. En este periodo Bahamonde se convierte en uno de los alumnos favoritos de Rodolfo Oroz, uno de los grandes lingüistas que tuvo chile en su historia. Además de aportarle sus conocimientos, el profesor logró inculcarle cierto grado de formalidad a su apariencia, la que estaba lejos de la sobriedad o excentricidad capitalina que, más bien, era de una austeridad abismante. En esta etapa de estudiante universitario, antes de recibir su nombramiento definitivo, trabaja en el liceo nocturno para adultos Federico Hansen. Aquí conoce a dos personajes que lo integran a la vida cultural y bohemia. Diego Muñoz y el pintor Gregorio de la Fuente eran alumnos de Mario Bahamonde. Estos personajes estaban regularizando su educación formal y, entre todos, fundaron una fuerte relación que los unió en las noches santiaguinas.
Diego Muñoz, quien era escritor y pintor hace amistad con el dueño de unos bares capitalinos: “El Zepellín”, “La Nave” y otros locales. Cuando este empresario decide decorar sus negocios, Diego Muñoz se ofrece a pintarle Murales pero con la condición que en vez de recibir dinero se le abriera una cuenta. Así el grupo de amigos bebió mucho tiempo a costa de las obras pictóricas. El poeta Andrés Sabella alcanza a participar de estas tertulias cuando era estudiante de derecho en Santiago.
Bahamonde conoce a Sabella en Antofagasta, que era una parada obligatoria en sus viajes estivales a Taltal. Esa amistad duró mucho tiempo aunque con grandes diferencias.
Otro hecho interesante en su naciente vida literaria se crea cuando su gran amigo, el actor Roberto Parada -que en esa época era estudiante de pedagogía en inglés-, le envía su memoria de titulación a un certamen en Costa Rica, obteniendo una mención. Este hecho puede considerarse como el inicio de su carrera literaria.
En 1933 recibe su nombramiento y es enviado al liceo de Hombres de Antofagasta como profesor de castellano y filosofía. Esta designación lo vincula para siempre a la ciudad y, aunque con el tiempo (1955) se convierte en rector del establecimiento y asume la dirección del Centro Extensión y Cultura de la Universidad de Chile, nunca deja las clases, hasta 1973 cuando es destituido.
Bahamonde se regresa de Santiago casado con Auda Lara Poblete una joven nortina radicada en la capital, estudiante universitaria, igual que él. Tuvo dos hijos con once años de diferencia. Su matrimonio, después de más de dos décadas, finalmente se diluyó. La razón fundamental de su ruptura matrimonial fue su incontinencia amatoria extramatrimonial y la incapacidad de la negación ante los coqueteos. Bahamonde es recordado, por el ciudadano promedio, como un profesor connotado que caminaba sobriamente por las veredas, y aún produce suspiros de melancolía en algunas señoras que trajinan en sus recuerdos.
Bahamonde, por las apreciaciones de quienes lo conocieron y lo quisieron, era un hombre que no gustaba de la parafernalia y de las apariciones rimbombantes. Prefería el contacto con personas que fueran capaces de defender su postura intelectual y mantener una buena conversación. Existía, en su forma de ser, un rechazo a la falta de inteligencia. Su carácter lo hizo tener más de un enemigo gratuito, ya que no era fácil abrir el interior de Bahamonde; los que compartieron su amistad reconocen en él un gran sentido de la solidaridad. Entre sus amigos más perdurables se encuentran el actor Roberto Parada, el escritor Nicomedes Guzmán, el poeta Nicolás Ferraro y otros más.
Su postura política era bastante clara y definida. Era militante comunista activo, muy crítico y comprometido al punto de que en más de una vez fue objetado al interior de esa organización. Al parecer no hizo mal uso de su condición de intelectual en su referente partidario y siempre asumió su trabajo político con disciplina, al punto de rechazar cualquier figuración pública.
En 1960 ingresa a su vida Germana Fernández, la que se convertiría en su compañera hasta su muerte. Germana Fernández fue la que reconstituyó la historia del escritor y la cuidadora de todo su patrimonio intelectual impreso. Con su muerte, a comienzos de 2005, hay una inmediata incertidumbre al no existir alguna persona o referente que continúe con las iniciativas de publicar los trabajos aún inéditos de Bahamonde.
A comienzos de 1960, Antofagasta tenía una considerable y permanente actividad literaria y cultural. Dentro de las más variadas expresiones existían dos grupos organizados; el “Cobre y Sal” encabezado por Andrés Sabella y “Artes y Letras” organizado por Mario Bahamonde. Estos grupos, además de ser talleres literarios y generadores de certámenes, aglutinaban a las personas vinculadas a las más variadas corrientes artísticas y culturales.
Mario Bahamonde, en el periodo previo a 1973, estuvo más dedicado a la pedagogía que a la literatura. Uno de sus hitos fue la publicación, en 1956, de Ala Viva un cuento que se convirtió en un saludo de Navidad para sus amistades. Después de 1960 participa en algunas publicaciones entre las que destacan; Y al Norte... La poesía (1961, imprenta del Liceo de Hombres), Antología del cuento nortino y Antología de la poesía nortina (1966, Editorial Universitaria, Santiago). También publica varios artículos en diversas revistas institucionales y de divulgación literaria.
En 1963, sin dejar su cargo de rector en el Liceo de Hombres, se integra a la Universidad de Chile en Antofagasta como director del Departamento de Extensión Cultural, que posteriormente pasó a llamarse Servicio de Extensión Universitaria. Además asumió el cargo de profesor de Literatura General del Instituto Pedagógico de la misma casa de estudios.
Como una clara muestra de su compromiso político, su obra se incrementa después del golpe de estado en 1973. Sus más destacadas novelas las escribe entre este año y 1978. En el periodo que asume el poder la junta militar, Mario Bahamonde es destituido de todos sus cargos académicos. En su novela inédita El Derrumbe está la referencia autobiográfica: “...Está citado a la oficina del vicerrector para el jueves, a las dieciséis horas.(...) le dije que me presentaba a su llamado. Entonces empezó a hablar y recogió su voz melosa para que en su cara barnizada brillaran unos ojos hundidos y huidizos: “...usted sabe, naturalmente... le reconocemos sus méritos, claro...” Movía sus manos viscosas, sus dedos de rapiña “...pero se nos ha sugerido, a pesar de sus publicaciones, que usted no figure en la nómina de esta Universidad, especialmente en un cargo tal alto como el suyo...” y hablaba con palabras esquivas, con un amigable ácido y con leves reverencias de obsequioso vinagre “...y yo no puedo sustraerme a una sugerencia de esta jerarquía, no deseo hacerlo; tampoco ignoramos sus ideas políticas y sus relaciones con los profesores que también las sustentan...” lo decía con gestos de merengue y ademanes de grasa “...no es persecución, no, de ningún modo, no vaya a pensarlo. Usted sabe: este periodo duro de lucha frontal, tenemos la preocupación por el porvenir...” era el eco de un recipiente hipócrita disfrazado con una corrección vacía y de prejuicios de opereta “...usted verá cómo lo hace, pero nosotros necesitamos su renuncia a contar desde el primero de este mes, ¿estamos?...”
Apenas consolidado el golpe militar, comienza su exilio interior. Una reclusión que lo sumerge en la determinación literaria y en el trabajo de resistencia contra la dictadura. En seis años escribe todas sus novelas, gana premios en el extranjero, es nombrado miembro de la Academia Chilena de la Lengua, agudiza su condición de militante, y fustiga con fuerza a otros intelectuales que coquetean con el gobierno de facto. A Andrés Sabella, en un altercado de pasillo, lo acusa de “poeta mercurial”, con su amigo Nicolás Ferraro se produce un alejamiento sistemático ante la pasividad de este.
En 1973 gana un certamen literario en México con su relato El Calladito, y su trabajo es publicado en la revista El Cuento Nº 60. En 1975 obtiene el primer premio “Antonio Carrera Sibila” en Venezuela por su cuento Río Indígena. El 6 de mayo de 1978 es incorporado, junto a Andrés Sabella, a la Academia chilena de la Lengua.
Todo el trabajo literario de Mario Bahamonde fue consecuencia de su intelectualidad. La intencionalidad en su obra trasluce su vocación de pedagogo, sin embargo le fue imposible no destacar en su labor como escritor a causa de su calidad narrativa.
El profesor antofagastino Sergio Gaytán, en su trabajo A Mario Bahamonde, una aproximación, reflexiona ante a la figura del escritor: “Su aporte técnico y temático permitió ensanchar la cuentística y novelística de nuestros extensos territorios. Su obra está jalonada por diversos hitos. Esos universos creados, seguirán señalando que aquí también es posible pensar. Su obra sorprende y sorprenderá aún más a quien efectúe una lectura total de ella, pero ahora sin moldes ni esquemas preconcebidos”.
Mario Bahamonde fue un intelectual fructífero de nuestro ámbito regional, ni más ni menos. Tuvo el acierto de llevar su producción investigativa y recopilatoria a la literatura para lograr su sobrevivencia. El segundo acierto es que escribió bien, más allá de su condición de olvido que comparte con otros escritores zonales. La lista es larga: Mariano Martínez, Felipe Aparicio Saravia, Teodoro Previer, Andrés Sabella, Manuel Durán Díaz, Antonio Rendic, Raquel Gutiérrez, Neftalí Agrella, Nicolás Ferraro, Atilio Maquiavelo, Alberto Mauret y otros.
Escribió sobre la relación del hombre con el desierto y el trabajo; una especie de designio inevitable que se asume con resignación y se repite hasta hoy. Esta dualidad es uno de los ingredientes fundamentales de toda la literatura nortina, una compleja ecuación que los autores del norte abordan en sus escritos, no siempre con la calidad literaria suficiente para separarla del dato histórico o del testimonio sociopolítico. Este hecho atenta contra la temática nortina, porque en definitiva no hay temas malos o buenos, solo buenos o malos escritores.
Mario Bahamonde, en sus escritos, dejó importantes referentes para definir las tareas que debían asumir las instituciones regionales y los habitantes del Norte; El quehacer universitario lo situó de la siguiente forma: “La obligación de una Universidad consiste en intentar la búsqueda de rutas superiores, que unifiquen el espíritu humano de un modo más digno y próspero.
Nos interesa, por ejemplo, el análisis del extraño problema del hombre nortino frente a su pasado remoto o cercano, en sus límites antropológicos, arqueológicos o simplemente históricos. De todo aquello que emerge nuestra raíz vital. Y no podemos beber en toda su plenitud nuestra condición de hombre nortino si no conseguimos comprender el mensaje de este ancestro. El pasado histórico del hombre regional carecería de todo valor si no consiguiéramos tenerlo como ejemplo y como experiencia para nuestras futuras andanzas por la tierra.”
En la tarea de construir y difundir literatura fue desidor y categórico: “El papel en blanco es lo único que se parece a la soledad absoluta. La lucha del creador, antes de acentuarse en una desesperación por comunicar, se hunde en quebranto por encontrar ese algo que decir, esa médula intelectual capaz de contener y sostener su mensaje dentro de las palabras...
...Hay tanta gente que no aprende jamás a escribir, en cambio aprende muy luego a publicar. Y este fantasma lo deslumbra.
Es importante que el creador se pregunte cuál es su propia comunicación. Hay personas que la tienen en la voz y suelen convertirse en actores. Otros la tienen en toda su expresión de su ser físico, cuyo cuerpo casi es un diálogo en sí, expresivo y alegre, suerte de luces vivaces que lo dicen todo con su maestría. Pero el auténtico escritor es capaz de comunicarse sólo por escrito y esta condena deberá sostenerla a perpetuidad.”
Aún está pendiente el estudio de la trayectoria de Mario Bahamonde como intelectual del norte. No es necesario darle otra connotación más allá de los lindes regionales. Su quehacer debe conocerse en su real dimensión, desde un punto de vista multidimensional. Su propuesta como pedagogo, su vida personal, su desarrollo literario y su trayectoria académica son algunos de los puntos para abordar su historia. Poco antes de morir, termina su novela –aún no publicada- El Derrumbe, en este texto hay una reflexión que reafirma su condición de nortino, con la inevitable sombra fatalista: “De pronto me pregunté ¿quién es uno, al fin?, ¿quién soy yo?... ¿El profesor que fui antes, únicamente en este liceo por tantos años?...¿el articulista que fui alguna vez sólo para esta ciudad?... ¿el catedrático que alcancé a mostrar en las aulas de la zona?... Luchaba por no enfocar mi propia imagen en el pasado. (...) Estoy viejo, pero éste no es el final sino un episodio en la ruta o en la lucha”.
En la última etapa de su vida, se le acostumbrara verlo en las esquinas organizando improvisados debates, en voz baja, alentando a la utópica insurgencia que Antofagasta jamás asumió. Su cuerpo ya está enfermo y su creación en plena ebullición. Finalmente, a los 69 años, la muerte lo embosca el 30 de noviembre de 1979, a las cinco de la tarde. Sin grandilocuencias ni rimbombancias, como acostumbró a vivir, fallece en su casa rodeado de sus incondicionales. Bahamonde, al parecer no tuvo en su familia consanguínea una continuidad de su concepción intelectual. Además del trágico desenlace que sufrieron sus hijos, el resto de las generaciones se despegaron de los vínculos que, acaso, alguna vez los acercaron a estas tierras.
Su descendencia se constituye por sus dos hijos: Mario Antonio Bahamonde Lara fue el mayor; falleció antes que su padre en 1978. Tuvo tres hijos: Mauricio Bahamonde Barros, quien actualmente es un destacado ingeniero, Marcela Bahamonde Barros quien se desempeña como odontóloga y Milena Bahamonde Barros; periodista, fotógrafa y concertista en guitarra, quien, al parecer, continúa con el legado intelectual de su abuelo.
El segundo hijo, Omar Bahamonde Lara, partió al exilio en 1973. En 1982, después de retornar al país, se suicida. Tuvo dos hijas, Monserrat Bahamonde Sablic y otra de nacionalidad española.
De los textos inéditos sin publicar, tal vez sin la revisión final, de Mario Bahamonde nos enganchamos para que los remolinos secos de Atacama nos eleven del suelo y nos permita ver más allá del ombligo: “ Alguien se preguntará entonces para qué el viento, para qué el hombre, para qué la vida, ¿y quién podría responder sino la tierra? El nortino es un árbol sin raíces, es una fruta vertical, es una piedra erguida con el puño en alto. Está allá en la dulce Arica, en la tranquila playa de Caldera, en Calama, en Chañaral o en el desierto, el nortino es como una voz que no se agota. Fue el Loco Almeyda de aguerrida fama, fue el Manco Moreno, el Chango López, el duro y amargo Jotabeche, fue Juan Godoy, fue el patriarca Manuel Antonio Matta, fue el pescador, el chango y el diaguita, fueron mi madre, mis hijos, mis hermanos, los poetas, los niños, los mineros.
Al nortino le dieron esta faja absurda de la tierra, este historial amargo, esta leyenda triste del olvido, lo derrotaron en Cerro Grande (en La Serena), lo destruyeron en Pozo Almonte, lo masacraron en Iquique, le contaron el cuento del salitre, le sepultaron pueblos, le están ahogando el cobre, pero aquí estará el nortino, de pie, como bandera, cuando el cúando de Chile tenga un cuando”.
EL DESENLACE PENDIENTE
No hay conclusiones redondas para la motivaciones en las que se empeñaron, por opción o circunstancias, Juan López y Mario Bahamonde Silva. Ellos son apenas dos eslabones separados de todos los hombres y mujeres ignorados que construyen la historia del Norte de Chile, proceso inconcluso y ligado –casi sin modificaciones- al origen de la gesta humana de estas tierras.
El fatalismo optimista que blande cualquier habitante crítico de esta latitud, es ensombrecido por la embriaguez de la modernidad que se instaló como una guirnalda afilada que se mece peligrosamente sobre la indolencia de los autodenominados emprendedores y mecenas del desarrollo económico. Los ciclos históricos de esta región son vertiginosos y determinantes. Todavía no culminaban las últimas notas de la marcha fúnebre de las exequias del salitre cuando irrumpió el carnaval eufórico del cobre. El duelo y las enseñanzas de esta extinción están pendientes, enredadas en las serpentinas de la comparsa que se renueva una y otra vez. La somnolencia festiva de esta ciudad no permite que esta se sueñe a si misma escarbando en terrenos con riquezas pendientes que no tienen denominación monetaria. La borrachera de la ignorancia no deja asentar el tranco maduro para alcanzar la condición de habitante zonal por derecho.
La identidad es una construcción social, no una herencia fortuita. Para los nuevos buscadores de la justa bonanza material que persigue el bienestar filial, A los exploradores que se empeñan -cuesta arriba- en explotar la veta de la creación y la trascendencia, a todos los que esPor estos lados, la esperanza es una semilla sin germinar.
-BIBLIOGRAFÍA
Arce, R. Isaac. Narraciones Históricas de Antofagasta. Antofagasta. 1930. Bahamonde, Silva, Mario. Ala Viva. Antofagasta. Imprenta de la Federación de Estudiantes de La Universidad Católica del Norte. 1995.
Bahamonde, Silva, Mario. Documentos inéditos.
Bahamonde, Silva, Mario. Antecedentes familiares. Documento inédito.
Bahamonde, Silva, Mario. Derroteros y Cangalla. Santiago. Editorial Nascimiento. 1978.
Bahamonde, Silva, Mario. Diccionario de voces del Norte de Chile. Santiago. 1978.
Bahamonde, Silva, Mario. El caudillo de Copiapó. Copiapó. Editora del Norte. 1993. Bahamonde, Silva, Mario. El derrumbe. Novela inédita.
Bahamonde, Silva, Mario. Gabriela Mistral en Antofagasta, años de forja y valentía. Santiago. Editorial Nascimiento. 1980.
Bahamonde, Silva, Mario. Gente de Greda o Los Ceremoniales del Tiempo. Santiago. Editorial Nascimiento. 1980.
Bahamonde, Silva, Mario. Huella Rota. Santiago. Editorial Nascimiento. 1955.
Bahamonde, Silva, Mario. Les vengo a contar (poema). Documento inédito.
Bahamonde, Silva, Mario. Pampinos y Salitreros. Santiago. Editorial Nacional Quimantú. Julio 1973.
Bahamonde, Silva, Mario. Poemas: El salitre de María Elena y Pedro de Valdivia, Calama, La Sal, La Sed, Chuquicamata.
Bahamonde, Silva, Mario. Ruta Panamericana. Santiago. Editorial Nascimiento. 1980.
Bedrmudez, Miral, Oscar. Orígenes Históricos de Antofagasta. Editorial Universitaria. 1966.
Bennet, Patricia - González, Jerny. Geografía poética de la Segunda Región. Antofagasta. Universidad José Santos Ossa. 1994.
Cornejo, José. Análisis bibliográfico y caracterización de algunas estrategias de metodología cualitativa: historias de vida y grupos focales. Boletín de Investigación Educacional. 1995. Fascículo 10. Página 231.
Gaytán, Sergio. A Mario Bahamonde, una aproximación. Antofagasta. Ediciones del taller de literatura “Recital”. 1990.
Labarca, Véliz, Claudio. El redescubrimiento de los aportes a la identificación de la identidad cultural del Norte de Chile a través de la literatura de Mario Bahamonde Silva: el necesario reencuentro con la historia reciente. Tesis de pregrado. Universidad José Santos Ossa. 1998
Lehnert, Roberto. Mario Bahamonde, hombre del Norte. Antofagasta. Documentos, Universidad de Antofagasta, Facultad de Educación y Ciencias Humanas. 1991.
Poesía de Mario Bahamonde. Litoral. Santiago. Nº 5. Julio de 1968. Página 6.
Maturana, Humberto. La objetividad, un argumento para obligar. Santiago. Dolmen Ediciones S.A. 1997.
Maya, Osvaldo. Mario Bahamonde Silva, la novela del Norte de Chile. UCN. 1999.
Piña, Carlos. Aproximaciones metodológicas al relato autobiográfico. Opciones: revista del Centro de Estudios de la Realidad Contemporánea de la Universidad Académica de Humanismo Cristiano. Mayo - agosto de 1989. Nº 16. Página 107.

viernes, noviembre 05, 2010

LA AGONIA DEL "QUITAPENA" por Rodrigo Ramos




El último parroquiano, habitué del lugar, falleció hace un par de meses. Después de él, nada. La excepción la marcan un par de "faeneros", -como les llaman a quienes trabajan en la minería,- y uno que otro "lolo".

El "Quitapena", mítico boliche de barrio que partió en los años 60, para el mundial de fútbol, agoniza.

"Yo tuve y ya no tengo nada, la vida es así. Ya estoy viejita en mi negocito, pero igual lo quiero. Estoy en las buenas y en las malas", afirmó la señora Ana Santander, propietaria.

En efecto, dijo que "de a poco" ha ido juntado "cajitas y cajitas de pilsener. Ojalá que para el 1 de noviembre me vaya bien pues tengo muchas deudas. Vengo saliendo de una enfermedad complicada".

Las maltas con las etiquetas desteñidas parecen de otro tiempo, al igual que las sillas de fierro, el hule sobre la mesa y las boldosas que dan la sensación de frío.
Por las ventanas uno mira al cementerio. Si no hay maltas, hay "pilsener". "Nada de cortitos para empinar el codo", aclaró.

Historia

Retrocedamos en el tiempo. El local ubicado en el génesis de 14 de febrero -a un costado de la línea del tren que antecede al cementerio- surgió en 1962, después del Mundial de fútbol.

Desde esa fecha, se transformó en centro reunión de la gente del barrio y como lo indica su nombre, lugar para "pasar las penas y olvido de los deudos" -con cerveza y música de Lucho Barrios, claro- después de algún funeral.

En música, además de Lucho Barrios, la pequeña radio cassette -tipo caja de remedio- transmite a Leo Dan, Leonardo Favio y Camilo Sesto, entre otros. Aquel es el estilo.
Ana Santander explicó que el bar está igual que en sus comienzos, "intacto" -dijo.

"El problemas es que hoy pocos entran. Nos hace falta un impulso para revivir".
En todo caso, aclaró que no quiere chicas de piernas largas y carnosas, ni extranjeras semidesnudas antendiendo en las mesas. "No -afirma con vehemencia-. Lo mio es un bar de barrio", concluyó.

viernes, octubre 29, 2010

EME/A de Claudia Apablaza (por Vìctor Escobar)




La mejor definición de EME/A La tristeza de la no literatura (Claudia Apablaza, 2010) es que es una no novela sobre la no literatura y, más específicamente, sobre los no escritores. Es una no crónica que hace el imposible acto de equilibrismo interno entre el que escribe y el que no escribe. Comprendiendo que quien no escribe hace la no historia, pero esa no historia viene a definir a la historia sí escrita y entonces ahí está: la tristeza.

La tristeza atraviesa de punta a cabo cada uno de los textos que componen esta no historia. La tristeza del espectador sin historia que pasa a ser el escritor de esta no salvación.

Más allá de ser un logro en arrojo formal, este texto es una síntesis del escritor del posmodernismo. EME/A es el recorrido errante de cientos de fantasmas cifrados que conforman el único e insalvable espíritu de quién intenta escribir dentro de una no historia apática y sin sentido. Nuestra cotidianeidad.

EME/A transmite el pulso firme de una escritora acosada por fantasmas literarios que apuran el vértigo del relato, la sinceridad de la confesiones, la frescura de las reflexiones y el acierto sobre cuanto a Literatura y Chile ha de decir un escritor coetáneo a su época.

EME/A es un no libro para no escritores, escrito por una no escritora que se pasea sin tapujos por sobre todo a cuanto las nuevas generaciones de artistas intentan someterse. EME/A es una no historia de no confesiones tristes y de todo lo que no pudo suceder.

jueves, octubre 21, 2010

PORQUE ESCRIBI por ENRIQUE LIHN




Ahora que quizás, en un año de calma,
piense: la poesía me sirvió para esto:
no pude ser feliz, ello me fue negado,
pero escribí.
Escribí: fui la víctima
de la mendicidad y el orgullo mezclados
y ajusticié también a unos pocos lectores;
tendía la mano en puertas que nunca, nunca he visto;
una muchacha cayó, en otro mundo, a mis pies.
Pero escribí: tuve esta rara certeza,
la ilusión de tener el mundo entre las manos
-¡qué ilusión más perfecta! como un cristo barroco
con toda su crueldad innecesaria-.

Escribí, mi escritura fue como la maleza
de flores ácimas pero flores en fin,
el pan de cada día de las tierras eriazas:
una caparazón de espinas y raíces.
De la vida tomé todas estas palabras
como un niño oropel, guijarros junto al río:
las cosas de una magia, perfectamente inútiles
pero que siempre vuelven a renovar su encanto.
La especie de locura con que vuela un anciano
detrás de las palomas imitándolas
me fue dada en lugar de servir para algo.
Me condené escribiendo a que todos dudaran
de mi existencia real
(días de mi escritura, solar del extranjero).
Todos los que sirvieron y los que fueron servidos
digo que pasarán porque escribí
y hacerlo significa trabajar con la muerte
codo a codo, robarle unos cuantos secretos.
En su origen el río es una veta de agua
-allí, por un momento, siquiera, en esa altura-
luego, al final, un mar que nadie ve
de los que están braceándose la vida.
Porque escribí fui un odio vergonzante,
pero el mar forma parte de mi escritura misma:
línea de la rompiente en que un verso se espuma
yo puedo reiterar la poesía.
Estuve enfermo, sin lugar a dudas
y no sólo de insomnio,
también de ideas fijas que me hicieron leer
con obscena atención a unos cuantos psicólogos,
pero escribí y el crimen fue menor,
lo pagué verso a verso hasta escribirlo,
porque de la palabra que se ajusta al abismo
surge un poco de oscura inteligencia
y a esa luz muchos monstruos no son ajusticiados.
Porque escribí no estuve en casa del verdugo
ni me dejé llevar por el amor a Dios
ni acepté que los hombres fueran dioses
ni me hice desear como escribiente
ni la pobreza me pareció atroz
ni el poder una cosa deseable
ni me lavé ni me ensucié las manos
ni fueron vírgenes mis mejores amigas
ni tuve como amigo a un fariseo
ni a pesar de la cólera
quise desbaratar a mi enemigo.
Pero escribí y me muero por mi cuenta,
porque escribí porque escribí estoy vivo.

NUEVOS EFECTOS NOCIVOS DEL HAARP




El aparato de HAARP es una inversión del radiotelescopio; las antenas envían señales en vez de recibirlas. HAARP es el test manejado por una superpoderosa tecnología de ondas radiantes que incide en zonas de la ionosfera al enfocar un rayo y calentar esas zonas. Entonces las ondas electromagnéticas rebotan hacia la tierra y lo penetran todo: lo vivo y lo inerte.

El discutido proyecto militar de Alaska nuevamente sería puesto en tela de juicio ya que nuevas investigaciones realizadas por organismos internacionales encabezada por científicos de la talla Gertie Allenberry y Jon Mc Carre. para comprender los fenómenos ocasionados por dicho aparato ,podemos decir que afectaría a toda tecnología basada en circuito integrado, lo que podría ocasionar severos daños en aparatos electrónicos redes de comunicación, suministro eléctrico y recalentamientos de planchas, desperfectos en lavadoras , mal función en las cocinas.Eso, sólo en la parte eléctrica , es decir, lo inerte.

Porque en cuanto a los seres vivos aún hay más, dice Gertie Allenberry que . " La desaparición de especies animales en el mundo sería ocasionada por el HAARP, las últimas conocidas serían las del anfibio Carunelis Aranius o más conocido como Rana de cola dorada y el mamifero cánido Lupinus ferris linneo 1897.Ya es hora que se tomen medidas drásticas contra este proyecto"

Hasta el momento no se ha comprobado la veracidad de los dichos de la doctora Allenberry , pero según la información sería efectiva en cuanto a que el doctor en física Jon Mc Carre:" Los efectos nocivos de este proyecto HAARP se extienden a todas las areas de la vida humana y de la vida animal, el planeta estaría en peligro"

A todos los perjuicios asignados al High frequency Active Auroral Research Program tales como: Ventoleras, huracanes, tormentas, inundaciones y sequías, terremotos devastadores, además de ser la aplicación práctica del MK Ultra programa de gobierno en que la meta sería alcanzar un control mental masivo , lo indiciario de esto sería: Las caídas de la Bolsa, el resurgimiento de la anarquía en algunos estados de sudamérica , el resurgimiento de gobiernos de derecha, las protestas generalizadas, la venta indiscriminada de valores inmuebles, y la incursión de mandatarios de opereta en idiomas tales como inglés y francés, etc. La cosa iría mucho más allá ya que los sucesos en la mina San José en Chile sería directa consecuencia del HAARP y el comportamiento errático de algunos de los 33 mineros antes y después de su rescate.

En Chile por estar en una zona "álgida" con respecto a las antenas del HAARP sería uno de los paises más afectados:sobre todo a la juventud de este país en un rango de entre 12 a 18 años de edad, en su pérdida de valores y el mantenimiento de un género musical tan nocivo como el reggeaton. La repitencia de curso y la deserción escolar también sería directa consecuencia.

Según Jon Mc Carre, esto iría aún más allá: "La conjuntivitis, la dermatitis y pediculosis masivas que se han registrado los últimos meses tambien serían consecuencia directa".

El tema no es baladí, la proliferación de descreídos , ateos y curas pedófilos también serían efectos del proyecto, en estos momentos lo que usted pueda estar sintiendo, ese desgano al amanecer , ese mal dormir o esas irresistibles ansias de endeudarse, también, ese genio irritable, esos tacos en la carretera, esas malas decisiones políticas de los gobiernos, también, el embarazo precoz, los ministros inoperantes y los faranduleros, también, los robos , los secuestros, las casas incendiadas, la estupidez masiva, el abandono de la lectura, la proliferación de las drogas, también.

En consecuencia, es delicioso tener algo como HAARP y cada cierto tiempo culparlo de lo que sea. No es que sea escéptico, la verdad es que actualmente TODO puede ser cierto o NADA puede ser cierto, si lees este artículo porque googleaste HAARP y apareció, deja de crearte espectativas apocalípticas con este tema, todo puede ser pitanza, nada puede ser pitanza.

miércoles, octubre 20, 2010

TU ME QUIERES BLANCA por ALFONSINA STORNI




Tú me quieres alba,
me quieres de espumas,
me quieres de nácar,
que sea azucena
sobre todas, casta.
De perfume tenue,
corola cerrada.

Ni un rayo de luna
filtrado me haya.
Ni una margarita
se diga mi hermana.
Tú me quieres nívea,
tú me quieres blanca,
tú me quieres alba.
Tú que hubiste todas
las copas a mano,
de frutos y mieles
los labios morados.

Tú que en el banquete
cubierto de pámpanos
dejaste las carnes
festejando a Baco.
Tú que en los jardines
negros del Engaño
vestido de rojo
corriste al Estrago.

Tú que el esqueleto
conservas intacto
no sé todavía
por cuáles milagros,
me pretendes blanca
(Dios te lo perdone),
me pretendes casta
(Dios te lo perdone),
¡me pretendes alba!

Huye hacia los bosques,
vete a la montaña;
límpiate la boca;
vive en las cabañas;
toca con las manos
la tierra mojada;
alimenta el cuerpo
con raíz amarga;
bebe de las rocas;
duerme sobre escarcha;
renueva tejidos
con salitre y agua;
habla con los pájaros
y lévate al alba.

Y cuando las carnes
te sean tornadas,
y cuando hayas puesto
en ellas el alma
que por las alcobas
se quedó enredada,
entonces, buen hombre,
preténdeme blanca,
preténdeme nívea,
preténdeme casta.

LAMENTO DE ARIADNA por FRIEDRICH NIETZSCHE




¿Quién me calienta, quién me ama todavía?
¡Dadme manos ardientes!
¡dadme un brasero para el corazón!
Tendida en la tierra, estremeciéndome,
como una medio muerta a quien se le calienta los pies,
agitada, ay, por fiebres desconocidas,
temblando ante glaciales flechas agudas de escalofrío,
cazada por ti, ¡pensamiento!
¡Innombrable! ¡Encubierto! ¡Aterrador!
¿Tú, cazador entre las nubes!
¡Fulminada a tierra por ti,
ojo sarcástico que me mira desde lo oscuro!
Así yazgo,
me doblo, me retuerzo, atormentada
por todos los martirios eternos,
herida,
por ti, el más cruel cazador,
tu desconocido, dios...
¡Hiere más hondo!
¡Hiere de nuevo!
¡Pica, repica en este corazón!
¿A que viene este martirio
con flechas de dientes romos?
¿Qué miras otra vez
sin cansarte del tormento humano
con malévolos ojos de rayos divinos?
¿No quieres matar,
sólo martirizar, martirizar?
¡Para qué martirizarme a mí,
malévolo dios desconocido?
¡Ah, ah!
¿Te acercas sinuoso
en semejante medianoche?...
¿Qué quieres?
¡Habla!
Me estrechas, me oprimes,
¡ah, ya demasiado cerca!
Me oyes respirar,
acechas mi corazón,
¡celoso!
-¿pero celoso de que?-
¡Fuera, fuera!
¿para qué la escala?
¿quieres subir
adentro, hasta el corazón,
subir hasta mis más
secretos pensamientos?
¡Impúdico! ¡Desconocido! ¡Ladrón!
¿Qué quieres sacar robando?
¿Qué quieres sacar escuchando?
¿Qué quieres sacar atormentando?
¡tú, atormentador!
¡tú, dios verdugo!
¿O como el perro debo
refregarme contra el suelo ante ti?
¿Sumisa, embelesada fuera de mí
menear la cola por amor?
¡Es inútil!
¡Punza otra vez,
aguijón el más cruel!
No soy tu perro, sólo tu presa,
¡cazador el más cruel!
tu más orgullosa prisionera,
bandido tras las nubes...
¡Habla al fin!
¡Tú, encubierto con el rayo! ¡Desconocido! ¡habla!
¿Qué quieres, salteador, de mi?...
¿Cómo?
¿Un rescate?
¿Qué quieres de rescate?
Pide mucho, ¡lo aconseja mi orgullo!
Y habla poco, ¡lo aconseja mi orgullo!
¡Ah, ah!
¿a mí es a quien quieres? ¿a mí?
¿a mí entera?...
¡Ah, ah!
¿Y me martirizas? ¡Loco que eres un loco!
¿Requetemartirizas mi orgullo?
Dame amor, ¿quién me calienta todavía?
¿quién me ama todavía?
dame manos ardientes,
dame un brasero para el corazón,
dame, a la más solitaria,
a la que el hielo, ¡ay!, siete capas de hielo
enseñan a añorar enemigos,
da, sí, entrega,
enemigo el más cruel,
dame ¡a ti!...
¡Se acabó!
Entonces huyo él,
mi único compañero,
mi gran enemigo
¡mi dios verdugo!...
¡No!
¡vuelve!
¡Con todos tus martirios!
Todo el curso de mis lagrimas
discurre hacia ti,
y la última llama de mi corazón
para ti se enardece.
¡Oh, vuelve,
mi dios desconocido! ¡mi dolor!
¡mi última felicidad!...
Un rayo. Dionisyos aparece con esmeraldina belleza.
Dionysos:
Sé juiciosa, Ariadna...
Tienes oreja pequeñas, tienes mis orejas:
¡mete en ellas una palabra juiciosa!
¿No hay que odiarse primero, si se ha de amarse?...
Yo soy tu laberinto...

EPITAFIO POR FRANCOIS VILLON




Yace y duerme en este desván
-con sus flechas lo mató Amor-
un estudiante simple y pobre
que llamaban François Villon.
Nunca tuvo un palmo de tierra.
Sabido es que todo lo dio:
su mesa, su pan, su panera.
Rezad así, cual él pidió:

Versículo o rondel

Dad reposo eterno a este hombre
y eterna claridad, Señor .
Ni un perejil jamás fue suyo
ni saciado se relamió.

Lo afeitaron hasta las cejas
como un nabo que en la olla dio .
Dadle reposo eterno, Dios.

El Rigor lo mandó al exilio
y en el culo lo pateó
mientras él sollozaba: "¡Apelo!"
que no es muy ingeniosa voz.
Dadle reposo eterno, Dios.

martes, octubre 19, 2010

Shhh de MAURO GATICA: REHACER LA POESIA VISUAL por EDUARDO J. FARIAS ALDERETE

La poesía visual siempre necesitará de una introducción antes de cualquier critica o análisis de alguno de sus cultores. Es un arte más antiguo del que parece y no se origina con las vanguardias del siglo XX como podría creerse, por los lazos y similitudes que se tiene con la poesía concreta, el arte correísmo y el collage, pero data de antes de Cristo.

La poesía Visual podríamos definirla como una poesía para ser vista y comprendida por cada uno en su propia interpretación, gráfica e intelectivamente.

En Chile desde Huidobro, Juan Luis Martínez, Eugenio Dittborn, Guillermo Deisler, entre otros han incursionado en esta interesante rama de la poesía.

En Shhh de Mauro Gatica o Gathi-k se muestran esas raíces clásicas de la poesía visual contenidas en maestros de la talla de Deisler, pero incluyendo una frescura contemporánea en que los componentes Icónicos y verbales germinan en conclusiones diversas en los “lectores” de esta obra, me explico, el uso de los espacios y el uso figurativo de las letras nos entregan planos y sentidos diversos, en que, encontramos el del autor al cual contraponemos el nuestro o hallamos una segunda lectura.
A saber:



Gatica se atreve a incluir en la placa del poema visual el título, a modo de una inducción en nuestro modo de ver este cuadro , el espacio y la línea quebrada da la impresión de un abismo y como elementos del colectivo van provocando un debacle general paso a paso , el punto de la i y de la j están fuera de lugar demostrando el uso de la fuerza que no se denota a primera vista pero al ver la posición de la g encontramos el indicio de esta.
La personalidad de la masa fuerza a los individuos a seguir una corriente de pensamiento y acción, a veces nocivas y trágicas.



Dentro de este libro encontramos la ironía gráfica en que se exige un nivel de inteligencia al “lector “ de la misma, el aprovechar la estructura de la letra misma se encuentra a través de las placas de este libro, enriqueciendo el sentido de la composición. La utilización de esas estructuras en un número y forma determinados crea ciertos “retratos” de la realidad, embarcándonos en la fantasía figurativa, basada primordialmente en la disposición del espacio y el arte de la síntesis.



Este es el ejemplo de lo expuesto en el párrafo anterior. Además de crear un bosque de letras, nótese el título un juego de términos en la palabra misma bosquejo – bosque-bosquejo.



En ilera encontramos el juego de sentido al ser la hilera una fila de haches , ausente una de ellas en la palabra que la porta.



Shhh es un libro de poesía visual que tiene alrededor de 80 placas, que vienen a refrescar el ámbito de este arte que algunos consideran parte del diseño gráfico, lo cierto es que siempre formará parte de la poesía al ser un punto de inflexión entre lo icónico y lo poético, así como las letras son parte de la matemática en varias de sus ramas , es natural que las mismas sean parte de la esencia visual de lo pictórico, recordemos que el linde entre el collage como poesía visual, es tenue con respecto al arte pictórico.

Excelente iniciativa de Mauro Gatica de editar este revivir de la Poesía visual.

LA FIEBRE DEL LOTO: QUIÉN QUIERE SER MILLONARIO? por EDUARDO J. FARIAS ALDERETE




Cierto, filas enteras y extensas en los locales de Lotería, las frases “soñar no cuesta nada” “ahora si”, etc. Se escucharán innumerables veces, la miseria , las crisis y el endeudamiento fustiga la espalda de millones de chilenos, todos anhelamos un “futuro esplendor” el no trabajar , vivir de rentas, asegurar el futuro de nuestras generaciones, darse un merecido descanso. Notables y comunes aspiraciones.

La verdad de trasfondo trae aparejada una operación matemática de probabilidades casi infinitas, exagero, pero va al nivel de los millones de posibilidades. Si nos detuviéramos a razonar no intentaríamos luchar contra el azar, el vencerlo y forrarnos de billetes.

Mañana millones despertarán con una frustración momentánea, en algunos casos permanecerá, Julito verá que saco tres aciertos, doña Clara maldecirá entre dientes la mala fortuna de continuar en su pésimo trabajo, algunos maldecirán la suerte de no haber estudiado, otros, la de haber estudiado una carrera poco rentable, los más de haberse titulado en una que prometía pero los contactos fallaron o de plano no existían, quién más o quién menos odiará su existencia a diversos niveles.

Este fenómeno es más profundo aún que el de ver nuestro equipo pierda la punta en la tabla de posiciones o pierda deshonrosamente contra su archirrival, en los putos “clásicos”, en fin, mi abuela doña Rosa Ogalde que alguien la tenga en algún reino por ahí, soñó mil veces ganar un premio de la Lotería en los tiempos en que no existían los concursos con nombres de cuatro letras … la referencia de por qué…ni idea, 4 letras. Murió en diciembre del 79 sin ganar ni "arreglarle" la situación a sus trece hijos, no lo sé, no quiero responderme ante mis anhelos de fortuna, creo de las pocas cosas en que deposito fe, de que todo se gana con trabajo, que nada es gratis y que nada caerá del cielo como dádiva de entes celestiales (ET sin duda).

En estos momentos habrán más “colas” que en la UP, ilusos, desertores, pobres, profesionales, mendigos, empleados de escritorio y otros de pala, abuelas, tías, militares, ateos y devotos, krishnas y mormones, ángeles y demonios en pos de la felicidad.

Chile es un país pintoresco en que las desigualdades sociales están establecidas desde nuestro ADN también nuestra tristeza atávica, nuestra neurosis grave, nuestro dolor de ser pobres. Existen vías distintas de lograr el éxito, perecemos olvidarlas, y nos afiebraremos la próxima vez que se acumule el LOTO y estaremos otra vez, total, soñar no cuesta nada y ahora si, le daremos el palo al gato y tendremos la vida del plantígrado. Seremos felices.

lunes, octubre 18, 2010

MUERTE EN NIZA DE VÍCTOR QUEZADA: EL PRELUDIO A UN FIN por EDUARDO J. FARIAS ALDERETE



En Muerte en Niza nos encontramos de golpe con una atmósfera única. La versificación no es accesible para el lector común, para el amante de la poesía, aquel que le sigue fervorosamente le sueña, le experimenta y vive, halla en este poemario un opus sugerente, compacto , pulcro.

Compuesto estructuralmente por tres corpus entrelazados por una línea “vidente” clara constante, personal. La atmósfera post medieval tiñe la mente del lector, con imágenes de gallardía, firmeza y campos de batalla, pero no los hallamos en los versos, si su sombra en el nombrar de la sangre y en la muerte del equino, fiel compañero, sin embargo, en el segundo de los corpus, nominado como el poemario, encontramos contemplación. El caballero encuentra en la mirada hacia si mismo y hacia el mundo un retrato de ausencias que cala hondo. Da la impresión de ser Garcilaso de la Vega, celebérrimo poeta muerto en Niza en 1536 y acostumbrado a las escenas combativas y combatientes, recordemos sus luchas políticas y militares.

Víctor Quezada parece apelar a esa humanidad del poeta, a esa que no alcanzó a retratarse en sus poemas y nos muestra con vigor, al hombre enfrentándose al espejo de las reconvenciones a plasmar las ausencias, un recuento de las heridas del alma,
siendo el último de los corpus, un delicado epílogo a una existencia llenas de avatares desequilibrantes materializándose así, inteligentemente, una reinvención de escena, no una reconstitución. El sello del poeta se encuentra en la disposición de los elementos dentro de cada verso, así encontramos velado el vértigo de una muerte próxima, la materialización última de la ausencia.

En cuanto a la musicalidad, nos encontramos con un ritmo propio pero que sugiere a los autores españoles del siglo XVI que recuerda a ratos, en una opinión muy personal, a las décimas de Nostradamus.

Muerte en Niza es el plasmar un instante de recogimiento en que un hombre, un poeta, un caballero en este caso. Retazos de memoria imágenes y conclusiones en el lienzo de una hoja en blanco. Obra concisa, pulcra, sugerente.

jueves, octubre 14, 2010

UNA MUJER DE SENOS APACIBLES por CESAR VALLEJO




Una mujer de senos apacibles, ante los que la lengua de la vaca resucita una glándula violenta. Un hombre de templanza, mandibular de genio, apto para marchar de dos a dos con los goznes de los cofres. Un niño está al lado del hombre, llevando por el revés, el derecho animal de la pareja.
¡Oh la palabra del hombre, libre de adjetivos y de adverbios que la mujer decline en su único caso de mujer, aun entre las mil voces de la Capilla Sixtina! ¡Oh la falda de ella, en el punto maternal donde pone el pequeño las manos y juega a los pliegues, haciendo a veces agrandar las pupilas de la madre, como en las sanciones de los confesionarios!
Yo tengo mucho gusto de ver así al Padre, al Hijo y al Espiritu santo, con todos los emblemas e insignias de sus cargos.

EME/A de CLAUDIA APABLAZA: LA LABERINTICA TRISTEZA DE LA NO HISTORIA por EDUARDO J. FARIAS ALDERETE



Así como Ariadna guía a Teseo al Minotauro así Claudia Apablaza nos Guía al centro de la No Historia, una forma abstracta de la historia personal de los deshistoriados, es decir, una historia que a todos y cada uno les compete por la propia forma de vivir, más allá de una cotidianeidad es la historia que forma el mundo humano y que no figura en los libros de historia universal , ni mapas históricos ni enciclopedias, es sin más ni más la historia de nuestras almas en el peor de los terrenos, el más peligroso y a veces más abyecto.

Si bien el amor/desamor nos realiza como personas y nos define como personajes en nuestra propia existencia, no es menos cierto que: es una historia de a dos en cada capítulo, por lo general, una plantilla que se va repitiendo por nuestra propia conducta, ahora, en EME/A se logra a través de una literatura dinámica y sólida, llevarnos por el catastro, por una bitácora de una de esas NO HISTORIA.

No es un intento de relatarnos algo que al parecer no nos llamaría mayormente la atención, es simple y llanamente el planteamiento novelado de una experiencia, relatado en planos que normalmente no entenderíamos si no tuviéramos a mano la capacidad de enajenarnos o abstraernos de nuestras propias NO HISTORIAS.

A mi entender me parece un acto de expiación si esta íntima historia tiene un correlativo con la realidad. La literatura más autentica tiene ese rasgo de catarsis, ese saneamiento ese perdonar y ser perdonado, un entregarse a las fuerzas adversas de la vida sin entregarse por entero porque siempre subyace esa amargura, esa ansias profundas, laberínticas de rechazar la realidad de esa NO HISTORIA.

Firme , pero dúctil, abstracta a ratos pero grácil, muy espiritual pero repleta de una lógica abismante, esta obra es atractiva por si sola desde el primer párrafo, una introducción magnífica, poco a poco vamos acercándonos a EME/A , este minotauro, este ser que no logra ser misterioso porque intuimos, los lectores, que EME/A esta en todo párrafo en cada punto seguido y le vamos imaginando y le visualizamos hasta tener la certeza de quién es , así , un personaje de carne y hueso dentro de las letras, dejamos atrás un mito que la misma narradora se encargo de fomentar.

Se podría entrar en comparaciones o citar a filósofos célebres, algún lingüista, un pensador , escritor , lector , filólogo, etc., pero en este caso sería atentar contra la honestidad de un libro que está embargado en una tristeza que resulta ser el hilo de esta Ariadna narradora, esta suerte de personaje mítico-real del mismo material del que está hecho EME/A, del mismo del que está hecho el crisol de nuestra imaginación.
Altamente recomendable.

viernes, octubre 08, 2010

CONTEMPORANEOS DE JUAN LUIS CASTILLO YUPANQUI por RODRIGO RAMOS BAÑADOS





Contemporáneos

Encima los pendejos son más vivos
No entinden nada de lo que leen
Pero saben lo que hacen
Porque quieren
Porque
Les da sueño
Porque necesitan tanto el afecto como siempre

TODOS

Lo necesitamos
Asi de simple
Y si no
Afírmense los pantalones
Porque se pondrán a cachar como locos
Y serán padres

Y madres

Mientras todo el mundo tratará de atraparlos
Como siempre
Y dirán
;)
O fumarán turri
O estarán tan lejos los unos de los otros como
El mundo ve que alguien está
Lejos
El uno del otro
Y más allá
Hasta que un par
De locos
O un par de locas
Y la mezcla
Con gps
Se ubiquen
Y no importando que chucha
Se abracen de vez en cuándo
Como quien ama al otro
Sin tener idea donde acaba su soledad.







-¿Qué te motiva a escribir este tipo de poemas?
-Estos poemas son bastante automáticos y responden a una síntesis sobre percepciones del momento, o la integración de noticias, investigaciones u observaciones cotidianas.

-¿Consideras que la poesía está obsoleta?
-Para mí la poesía es una muy buena manera de sintetizar en imágenes sensaciones y sentimientos, las comparto con algunas personas y luego intento publicarlas sobre todo en la red. En ese sentido es bastante instrumental, y en ese mismo sentido no estaría obsoleta para mí, lo que sí creo es que los formatos han cambiado y aunque el "modo poético" sigue vigente se trasvasija de otras formas más contemporáneas, no sé si será evolutivo pero no juzgo eso de que la gente ahora no lea, algo hay ahí que aún no se descubre en su totalidad. Lo cierto es que los recitales poéticos no son muy taquilleros o se transforman en un choque de egos muy aburridos, o algunas veces en un espacio histérico donde saciar esa sed de escenario. Aunque, como un buen profesor, los poetas verdaderos comunican lo que escriben y sienten en cualquier escenario y eso se nota cuando la gente guarda un silencio cómplice y respetuoso.


-¿Qué piensas del romanticismo en la poesía?

-Dependiendo de qué poeta, no hay problema, Shelley era romántico y su poema Adonais me gusta mucho. Ahora si te refieres a esos poemas para engrupir minas, no sé, para eso está Luismi o Chayanne, o en su versión más sublime, Arjona. No sé dónde está el límite ahí.


-¿Te gustaría ser reconocido como poeta?
-Me gustaría comunicar, con mi sobrino comparto estos poemas y él me da sus impresiones o escribe algo de vuelta, sin pretensiones, sólo por el hecho de comunicarnos de una manera no tradicional, eso es lo que me interesa en general. Después si algo pasa, bienvenido sea.

jueves, octubre 07, 2010

ALGUIEN HUIRÁ DEL MANICOMIO por EDUARDO J. FARIAS ALDERETE




Allí donde estos locos y nosotros los locos
Afiebrados por las bacterias enajenadas a otro mundo
Le divisamos, le vimos triste y supusimos que aquello en la mesa
era un vaso vacío conteniendo algo enigmático,
la cabeza reclinada sobre la cubierta era un cuadro de Goya
Tal vez…

Se nos dilata el cielo sobre el manicomio, hartos de todos los miedos
Creíamos que el telón estaba bajando cerramos los ojos
Levantamos las narices pensando en el final inminente
le creímos con falso entusiasmo con nuestros relojes colgando del pecho
Torvos mudos y dolidos

Repentinamente se marchó dejando todo detrás
Murmuramos oraciones ofertorios y lloramos por lo bajo
sabiendo que el extravío es extravío
sólo cuando un hombre se abandona a sí mismo…
hierro candente, bailamos como hormigas,
entonamos un cántico
Algo más alto que un susurro

Se marchó como si el océano le reclamase su falta de mujer
Como si el cielo le escupiere a la cara mañana a mañana su incapacidad
de mantener un pie en el suelo ,
Como si la tierra donde nació , asqueada le expulsara a la nada
Los locos quedamos inertes boca arriba como tortugas moribundas

Continuamos con las manos palmas arriba aguardando lluvia
Los ojos vacíos
El pecho abierto
El alma sin Dios
Y una morada en el fondo del recuerdo

martes, octubre 05, 2010

SOLO LOCO! SOLO POETA! por FRIEDRICH NIETZSCHE





Cuando la luz se va desvaneciendo
cuando ya el consuelo del rocío
se filtra en la tierra
invisible, inaudible
-pues delicado calzado lleva
el consolador rocío, como todo dulce consuelo-
entonces recuerdas, recuerdas tu, ardiente corazón
cuan sediento estuviste
de celestiales lágrimas y gotas de rocío,
abrasado, cansado, sediento,
mientras en sendas de amarilla hierba
malignas miradas del sol crepuscular
por entre negros árboles en torno a ti corrían,
deslumbrantes, malintencionadas, abrasadoras miradas del sol.

“¿Tú el pretendiente de la verdad?" -así se mofaban-.
-¡no!- sólo un poeta!
un animal astuto, saqueador, rastrero,
que ha de mentir,
que premeditadamente, intencionadamente,
ha de mentir
multicolor larvado,
larva el mismo,
presa el mismo,
¿es eso el pretendiente de la verdad?...

Sólo loco! Sólo poeta!
Solo un multicolor parloteo
multicolor parloteo de larvas de loco
trepando por mendaces puentes de palabras
sobre un arco iris de mentiras
entre falsos cielos
deslizándose y divagando.
¡sólo loco! ¡sólo poeta!

¿Es eso el pretendiente de la verdad?

No inmóvil, rígido, liso, frío,
convertido en estatua,
pilar de dios;
no erigido ante templos
atalaya de dios:
¡no! Hostil eres a tales modelos de virtud,
mas recogido estas en el desierto que en los templos,
audaz como los gatos
saltas por todas las ventanas
y en toda ocasión
husmeas la selva virgen
tu que por selvas vírgenes
entre fieras de coloreados pelajes
pecadoramente sano y bello y multicolor corrías,
con lascivos belfos,
feliz con el escarnio, feliz en el infierno, feliz y sanguinario,
ladrón furtivo, mentiroso corrías...

O semejante al águila
que fija su mirada largo tiempo en los abismos
en sus abismos...
oh, girar como ella
hacia abajo, hacia el fondo, hacia adentro,
hacia cada vez más profundas profundidades!

Y entonces
de repente
vuelo vertical
trazo precipitado
caer sobre corderos
hacia abajo, voraz,
ávido de corderos,
odiando toda alma de corderos,
odiando rabiosamente todo lo que parezca
virtuoso, borreguil, de rizada lana,
necio, satisfecho con leche de oveja...

Así, aguileñas, leopardinas,
son las añoranzas del poeta,
son tus añoranzas entre miles de larvas,
¡tú, loco!, ¡tú, poeta!

Tú que al hombre consideras
tanto dios como oveja
al dios desgarrar en el hombre
como a la oveja en el hombre
y desgarrando reír
En esto consiste tu felicidad!
felicidad leopardina y aguileña
felicidad de loco y de poeta!"

Cuando la luz se va desvaneciendo
y la hoz de la luna
ya se desliza verde y envidiosa
entre rojos purpúreos
-enemiga del día
y sigilosamente a cada paso
las guirnaldas de rosas
siega, hasta que se hunden
pálidas en la noche:

así caí yo mismo alguna vez
desde mi desvarío de verdad
desde mis añoranzas de día
cansado del día, enfermo de luz
caí hacia abajo, hacia la noche, hacia las sombras,
abrasado y sediento
de una verdad.

¿recuerdas aún, recuerdas tú, ardiente corazón,
que sediento estuviste?
¡sea yo desterrado
de toda verdad!
¡Sólo loco! ¡Sólo poeta!

ALMUERZO EN EL MERCADO MUNICIPAL DE ANTOFAGASTA POR Rodrigo Ramos





El proceso de transculturización consecuencia de la inmigración latinoamericana hacia nuestra ciudad se puede oler y degustar después del mediodía en el mercado.
La gastronomía popular, por suerte, ha absorbido como una esponja una serie de ingredientes y condimentos nuevos. El ají nomoto (para el arroz) y el sillao fue los primeros. Ambos provenientes de Perú y muy utilizados en la cocina iquiqueña, cuyo centro de operaciones ubiquémoslo en el restorán Wagón, en Thompson con Souper.
Una línea también para el morrocotudo y picante, ají rocoto o locoto.
Estos productos con excelente resultado se han integrado a nuestras cazuelas, charquicanes, pantrucas y estofados.
El mercado y su abanico de restoranes a diario presentan un variado menú a precio económico. Nunca se paga más de 2 mil 500 pesos por persona. Los menús parten con una sopa que varía desde cazuela, marinera, ajiaco y pantrucas, y un segundo, cuya gama siempre es amplia, entre carne o pollo arverjado, pescado frito, fideos con salsa y el producto estrella: lomo saltado. Este último plato es propio de la gastronomía peruana, y desde hace rato es uno de los más consumidos en el mercado.
La experiencia con el lomo saltado varía entre los locales. A destacar el lomo saltado del restorán “Lucerito”. Todos los ingredientes con el corte preciso se integran bastante bien.
La cazuela es otro producto donde se percibe la calidad de las cocinerías. No es tan simple echar verduras y papas al agua caliente. A destacar “las viejas tetonas” –así es el nombre- que siempre da un cocimiento redondo especialmente a la papa cocida.
Para redondear, un dato importante, la mayoría de los locales son atendidos desde la cocina hasta la puerta por extranjeras, entre colombianas, peruanas y una que otra ecuatoriana. Esto de alguna manera cierra la boca a los prejuicios, que creen que las extranjeras sólo trabajan a lo largo de calle Condell.
Vale la pena ir a almorzar bajo el hule del mercado tanto por la ecuación calidad y economía, y porque hoy es la “punta del iceberg” de la transculturización en Antofagasta.

viernes, octubre 01, 2010

ALGUNOS PROVERBIOS DEL INFIERNO por WILLIAM BLAKE






The road of excess leads to the palace of wisdom. El camino del exceso lleva al palacio del saber.

A fool sees not the same tree that a wise man sees. El necio no ve el mismo árbol que ve el sabio.

A dead body revenges not injuries. Un cuerpo muerto no venga injurias.

The most sublime act is to set another before you.
Tu acto más sublime es poner a otro delante de tí.

If the fool persist in his folly he would become wise.
Si el necio persistiera en su necedad, se tornaría sabio.

The nakedness of the woman is the work of God.
La desnudez de la mujer es obra de Dios.

He who has suffer'd you to impose on him, knows you.
Quien ha soportado que abuses de él, te conoce bien.

Damn braces. Bless relaxes.
La maldición vigoriza; la bendición relaja.

Sooner murder an infant in its cradle than nurse unacted desires.
Antes asesina a un niño en su cuna que nutras deseos que no realices.

LA DESAPARICION DE UNA FAMILIA por JUAN LUIS MARTINEZ




1.- Antes que su hija de 5 años
se extraviara entre el comedor y la cocina
él le había advertido: "-Esta casa no es grande ni pequeña,
pero al menor descuido se borrarán las señales de ruta
y de ésta vida al fin, habrás perdido toda esperanza"



2.- Antes que su hijo de 10 años se extraviara
entre la sala de baño y el cuarto de los juguetes,
él le había advertido: "-Esta, la casa en que vives,
no es ancha ni delgada: sólo delgada como un cabello
y ancha tal vez como la aurora,
pero al menor descuido olvidarás las señales de ruta
y de esta vida al fin, habrás perdido toda esperanza".




3.- Antes que "Musch" y "Gurba", los gatos de la casa,
desaparecieran en el living
entre unos almohadones y un Buddha de porcelana,
él les había advertido:
"-Esta casa que hemos compartido durante tantos años
es bajita como el suelo y tan alta o más que el cielo,
pero, estad vigilantes
porque al menor descuido confundiréis las señales de ruta
y de esta vida al fin, habréis perdido toda esperanza".



4.- Antes que "Sogol", su pequeño fox-terrier, desapareciera
en el séptimo peldaño de la escalera hacia el 2º piso,
él le había dicho: "-Cuidado viejo camarada mío,
por las ventanas de esta casa entra el tiempo,
por las puertas sale el espacio;
al menor descuido ya no escucharás las señales de ruta
y de esta vida al fin, habrás perdido toda esperanza".



5.- Ese último día, antes que él mismo se extraviara
entre el desayuno y la hora del té,
advirtió para sus adentros:
"-Ahora que el tiempo se ha muerto
y el espacio agoniza en la cama de mi mujer,
desearía decir a los próximos que vienen,
que en esta casa miserable
nunca hubo ruta ni señal alguna
y de esta vida al fin, he perdido toda esperanza".

CONVERSACION CON EL INSPECTOR FISCAL SOBRE LA POESIA por VLADIMIR MAIAKOVSKI



Camarada inspector:
Perdone la molestia.
Gracias…
Estoy bien así, de pie…
Vengo a tratar
De un asunto delicado:
Al igual que los que poseen
Fincas y tiendas,
He sido gravado
Y debo pagar.
Usted me exige
Quinientos por semestre
Y veinticinco
Por no declarar.
Ahora bien, mi trabajo es semejante
A cualquier otro.
Vea usted mis pérdidas
Los costes de mi producción
Y la suma que invierto en utensilios.
Usted, por supuesto,
Sabe qué es una rima.
Por ejemplo,
Si el primer verso
Termina en “anca”
Pondremos en el tercero repitiendo esas sílabas,
Algo así como “blanca”.
Para usar su propio lenguaje
Digamos que la rima
Es un cheque
Cóbrese el verso alternado
-dice el reglamento
Y buscas la calderilla de sufijos y declinaciones
En la pobre caja de las conjugaciones
Tratas de meter una palabra en la estrofa
Y si no entra
La fuerzas y entonces la rompes.
Camarada inspector
Créame usted,
El poeta
Paga muy caras las palabras
Para usar nuestro lenguaje
Diré que la rima es un barril,
Un barril de dinamita
La estrofa es la mecha.
Cuando la estrofa se consume,
Estalla la rima
Y la ciudad vuela como un verso
Pero ¿dónde encontrar
A qué precio,
Rimas que maten al primer estallido?
Supongamos que sólo queden
Unas cinco rimas
Sin estrenar en Venezuela.
Emprendo el viaje
Tras endeudarme y cobrar anticipos.
Camarada, tenga usted presente
Que el billete es de ida.
-La poesía es un viaje a lo desconocido
La poesía es como la extracción del radio.
Un solo gramo
Cuesta un año de trabajos.
Para encontrar la palabra precisa
Transformas
Miles de toneladas de mineral verbal.
Pero ¡qué abrasador
Es el calor de esas palabras
Comparadas con el chisporroteo
De la palabra cruda!
Esas palabras mueven
Millones de corazones
Durante miles de años.
Por supuesto,
Hay diferencias entre los poetas.
Hay quienes, por ejemplo,
Diestros de manos
Se sacan el verso de la boca,
De la boca propia
Y de la ajena.
¿Y para qué hablar
De los castrados líricos?
Esos escriben un verso ajeno
Y se vanaglorian.
Es otro robo y despilfarro
Entre los tantos que sufre el país
Estos versos y odas
Del presente,
Los mismos que el público
Aplaude a rabiar
Pasarán a la historia
Como gastos secundarios
De lo hecho por nosotros
Por unos pocos.
Te comes doce kilos de sal
Y fumas un centenar de cigarrillos
Hasta extraer
La palabra preciosa
De las profundidades
De la humanidad
Por todo eso le pido
Que rebaje el impuesto.
Quite del total
La rueda de un cero
Uno noventa cien cigarrillos
Uno setenta la sal
En el formulario que me ha enviado
Hay muchas preguntas:
-Ha viajado
O no ha viajado?
Y en caso que en los últimos 15 años
Haya reventado
Una docena de Pegasos,
¿qué pasará?
Usted –póngase en mi caso-
Pregunta si tengo
Criados y bienes.
¿Y si yo fuese
Un líder popular
Y criado del pueblo?
La clase la expresamos
Con nuestras palabras:
Somos proletarios,
Propulsores de la pluma
La máquina del alma
Se desgasta con los años
Le dicen a uno:
-está superado, fuera.
Cada vez amas menos,
Te arriesgas menos
Y el embate del tiempo
Castiga tu frente.
Así llega
El más terrible de los desgastes,
El desgaste del corazón y de la mente.
Y cuando este sol
Se levante sobre el futuro
Sin pobres ni tullidos.
Yo ya estaré podrido
Muerto en la zanja,
Junto a una decena de mis colegas.
Haga pues
Mi balance funerario.
Le aseguro a usted –y no miento-
Que entre los actuales
Canallas y trepadores,
Seré el único
Con deudas impagables.
Nuestro deber
Es hacernos oír
Como sirena de bronce
Entre la bruma de los filisteos
Entre el ruido de los truenos
El poeta
Siempre es deudor del universo
Y por el dolor
Paga intereses y multas.
Soy deudor
De los faroles de Broadway
De los cielos de Bagdad
Del ejército rojo
De los cerezos del Japón
De todo sobre lo que no
Escribí.
Al fin de cuentas
¿para que necesito tanto?
¿Para disparar rimas
Y enfurecer con el ritmo?
Camarada Burócrata:
La palabra del poeta
Es su resurrección,
Su inmortalidad.
Dentro de unos siglos
Leerán el verso
Y resucitarán el tiempo.
Y Entonces
Habrá inspectores Fiscales
Brillantes de asombro
Y con hedor a tinta.
Usted, ciudadano convencido
Del presente
Vaya al Comisariado de caminos
Y saque un billete
Para la eternidad
Haga la cuenta
De lo que darán mis versos
Y distribuya mis ganancias
En trescientos años.
Pero la paciencia del poeta
No reside solamente
En que gracias a él
Le recuerdan a usted y se sobresalten
No
Hoy la rima es también
Lema
Bayoneta y látigo.
Camarada inspector,
Pagaré cinco,
Quitando los ceros
Que están detrás
Tengo derecho que me consideren
A reclamar un sitio
En las filas de los obreros
Y campesinos más `pobres.
Y si piensan ustedes que mi trabajo
Consiste en utilizar
Palabras ajenas, no hay problema:
Aquí está, camaradas,
Mi estilográfica:
Escribid,
Si queréis
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