martes, noviembre 26, 2013

VARIACIONES SOBRE LA MAÑANA por TAHAR BEN JELUN


1. quisiera decirte todo cuanto llevo dentro
y atravesar la ciudad sin cortar el sol
conocer tu paso inicial
3 Gracias, en árabe.
y clasificarlo en el archivo de los signos.
2. me resulta más fácil releer la ruptura del tiempo
a través de una ternura
que acumular sentimientos en la nada.
3. la única ráfaga en la memoria es la
transparencia del cuerpo dispersando en el
cielo que se levanta sobre los muertos.
4. inmaculada tu palabra que se adelanta al tiempo de
una muerte roja en el ocaso de todos los soles
el tiempo de la espuma levanta tu soledad
cuento tus regresos
con la cara pegada a la baldosa de las cosas.
5. pedí al enigma que tatuara una ciudad
entre las líneas de la mano y erigiera la piedra
contra el destino ciego
pero vi que el ojo-fugaz se posó y maltrató al
sol al término del itinerario lácteo de tu mirada
la mano se cerró en un diminuto y extraviado
destello.
6. nácar y oro la ausencia
el velo carmesí sobre frente y máscara abiertos
la duna arregla la mano
el alba.
7. y cayó
con el corazón lleno de desierto
al principio la piedra no era angular
se volvió sagrada porque una mano la
rozó
en cuanto al Libro
creaba el mar y entornaba los ojos
al día siguiente la grieta se abrió camino en la
espalda del tuberculoso
el ojo posó para la posteridad
vuelvo a levantarme
multiplico los desiertos/
espejismos recluidos
confundidos con el astro inútil
es el Sur/
la ausencia
y la ilusión nula.
8. si el astro mirón asciende del pozo
verifica qué leyenda lo alimentó
y si llama a tu puerta
no abras tu rostro
entre tú y él
tu mano
sólo tu mano puede detener al espectro
y penetrar el mal
con el ojo cerrado a la muerte.
9. cada mano es una soledad desgastada
pálida la caricia amovible en la inquietud
detectada a espaldas de la vergüenza tragada
el miedo hiere nuestra memoria.
10. erguido el éxtasis de una mano que la lepra
arrancó del cuerpo
devuelta al mundo
anémona
signo
y rechazo del tiempo.
11. en mi cabeza
en nuestra cabeza
un caballo levanta viento
en mi cabeza
risa sinónima
pero mi cabeza se desplazó
la palabra desmiente la figura desparramada
desde que dejé de habitar una camella me
pierdo
vocifero y extiendo la mano
cuando se agachan clavo un puñal en
la espalda
justo entre la quinta y la sexta vértebra
(cuestión de costumbre)
pero vuelven a nacer
es cuento de nunca acabar
la tierra se escurre bajo vuestros cuerpos y
permanecéis suspendidos
con el ano en forma de trompa
cerráis los ojos y posáis la mano en la
frente de las nubes.
12. no resta nada que llevarse
los recuerdos se quedan pasmados frente a la
[navaja
los árboles perdieron toda función sistemática
las flores ya no son de papel
el destino se ahoga en el estanque de la mano
[cinco
estrellas vieja
13. locura sin idioma
y se me entrega en fría mesa
abro mi vientre:
números
avispas
y una luna de acero.


TOQUE DE QUEDA por PAUL ELUARD


Qué íbamos hacer, la puerta estaba bajo guardia
Qué íbamos hacer, estábamos encerrados
Qué íbamos hacer, la calle habían cerrado
Qué íbamos hacer, la ciudad estaba bajo custodia
Qué íbamos hacer, ella estaba hambrienta
Qué íbamos hacer, estábamos desarmados
Qué íbamos hacer, al caer la noche desierta

Qué íbamos hacer, teníamos que amarnos. 

EL FUSILADO por JACQUES PRÉVERT


Las flores los jardines las fuentes las sonrisas
Y la alegría de vivir
Un hombre está caído y bañado en su sangre
Los recuerdos las flores las fuentes los jardines
Los sueños infantiles
Un hombre está caído como un bulto sangriento
Las flores las fuentes los jardines los recuerdos
Y la alegría de vivir
Un hombre está caído como un niño dormido.

SOL Y CARNE por ARTHUR RIMBAUD


I
El sol, hogar de vida radiante de ternura,
vierte su ardiente amor sobre el mundo extasiado;
y cuando nos tumbamos en el valle, sentimos
que la tierra es doncella rebosante de sangre;
que su inmenso regazo, henchido por un alma,
es de amor, como Dios, de carne, como una hembra
y que encierra, preñada de savias y de luces,
el hervidero inmenso de todos los embriones
Todo crece, pujante.
¡Oh Venus, oh diosa!
Añoro aquellos días, cuando el mundo era joven,
con sátiros lascivos, con selváticos faunos,
con dioses que mordían, en amor, la enramada,
besando entre ninfeas a la Ninfa dorada.
Añoro aquellos días, cuando la savia cósmica,
el agua de los ríos y la sangre rosada
de los árboles verdes, en las venas de Pan
encerraba tremante un mundo, y que la tierra,
bajo su pie de cabra, lozana palpitaba;
cuando, al besar, suave, su labio la siringa,
tocaba bajo el cielo el gran himno de amor;
cuando en medio del campo, oía, en tomo a él,
la respuesta, a su voz, de la Naturaleza;
cuando el árbol callado que acuna el son del ave,
y la tierra que acuna al hombre, y el Océano
azul, inmensamente, y todo lo creado,
animales y plantas, amaba, amaba en Dios.
Añoro aquellos días de Cibeles, la grande,
que recorría, cuentan, enormemente  bella,
en su carro de bronce, ciudades deslumbrantes:
sus senos derramaban, gemelos, por doquier
el arroyo purísimo de la vida infinita;
y el hombre succionaba, dichoso, la ubre santa,
como un niño pequeño que juega en su regazo.
––Y el Hombre, por ser fuerte, era casto y afable.
Por desgracia, ahora dice: ya sé todas las cosas;
y va, avanzando a ciegas, sin oír, sin mirar.
––¡Así pues, ya no hay dioses! ¡Ya sólo el Hombre es Rey,
sólo él Dios! ¡Pero Amor es la única Fe ... !
¡Si el hombre aún bebiera de tus ubres, Cibeles,
gran madre de los dioses y de todos los hombres,
si no hubiera olvidado la inmortal Astarté,
que antaño, al emerger en el fulgor inmenso
del mar, cáliz de carne que la ola perfuma,
mostró su ombligo rosa, donde la espuma nieva,
e hizo cantar, Diosa de ojos negros triunfales,
el roncal en el bosque y en el pecho el amor!
II
¡Creo en ti, creo en ti! Divinidad materna,
¡Afrodita marina! ––Pues, el camino es áspero
desde que el otro Dios nos unció a su cruz;
¡Came, Flor, Mármol, Venus, es en ti en quien creo!
. ––El Hombre es triste y feo, triste bajo los cielos;
y ahora anda vestido, ahora que no es casto,
pues ensució su busto orgulloso de dios
y se ha ido encogiendo, cual ídolo en la hoguera,
al dar su cuerpo olímpico a sucias servidumbres;
incluso, tras la muerte, quiere vivir, burlando
con pálido esqueleto su belleza primera.
––Y el ídolo al que diste tanta virginidad,
alzando a lo divino nuestra arcilla, la Hembra,
con vistas a que el Hombre alumbrara su alma,
subiendo lentamente, en un amor inmenso,
de la cárcel terrestre al día, en su belleza,
la Hembra, ¡ya ni sabe ser simple cortesana!.
––¡Qué broma tan pesada! ¡y el mundo ríe estúpido
al oírte nombrar, dulce, sacra y gran Venus!
III
¡Si el tiempo retomara, el tiempo que ya fue...!
––¡El Hombre está acabado, se acabó su teatro!
Y un día, a plena luz, harto de romper ídolos,
libre renacerá, libre de tantos dioses,
buceando en los cielos, pues pertenece al cielo.
¡El Ideal, eterno pensamiento invencible,
ese dios que se agita en la camal arcilla,
subirá, subirá, y arderá en su cabeza!
Y, cuando lo sorprendas mirando el horizonte,
libre de viejos yugos que desprecia sin miedos,
vendrás a concederle la santa Redención
––Espléndida, radiante, del seno de los mares
nacerás, derramando por el vasto Universo
el Amor infinito en su infinita risa:
el Mundo vibrará como una lira inmensa
en el temblor sin límites de un beso repetido.
––El Mundo está sediento de Amor: aplácalo.
[¡Libre, el hombre levanta, altiva, su cabeza!
¡Y, raudo, el rayo prístino de la primer belleza
da vida al dios que late en el altar de carne!
Dichoso en su presente, pálido en su recuerdo,
el hombre quiere ahondar, ––y saber. ¡La Razón,
tanto tiempo oprimida en sus maquinaciones,
salta de su cerebro! ––¡Ella sabrá el Porqué!...
¡Que brinque libre y ágil: y el Hombre tendrá Fe!
¿Por qué es mudo el azur e insondable el espacio?
¿Por qué los astros de oro que hierven como arena?
Si subiéramos más y más, allá arriba ¿qué habría?
¿Existe algún Pastor de este inmenso ganado
de mundos trashumantes por el horrible espacio?
Y estos mundos que el éter abraza inmensamente
¿vibran, acaso, al son de una llamada eterna?
––¿El Hombre puede ver? ¿y decir: creo, creo?
¿La voz del pensamiento va más allá del sueño?
Si en el nacer es raudo, si su vida es tan corta
¿de dónde viene el Hombre? ¿se abisma en el Océano
profundo de los gérmenes, los Fetos, los Embriones,
en el Crisol sin fondo del que la Madre cósmica
lo resucitará, criatura que vive,
para amar en la rosa y crecer en los trigos?....
¡No podemos saberlo! ––¡Estamos agobiados
por un oscuro manto de ignorancia y quimeras!
¡Farsas de hombre, caídos de las vulvas maternas,
nuestra razón, tan pálida, nos vela el infinito!
¡Si queremos mirar, la Duda nos castiga!
La duda, triste pájaro, nos hiere con sus alas!...
––¡Y en una huida eterna huyen los horizontes!94.
.....................................................................
¡Ancho se entreabre el cielo! ¡Los misterios han muerto
ante el Hombre, de pie, que se cruza de brazos,
fuerte, en el esplendor de la naturaleza!
Si canta... el bosque canta, y el río rumorea
un cántico radiante que brota hacia la luz!...

––¡Llegó la Redención! ¡Amor, amor, Amor!...].

MAGIA por PIERRE JEAN JOUVE


Tú eres mi dolor mi miedo mi amor
Oh imaginación
Eres tú mi verdugo oh libro en el que yo traduje
Montaña río pájaro
Mi miseria eres tú oh confesión.
Así hablaba el poeta decaído
Desgarrando su libro en el medio de ciudades humanas
Pero su otra voz colmada de un murmullo de sauces
Respondiole
Oh desgraciado libro oh poema fallido
Error error siempre será de aquel que aún no logró
hacerlo.
Oh tú mi último bastión mi fortaleza
Contra el ejército de infieles
Afuera sólo hay ruinas y adentro tú mi lugar mi sagrado
recinto.
¿Habría el Demonio errado de verdad en todo lo que quiso?
Y qué es aquello que el Demonio quiere—
Un libro
Respondía su voz a la que un antiguo ciprés solar
iluminaba,
El tuyo el mío o el otro,
Los que fueron escritos por dictado.
Y los pájaros cantaron muchas veces en el cielo.
Y he aquí que el poeta otra vez esclarecido
Recogió los fragmentos del libro, se hizo ciego de
nuevo e invisible
Se quedó sin familia, escribió la palabra la primera
palabra del libro.

The Mission - Swan Song (LA LUZ MAS BRILLANTE)

The Mission Swan song (CANCION CISNE) Bristol 2013

domingo, noviembre 24, 2013

1. SOBRE LA POESÍA por RENE CHAR


XXX
El poema es el amor realizado del deseo permaneciendo deseo.
XLII
Ser poeta es tener apetito de un desasosiego cuya realización, entre los remolinos de todas las cosas exis-tentes y presentidas, provoca, en el momento de darse, la felicidad.
XLIV
El poema da y recibe de su muchedumbre el paso total del poeta expatriándose de su confinamiento. Detrás de esta persiana de sangre quema el grito de una fuerza que se destruirá por sí misma porque le horroriza la fuerza, su hermana subjetiva y estéril.
XLIX
A cada derrumbe de las pruebas el poeta responde con una salva de porvenir.
98
La línea de vuelo del poema: Debería ser sensible a cualquiera.
La poesía se atreve a decir en la modestia lo que nin-guna otra voz se atreve a confiar al sanguinario
Tiempo. Ayuda también al instinto en perdición. En este movimiento, adviene que un vocablo desnudado se dé vuelta en el viento de la palabra.

Algunos días no hay que temer nombrar las cosas imposibles de describir.
Las acciones del poeta no son sino la consecuencia de los enigmas de la poesía.
El poeta se destaca por la cantidad de páginas insignificantes que no escribe. Tiene todas las calles de la vida olvidadiza para distribuir sus medianas limosnas y escupir la sangre de la que no muere.
Si las patatas no se reproducen ya en la tierra, encima de esta tierra bailaremos. Es nuestro derecho y nuestra frivolidad.
La experiencia que la vida niega es la que el poeta prefiere.
El poeta debe golpear sin miramientos su águila como su rana si no quiere arruinar su lucidez.
En poesía, convertirse es reconciliar. El poeta no dice la verdad, la vive; viviéndola, se vuelve mentiroso. Paradoja de las Musas: justeza del poema.

REAPARICIÓN POÉTICA DE ROMA por PIER PAOLO PASOLINI


Dios, qué significa ese sudario silencioso
que ondula sobre el horizonte…
ese ventisquero de moho —rosa
de sangre aquí— desde las faldas de los montes
hasta las ciegas encrespaduras del mar…
aquella cabalgata de llamas sepultadas
en la niebla, que hace confundir el llano
que va de Vetralla a Circeo con un pantano
africano que exhala un anaranjado
mortal… Es velamen de bostezantes y sucias
brumas enroscadas en pálidas
venas, incendiadas líneas,
ganglios en llamas: allá donde los valles
del Apenino, entre diques de cielo,
desembocan en el Agro vaporoso
y en el mar: pero —casi arcas o espigas
en el mar, en el negro mar granuloso—
la Cerdeña o la Cataluña
ardiendo por siglos en un grandioso
incendio sobre el agua que las sueña
más que reflejarlas, resbalando,
parece que acabaron por lanzar toda
su madera aún ardiente, toda cándida
brasa de ciudad o cabaña devorada
por el fuego, hasta palidecer en estas landas
de nubes sobre el Lazio.
Pero ya todo es humo, y os asombraríais
si, dentro de los escombros del incendio,
oyéranse reclamos de frescos
niños desde los establos o magníficos
tañidos de campana retumbando de hacienda
en hacienda, por los abruptos atajos
desolados que se vislumbran desde la calle
Salaria —como suspendida en el cielo—
a lo largo de ese fuego melancólico
perdido en un gigantesco desmoronamiento.
Ahora su furia se desangra y palidece
infundiéndole mayores ansias al misterio
allá donde —bajo esas polvaredas
flameantes, casi un empíreo sudario—
empolla Roma sus barrios invisibles.

ESCUELA DE SORDOS por TED HUGHES


Los niños sordos eran ágiles monos, peces trémulos y
súbitos.
Tenían caras alertas y simples
Como caras de animalitos, pequeños lémures
nocturnos en la luz de la linterna.
Les faltaba una dimensión,
Les faltaba una sutil aura oscilante de sonido y
respuestas al sonido.
Todo el cuerpo era ajeno
A la vibración del aire, vivían por los ojos.
La clara mirada simple, la plena atención instantánea.
Sus seres no estaban trenzados en una voz
Trenzada a su vez en una cara
Oyéndose a sí misma, su propio público y auditorio,
Aparición camuflada, aseveración en duda –
Sus seres se escondían, y sus caras asomaban del
escondite.
Con lo que hablaban era una máquina,
Una manipulación de dedos, un tablero de control de
gestos
Allá afuera en el espacio extraño
Apartado de ellos –
Sus caras sin usar eran simples lentes de vigilancia
Simples charcos de candorosa vigilancia
Sus cuerpos eran como sus manos
Más ágiles que cuerpos, como los martinetes de un
piano,
Una viveza de marioneta, una simple acción mecánica
Una vaguedad de jeroglifo
Una estilizada escritura
Deletreando señales aproximadas
Mientras el ser atisbaba tras la cara del simple
encubrimiento,

Una cara no meramente sorda, una cara en la
oscuridad, una cara no apercibida,
Una cara que era simplemente la piel frontal del ser,
encubierto y aparte.

MI SUEÑO FAMILIAR por PAUL VERLAINE


Tengo a veces un sueño penetrante
De una mujer desconocida a la que amo y que me ama
Y que no es, cada vez, en absoluto la misma
Ni es otra, y me ama y me comprende.
Porque ella me comprende, y mi corazón transparente
Para ella sola, ¡ay!, cesa de ser un problema
Para ella sola, y los sudores de mi frente pálida
Ella sola los sabe refrescar, llorando.
¿Es morena, rubia o pelirroja? Lo ignoro
¿Su nombre? Recuerdo que es dulce y sonoro
Como los de los amados que la vida exilia.
Su mirada es parecida a la mirada de las estatuas
Y, en su voz, lejana, calma y grave, tiene
La inflexión de las voces queridas que se han matado.

CARTAS A UNA DESCONOCIDA por NICANOR PARRA


Cuando pasen los años, cuando pasen
los años y el aire haya cavado un foso
entre tu alma y la mía; cuando pasen los años
y yo sólo sea un hombre que amó,
un ser que se detuvo un instante frente a tus labios,
un pobre hombre cansado de andar por los jardines,
¿dónde estarás tú? ¡Dónde
estarás, oh hija de mis besos!

EL HOMBRE EN EL POZO por NOE JITRIK




Me saco de la ciénaga
con una mano;
vuelvo a caer, me tiro del cuello
con una mano:
un canturreo de pájaros me enloquece
mis pasos en el barro son
campanadas
para mis hijos;
vastas mujeres ardientes reaparecen
vuelvo a caer, me tiro del cuello
con una mano.

SUBURBIOS por NOE JITRIK


Metida en sus sombras la noche sonríe
como un drogado confuso
que no ha encontrado un taxi para regresar.
Tras las ventanas iluminadas alguien vive.
Tras las luces de altas paredes alguien espera
el día de la libertad.
Las calles de la noche devoran a los imprudentes
que creen en el sueño como en una recompensa.
La muerte me lanza requiebros, me corteja,
con su cuello de ánfora me rodea,
me acaricia con su mirada de espuma,
pero yo no puedo, nunca desearé esa oscura carne.



SOY GONG por GONZALO MILLAN



En el canto de mi cólera hay un huevo,
Y en ese huevo está mi madre, mi padre y mis hijos,
Y en todo eso hay alegría y tristeza mezcladas, y vida.
Intensas tormentas que me han socorrido,
Hermoso sol que me contrariaste,
Hay odio en mí, fuerte y de antigua data,
Y ya decidiremos después sobre la belleza.
En efecto, no me volví duro sino por láminas;
Si supieran cuán blando he quedado en el fondo.
Soy gong y guata y canto nevado,
Lo digo y estoy seguro.


LA CARA DE DIOS por GONZALO MILLAN



En una mano la piedra
negra y enmantequillada,
destellante en los dedos
del infante idólatra;
mordido, menospreciado,
el pan en la otra mano.






EN EL GRAN MAR por THOMAS HARRIS


Un gran mar en calma.
Este film es en blanco y negro.
Un inmenso mar en calma.
La cámara sigue el penetrar de una ola en otra,
mansas.
Un gran mar en calma.
Sólo un madero en cruz sobrenada este mar.
Nosotros somos 7 asidos al madero
que tiene la forma de la cruz.
La cámara se vara en el penetrar de una ola

en otra.

Franz Ferdinand - Take Me Out

Nine Inch Nails Closer 1080p YouTube

BESTIARIO SIN NOMBRE por JEAN ARP



El elefante esta enamorado del milimetro
el caracol esta orgulloso
bajo su sombrero de oro
su cuero esta tranquilo
como una risa de flora
lleva su fusil de gelatina

el aguila tien gestos de vacio presunto
su ubre esta llena de relámpagos

el leon lleva unos bigotes
de puro gotico flamígero
y zapatos palidos y purgados
como un recluta
despues de una derrota de luna

la langosta desciende del mástil
cambia su caña por una batuta
y sube con su bastón
a lo largo del tronco del árbol

la mosca con una mirada rugiente
descansa su nariz sobre un surtidor

la vaca toma el camino del pergamino
que se pierde en una libra de carne
cada pelo de este libro
pesa una libra

la serpiente salta entre picoteo y picoteo
en torno a las cubetas de amor
llenas de corazones atravesados de flechas

la mariposa disecada
se convierte en mamariposa disesecada
la mamariposa disesecada
se convierte en granmamariposa grandisesecada

el ruiseñor hermano de la esfinge
riega los estomagos los corazones los cerebros las tripas
es decir los lises las rosas los claveles las lilas

la pulga lleva su pie derecho
detras de su oreja izquierda
y su mano izquierda
a su mano derecha
y salta sobre su pie izquierdo
por encima de su oreja derecha


MAS BELLA QUE LAS LAGRIMAS por LOUIS ARAGON



Mi respiro perturba la vida a cierta gente:
como vago reproche los mantiene despiertos;
tal vez porque mi canto cual un cobre estridente
pudiera despertar con su clangor los muertos.

Ah! si os hiere mi verso con su tonada bélica
-rugir que a vuestro oído no queréis que se acerque-
es que en el arpa el treno mató la voz angélica
y resurgen los ecos pávidos de Dunkerque.

Verdad: en recordarlo mi mal gusto compendio...
Así somos algunos: en sus cuerpos quizás
perduran los mordiscos del infernal incendio
que los faros del Norte contemplaran jamás.

Si te nombro, Amor mío, burla y odio concitas;
si alabo el sol, vosotros el invernal derroche;
decís que en mi pradera sobran las margarita,
azules en mi cielo y estrellas en mi noche.

Buscáis en mis palabras a ver qué se descubre,
como fino escalpelo que escarba un corazón...
Tal vez me fuera poco perder Pont-neuf y el Louvre,
que aún vuestra venganza pide satisfacción.

De alados cancioneros podréis hacer galeotes;
ahuyentar al poeta podrá vuestra elegancia;
pero nunca podrán vuestros serviles brotes
arrebatar el dón de nuestro amor a Francia.

Oye tú, pasajera que vas de puerta en puerta:
tal vez yo soy el hombre que vuelve de tu olvido;
colma tu delantal la primavera muerta,
y de un color de parvas tus ojos se han teñido.

¿Mintió nuestro embeleso? ¿Mintió nuestra ternura?
Mirad aquesta frente nublada por el sol...
Pero el ansia renace cual se ve en la llanura
por entre las espigas surgir el ababol.

¿Y no son estos brazos los de las Afroditas
que entre la mies dorada coronan el peñón?
Plenitud encantada que eterna resucitas
la sombra de Racine en la Ferté-Milón.

La sonrisa de Reims con sus labios perfectos
es el sol que se apaga sobre una tarde eximia;
y para perdición de profetas y electos
sus trenzas de champaña trascienden a vendimia.

Ingres de Montalbán trazó la arquitectura
y el cuenco de esos hombros donde pára tranquilo
el ansiado tesoro .de la linfa más pura
filtrada en las raíces del álamo y el tilo.

Oh Laura! como a ti, Petrarca habría cantado
a esta Francia que sangra por nuestro corazón;
sangrante corza en fuga que lleva en el costado
la jabalina de los monteros de Aviñón.

Invoca el espejismo de mil y una grandezas
que sosieguen fantasmas, donde el gemir acalles:
Brantome, San Juan de Acre -cavas y fortalezas,
laderas y gargantas- Vercors y Roncesvalles.

Con el viento que llega de Arlés vuelven los sueños
-el corazón apenas los nombra en un rumor-.
En Aunis y en Saintonge los marjales trigueños
muestran aún el surco brutal del invasor.

Alta ronda de urbes, de villas y comarcas,
erguidas como flores de un esplendor rival,
y en pos de la galante huella de los monarcas
Razón y Sueño cifran en un solo ideal.

Oh cautiva Durance, oh cielo encadenado.
Suelo pastor vestido de racimos maduros;
país con cuyo nombre tan dulcemente amado
marcaba el Rey de Francia los sarracenos muros.

Como tú misma es dulce la locura en desvelo
porque te reconozcan de mi canto a la luz;
y pues entre dos mares vacila nuestro duelo,
detenga nuestros pasos el umbral de Naurouze.

¡Mas, no! Tornas al vuelo, clamor insosegable...
¿A dónde vas? asado Mont-Ventoux, allá el Sena
en lo hondo se fuga, y entre un deleitable
manzanar, Lamartine sueña en la Magdalena.

Mujer, vinos fragantes, madrigales, montaña:
¿cuáles pintaré? ¿cuáles más vivamente adoro?
¿Son esos los pomares de tu seno, Bretaña,
y esas gemas tus pinos en ponientes de oro?

Alba gorguera donde los labios abrasados
mendigan cidra y leche. Plenitud que suspira,
Normandía secreta, por ti los desterrados
caballeros poblaron las ruinas de Palmira.

En verdad ya no sé dónde empieza el encanto...
Hay nombres que son carne como los de Andelyz.
Oh rostro que te vuelves por no mostrar el llanto,
pliega tus labios. ..Cálla, oh París, mi Parísl

París de las canciones, París de la Bastilla;
hoy sólo tus albercas están embanderadas...
Como estrella polar no ya tu frente brilla:
París lo eres tan sólo formando barricadas.

París de nuestros bienes, París de nuestros males;
París del Cours-la-Reine, Corte de Flor-de-lys;
de suburbio en suburbio por todos los umbrales,
tu nombre, más que un grito nos desgarra, Paris.

Huyamos de este sitio donde la atroz germina;
la vida aún aguarda su amanecer incierto;
del Oise y el Marne falta la epopeya leonina;
y Sylvia ya no cruza por el Valois desierto.

Almenar del recuerdo donde alzaran sus llamas
los sueños de veinte años a un cielo que mintió;
y en vez de amor, el negro Camino de las Damas,
y el crepitar del rojo molino de Laffaux.

Atraviesa la ruta polvorienta y famosa
de país en país persiguiendo incansada
por la selva de Argonne y en los Altos del Mosa
que renazca perenne tu gloria traicionada.

Como ciervo flechado que trémulo agoniza,
bajo el bosque se azulan los ojos de la charca...
Descanso de destierro que va camino a Suiza,
la que amara Courbet, la plácida comarca.

Te he perdido, Alsacia, donde si el Rhin desborda,
faisanes deslumbrados caen de los encinos;
donde Werther su treno por un instante asorda,
compasándolo al júbilo de coros campesinos.

De Port~Vendre a Dunkerque la tromba de tortura
no podrá enmudecer la voz de nuestras venas;
nadie podrá romper la mágica armadura
que Aymon forjó en el rojo cubil de las Ardenas.

A los férvidos labios no habrá quien arrebate
la flauta que a los siglos entrega su raudal;
tras la siega de lauros, aún llama al combate,
hermanos en la espiga, la hierba y el rosal.

Se oye entre las hojas un galopar que avanza...
Hilandera, suspénde: mi pecho va a estallar.
Hablan en voz de fuente la noche y la esperanza...
Si fuera Duguesclin volviendo a batallar...

Qué importa que yo muera sin que la veneranda
faz mire dibujarse bajo el solar fulgor.
Dancemos, hijo mío, la loca zarabanda.
Mi patria es la Miseria y el Hambre y el Amor.


CONDECORACIONES por JUAN GELMAN

 
Condecoraron al señor general,
condecoraron al señor almirante,
al brigadier,  a  mi vecino
el sargento de policía,

y alguna vez condecorarán al poeta
por usar palabras como fuego,
como sol, como esperanza,
entre   tanta   miseria   humana,
tanto dolor
sin ir más lejos.

Y COMO UNA MALA CANCION DE MODA, TE NOMBRO Y TE REPITO por GONZALO MILLAN


Cubierto con la cremosa ornamentación
de los pasteles
me he desvaído como el breve gas de las gaseosas
tras el marino azul de tu uniforme,
y con mi corbata listada y gomoso de gomina
soy otro perdido más
por el ruido de la orquesta
en fiestas juveniles,
y otro más entre los nombres
escritos con tinta sobre el cuero
en tu bolsón de colegiala.

ASIDOS A UN MADERO EN FORMA DE CRUZ por THOMAS HARRIS


Por esto narramos
estamos asidos a un madero
este madero tiene la forma de la cmz
campea en altamar
por eso narrarnos
por el gusano en el madero
pox el viento en el madero
por el semen en el madero
por e1 polvo en el madero
por la corrupción en el madero
sólo por eso
vamos a narrar.

DISPARATES 06 por FRANCISCO JOSE DE GOYA Y LUCIENTES


DESASTRES DE LA GUERRA 06 por FRANCISCO JOSE DE GOYA Y LUCIENTES


CAPRICHO 36 por FRANCISCO JOSE DE GOYA Y LUCIENTES


PARA HABLAR CON LOS MUERTOS por JORGE TEILLIER


Para hablar con los muertos
hay que elegir palabras
que ellos reconozcan tan fácilmente
como sus manos
reconocían el pelaje de sus perros en la oscuridad.
Palabras claras y tranquilas
como el agua del torrente domesticada en la copa
o las sillas ordenadas por la madre
después que se han ido los invitados.
Palabras que la noche acoja
como a los fuegos fatuos los pantanos.
Para hablar con los muertos
hay que saber esperar:
ellos son miedosos
como los primeros pasos de un niño.
Pero si tenemos paciencia
un día nos responderán
con una hoja de álamo atrapada por un espejo roto,
con una llama de súbito reanimada en la chimenea,
con un regreso oscuro de pájaros
frente a la mirada de una muchacha
que aguarda inmóvil en el umbral

LA LENGUA DE LAS PIEDRAS por ANDRÉ BRETON


"Alejamiento infinito del mundo de las flores", suspira Novalis. ¡Qué decir, entonces, del de las
piedras! ¿Y a qué se debe que, de camino, creamos tener un poco más de acción en éste?
Claro que la cuestión no podría tener sentido más que para quienes piensan que nada de lo que
les rodea está ahí para nada, que no puede dejar de importarles en algún aspecto; que una
percepción que se repite un número inconmensurable de veces, de la mañana a la noche de la
vida, como la del objeto llamado genéricamente "guijarro", no puede permanecer limitada a sí
misma, quedarse en letra muerta. Las sapientes clasificaciones de los mineralogistas los dejan
totalmente insatisfechos. En realidad, estos mineralogistas no representan para aquellos
inquiridores más que una categoría de esos "elocuentes naturalistas" que se quedan en lo visible y
en lo palpable y de los que Claude de Saint-Martin ha podido decir que "defraudan nuestra
expectación no satisfaciendo en nosotros esa necesidad ardiente y apremiante que nos lleva, más
que a lo que vemos en los objetos sensibles, hacia lo que no vemos".
Sin ir a los orígenes en estado bruto, cuya indagación supone el traslado a otras latitudes
y la puesta en marcha de todo un aparato, nada más fácil que llegar a sentir la particular
"dignidad" de ciertas piedras. No hay más que vagabundear por los alrededores de la Orangerie o
de las Tuilleries, a lo largo de las orillas del Sena, mucho mejor después de un aguacero,
ateniéndose a veces a bajar los ojos, para cosquilleo del silex que tapiza como pocos el suelo
parisiense. De aquí a coger uno de esos fragmentos bonitos para sacarle efectos luminosos en
todas sus caras no habría más que un paso si no fuera porque ese paso sólo pueden darlo los que
conservan cierta lozanía de sus pocos años. Por lo demás, en el niño es un gesto instintivo.
El hecho es que las piedras dejan pasar, sin detenerlos lo más mínimo, a la mayoría de
los seres humanos llegados a la edad adulta, pero los que excepcionalmente se prendan de ellas lo
normal es que ya no se desprendan nunca. Allí donde las piedras se congreguen, los atraen y se
recrean en hacer de ellos una especie de astrólogos invertidos. El velo de puro ornamento que por
un instante hizo caer sobre ellas su mirada se ha ido levantando poco a poco, a partir de lo cual
se les ha ido imponiendo oscuramente la necesidad de una indagación más exigente cada día.
Esta creciente exigencia los lleva a poner cada vez más atención, y cada vez más exclusiva, en
esa especie de aportaciones que se caracterizan porque gracias a ellas se puede profundizar más y
más en la imagen casi vacía de sentido que la generalidad de la gente se hace del mundo. Quiere
decirse que, con esto, entramos en el campo de los indicios y de los signos.
Gaffarel, bibliotecario de Richelieu y limosnero de Luis XIII, consagra el apelativo de
gamahés -nombre, cree él, derivado de «camaieau» (camafeo), corrupción de «chemaija», que
significa como el agua de Dios- a las piedras grabadas como jeroglíficos, entre las cuales pone en
primera línea las "ágaras figuradas". Estanislao de Guaita advierte que su teoría apenas difiere de
la de Oswald Croll, que, en su Libro de las firmas, sostiene que esas improntas son «las firmas de
las fuerzas elementales que se manifiestan en los tres reinos inferiores" y que, mucho antes de
ellos, Paracelso había estudiado detenidamente los gamahés, a los que dio el poder de curar. Esta
opinión prevaleció en los medios sapientes del siglo XVll, como lo demuestra esta cita de un
autor prusiano. «Ocurre a veces que los rayos caídos de las estrellas (con tal que sean de la misma
naturaleza) se unen a los metales, a las piedras y a los minerales, que han caído de su posición
más alta, los penetran enteramente y se amalgaman con ellos. En esta conjunción está el origen
de los gamahés: se penetran de esta influencia y reciben la signatura de la naturaleza". Jurgis
Baltrusaitis, en una hermosa obra muy reciente, uno de cuyos capítulos se refiere a las "piedras
con imágenes", recuerda el jesuita alemán Athanase Kircher pensó que podría trazar la
nomenclatura de los diversos tipos de minerales a que nos referimos y explicar las causas de su
anomalía que, naturalmente, sólo la divina «Providencia» ha podido disponer.
En disculpa de los observadores e investigadores de los tiempos pasados hay una buena
alegación: que las formas orgánicas fósiles no se reconocieron como tales hasta Bernard Palissy,
y el hecho de que se las confunda con las figuraciones fortuitas que nos interesan tenía, por
fuerza, que multiplicar las causas de error. Camille Flammarion insiste en el hecho de que, pese a
las comunicaciones de Sténon en 1669, «Fontenelle, Buffon, Voltaire dudan de la naturaleza de
los fósiles y no adivinan el proceso de formación de los terrenos de sedimentos".
Es de extrañar que, sustraído el imperio de los gamahés la prolongada y abusiva
ingerencia de los fósiles, no haya perdido nada de su prestigio a ciertos ojos. Verdad es que nunca
como hoy sintió el arte la necesidad de insertarse en lo fortuito (basta referirse a los "frotages",
"fumages", "coulages", "souflages" y otros modos de asociación con el azar en la pintura). En el
fondo, el gusto no ha cambiado mucho desde que, en 1628, el archiduque de Austria esperaba de
Toscana un mueble "enteramente cubierto de ágatas, de cornalinas, de calcedonias, de jaspes con
cuadritos pintados al óleo".
Cosa muy distinta es, nunca me cansaré de repetirlo, manifestar un interés de curiosidad
por piedras insólitas, todo lo bellas que se quiera, pero a cuyo descubrimiento hemos sido ajenos,
y ser esclavo de su búsqueda, para de tarde en tarde encontrar algunas, y aunque objetivamente
valgan menos que las que ya se tenían. Entonces, es como si se jugara algo de nuestro destino.
Estamos, totalmente entregados al deseo, a la solicitación y sólo en virtud de ellos puede cobrar
valor tan alto el objeto buscado. Entre él y nosotros, como por ósmosis, se van a producir
precipitadamente, por vía analógica una serie de intercambios misteriosos.
El viejo minero llamado el "Buscador de tesoros", que encuentra Henri de Ofterdingen,
evocando las riquezas que le han descubierto las montañas del Norte, declara que a veces ha
creído entrar en un jardín encantado. Se ha dado el caso de experimentar la sensación en una
playa de Gaspesia a donde el mar solía echar y llevárselas sin dar tiempo a cogerlas unas piedras
alargadas, transparentes, de todos los colores, que brillaban de lejos como lamparitas. El año
pasado, al acercarnos, bajo una llovizna, a un cauce de piedras que todavía no habíamos
explorado a lo largo del Lot, el súbito "saltarnos a los ojos" varias ágatas de una belleza
inesperada para la región me hizo creer que iban a surgir a cada paso otras más bellas y me
mantuvo más de un minuto en la perfecta ilusión de estar pisando el paraíso terrenal. No cabe
duda de que la obstinación en la búsqueda de los fulgores y de los signos, de que trata la
"minerología visionaria", actúa sobre el espíritu a la manera de un estupefaciente.
Hasta hay cabezas que parecen poco capaces de resistir a él, ciertos "gamahistas" a
quienes sus trabajos les dan plena libertad para el desvarío. J. A. Lecompte piensa que el pavor o
ciertas impresiones violentas, el fanatismo religioso o el político, pueden provocar la creación
espontánea de un gamahé. J. V. Monbarlet, al cabo de largos años de "estudios", tiene por cierto
que, en todo el valle del Dordogne, no hay una sola piedra, un solo sílex que no haya sido
esculpido, grabado y pintado por el hombre -según él el artista galo- poniendo en él, tanto en el
exterior como en el interior (como ocasionalmente lo revela al partirse), "cuadros misteriosos" e
innumerables combinaciones. Estos dos autores se creen en el deber de corroborar su tesis con
ayuda de numerosos dibujos o fotografías que naturalmente, de lo único de que pueden
convencernos es del disturbio "paranoico" de su mente.
Sólo cuando se levantan construcciones sistemáticas tan ambiciosas se rebasan, a mi parecer,
los derechos de la mineralogía visionaria. Entre las piedras de aluvión de un río como el Lot -
limitándome a lo que yo puedo conocer mejor-, muchas veces he creído comprobar que las que,
en una búsqueda emprendida por un grupo, llaman la atención de cada uno por sus calidades de
sustancia o de estructura son las que presentan más afinidades con su complexión particular. Creo
que, en el mismo recorrido, dos seres, a menos que tengan un raro parecido, no podrían recoger
las piedras: tan cierto es que sólo se encuentra aquello que una profunda necesidad reclama, y
esto aun en el caso de que esa necesidad sólo se pueda satisfacer de manera enteramente
simbólica.
"Todo cuerpo transparente -piensa Novalis- se encuentra en un estado superior y parece tener
una especie de conciencia". Nada más cierto. Se apoya de pasada, en Ritter, que, muy entregado
a escrutar el "alma universal propiamente dicha", sostiene que todos los fenómenos exteriores
deben llegar a ser explicables como símbolos y como resultados últimos de fenómenos interiores"
y que "la imperfección de unos debe llegar a ser el órgano que revela los otros. Todavía algunos
reaccionamos así. Las cintas internas del ágata, con sus contracciones seguidas de bruscas
desviaciones sugieren lazos de trecho en trecho, cuando las vemos por vez primera vez parece
que miran al través, en un espacio selectivo, nuestro propio "influjo nervioso". De esto puede
resultar los más perturbadores "choques", y el mejor ejemplo de los mismos que puedo citar es la
existencia de una piedra en la que se abre el sexo de la mujer, supremamente descrito, entre las
circunvalaciones del cerebro.
La búsqueda de las piedras que tiene este singular poder alusivo, sí es verdaderamente
apasionada, determina el rápido paso de los que a ella se entregan a un estado segundo, cuya
característica esencial es la extraludicez. Esta, partiendo como un cohete de la interpretación de
una piedra excepcional, abarca e ilumina las circunstancias de su hallazgo. En caso tal, tiende a
suscitar una causalidad mágica, que supone la necesidad de intervención de factores naturales sin
relación lógica con lo que está en juego, por lo cual desconcierta y confunde los hábitos de
pensamiento, pero sin que por ello deje de subyugar nuestra mente.
El verano pasado, mi amigo Nanos Valaoritis tuvo la gentileza de consignar para mí las
observaciones que ha suscitado el hallazgo de la bellísima piedra, en forma de figura sentada, que
aquí se reproduce:
"Cuando Marie W. nos llevaba por la noche en automóvil por la meseta calcárea desde las
¨playas¨ del Lot donde se nos había hecho tarde, no dejaba nunca de parar, por miedo a matarle o
herirle, si un pájaro nocturno, deslumbrado por los faros, se quedaba quieto ante nosotros. El 14
de septiembre contamos nueve paradas por causa de otros tantos pájaros, al parecer de la misma
especie. El planeta Marte, que según los periódicos está excepcionalmente cerca de la tierra, nos
cautiva durante buena parte del trayecto.
"De nuevo el 15, con A.B., explorando una pequeña playa cerca de Arcambal, a unos pasos
encuentro en el río la piedra en forma de figura sentada, en la que me llama especialmente la
atención la cabeza de pájaro nocturno. Mientras estamos observando, viene a revolotear en torno
a nosotros el ¨gran Marte cambiante¨, una mariposa relativamente rara, siempre fascinadora. Se
pesa con insistencia sobre el perro que nos acompaña. Otra piedra que encuentro se parece más
claramente aún a los pájaros nocturnos de la víspera.
"El 17 de septiembre estará ¨Marte en la posición más próxima a la tierra.
"A los pocos días, leo un estudio de A. Lemozi sobre una sepultura neolítica descubierta en
Toure Faure (Lot). Parece ser que en la piedra que cubre esta sepultura se destaca una cabeza de
lechuza, de lo que deduce el autor que los pueblos neolíticos de la región adoraban a una diosa
con cabeza de lechuza, divinidad tutelar de los sepulcros. Con razón o sin ella, cuanto más lo
hemos pensado, más hemos creído que la piedra que yo encontré era la representación de la
diosa".
Una piedra como ésta, cuyo aspecto intencional llega tan lejos, plantea en realidad un
problema insoluble. Tal como es, por la misma ambigüedad de origen, esa duda en que nos deja
le da para mí un inmenso prestigio, pues tiende a conferirle una posición clave entre el "capricho
de la naturaleza" y la del arte.
Lotus de Paíni sostiene que la fase de Intuición se inicia históricamente en la especie humana
en el momento "en que el alma penetra hasta el fondo de la piedra y toda de ella definitivamente
las potencias del YO. La piedra.-dice también- confiere a la raza de los hombres el alto privilegio
del dolor y de la dignidad". En todo caso, parece fuera de duda que al renunciar el hombre a
algunas de sus preciosas facultades es cuando llegó a considerar las piedras como despojos. Las
piedras -por excelencia las piedras duras-, continúan hablando a los que quieren oírlas. Hablan a
cada cual un lenguaje a su medida: a través de lo que sabe le enseñan lo que aspira a saber. Las
hay también que parecen hablarse una a otra y que, acercándose a ellas, se las puede sorprender
hablándose. En tal caso, su dialogo tiene el inmenso interés de hacernos traspasar nuestra
condición fundiendo en el molde nuestras propias especulaciones la sustancia misma de lo
inmemorial y de lo indestructible (aquí no valdrá acantonarse). Desde este punto de mira, creo
que, para nuestra mayor o menor edificación-eso depende sólo de nosotros-, merece la pena
observar la gran Tortuga y el Cacique hablando del misterio de los comienzos y de los finales.

NO TE VUELVAS VIEJO (I) por ALLEN GINSBERG


Viejo Poeta, la materia final de la Poesía brilla
levemente meses delante
Tiernas mañanas, los techos de Paterson cubiertos de nieve
Vasto
El cielo sobre la torre del City Hall, las terrazas de pasto
del Eastside Park & las canchas de tenis junto al
río Passaic
Se han ido partes de nosotros mismos, los departamentos
de la hermana Rosa, la secundaria de oscuros
corredores —
Demasiado cansado para salir a caminar, demasiado
cansado para terminar la Guerra
Demasiado cansado para salvar el cuerpo
demasiado cansado para ser un héroe
Lo real tan a la mano como el estómago
el hígado, el páncreas, los riñones
Tosiendo con la saliva gástrica
Matrimonios esfumados en la tos
Es difícil levantarse de la poltrona
Manos blancas pies pecosos un dedo azul
panza y grandes pechos colgando levemente
vellos blancos en el pecho
demasiado cansado para quitarme los zapatos y los
calcetines negros.



Enero 12, 1976

PARA EL AÑO DE LOS LOCOS por ANNE SEXTON


Una plegaria
Oh, María, madre frágil,
escúchame, escúchame ahora
aunque desconozca tus palabras.
El rosario negro con su Cristo de plata
está sin bendecir en mi mano
pues soy la descreída.
Cada cuenta en mis dedos, redonda y dura
es un pequeño ángel negro.
Oh, María, concédeme esta gracia,
esta transgresión,
aunque sea fea,
inmersa en mi pasado
y mi locura.
Aunque hay sillas
me tiendo en el piso.
Sólo mis manos viven
tocando las cuentas.
Palabra a palabra tropiezo.
Principiante, siento tu boca tocar la mía.
Cuento las cuentas como olas
martilleando sobre mí.
Su número me marea,
enferma, enferma en el calor del verano
la ventana, arriba
es la única que escucha mi torpe ser.
Gran cautivadora, consoladora.
Me da aliento,
murmura,
exhala su inflamado pulmón como un enorme pez
Más y más cerca
está la hora de mi muerte
mientras compongo la cara, retrocedo,
pierdo madurez y mi pelo se alacia.
Todo esto es muerte.
Hay un callejón angosto llamado muerte,
en donde me muevo
como en el agua.
Mi cuerpo es inútil.
Yace, ovillado como perro en la alfombra.
Se ha rendido.
No hay palabras aquí sino las aprendidas a medias,
el Ave María y el llena de gracia.
He penetrado ahora al año sin palabras.
Noto su extraño arribo y su voltaje exacto.
Existe sin palabras.
Sin palabras puede tocarse el pan
o recibirse el pan
o no hacer ruido.
Oh, María, tierna doctora
ven con polvos y con yerbas
pues estoy en el centro.
Es muy pequeño y el aire es gris
como el de un baño de vapor.
Me dan vino como al niño le dan leche.
Lo ponen en un cáliz delicado
con el hueco redondo y el borde delgado.
El vino tiene color de brea, añejo y secreto.
Por sí mismo sube a mi boca el cáliz
y lo veo y lo entiendo
sólo porque sucedió.
Tengo miedo de toser
pero no hablo,
miedo a la lluvia, miedo al jinete
que a mi boca cabalga.
El cáliz se inclina por sí mismo
y me enciendo.
Veo dos ríos angostos quemándome el mentón.
Me veo como quien mira a otro.
Me han cortado en dos.
Oh, María, levanta los párpados.
Estoy en el imperio del silencio,
en el reino del dormido y del loco.
Hay sangre aquí
y la he bebido.
Oh, madre del vientre
¿vine sólo por la sangre?
Oh, pequeña madre,
estoy en mi propia mente.
Cautiva en la casa errada.

NOTA SOBRE LA CONSTRUCCIÓN DE LAS MASAS por CHARLES BUKOWSKI


Alguna gente es joven y nada más
alguna gente es vieja y nada más.
Y alguna gente está en el medio
sólo en el medio.
Y si las moscas usaran ropa
y todos los edificios ardieran en
fuego dorado,
si el cielo se sacudiera como
en la danza del vientre
y todas las bombas atómicas empezaran a
gritar,
alguna gente sería joven y nada más
y alguna gente sería vieja y nada más
y el resto sería lo mismo,
el resto sería lo mismo.
Los pocos diferentes
son eliminados bastante rápido
por la policía, por sus madres, sus
hermanos, y otros
por sí mismos.
Lo que queda es lo que
ves
es duro.-

EL POETA ES UNA CALLE por EDUARDO ANGUITA


Son pocos los que se acuerdan de La Próxima, “historia que pasó en poco
tiempo más”, novela que publicó Vicente Huidobro con el editor Julio
Walton, aquí en Santiago, en 1934. De ella transcribo integro el capitulo
dedicado a París, petrificado en la próxima guerra (que efectivamente estalló en
1939 y que en 1934, ni el mismo Wells creía inminente. ¡Qué digo, si hablo
de Wells! Ese escritor, cuyos libros eran devorados por sus fantasías catastróficas
--corno La guerra de los mundos-, a sólo un año del conflicto mundial
declaraba que seria imposible una guerra a corto plazo. Allegando una cantidad
de argumentos, en 1938, Wells escribió que el mundo de entonces "sólo
“padecía de un exceso de energía” y no habría guerra). El poeta chileno más
avizor. Aunque no haya especificado cómo serian los armamentos de la próxima
guerra - que él narró en pretérito, pero “que sucedería en poco tiempo
miis”-, hay algo revelador. Por encima de sus conocimientos científicos o
técnicos 3 u e no los tenia-, inventó un gas paralizante. “-¿Han visto,
señores, que cosa más espantosa?- dijo un señor alto y grueso”. “Realmente
es algo que pasa me allá de todo lo imaginable- respondió Roc”. “Una ciudad de
estatuas de piedra,  de hombres petrificados” (. . .) “ Y  vean ustedes
que gas más poderoso y más extraño”. “-Un gas que mata petrificando”.
“-Seguramente se trata de un gas nuevo”. “El señor que todo lo sabe volvió a
sonreír con la misma sonrisa minúscula de hacia un momento. -Es el gas X, el
gas del cual se había hablado en el diario el Aprés Midi. “-¿Y qué gas es ese
gas?”. “-Eso es lo que no se sabe. Por eso se llama el gas X”.
El humor huidobriano no es lo que da el tono al capitulo. Lo da esa emoción
rarísima, la más lograda en toda su prosa, que emana de su simple monólogo
interior que nos va diciendo, a medida que recorre la ciudad: “Calles, calles.
Una ciudad muerta tiene más calles que una ciudad viva. El viento pesca un
diario en el suelo y se pone a jugar con 61, luego lo levanta hasta la altura de 10s
ojos y se lo lleva, se lo lleva, se aleja leyendo en silencio.. . Tantos muertos y
tantas calles. Calles viejas, calles jóvenes. Nunca hubo una ciudad con calles
más vivas, con más vida en sus calles. Las calles de París eran seres vivos, todas
tenían personalidad, sangre y huesos, carne y nervios.. . Calles humanas, calles
desfachatadas, calles honradas, calles con los labios pintados y los ojos encendidos,
calles de cabellos blancos, calles midinettes, calles señor banquero, calles
Madame La Marquise, calles bailando al son de la Java, calles llorando al ritmo
de la Petite Lily, calles de guante blanco, calles de manos encallecidas, calles
que roban el reloj, calles que asesinan, calles que dan un beso, calles que ríen en
la mañana como una pajarera, calles que suspiran en la tarde como un ciprés de
cementerio, calles envueltas en pieles de armiño, calles que tiemblan de frío
bajo un farol, calles que arrastran su cola de encaje, calles con los zapatos rotos y
los pies sucios, calles que hablan todo el día, calles que hablan toda la noche,
calles que hablan día y noche, calles en silencio desde hace cien años, calles que
acaban de nacer, calles que están al borde del sepulcro ... calles llenas de
experiencia, a las cuales no se engaña así no más, calles graciosas llenas de
chispa y de ingenio, calles lentas, calles sesudas llenas de espíritu científico,
calles matemáticas.. .”.
Huidobro decía que París era la ciudad donde él quería morir cuando le
llegara la hora. Pero no fue así. Un año antes de publicar esa novela, en 1933,
regresa a Chile, y aparte de viajar a Francia para entrar a París junto con las
tropas del general Delatre de Tassigny, volvió aquí y murió en Cartagena,
frente a nuestro Pacifico, en 1948, cuando París y gran parte de Europa
restañaban sus calles y sus heridas.
Y ahora Vicente Huidobro, desde hace años, en Santiago, tiene una calle
una calle con su propio nombre, con casas numeradas y gente que entra y sale
de ellas, que habita, vive, sueña, ama y ríe o llora, como el mismo poeta que conocimos
 y recordamos y nunca dejamos de tener presente.

sábado, noviembre 23, 2013

DEL LIBRO DE LOS SUEÑOS por ROSAMEL DEL VALLE


En extraña compañía de Daniel, un día,
Así, un día de viajeros. El joven mago
Alojaba en la taberna. El vielo caldeo
En Park Hotel. Tú dirás, tú dirás. Tú que sigues los astros
Tú que estás inclinada hacia una noche de vidrio.
Si allí no hay higueras, tú dirás. Si allí
No está el sueño junto, el hombre junto, la tierra junta,
Tú lo dirás, hija proscripta. Amor rnio, tú lo dirás.
¿Es posible? Un huésped tiene tu pecho. El otro, tus sueños
Uno te lleva al jardin levantado, al agua que lee en
las manos
El otro a lo que no eres cuando estás en un baile.
En una reunión de señoras a quienes les hablas de
no hablar

De no hablar, sí, por supuesto. Sino de abrir las ventanas
Del cuerpo a la primavera. De abrir los cofres. Los cofres
Que el baño no limpia. Ahí estaría bien el hombre.

El cuerpo es la luz que anda. Lo que va dentro, sueño.
Un astro solo para el día de los muertos.
¿Cómo no verte junto a Daniel? ¿Junto
A los leones de la noche?
Somos los seguidos, tú lo sabes. Nos siguen. Al fondo
Alguien limpia las pisadas. Alguien lava las luces
Que hemos perdido. ¿Cómo no verte atravesar las
puertas
Donde duermen las cosas conseguidas?
Pero tú vas a una cita. Una verja. Un huerto. El jardinero
Dormita junto a un hoyo sin rosas.
Sombrío monte de Marte. No lo ignoras. estás
Rodeada de la vida. De la muerte. Hay que tener paciencia
Los leones de Daniel. Lo que dice Daniel.
Ya verás. Ya verás.
Más tarde, más tarde las campanas tocan hacia el
Oeste.
Encima del matorral. Eso es. La luna del matorral.
Siempre buscar. Buscar lo que nos sigue. Buscar
Donde riada hay que buscar. Tú lo sabes. Siempre
buscar
¿No se cansa el jardinero de enterrar sus rosas?
su sueño es la linterna que lo anima.
Lo anima desde sus manos, no lo ignoras,
Hacia el fondo de la tierra donde llaman
Sin que nadie responda.

¿Estarás allí? NOS siguen, amor. Nos siguen. Lo dicen
Las hojas solas. La hierba crecida. Un buen día
Todo está ahí, presente. Estás tú. Estoy yo. Y
Lo que la noche esconde en el oído.
Luego no hay más que ver y oír. El corazón
Viaja solo dentro del cuerpo. Tú eres la viajera,
la viajera más sola de la hierba. Amas y eres amada.
Abelardo y Eloísa. Amas y eres coronada
Con el ruido más hondo, con la estrella más ciega.
Amas y eres amada. Amas y eres amada. ¿Cómo
Se abrió la noche para seguir?
Los años son la estatua del amor Brilla detrás de ti.
Estamos allí y Daniel nos ve. Tú dirás tu canción.
El dirá qué creció para el año que viene.
Yo debería decir mi palabra. Pero, tú sabes, yo sueño.
Tú dirás tu bella canción. Yo perderé mi bello sueño
¿Hay que adorar? Amas y eres amada. Ningún rayo,
ningún libro
Dirá lo que no diga
Tu amor.

POSIBLE JUEGO DE DADOS IMPOSIBLE por ROSAMEL DEL VALLE


Soy el irritado y tú eres
El nardo lleno de escamas
Puedes llevarme hacia esa ciudad sin jardines
Con escorpiones a cinco centavos en la feria
Oh señora de todos los acontecimientos
Con olor a pesebre
He muerto tantas veces por ti
Viruta del tonelero al mediodía
Con algunas golondrinas alrededor
Para que no sueñes y salgas al fin del pozo
donde tus palabras se oxidan
.Esta corona fue destinada para un muerto
Siempre para siempre
De buena familia con duendes cultivados.
Y cuando vas los domingos a la catedral
A conversar con el dios oculto eres
La oveja negra de la casa
Tus pasos resuenan
Como rayos de sol en las columnas
Princesa cuello de garza
Con un álbum de cartas amarillas
Escritas por el padre desde la prisión
Hoy las rosas
Han mejorado de color
Boca de mujer en el lecho
Mientras Adriana la viuda
Ve a su marido en el espejo
Una herida que deja de sangrar en casa de la modista
La bruja adolescente sabe
Cambiar invierno por primavera
Con sus muslos de cerezos en flor
Y el caballero paralítico_dice
La poesía es una enfermedad
Cualquiera puede pensar en los monumentos
Cuando se le ve la nariz pegada a las costillas
El exquisito
Con el Mont Blanc asomado a la ventana
Desde allí Thérese escribe cartas llenas de violetas
A su hermana en Toronto
Y la majestad musical cuando temblé
Bajo el único cielo que he visto tantas veces
Con esas azucenas terribles
Quita de mí todas las manchas de sol si quieres
O déjame poner en un marco tus manos de vidrio
(Sabes que los insectos viven en mis recuerdos como en
un castillo?
Debo identificarme poco a poco
Aceptar el hueco solar del invierno
Mientras por debajo de mi cuerpo silba el tren
Que me lleva hacia ninguna parte
En Marsella el mar se parecía a tus senos
Y yo preso en Tolón como tú sabes
Junto al Mediterráneo de alas azules
En el jardín olvidado donde hablabas
De historia con los jacintos
Sí la trucha azul a dos pasos de Ginebra
Ojo inmenso no me mires
Un día
En Marsella el mar se parecía a tus senos
Y yo preso en Tolón como tú sabes
Junto al Mediterráneo de alas azules
En el jardín olvidado donde hablabas
De historia con los jacintos
Mas la niebla ha madrugado en mi ventana
Estrictamente como en Londres
En Hyde Park
¿Recuerdas que alguna vez llamé a tus manos el Arco
Mármol?
Tú dijiste que la reina era una pieza de ajedrez
O que la Plaza de Toros en Madrid era una olla
No lo repitas
El sentido común es una banda militar
En todas las Plazas de Armas del Mundo
Y cómo lloré con las canciones en Venecia
Solamente
Los Cuartetos de Beethoven deben haber sido
El origen en mi de tantas catástrofes
Eso eres
La bella catástrofe y te amo
Te amo te amo te amo
Hasta que muera sin truenos
En el Calvario
Yo que durante años tuve un mirlo
Que repetía mi tos y mis malas palabras
En plena primavera triunfal
Así viene la sabiduría de parecerse a todo el mundo
Con enfermedades y caprichos
Que esperan la corona de flores para la tumba
Tan alegre suceso
Higuera frondosa
Arma fría contra los terrores
Imagina ahora por un instante
Me voy
En viaje hacia la tierra que es un nido
Tantos padres y madres
Tantos amigos y flores
Nadie va a pensar en el silencio
sólo tu sol clavado en mí
sólo mi corazón seco fijo en ti
Y una leve lluvia en cada aniversario
Una vida
Una muerte
El juicio final
Cantando en armonios sin huesos
Oh dios
En ese tiempo estaré jugando a los dados contigo

LA TIRANA III (PULL DOWN THY VANITY) por DIEGO MAQUIEIRA


(...) Deja a un lado tus modales de chambelán
y escúchame que ya no voy a hablar más
El amor que yo llevo es terrible
es como arrasar viento y conmover despojos
se va acercando a los ojos de Dios
va levantando un vuelo de Juicio Final
y se va haciendo tan grande, tan adverso
que ya no hay cómo echarlo abajo
No se te ocurra intentarlo, Velázquez
Nos aplastaría a todos.

ROSAMEL DEL VALLE: EL DESCONOCIDO por LUDWIG ZELLER


Presentaré los lectores de habla inglesa a un poeta de la complejidad de Rosamel del Valle resulta siempre un problema mayor. Desde luego, cada poeta es único, el mutante dentro de su idioma. ¿Y quién tiene el derecho de presentar a otro, si no es movido por la admiración? Quien lea estas páginas quedará fijado en muchas de las facetas de este poeta singular, sin embargo es necesario ver el inmenso panorama creativo que su obra descubre.

Lo primero que salta a la vista es la profusión y suntuosidad de sus imágenes, extendida a lo largo del sonido de largos versículos, para llegar a ser en sus últimos libros casi un diálogo coloquial que el poeta ha entablado con fantasmas. Difícil si pensamos que tras largos años de amistad v admiración acompañamos sus restos al Cementerio General de Santiago de Chile, en una primavera de septiembre de 1965. Y difícil saber si fue realidad o 110, ya que el poeta puede emerger desde el muro blanqueado frente a nosotros, cubierto de una máscara ardiente de las que tanto gustaba, maravillado como un niño, siempre más cerca de la magia que de la poesía.

Lo conocí a mediados de la década de los cuarenta. Ya no recuerdo bien si trabajaba entonces para una imprenta o en la oficina de correos. padeciendo todos los ultrajes que un poeta suele sufrir como condenado a remo, en esas galeras de la burocracia, más pobre aún, más sórdida en los empobrecidos países de América Latina.

Había nacido en 1901 Era hijo de un hogar humilde y conocí de pasada a uno de sus hermanos que trabajaba en una librería. Como en muchas familias él era la semilla de color radiante, extraño a lodo, la excepción. lo que se sale dé norma.

El poeta Homero Arce, amigo de juventud, cuenta que Rosamel solía visitarlo a veces al atardecer en su oficina después de la jornada de trabajo escribir en esas viejas máquinas de oficinas públicas, con dos dedos, come picoteando sobre el papel mis fulgurantes poemas. Es una situación que él mismo vio repetirse años más tarde, cuando funcionario del Ministerio de Educación. En la oficina de la sala de exposiciones otros poetas volvían a copiar sus obras como sumidos en un mundo de sueños. A Rosamel le había tocado hacer algo por el estilo años antes y acaso por eso era generoso v abierto con los jóvenes poetas que como yo mismo se acercaban a él buscando derroteros, u movidos por la admiración hacia una obra que empezaba a tomar forma de volúmenes ahora inencontrables: País blanco negro, Poesía, Orfeo.

Había en su rostro moreno de grandes ojos una sonrisa que suavizaba todas las diferencias. Se formó a sí mismo como autodidacta y aprendió el francés y el inglés leyendo a sus poetas preferidos con ayuda de un diccionario y una gramática. Y no se crea que su aprendizaje pudiera resultar superficial, son muchas las traducciones que él hizo al español, pero extraordinarias de Fata Morgana de André Bretón o el difícil texto El hombre aproximativo de Tristán Tzara. . Todo esto en un tiempo cuando en España los editores sólo se  atrevían a publicar lo que tuviera el beneplácito de la censura castrense.

Por sus méritos, junto con otros cuatro funcionarios, fue contratado ,a las Naciones Unidas en el departamento de publicaciones. Se ensanchaba su mundo: pudimos leer sus crónicas apasionadas que aparecían en los periódicos de Santiago Pro arte y La Nación: una visita a la casa museo de Edgar Allan Poe la primavera en el río Hudson. o simplemente esa visión de las calles y dé las gentes en el Manhattan de los años cincuenta. Su poesía también encontró un cauce más amplio, el amor le tendió por una vez la segura mano de Thérese  Dulac y de ese encuentro brotan los encendidos cantos de amor que le ayudan a conjurar los fantasmas, a sobrepasar las visiones que lo acosan.

Sus libros son extraordinarios documentos de la poesía escrita en español. El joven olvido. Fuegos y ceremonias, La visión comunicable y El corazón escrito, resultan el más fastuoso y radiante desfile de imágenes. Su importancia es solo comparable a la de Vicente Huidobro en sus obras maduras, o el Neruda de Residencia en la tierra, y conforman con la poesía de Humberto Díaz Casanueva, los poetas que integraban el grupo surrealista Mandrágora. Eduardo Anguita y otros, un nuevo firmamento poético, en ese cielo secreto del Sur de América.

Volvió a Chile a principios de los años sesenta \ tuvimos oportunidad de vernos v t lia ría t muchas veces en su casa-quinta de José Domingo Cañas. Quizás debemos agradecer a Thérese Dulac cuya presencia  y amor logro hacer germinar en una mente sombría cantos de auténtica revelación. Hay en todos los poemas de las últimas décadas una majestuosidad. un fluir de imágenes que pesan como inmensas joyas en la mente de quien se acerca a su poesía. No negaba nunca sus preferencias hacia los grandes románticos alemanes, Blake, Nerval y los surrealistas. Es curioso notar que en el último número de la revista Mandrágora en un texto escrito por Enrique Gómez Correa bajo el nombre " Testimonio  de un poeta negro” en el que se enjuicia duramente a los poetas de la generación anterior, expresa: “Sólo Rosamel del Valle habría podido integrarse a la Mandrágora" y es acaso porque su enorme creatividad lo conecta con las poetas de las más distintas tendencias, Durante los casi veinte años que estuvo lucra del país el poeta pudo ampliar enteramente su horizonte con viajes a Europa y contacto con otros escritores  y artistas con los que !e tocó tratar.

Chile es un país difícil y Rosamel del Valle lo sabía. Volvió como los pájaros migratorios, guiado más por el insinuó y lo afectivo que por cualquier otro tipo de cálculo, va que era ajeno a obtener prebendas, fueran éstas de cofradías o de partidos políticos. la publicación de El  sol es un pájaro cautivo en el reloj, la alegría de reencontrarse con viejos amigos y el homenaje y admiración de los más jóvenes, acompañaron sus últimos años. Murió el de septiembre de 1965.

Por los desvelos de su compañera Thérese Dulac se ha podido ver publicada LA Antología de Monte Avila. compilada por el poeta venezolano Juan Sánchez. Peláez v prologada por su amigo Humberto Díaz  Casanueva. Era y la fuga, una nouvelle de los años 30 ha podido ser analizada y estudiada por esa apasionada del surrealismo. Anua Balakian. Cuyo juicio siempre es una aportación valiosa. Elina aroma terrestre fue publicada hace pocos años en el Quebec y es una de sus tantas novelas que aún permanecen inéditas.

Chile ha vivido años difíciles y es quizás en parte la razón de que no se le haya dado a Rosamel del Valle la importancia que merece. Quizás nuestra. Generación o la anterior tienen muy cerca “ese ojo de volcán de su poesía y tengan que ser nuestros hijos los que divulguen el mensaje secreto de sus libros esas joyas irisadas de locura, de amor, de certezas inevitables como la muerte.

UNICAMENTE por PABLO DE ROKHA


Fruta de tumbas o de imperios, sangre de medallas, sangre de aceitunas, sangre de banderas, y un Dios parido de cuchillas,
todo lo mágico del vino, del amanecer, del hierro y las dulces torcazas, el pan trascendental, que crece, enorme y sangriento como una vaca, en los hornos de la vida, y canta aceites de gran luna cristiana, borneando pabellones enlutados, la leche lluviosa de los fusiles o las vendimias o los laureles, lo augusto y ultramarino de las criaturas del Apocalipsis, que son inmensos derramamientos de la materia cerebral de las estrellas...
Tu configuración de miel cristalinísima es tremendamente ardiente, como el pequeño palomar, que existe en los barcos náufragos o en el pecho de cielo de las vírgenes cosmogónicas, haces la tarde mirando el mar, y te defines, contra tu propia muerte, en canciones, en donde enormes acompañamientos fluviales arrastran la carroza de un picaflor joven, que se ahorcó con la liga de su novia de humo, y a cuyos lagares van a apagar su sed de hambre gigante los proletarios y los campesinos sin posada porque en ti la unidad relampaguea en equivalencia entre el pétalo y el ácido, los dos pechos inmensos de una misma fruta; sí, desde el Paraíso Terrenal corren tus pulsos en tumulto, surgen los toros tremendos, tremendamente tremendos, que braman en la cuna de las niñas morenas, la brigada floral que maúlla entre sus mantillas, el puñado de vino que se derrama, gritando íncubo y súcubos, precisamente, en el vientre candente y funeral de las criaturas extraordinarias —coronando sus rajadas noches gigantes—, y a las que guiará la oveja ciega de Jehová, por los abismos; tu juventud se acoraza de plata repujada, como un volcán, en el que se enterraron los primeros sueños del sexo, y un aroma a comedor de antepasados circunda tu actitud sublacustre; pero la niña herida de genio y divinidad que fuiste, porque el terror del amor te llamaba desde las amazonas de las epopeyas, y la doncellez te quemaba las entrañas, nombrándome, ríe aun, entre tus azucenas desgarradas por mis besos de varón de pelo en pecho,
con aquella alegría redonda e invernal de las castañas, o las soperas esplendorosas del onomástico.
El hogar te proteje, como el oriente de sangre a los héroes, como la
cadena incendiada y tenebrosa del primer cristiano, o lo mismo, exactamente lo mismo que un jardín familiar, crecido entre mortajas y pirámides.
Winétt, panal, arteria de lirio o revólver iluminado, piscina de hondos ramajes, en la cual habita un pez negro con la mirada terriblemente roja, tonada de campo, en las aldeas, en la que una gran ventana de familia da a la sociedad sin clases, que parece la franca montaña llena de yeguas coloradas y potros, que son mundo rabiosos, vihuela de Licantén, en la cual se desnudan las chichas más sagradas del futuro, yo te destino aqueste canto de macho nacional, cabalgando el universo, asentado en su montura de bruto, terrosamente chapeada en pellejo de difunto amarillo, chapeada en el cuero del pueblo del país, que sostiene agarradas las entrañas del puñal de los setenta dioses.
Tu cruz humano social corresponde a la golondrina, que arrendó el corazón de la ametralladora, y al clarín del fusil adentro del cual hay una  violeta bañándose, o a la heredad escolar, en donde relucen todas las cenizas de todos los ojos de América.
Conduces tu ideal omnipotente, por el engranaje negro del siglo y una abeja blanca pone un olivo de rubí en la tendida mano del Todo-poderoso, ceñido del horrendo frac, tuna llovida, de garzón o de poeta burocrático, tú sonríes a la mañana marcial y ecuménica, tú, en donde el huevo del sol te ofrece su gran antología, y todos los novios del año, entre los cuales relampaguean sus vírgenes, viene a saludar a nuestros jóvenes hijos, trayendo un ternero de inmortalidad, que pestañea, como los ópalos, cuando les van a degollar un cabello.
Pero es la naranja y su perro regalón, es la manzana y su pie de cristal de canción de gran ciudad submarina, atlántico- pacífica, es la castaña y su asno bramador, o la ciruela encinta, quien te resume, bajo su poncho de dignidad agreste, por eso aquello tan sacrosanto que envuelve al maternal mugido del establo, en la catedral colosal de la pesebrera estupenda, aquello, de aquello, de aquello, del carbón vegetal, durmiendo entre milenios, te ciñe y te unge de divinidad, entre las madres del universo y sus banderas.
Hay una campana azul echada en tu pelo, amiga, y tu cabeza está formada de golondrinas dolorosas, o del gran mar de invierno de Talca, y, cuando sonríes, retornas a la muchacha de catorce años, que se rompía las rodillas en las novelas; las gallinas extranjeras, moribundas de Jericó, te vienen a obsequiar un árbol de llanto, y los sagrados gallos de Judá te saludan desde la cumbre del Gólgota, enarbolando la flor de los volcanes, el puñal de Dios, que es la misma cabeza de Dios, convertida en amapola; tu corazón está lleno de mosto caliente, es decir, atravesado de espadas, lo mismo que la rosa más roja de las montañas, o como la vida íntima de Jesucristo.
Un libro de leche campestre bala en tu felicidad blanca, y la agricultura te bendice, con el lenguaje de sus bueyes, porque la santidad de los surcos preñados da el acorde justo a tus epifanías.
Relinchan mis caballos originales en tu juventud, incendiándote, desgarrándote, arrasándote, y los búfalos y las águilas de mi desesperación heroica
escriben tu epopeya en mi epopeya, con una gran pluma de león americano, en la cual van talladas las armas de tus antepasados piratas, y un buitre inmenso de Inglaterra, todo como de bronce y sangre de espada, todo de como un metal ardiente como la palabra HORROR, o un pétalo del pecho de las doncellas.
Pequeña eres, pero las más rotundas catedrales se te parecen exactamente, su espanto elemental, tremendo, de bosque enorme y de caverna de Dios, su atmósfera de relámpagos, su actitud de mundo y de fruta de sol te rodean, a ti, preñada, embarazada de iluminación y congoja.
El amor sangre, el dolor sangre, el terror sangre, el fuego sangre, el agua sangre, ruge en el clan mínimo y de flor, que es tu cuerpo, a cuyo potencial de número, todas las fuerzas del universo convergen, de la misma manera de las ovejas al matadero, exactamente como el toro al cual van a degollar escupe el cuero del lazo, y gozan las palomas, orinando al atardecer lugareño, a la orilla de las enormes e hirvientes marmitas.
Una gran mirada negra echa a volar azúcar y habas santas, desde tu faz querida, en la cual comienza el crepúsculo a afilar su cuchara de armiño, y la lluvia madura te cubre con su vestido de naranjas, mientras las hojas caídas del mundo te picotean los zapatos desesperados.
Yo era un joven mancebo y un guerrero de Satanás, tú, aquella siempre heroína triste, acribillada por los sueños espesos y desesperados, de la gran alga marina que se engendró con el horror que es el sexo y es el miedo y es el pavor de la infancia, atribulada por la virginidad, y los símbolos, acongojada por la mucha angustia, que significa la alegría, entre los cuales madura la profunda noche oriental, entre los cuales se desnudan las señoritas, entre los cuales un acordeón acaricia a una paloma, y emerge un potro rojo, acariciando yeguas negras, adentro del potrero de tabaco y anémonas, que, como un lobo que se mordiese el corazón, empieza a la ribera del lecho de fuego de los adolescentes, cruzado por un río de vino, en el que retozan cien amantes; te rodeé de caricias indescriptibles y canto de tinajas, que hervían amargos caldos milenarios, medio a medio de la inmensa noche coagulada, rugiendo, de formidables animales de la antigüedad y grandes fantasmas, que alargan la garganta funeral, por dentro de la tempestad de doctrinas y murallas que, inmensamente, se derrumban, generando el aparato del estilo, como el corazón de Dios entre ortigas podridas; los sapos plagiarios, los culebrones que ordeñan cocodrilos, que educan tiburones, para escribir como elefantes, el orangután versificador, las ranas sagradas nos arrinconaron, nos mordieron, nos acorralaron contra nosotros, fuera de la ley, como vagabundos o santos, furiosos o extranjeros o asesinos de la sociedad, o héroes, nos ladraron, animándonos su gran perro amarillo, su gran cielo invertido de batracios, y nos engrandecieron, nos chorrearon de infinito y padecimiento, otorgándonos el origen de la inmortalidad y el destino, con todo su odio, adentro del cual gruñía el chanchito de Sardanápalo;
así, enormes, sobre razones acumuladas, nos crecieron estos tremendos elementos del lenguaje, que son finados despellejados, que aúllan, amamantados por antiguos dioses, cosas y climas sin desfigurarse, clamando, y, entre cuyos dientes, brillan la pupila de la unidad y sus síntesis, sangrienta y atronadora; mamando leche de serpientes o degolladores, nos criamos, pastoreando chacales y leones rojos, aunque un gallo bramaba, en todo lo tremendo del maderámen, hacia los cuatro vientos y los cuatro mundos de la humanidad, grandiosamente, heroicamente, furiosamente, cuando tú llorabas a la inmortalidad, echada en su automóvil incendiado,
a las riberas del gran clan familiar, circularon las arañas declamando una gran tiniebla, que les salía del estómago, el alacrán pelado y antropófago del calumniador y el difamador, en puntillas, el que él arrastra, ensombrecido, las entrañas de Dios, gritando, entre las magníficas, mortales mandíbulas, el comerciante en corazones, nos aulló en los grandes crepúsculos verdes,
y el cadáver del dolor nos bramó, desde los tejados, entre murciélagos y anónimos, descolgándose, desde el Poniente, con bastante y mucha gran furia.
Huevo de violeta, laguna de aguja, puño de cigarra, a ti convergen los niños difuntos de Bernardo O’Higgins, a pedir su ración de palomas y novelas, yo te comparo, gran incomparable, a la Revolución Bolchevique.
Tragedia de sol, espada, el orégano de las victorias te destina sus augustas admoniciones.
El toronjil y el arrayán del arrollado clamoroso y sacrosanto, la hierbabuena, que parece una viuda de pueblo o una cuba de trigo feudal, y las pataguas con su conversación de señoras del Sur, la dichosa canción del cedrón provinciano, del limón y los canelos de religión, lagrimeada por la alfalfa, los queltehues, en blanco y negro de aterrada manta araucana, y los pidenes que remuelen, grandiosamente, el anochecer nacional, enarbolando su escupitajo, como los soldados de la República, el vestido de greda de pena de la menta acariciado por las loceras de Quirihue, los rotos con tordos y matico del país, te sonríen, en familiar gramática, a la cual responde la cueca morena del matrimonio, que inventamos, desde el origen del entendimiento. 
Un bramido frutal fue tu vientre, cruzado de alas, cargado de savias elementales, si el buitre del Señor te mordió las entrañas con la maternidad copiosa del castaño, y el horror nos persiguió desde los cementerios, mi corazón te exprime como un racimo de guitarras.
Recuerdas la cabellera del océano, olorosa a libertad y a mundo mundo, la sal animal del mar, sus vientos sexuales, cargados de orígenes y cochayuyos venturosos, de universos sepultados y enormes palomas de substancia, el gran cristal quebrado en los mariscos, que son la risa bendita y las visceras, entregándose, boldos o pianos submarinos de la forma, ella, que emerge, sola, sagrienta, rota, atronadora, desde la multiplicidad de lo discontinuo, clamando el cosmos por el caos por el cosmos, ansiando la matemática y el terrible orden, como un animal muerto, a la siga de su madre, o Thor saliendo solo del todo, y haces resollar la humanidad en la naturaleza, enormemente organizada como mito.
Tú, en las placentas de la vida bárbara, escuchando el crecimiento de las apariencias, la mística feroz de los fenómenos, el español de ladridos tremendos, que estalla en imágenes.
Aldea de domingo, tinaja de agosto, religión de Chile, escarbo los vocabularios lacustres, para decirte la bestial medalla despavorida, rememoro los alfabetos místicos, donde los dioses son cebollas o choapinos o culebras, o lagos inmensos, habitados por castellanos de alcohol, poblados de presagio de lo fabuloso macabro y las tinieblas de Dios, o andrajos o colchones desventurados, que deslumbran.
Terror del animal tabú, lo voy siéndolo, tabú, todo congojoso como el retrato del hombre, drama de plata, tú, y cumbre marina, gritando los peldaños de la Atlántida.
Pabellón de tristes y pobres, bayoneta colorada de la liberación comunista, figura polar, dilema y número.
Canto tu canto de ilustre material catedralicio, y te ofrezco, Winétt, mis manos cortadas de capitán, bramando estas letras negras del conjuro ... 





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