viernes, enero 14, 2011

PSYCHOPOMPOS por H.P. LOVECRAFT



Yo soy el que aulla en la noche;
Yo soy el que gime en la nieve;
Yo soy el que nunca ha visto la luz;
Aquel que surge de lo más hondo.
Mi carro es el carro de la muerte;
Mis alas son las alas del miedo;
Mi aliento es el aliento del norte;
Mi presa es lo frío y lo muerto.

En la antigua Auvernia, cuando las escuelas eran pocas
Y los campesinos temían lo que no sabían explicar,
Cuando los nobles vivían lejos de la corte del rey,
Aislados en solitarias fortalezas,
Moraba un hombre de rango en un castillo
Bajo el calmo crepúsculo de un añoso bosque.
Su nombre, De Blois; su linaje, noble y vasto,
Orgullosa herencia de un honroso pasado;
Pero siempre, ahora y antes, se murmuró
Que el Sieur De Blois no era como los demás.
Persona siniestra y flaca, de pelo lustroso
Y reluciente, blanca dentadura que a menudo mostraba;
De ojos penetrantes y furtiva gracia,
De su boca salía el dulce, suave idioma francés;
El Sieur era poco estimado y poco visto,
Tan celosamente guardaba su propia intimidad.

Los criados del castillo, pocos, discretos y viejos,
Cuentan una antigua y extraña historia
Donde están sus señores y a los que antes sirvieron.
Estas habladurías nacieron como muchas otras,
Impregnadas de un halo de misterio y envidia;
Patrimonio de lenguas venenosas y afiladas
Los rumores se alimentaron de pocos hechos.
Se decía que el Sieur había sido visto
Cerca del río y en mitad de la noche,
Con aspecto tan indecible y mirada tan extraña
Que los lugareños se santiguaban al verlo,
Aunque ninguno sabía decir con claridad
Por qué lo hacían, o por qué temblaban.
Se rumoreaba que De Blois despreciaba los rezos
Y que no iba a misa el día del Sabbath:
Pero no se puede afirmar nada
Pues en su casa no había capellán, cura ni monje.
Pero si el señor tenía dudosa fama,
Más temida y odiada era su noble dama;
Tan siniestra como él, de facciones salvajes y firmes,
Dotada de una gracia oscura y sobrenatural,
La altiva señora desdeñaba el ambiente rural
Y a los que trataban, en vano, de averiguar su origen.
Las comadres decían que sus ojos brillaban demasiado
Y los chiquillos temblaban al escuchar su risa;
Richard, el enano (sujeto poco creíble),
Juraba que se movía como una serpiente,
Mientras que el viejo Pierre (la edad provoca desvarios)
Decía que era más perversa que su marido.
Pero aún eran más absurdos los chismes
A los que se entregaba gratuitamente el populacho,
Las mentiras y murmuraciones sibilinas,
Los cuchicheos... Historias difíciles de probar
Pero que las comadres creían a pies juntillas,
A pesar de llegarles de segunda mano.
Y así, se fue extendiendo la leyenda que aseguraba
Que la señora De Blois echaba mal de ojo;
Incluso, furtivamente, llegaban a sugerir
Que en su pecho anidaba el germen de la brujería.
La vieja Mere Aflard (medio bruja también) decía
Que la dama tenía extraños tratos con la muerte.
Así vivían los dos, como tantos otros
Que rehuyen la fama y la vida en sociedad.
Desdeñaban los recelos de los campesinos
Y sólo querían una cosa... ¡que les dejasen en paz!

El Orígen (Inception) - Trailer Subtitulado [HD 720]

CUANDO ME HALLES CON TUS EYES por SEÑOR QUIROFANO





la realidad es un ensayo permanente
la sonrisa es uno de los dedos de la locura
la.. es un artículo
mi figura engorda a medida que masticomo completos con palta
cómo.. a cuántos.. asciende..
en una escalera directo al paraíso
mire que de agujeros estamos hechos hasta Septiembre del próximo año
llorar a moco tendido, a manera siniestra, he, incomoda
no puede ser ke le guste escribir de esa manera
con faltas de ortografeas
a mi los cuentos no me vienen ni me van.. bueno si ud. los cuenta, quizás, me van
debe ser la necesidad de escuchar su vocecita a la vuelta de la esquina
a lo mejor el delirio es otra cosa.. más exquisita diría yo
pero explicarlo es mas complicado que dar el primer beso, y también así de simple



muack’s x tres veces lo que le parezca (léase como equis si prefiere)
(haga el ejercicio)
mu acss equis tres veces lo que le parezca,
“lo que le parezca” debe ser una cantidad entera
para convencer al lector contemporáneo
de lejitos no má.. porke no hace frío.. si, lo sé
esto Sobra, pero para que sobre debe estar sobre la página



me gustan las golondrinas de mañana
que su canto, me espante el sueño, esse sueño con esse mayúscula
sin embargo y quizás tal, ¿ves?
otra cosa que el ombligo cuando buscas imaginación en el suelo
es que a patita pelá uno debe andar por la playa
¡ya pue, desmonte, el mate es saliva y el sexo es espeso!
un resfrío de vez en cuando a uno lo ayuda a aterrizar
me gustan las golondrinas y los caramelos de leche
serpientes de sangre brotan incluso de los pechos
desde los pechos
como abanicos mis manos adolescentes
que no saben atraparlos.. y para qué
se preguntará uno mesmo después,
acaso es necesario masturbarse pensando en Afrodita



postiza, su sonrisa, se desliza,
antes de exhibirla, adelgace los párpados
tengo ganas de que se me borren todas las cicatrices
tengo ganas de cortarme la lengua
tengo ganas de morderme el alma
tengo ganas de irme a la chucha
demasiada aliteración para decir un garabato (diga cumbre y aquí no ha pasado nada)
compórtese
que su cariño por la geografía se demuestre en caricias alternativas
en romances suicidas el tacto debe sorprender en su semántica
la geografía por supuesto, es la suya
no existe otra
ve..
he ido aprendiendo a mentir mirando a los ojos
por qué será que cuando uno quiere hace daño
(esperando claro que ese daño se devuelva..
victimita de novelita el señorito que ama a señorita y le duele el dolor)
por qué será ke a uno lo olvidan con la facilidad de una roca
y más aún
porké necesitamos que se nos recuerde



la energía existencialista de un niño pálido
dibuja sobre la acuarela de otros tantos
una figura semisólida semi-simple
y en algunos casos hasta cómplice



tantas palabras para engordar las voz de un poema
tantas manías debajo de la piel



teamoteamoteamoteamoteamoteamoteamoteamoteamoteamoteamoteamoteamoteamo
teamoacortartelasvenas
habitación 617







puedo llamarme Señor Quirófano

AHORA QUE EL SALITRE SE ACABÓ por MONO HOSTIL

jueves, enero 13, 2011

EPITAFIO SOBRE UN TIRANO por W.H. AUDEN



Buscaba cierto tipo de perfección,
Y la poesía que inventó era de fácil
lectura;

Conocía la insensatez de los hombres
como la palma de su mano,

Y le interesaban mucho los ejércitos
y las flotas;

Cuando reía, senadores respetables
soltaban la carcajada;

Cuando lloraba, niños pequeños morían
en las calles.

DECLARACION UNIVERSAL DE LOS DERECHOS DEL POETA por SANTIAGO AZAR



Ya que nos encontramos todos aquí reunidos sépase:
Todo poeta o constructor de cielos infinitos
tiene a su merced los siguientes derechos irrenunciables:
A que no le quiten ni una sola estrella de sus manos,
a que se le revelen los milagros de la hormiga,
a regalonear en las faldas de un abuelo muerto.
A todo poeta se le debe dejar armar uvas con los dedos,
investigar sobre la sabiduría alfabética del buho,
descubrir en la boca del latido, cien mujeres sonriendo.
Tiene derecho a ser recogido de su miseria,
a compartir el pan en los días feriados,
a desfilar en primera línea frente a los gobernadores.
A cada uno de estos muchachos se les debe abrazar como
en la distancia,
que no se le destruyan sus voces de sables rojos,
que se le respete su militancia con palomas subversivas,
que no se le encadene a la biblioteca de los mudos.
Él es más naciente que un diente de leche,
y a la vez un niño que toca los timbres del alma
para luego salir corriendo a escondidas.
Esto no es sólo una cuestión de travesuras,
nuestros sueños son más que una apuesta quinceañera.
Permítase de igual modo, levantar por encima de los deseos
un grupo de banderas destinadas a la paciencia,
hacer penitencias siempre y cuando todos se desnuden,
ya que reiteradamente este albañil lo entrega todo,
lo da todo, como una adolescente que se enamora
/por primera vez,

como una carta que se espera venciendo la lágrima,
como una madre que extiende sus pechos al mundo.
Déjese entonces, a este ilustre habitante
de varias soledades roncar durante las mañanas
para despertar a los pájaros,
recitar en los velorios de las amistades más cercanas,
vigilar el amanecer de un pueblo tomado de la mano.
Por esto y por lo otro, que se escriba de arriba abajo,
con panfletos pegados en la esquina de la espera,
que aquí están los derechos universales
de todo poeta que se respetarán de aquí en adelante
hasta por la última de estas rebeldes estrellas.

CULTURA por QUINO Y MAFALDA

miércoles, enero 12, 2011

Bello Barrio - Mauricio Redolés

DIAS DE 1909,10 Y 11 por CONSTANTINO KAVAFIS



De un maltraído, pobrísimo marino
(de una isla del Mar Egeo) era hijo.
Trabajaba donde un herrero.
Usaba ropa vieja.
Sus zapatos de trabajo raídos y míseros.
Sus manos estaban manchadas de herrumbre y aceite.
Al caer la noche,
cuando cerraba el taller,
si había algo que deseaba mucho,
alguna corbata un poco cara,
alguna corbata para el domingo,
o si había visto en una vitrina y la quería
alguna bonita camisa azul oscuro,
vendía su cuerpo por un tálero o dos.

Me pregunto si en los tiempos antiguos
poseyó la gloriosa Alejandría
un joven más bellísimo,
un muchacho más perfecto que él
— que se perdió:
no hubo, se comprende,
estatua o pintura suya:
arrojado al mísero taller de un herrero,
se hubo de acabar tempranamente
por el trabajo penoso
y por una vulgar corrupción, desdichada.



(1928)

DIAS DE 1901 por CONSTANTINO KAVAFIS



Esto era lo que había en él de singular:
que en medio de toda su vida disoluta
y de su mucha experiencia en el amor,
a pesar de la habitual armonía,
entre su actitud y su edad,
había algunos instantes
— pero muy raros ciertamente —
en que daba la impresión de una carne casi intacta.

La hermosura de sus veintinueve años,
tan probada en el placer,
había momentos en que paradojalmente
recordaba a un adolescente que
-con cierta torpeza—
al amor por primera vez
su cuerpo puro entrega.

1927

CONVERSACION por EVGUENI EVTUSHENKO


Me dicen: "¡Hombre!
Tú sí tienes coraje!"
Eso es falso.
¿ Osadía?
Jamás he pecado por ella.
Simplemente,
he creído indigno condescender
[a la cobardía de otros.
No quería conmover
los fundamentos del mundo.
Escribía.
Oh, pocas cosas:
Incluso ninguna denuncia.
Frente a las palabras
redondas y vacías,
yo reía
, Me burlaba de las falsas
Y, en voz no demasiado baja,
me esforzaba por decir
Lo que de veras pensaba.
Más tarde, Mucho más tarde,
Otros hombres se acordarán de esto.
Y la vergüenza recaerá sobre nosotros
Cuando esos desconocidos aplasten con sus pies
La bajeza y la mentira:
"Tiempo curioso aquel,
Época rara
En que se daba
A una honestidad simple como los buenos días
El gran nombre de coraje".

POETAS, POETISAS, POETASTROS, POETUZOS, POBRETAS, POETILLAS, POETAZAS Y POETUDOS





Hay diversas clases de poetas. La manera de diferenciarlos va desde la mítica figura de “el muchacho de los ojos tristes”, el “caballero de la triste figura”, el místico del pueblo, el hombre profundo y misterioso, hasta desembocar en el loco del pueblo. Creo que en la república de Platón ya se sugería un exilio masivo de estos personajes.

En mi vida he visto de todo en la comunidad poética: empezando por el viejo poeta que parece cargar con sus años en la espalda y leyendo por más de una década los mismos versitos que le dieron una mediana consagración y que se dedicó a vender libros de viejos.

El poeta juez de letras, sesudo, con estilo correcto verso tras verso que le parecía un pecado tener este rol y vivía en las sombras del arte. El poeta que trabajaba duro , día a día que sabe un y mil “trucos” tejiendo y destejiendo un poema año tras año. Está el que sencillamente cree ser el “Mozart” de las odas y no aplica el oficio en sus letras. Otro se desgañita en el escenario desnudándose el torso, para qué hablar de aquel que se arrojó ácido muriático o soda caustica y se masturbó en público. Está también el incomprendido por los poetas de más edad y que con su muerte es editado dejando la trascendencia de su obra. Está el poeta que gusta de trabajar bajo cuerda , también el que cree que la poesía es religión, promoviéndola con un respeto bordeando en el dogma. El poeta crítico que es como el vino, hay vinos buenos que envejecen y se tornan malos añejos, hay otros que no son buenos y que el transcurso del tiempo los transforma en excelentes vinagres. Está el académico, aquel que genera buena literatura, que la difunde, que la empuja, que la incentiva con editoriales, con talleres, en suma: con inteligencia. Encontramos el poeta solidario con todos con la bondad a flor de labios. El poeta joven, el poeta rebelde, el poeta que detesta la clasificación de poetas mayores y menores. El experimentado, el novato, el campechano: la mayoría ebrios. Y el burlista… según un conocido, resulta un familiar cercano de un antipoeta. Todos humanos, todos con pecados con sus grandezas y sus pequeñeces, dignos e indignos.

Pero hay un tipo dentro de esta raza clasificable, pesable, medible y que resulta defectuoso, alguien que a la vista de todos los cánones éticos y no éticos reúne en su currículo vital una serie de detalles que a decir lo menos son reprochables. Aquel que proveniente de humilde cuna cree ser digno de algo mejor, casi por sobre todos, aquel que desprecia su ciudad natal, que aspira a lugares más amplios, más culturales un país desarrollado donde su espíritu y su bella persona pertenecen por derecho propio. Que los demás no tienen talento ( a pesar que su obra adolece de innumerables errores morfosintácticos), lee con ” faltas de ortografía” (más allá de la ironía, resulta penosamente cierto), pero se remonta , en base a sus comentarios a la altura de poetisas que han ganado el Nobel (estéticamente similar), los demás son aduladores sin talento, incluso su séquito, que si se le critica es porque se le tiene envidia o son nazis y judíos en un juego de rol donde todo rota según el papel que te determine el observador, o eres nazi o eres judío y un cúmulo de imágenes faustas e infaustas que acusan un infantilismo limítrofe que llama a risa. Caso para el DSM-IV (disculpen el tecnicismo).

El autobombo no es criticable. Es una opción dentro del avatar poético, el sobajear la espalda a poetas con trayectorias más logradas, integrando instituciones , haciendo el papel de “tonto útil” ( concepto muy de dictadura militar), siendo simpática y “humilde” generando un negocio de buenos dividendos, sobre todo si aquellos poetas “mayores” agasajados se ubican estratégicamente en jurados de concurso, todo sirve , todo para agendarse viaje tras viaje, se siente aceptada, olvidando que en Chile se quiere al amigo cuando es forastero, SOLO SI ESTA DE PASO. Hay que aclarar que hay poetas que detestan viajar, que si reclaman por tal o cual comitiva es por su legitimidad y trayectoria y no por su paso en el comité de selección o por secretaría.
El autobombo no es reprochable. Sabella usó y abusó de este noble mecanismo , y es poeta de la región, del Norte Grande, aunque debo confesar que me extrañó ver una antología de poetas hispanoamericanos desde la edad media hasta 1960 más menos , de editorial Aguilar en esa hojitas de Biblia delgaditas y multipropósito, donde aparecían grandes poetas como Díaz Casanueva y grandes ausentes como Nicanor Parra, pero aparecía “nuestro” Andrés Sabella. La calidad no se discute, no llegó por nada a su sitial. Qué se creen…

A este tipo de poetas, no a Sabella, por favor; sino al de este artículo, le puede parecer que poetas como Rosamel del Valle , Eduardo LLanos , Almafuerte ( si es que le conoce) Dinko Pavlov , Urtaza y otros que no suenan tanto pero de una calidad sobre la media y a veces superiores a otros sólo posesionados por la fama y el qué hacer social, son meros aduladores sin aptitud. En fin, estimo que el correlativo del talento es la humildad a toda prueba, lo demás como dice la biblia , viene por añadidura.




martes, enero 11, 2011

LA NUBE EN PANTALONES -4- por VLADIMIR MAIAKOVSKI



¡María! ¡María! ¡María!
Déjame entrar, María,
¡no puedo vivir en las calles!
¿No quieres?
¿Esperas
que mis mejillas se hundan, que degustado por todos, soso, venga
y masculle sin dientes que hoy
«seré asombrosamente honesto»?

María, ¿ves?,
ya comienzo a encorvarme.

Por la calle
las gentes agujerean la grasa en sus buches de cuatro pisos,
asoman por allí unos ojos
raídos por el trajín de cuarenta años
y chismorrean socarrones
porque entre mis dientes sostengo
-¡otra vez!-
el panecillo seco de una caricia de ayer.

La lluvia cubrió de llanto las aceras.
Como un pillo atrapado entre los charcos,
mojado, el cadáver olvidado de un adoquín lame la calle
y en las cejas grises,
¡sí!,
en las cejas de los carámbanos
hay lágrimas,
¡sí!,
y en los ojos entornados de las cañerías de desagüe.

La jeta de la lluvia ha chupado a todos los transeúntes. En los carruajes un atleta sigue a otro atleta gordo. Revientan las gentes de tanto comer
y a través de sus grietas gotea el sebo un río turbio que fluye de los carruajes junto con un panecillo cubierto de saliva y la masa masticada de viejas croquetas.

¡María!
¿Cómo hacer entrar en sus oídos grasientos una sencilla
palabra? El pájaro
pide limosnas con sus trinos; canta,
hambriento y sonoro,
pero yo soy un hombre, María,
un hombre simple,
que la tísica noche escupió en la sucia mano de la calle.

María, ¿quieres a alguien así? ¡Déjame entrar, María!

¡Mis dedos crispados aprietan la garganta de hierro del timbre en tu puerta!

¡María!

Se enfurece el pastizal de las calles.
En el cuello tengo rasguños de una turba de dedos.
¡Abre!
¡Me duele!

¿No ves que tengo clavados en los ojos alfileres de sombreros de mujer?

¡Has abierto!

No temas, criatura,
si ves en mi cuello,
como una bestia sudorosa, la montaña húmeda de
mujeres: es que yo arrastro por la vida millones de amores puros, enormes, y un millón de millones de sucios amorcitos. No temas si otra vez desgraciado e infiel vuelvo a sobar las caritas preciosas «de las miles que aman a Maiakovski», esas que ya son una dinastía de reinas entronizadas en mi alma de loco.

¡Ven, María, acércate!

Desnuda y sin pudor,
o quizá mínimamente temblorosa,
y dame el jamás marchito encanto de tus labios.
Mi corazón y yo nunca hemos llegado a mayo,

y en toda mi vida
hay sólo un centésimo abril.

¡María!
El poeta de sonetos canta a Tiana
pero yo,
hecho sólo de carne, hombre todo, sólo pido tu cuerpo, como un cristiano pide: «Danos el pan nuestro de cada día».

¡Dámelo, entonces, María!

¡María!
Temo olvidar tu nombre
como el poeta teme olvidar
la palabra nacida
en el tormento de la noche
y que le recuerda a Dios por su grandeza.

Amaré, cuidaré de tu cuerpo como el soldado recortado por la guerra, inútil,
solitario,
cuida su única pierna.

María, ¿no quieres?
¿No?

¡Ja!
Bien: otra vez, entonces, sombrío y cabizbajo tomo mi corazón bañado en lágrimas para llevármelo, como el perro que arrastra hasta su cubil
la pata aplastada por un tren.
Riego el camino con sangre de mi corazón
que se pega como flores de polvo en la guerrera.
Como la hija de Herodías,
el sol danzará mil veces rodeando la tierra,
como al cráneo del Bautista.

Y cuando haya danzado hasta el final los años que me tocan,
millares de gotas de sangre cubrirán el camino que lleva a la casa del Padre.
Saldré entonces
sucio (de todas las noches pasadas en las cloacas)
y me pondré muy junto a Él,
me inclinaré
y le diré al oído:
«¡Escuche, señor Dios!
¿Cómo no le aburre
en esa jalea nebulosa
mojar cada día sus bondadosos ojos?
¿Por qué no, sabe usted,
arma un carrusel
con el árbol del estudio del bien y del mal?».

Ubicuo, estará en cada armario y pondremos vino por toda la mesa, para que hasta al taciturno apóstol Pedro le entren ganas de bailar el ki-ka-pu.

Y otra vez llenaremos el paraíso de Evitas:
una palabra tuya y
esta misma noche
te traeré las más bellas muchachas
de los bulevares.

¿Quieres?

¿No?
¿Sacudes la cabeza, desgreñado? ¿Enarcas tu ceja canosa? ¿De verdad crees que ese
detras de ti, ese alado, sabe qué es el amor?

Yo también soy un ángel, lo fui:
como un corderito azucarado miraba a los ojos
pero me cansé de regalar a las yeguas
floreros hechos con sufrimiento de Sévres.
Todopoderoso, tú inventaste las manos,
hiciste
que cada uno tuviese una cabeza ¿por qué, entonces, no eliminaste el tormento
de besar, de besar, de besar?

Yo pensaba que eras un diosazo omnipotente y no eres más que un alumno retrasado, un
diosecillo minúsculo. Mira cómo me agacho, me saco de la bota una navaja. ¡Bellacos alados! ¡Acurruqúense en el paraíso!
¡Larguen sus plumas temblando de miedo! A ti, oloroso a incienso, te daré un navajazo desde aquí hasta Alaska!

¡Déjenme ir!

No me detendrán.
Les miento,
no sé si con razón,
pero no puedo estar tranquilo.
Miren:
¡han decapitado de nuevo a las estrellas
y la matanza ha ensangrentado todo el cielo!

¡Eh, ustedes! ¡Cielo!
¡Quítense el sombrero! ¡Voy a entrar!

Silencio.

El universo duerme apoyando en la pata,
garrapateada de estrellas, la oreja enorme.




1914-1915

LA NUBE EN PANTALONES -3- por VLADIMIR MAIAKOVSKI



3

¿Qué sentido tiene todo esto?
¿De dónde aparece en la luminosa
alegría este blandir los puños sucios?

Llegaste,
y tu desespero corrió sobre mi cabeza
una cortina que me evitó pensar en el manicomio.

Y
como en la tragedia de un acorazado
entre espasmos asfixiantes
los marineros se lanzan por la escotilla abierta:
a través de
mi ojo desgarrado hasta el grito
salía, enloquecido, Burliuk.
Casi ensangrentados sus sufridos párpados
salió,
se incorporó, se acercó
y con ternura inesperada en
un hombre grueso de pronto dijo: «¡Qué bueno!».

¡Qué bueno cuando una blusa amarilla protege
tu alma de las miradas ajenas! ¡Qué bueno
si cuando te lanzan a los dientes del patíbulo
alcanzas a gritar:
«Tomen cacao de Van Gutten»!


Y este segundo fuego de bengala, sonoro,
no lo cambiaría por nada ni por mi propio pico

Y entre el humo de tabaco, como una copa de licor,
se alarga la cara abotagada-ebria de Severianin.

¿Cómo se atreve a llamarse poeta
y gorjear tan gris como una codorniz?
Hoy
hace falta
pegarle duro al cerebro del mundo con una manopla.

Usted
a quien inquieta este solo pensamiento

«¿bailo elegantemente?» mire cómo me divierto yo:
¡chulo de plaza y tahúr de naipes!

A ustedes
por el amor reblandecidos,
que durante siglos
sólo han vertido lágrimas,
los dejaré,
me pondré el sol de monóculo en el ojo bien abierto.

Y ataviado de este modo increíble iré por la tierra
para gustarles aunque los queme y atado a una cadenita,
abriéndome camino, pasearé a Napoleón como a un dogo enano.

La tierra entera se tenderá como una mujer,
agitará sus carnes, ansiosa por entregarse.
Sus ropas cobrarán vida
y los labios de sus ropas
sisearán zalameros:
«¡Precioso, precioso, precioso!».

De pronto
los nubarrones
y todo lo demás nuboso
levanta en el cielo una gran agitación
como si obreros vestidos de blanco se dispersaran
tras declararle una airada huelga al cielo.
De detrás de una nube, un trueno, furioso,
salió y se sonó las narices desafiante.
El rostro del cielo se crispó por un segundo
con la mueca severa del férreo Bismark.

Y alguien
enredado en los lazos del cielo alargó
sus brazos a un café: de una manera algo femenina,
como tiernamente,
y también como la cureña de un cañón.

¿Usted piensa que el sol, tierno,
palmea la mejilla del café?
Pues no, es el general Galiffet
que va a fusilar a los rebeldes.

Saqúense, transeúntes,
las manos de los bolsillos:
cojan una piedra, un cuchillo, una bomba,
y si alguien no tiene manos
que venga a golpear con su frente.

¡Vayan los hambrientos, los sudorosos, los sumisos,
los podridos en lo pulgoso y sucio!
¡Vengan
los lunes y los martes,
coloreémoslos con sangre como días feriados!
¡Que la tierra se acuerde al sentir
los cuchillos de aquellos que quiso ultrajar!
¡La tierra,
cebada como una amante
de las ya usadas por Rothschild!

Para que los estandartes restallen en el ardor de
la metralla como en cada fiesta
que se digne de serlo: levanten
a la altura de los faroles
los cuerpos ensangrentados de los tenderos.

Blasfemando,
implorando,
acuchillando,
pasando por sobre alguien,
para hundir sus dientes en el costado,

en el cielo, rojo como la marsellesa,
temblaba, palmándola, el crepúsculo.

La locura absoluta.
Pero no pasará nada.

Caerá la noche, morderá algo, y se lo tragará.

¿No ve
que el cielo vuelve a ofrecer como un Judas
un puñado de estrellas salpicadas de traición?

Y por fin cae la noche.
Festeja como Mamai,
posando su trasero sobre la ciudad.
Esta noche, tan negra como Azef,
no habrá ojos que la atraviesen.

Encogido en el fondo de tabernas,
me erizo. Riego con vino mi alma y el mantel
y veo:
en un rincón -mis ojos redondos como platos-
los ojos de la Virgen se me meten en el corazón.
¡Qué sentido tiene ofrecer
su resplandor pintado a esta turba tabernaria!
¿No ves que otra vez en lugar de al ultrajado
en el Gólgota prefieren a Barrabás?
Quizá yo, a propósito,
entre el amasijo humano,
no muestro un rostro más nuevo.
Aunque yo,
quizá,
sea el más hermoso de todos tus hijos.

Dales a ellos
enmohecidos en su alegría
la muerte rápida del tiempo.
Para que haya niños los jóvenes deben
crecer, hacerse padres,
las jóvenes, embarazarse.

Y a los recién nacidos déjenles
crecer las escrutadoras canas de los magos,
y vendrán
y bautizarán a los niños
con nombres tomados de mis versos.

Yo, que he cantado la máquina y a Inglaterra,
acaso, simplemente,
en el más común de los Evangelios,
soy el decimotercer apóstol.
Y mientras mi voz obscenamente ulula
hora tras hora, días enteros,
Jesús Cristo, quizá,
aspira el olor del nomeolvides de mi alma.

LA NUBE EN PANTALONES -2- por VLADIMIR MAIAKOVSKI



¡Glorifíquenme!
No puedo compararme a los grandes. Y en todo lo que han hecho pongo «nihil».
Jamás
quiero volver a leer nada. ¿Un libro?
¡Qué me importan los libros!
Antes creía
que los libros se hacían de este modo:
llegaba el poeta,
entreabría fácilmente los labios
y al momento comenzaba a cantar el simplón inspirado ¡ahí les va! Pero resulta
que antes de que se comience a cantar
caminan largo rato, les salen callos de tanto fermentarse,
y en silencio chapotea en el limo del alma
el tonto pez de la imaginación.
Y mientras hierven, revolviendo con rimas
cierto guiso de amor y ruiseñores,
la calle se retuerce atrofiada, sin lengua,
sin tener con qué gritar ni conversar.

Orgullosos, levantemos de nuevo
las torres de Babel de las ciudades
mientras Dios
destruyendo ciudades
crea pastos
y mezcla la palabra.
La calle cargaba en silencio su tormento. Un grito le asomaba del gaznate. Se erizan, atravesados de través en taxis regordetes y huesudas calesas. Le han apeatonado el pecho. ¡Peores que la tisis!

La ciudad cerró el paso con tinieblas.

¡Y cuando!...
¡De todos modos!...
La calle escupió la turba a la plaza
sacándose el atrio que aprisionaba su garganta,
he pensado:
entre un coro de arcángeles Dios, saqueado, va a castigar.

Y la calle se sentó y lanzó un grito: «Vamonos a llenar la panza».

Maquillan a la ciudad los Krupps y los kruppitos, amenazan enarcando las cejas. En la boca
se pudren los cadáveres de palabras muertas,
sólo dos viven y engordan:
«canalla»
y alguna otra más, «borsh», creo.

Los poetas
reblandecidos en llanto y en sollozos abandonan la calle, los cabellos hirsutos: ¿cómo tan sólo con esas dos cantarles a las señoritas, al amor,
y a las florecitas cubiertas de rocío?

Y tras los poetas
los millares que habitan la calle:
estudiantes
prostitutas
capataces.
¡Señores!
¡Deténganse!
Dejen de comportarse como indigentes,
no se atrevan a pedir limosnas.

Nosotros, los robustos,
que caminamos a trancos,
no debemos obedecerlos, sino arrancarlos
a todos ellos,
a los que se aferran como un apéndice
gratis a cada cama matrimonial.
¿Pedirles a ellos dócilmente «ayúdame»?
¿Rogarles con un himno, un oratorio?
Creémoslas nosotros mismos como un ferviente
himno entre el ruido de las fábricas
y los laboratorios.

¡¿Qué me importa si bajo el fuego artificial
de los cohetes Fausto se desliza con Mefistófeles
por el parquet del cielo?!
¡Sé
que tengo un clavo en la bota,
una pesadilla mayor que las fantasías de Goethe!

Yo
el pico de oro,
de quien cada palabra
renueva el alma
y celebra el cuerpo,
les digo:
¡la más diminuta mota de lo vivo
es más valioso que lo que he hecho y haré!

¡Escuchen!
Predica
convulso y quejoso
Zaratustra, el labio-gritón de hoy.
Nosotros
con cara como sábanas soñolientas,
con labios colgantes como lámparas,
nosotros,
presidiarios de ciudades-leprosarios,
donde el oro y el lodo han llagado a la lepra,
¡estamos más limpios que el azul celeste de Venecia
que bañan a diario los mares y el sol!

¡Me importa un bledo
que ni en Homero ni en Ovidio
aparezcan gentes como nosotros,
picados por la viruela del hollín.

que el sol palidecería
si pudiera ver las reservas de oro que guardan nuestras almas.

Más seguros que los rezos son los tendones y los músculos.
¿Por qué habríamos de rogar una limosna al tiempo? ¡Nosotros,
cada uno de nosotros,
sostenemos en nuestras cinco
las correas de transmisión del mundo!
Esto me aupó al Gólgota de los auditorios
en Petrogrado, en Moscú, en Odessa, en Kiev, y no hubo ni uno que
no gritara: «¡Crucifíquenlo, crucifíquenlo!».
Pero para mí todas las gentes
(y también aquellas que me ofendieron)
son lo más querido y cercano.

¿No han visto cómo un perro
lame la mano que lo ha golpeado?

Yo,
escarnecido por las tribus de hoy
como un chiste largo y escabroso,
veo cómo avanza a través de montañas de tiempo
alguien para todos invisible.
Donde el ojo de los hombres se desploma segado,
cual un jefe de hordas hambrientas
con la corona de espinas de las revoluciones
llegará el año dieciséis.
Yo soy su profeta entre las gentes,
estoy donde está el dolor: en todas partes;
me he crucificado
en cada lágrima.
Ya no puedo perdonar nada.
He quemado almas donde cultivaban la ternura.
¡Algo más difícil que tomar
miles y miles de Bastillas!

Y cuando,
proclamando con una revuelta su arribo,
salgan a recibir al salvador, yo
me sacaré el alma, la pisotearé
¡para hacerla más grande!,
y así ensangrentada se la daré como estandarte.

LA NUBE EN PANTALONES -1- por VLADIMIR MAIAKOVSKI



1

¿Tal vez creen que la malaria me hace delirar?

Esto ocurrió, ocurrió en Odessa.
«Vendré a las cuatro», dijo María.

Dieron las ocho. Las nueve. Las diez.

Y la noche
escapó de la ventana
al horror nocturno,
sombrío,
decembrino.

A mi decrépita espalda carcajean
y relinchan los candelabros.

Nadie podría reconocerme ahora:
esta mole musculosa
gime,
se retuerce.
¿Qué querrá esta mole?
Pues esta mole es mucho lo que quiere.

Porque para uno mismo no importa ser de bronce
o tener un corazón de hierro frío.
Pero por la noche uno quiere
esconder su tañido en algo blando, femenino.

Y aquí me tienen enorme,
doblado en la ventana
fundiendo con mi frente el hielo del cristal.
¿Habrá amor o no habrá amor?
¿Cómo será?
¿Grande o pequeño?
¿Pero cómo un cuerpo así tendría uno grande?
Deberá ser pequeño, un amorcito dócil.
Que saltará, asustado, al claxon de los autos
y amará las campanillas
de los tranvías tirados por caballos.

Metiendo todavía más mi rostro
en el rostro picado de la lluvia espero
salpicado por la estruendosa pleamar citadina.

La medianoche, apuntándome con un cuchillo,
me alcanzó,
me apuñaló.
(Te lo tienes merecido.)
Y cayeron las doce
como la cabeza de un condenado cae del cadalso.

En los cristales gotitas grises
se fundían en una
mueca inmensa
como si aullaran las quimeras
del Notre-Dame de París.

¡Maldita!
¿No te basta con esto?
Pronto los gritos lastimarán mi boca.

Y oigo esto: silenciosamente,
como baja un enfermo de su cama,
salta un nervio.
Primero
camina un poco y luego
comienza a correr
nervioso,
con paso firme.
Y ahora este y otros dos más
se lanzan a un zapateo desesperado.

Se desprende el enlucido en el piso de abajo.

Nervios grandes y pequeños, muchos ahora,
galopan enloquecidos hasta que
a ellos mismos les fallan las piernas.

la noche se extiende como limo en mi cuarto
y en ese limo se hunden mis ojos ya pesados.

De pronto la puerta comienza a rechinar
como si al hotel
le castañetearan los dientes.

Entraste tú,
rotunda como un «ahí tienen», torturando la gamuza de tus guantes
dijiste:
“¿Sabe usted? Me caso».

¿Qué tiene? Cásese.
No importa.
Resistiré.
¿No ve usted lo tranquilo que estoy?
Como el pulso
de un difunto.

¿Recuerda? Usted decía: «Jack London, dinero, amor, pasión»,
pero yo sólo veía esto:
¡Usted es una Gioconda que alguien debe robar!

Y así ocurrió.

Otra vez enamorado, entraré al juego, iluminando con fuego la curva de mis cejas.
Pero ¿qué tiene de extraño?
¡Hasta en una casa consumida por el fuego
a veces viven vagabundos!

¿Se burla de mí?
«Posee menos esmeraldas de locura que kopeks un indigente.»
¡Pero no olvide
que Pompeya pereció cuando irritó al Vesubio!

¡Ey!
Señores
amantes
de lo sacrilego,
del crimen,
¿han visto lo
más terrible?
¿Mi rostro
cuando
estoy
del todo calmo?

Y ya siento que mi «yo»
me queda estrecho.
Que alguien pugna por salir de mí.

¡Aló!
¿Quién habla?
¿Mamá?
Vuestro hijo está bellamente enfermo.
¡Mamá!
¡Sufre un incendio de su corazón!
Dígale a mis hermanas, a Liúda y a Olia,
que ya no tiene adonde ir.
Cada palabra suya
hasta la broma
que regurgita de su boca resquemada,
se lanza afuera como una prostituta desnuda
de un prostíbulo en llamas.

¡La gente husmea
y les huele a quemado!
Trajeron a ciertos tipos.
¡Relucientes!
¡Con cascos!
¡¿Pero adonde van con esas botas?!
Háganles saber a los bomberos
que a un corazón ardiente se sube con caricias.
Déjenme, mejor yo mismo
achicaré mis ojos llorosos con barriles.
Permítanme apoyarme en la costilla.
¡Voy a saltar! ¡Voy a saltar! ¡Voy a saltar!
Y sólo caen los bomberos.
¡No es posible dejar de un salto el corazón!

En el rostro quemado,
de entre las grietas de los labios,
un beso abrasado quiere alzarse.
¡Mamá!
¡No puedo ya cantar!
En la pequeña iglesia de mi corazón se quema el

Figurillas quemadas de palabras y números
abandonan mi cráneo
como niños un edificio en llamas.
Así el miedo,
queriendo agarrarse del cielo, elevaba
sus ardientes manos en el Lusitania.
Ante las gentes temblorosas en la paz de sus casas
un resplandor de mil ojos se desgajaba del muelle.
¡Un último grito: tú al menos
clama a los siglos que me abraso!

LA NUBE EN PANTALONES por VLADIMIR MAIAKOVSKI



A vuestros pensamientos que sueñan
sobre sus sesos reblandecidos como un gordo lacayo
sobre un sofá grasiento quiero irritarlos
con un jirón sangriento de mi corazón,
me burlaré hasta hartarme, mordaz y atrevido.

¡No tengo en el alma ni una sola cana
ni tampoco hay en ella ternura senil!
Ensordeciendo al mundo
con el poder de mi voz avanzo hermoso,
con mis veintidós años de existencia. ¡Los delicados
tocan el amor con tiernos violines!
Pero el rudo se sirve de timbales.
Prueben, como yo,
a darse vuelta como un guante y ser todo labios.
Salga a aprender
desde su sala de batista
la ceremoniosa funcionarla de liga angelical.

Y también la que hojea en silencio sus labios
como una cocinera un libro de recetas.

Si lo desean
comeré carne hasta ponerme rabioso
-y, como el cielo, mudaré de tonos-; si lo desean
seré impecablemente tierno.
No un hombre,
¡sino una nube en pantalones!

No creo que exista una Niza florida.
Por mi conducto otra vez serán loados
todos los hombres que yacen como un hospital
y todas las mujeres gastadas como un refrán.

UN CAMBIO EN LOS CLIMAS DEL CORAZÓN por DYLAN THOMAS



Un cambio en los climas del corazón
vuelve seco lo húmedo, la bala de oro estalla
sobre la tumba helada.
Un clima en la comarca de las venas
cambia la noche en día; la sangre entre sus soles
ilumina al viviente gusano.

Un cambio en el ojo advierte a tiempo
la ceguera hasta el hueso; y el útero incorpora
una muerte mientras surge la vida.

Una sombra en el clima del ojo
es a medias su luz; el mar sondeado irrumpe
sobre una tierra sin arpones.
La semilla que del lomo hace una selva
divide en dos su fruto; y la mitad se escurre
lenta en un viento dormido.

Un clima en la carne y el hueso
es seca y húmeda; el viviente y el muerto
se mueven como espectros ante el ojo.

Un cambio en el clima del mundo
vuelve espectro al espectro; y cada niño dentro su madre
se repliega en su doble de sombra.
Un cambio echa la luna dentro del sol,
tira de las ajadas cortinas de la piel;
y el corazón entrega a sus muertos.

lunes, enero 10, 2011

Lihn La Pieza oscura

TAKING IT IN LAUNDRY SHOOT por DANIEL ROJAS PACHAS




"You cannot blame porn... When I was young, I used to masturbate to Gilligan s Island. "
Ron Jeremy


todo se resume en
correrse la paja
ver a rachel roxxx mamando
o
encularse en la mente a jayden james mientras scott nails la monta.
cobrar el puto premio de un concurso hasta las huevas.
el dolores pincheira
o
un fondo de investigación
y farrearse la mitad en putas colombianas...
otros sufren una snuff movie.
coleccionan los cartoon bondage de britney .
toman chelas
y escriben...
tomar cerveza y soñar:
vamos cambiando al mundo con nuestra inocencia mutilada.
dejar unas señas al transeúnte incauto,
esos tarados de turno tras la pantalla o público
y hablar un par de huevadas correctas.
honrar a las musas, ninfas y jawas
todo para un grupo de escolares: quinceañeras...
no puedes quitar los ojos de sus faldas a cuadros, piernas, muslos y todo se vuelve carne. sólo carne. rosada, roja carne. en eso se va la vida.




nota: Texto de la próxima publicación de Editorial Cinosargo: CARNE de Daniel Rojas Pachas.
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