viernes, noviembre 18, 2011

NATHICANA por H. P. LOVECRAFT




It was in the pale garden of Zais;
The mist-shrouded gardens of Zais,
Where blossoms the white naphalot,
The redolent herald of midnight.
There slumber the still lakes of crystal,
And streamlets that flow without murm'ring;
Smooth streamlets from caverns of Kathos
Where broodth the calm spirits of twilight.
And over the lakes and the streamlets
Are bridges of pure alabaster,
White bridges all cunningly carven
With figures of fairies and daemons.
Here glimmer strange suns and strange planets,
And strange is the crescent Bnapis
That sets 'yong the ivy-grown ramparts
Where thicken the dusk of the evening.
Here fall the white vapours of Yabon;
And here in the swirl of vapours
I saw the divine Nathicana;
The garlanded, white Nathicana;
The slow-eyed, red-lipped Nathicana;
The silver-voiced, sweet Nathicana;
The plae-rob'd, belov'd Nathicana.
And ever was she my beloved,
From ages when time was unfashioned
Now anything fashion'd but Yabon.
And here dwelt we ever and ever,
The innocent children of Zais,
At peace in the paths and the arbours,
White-crowned with the blest nephalote.
How oft would we float in the twilight
O'er flow'r-cover'd pastures and hillsides
All white with the lowly astalthon;
The lowly yet lovely astalthon,
And dream in a world made of dreaming
The dreams that are fairer than Aidenn;
Bright dreams that are truer than reason!
So dreamed and so lov'd we thro' ages,
Till came the cursed season of Dzannin;
The daemon-damn'd season of Dzannin;
When red shone the suns and the planets,
And red leamed the crescent Banapis,
And red fell the vapours of Yabon.
Then redden'd the blossoms and streamlets
And lakes that lay under the bridges,
And even the calm alabaster
glowed pink with uncanny reflections
Till all the carv'd fairies and daemons
Leer'd redly from the backgrounds of shadow.
Now redden'd my vision, and madly
I strove to peer thro' the dense curtain
And glimpsed the divine Nathicana;
The pure, ever-pale Nathicana;
The lov'd, the unchang'd Nathicana.
But vortex on vortex of madness
Beclouded my labouring vision;
My damnable, reddening vision
That built a new world for my seeing;
Anew world of redness and darkness,
A horrible coma call'd living
So now in this come call'd living
I view the bright phantons of beauty;
The false hollow phantoms of beauty
That cloak all the evils of Dzannin.
I view them with infinite longing,
So like do they seem to my lov'd one:
Yet foul for their eyes shines their evil;
Their cruel and pitilessevil,
More evil than Thaphron and Latgoz,
Twice ill fro its gorgeous concealment.
And only in slumbers of midnight
Appears the lost maid Nathicana,
The pallid, the pure Nathicana
Who fades at the glance of the dreamer.
Again and again do I seek her;
I woo with deep draughts of Plathotis,
Deep draughts brew'd in wine of Astarte
And strengthen'd with tears of long weeping.
I yearn for the gardens of Zais;
The lovely, lost garden of Zais
Where blossoms the white nephalot,
The redolent herald of midnight.
The last potent draught am I brewing;
A draught that the daemons delight ih;
A drught that will banish the redness;
The horrible coma call'd living.
Soon, soon, if I fail not in brewing,
The redness and madness will vanish,
And deep in the worm-people'd darkness
Will rot the base chains that hav bound me.
Once more shall the gardens of Zais
Dawn white on my long-tortur'd vision,
Andthere midst the vapours of Yabon
Will stand the divine Nathicana;
The deathless, restor'd Nathicana
whose like is not met with in living.





NATHICANA

Fue en el pálido jardín de Zais,
Los jardines neblinosos de Zais,
Donde florece el nephalot blanco,
El perfumado heraldo de medianoche.
Ahí dormitan los quietos lagos de cristal,
Y arroyos que fluyen sin murmurar,
Los suaves arroyos desde las cavernas de Kathos
Donde germinan los espíritus calmos del ocaso.
Y sobre los lagos y arroyos
Hay puentes de alabastro puro,
Puentes blancos todos tallados hábilmente
Con figuras de hadas y demonios.
Aquí resplandecen soles raros y planetas extraños,
Y extraña es la creciente Banapis
Que se pone más allá de las murallas cubiertas de hiedra
Donde se hace espeso el ocaso del atardecer
Aquí caen los vapores blancos de Yabon;
Y aquí en el remolino de vapores,
Yo vi a la divina Nathicana;
La enguirnaldada, blanca Nathicana;
La de ojos humildes, la de labios rojos Nathicana;
La de voz plateada, la amada Nathicana;
Y siempre fue ella mi amada;
Desde las edades en que el tiempo era no nacido;
Cuando nada nacía, salvo Yabon.
Y aquí habitábamos por siempre
Los niños inocentes de Zais,
En forma queda, en los senderos y las plazoletas
Coronados de blanco con el bendito nephalot.
¡Cómo acostumbrábamos flotar en el ocaso
Sobre prados cubiertos de flores y sobre laderas
Todas blancas con el humilde astalthon;
El humilde pero amado astalthon,
Y soñábamos en un mundo construido de sueños
Sueños que son más rubios que Aidenn;
Sueños luminosos que son más reales que la razón!
Así soñamos y amamos a través de las edades,
Hasta que vino la maldita estación de Dzannin;
La estación maldita por demonios de Dzannin;
Cuando rojos brillaron los soles y planetas,
Y roja brilló la creciente Banapis,
Y rojos cayeron los vapores de Yabon.
Entonces enrojecieron las flores y los arroyos
Y lagos que yacían bajo los puentes,
E incluso el calmo alabastro
Brilló rosado con reflejos misteriosos
Hasta que las esculpidas hadas y demonios
Miraron, rojos, desde detrás de la sombra.
Ahora mi visión enrojecía, y en forma demencial
Yo me forcé por vislumbrar a través de la densa cortina
Y vi a la divina Nathicana;
La pura, siempre pálida Nathicana;
La amada, inmutable Nathicana.
Sin embargo, vórtice sobre vórtice de locura
Nublaron mi laboriosa visión;
Mi maldita, enrojecida visión;
Que construía un mundo nuevo para mi contemplación;
Un mundo nuevo de color rojo y tinieblas,
Un horrible coma llamado vida
Ahora en este coma llamado vida
Yo contemplo los brillantes fantasmas de belleza;
Los fantasmas de falsa belleza
Que ocultan todas las maldades de Dzaninn.
Los veo con ansia infinita,
Tan parecidos a mi amada:
Aunque en sus ojos brilla su maldad;
Su crueldad e impiedad,
Más despiadada que Thaphron y Latgoz,
Doblemente nociva por su disimulo que atrae.
Y sólo en los sueños de medianoche
Aparece la perdida doncella Nathicana,
La pálida, la pura Nathicana
Quien se desvanece en la mirada del soñador.
Una y otra vez yo la busco;
Y en mi lástima recurro a los profundos tragos de Plathotis,
Profundos tragos mezclados en el vino de Astarte
Y fortalecidos con lágrimas de largo llanto.
Y añoro los jardines de Zais;
Los amados, los perdidos jardines de Zais
Donde surge el blanco nephalot,
El flagrante heraldo de medianoche.
El potente último trago estoy preparando;
Un brebaje con el cual los demonios se deleitan;
Un trago con el cual desaparezca el color rojo;
El horrible coma llamado vida.
Pronto, pronto, si no me falla el brebaje,
El rojo y la locura se desvanecerán,
Y en la profundidad tenebrosa habitada por gusanos
Se pudrirán las cadenas que me han sujetado.
Una vez más los jardines de Zais
Resplandecerán blancos en mi visión largamente torturada
Y en medio de los vapores de Yabon
Se levantará la divina Nathicana;
La eterna, restaurada Nathicana;
Cuya imagen no es posible encontrar en vida.

jueves, noviembre 17, 2011

OPIARIO por FERNANDO PESSOA



Al señor Mário de Sá-Carneiro
3-1914



Es antes del opio que mi alma está enferma.
Sentir la vida que convalece y se seca
Y voy en busca del opio que consuela
Un Oriente al oriente del Oriente.

Esta vida de a bordo ha de matarme.
Son días sólo de fiebre en la cabeza
Y, por más que busque hasta que enferme,
Ya no encuentro el resorte para adaptarme.

En paradoja e incompetencia astral
Yo vivo a rayas de oro mi vida,
Ola donde el pundonor es un descenso
Y los propios goces ganglios de mi mal.

Es por un mecanismo de desastres,
Un engranaje con volantes falsos,
Que paso entre visiones de cadalsos
En un jardín donde hay flores en el aire, sin astas.

Voy oscilando a través de la labor
De una vida interior de encaje y laca.
Creo tener en casa el cuchillo
Con que fue degollado el Precursor.

Ando expiando un crimen en una valija,
Que un abuelo mío cometió con esmero.
Tengo los nervios en la horca, veinte a veinte,
Y caí en el opio como en una cuneta.

Al toque adormecido de la morfina
Me pierdo en transparencias palpitantes
Y en una noche llena de brillantes
Se eleva la luna como mi Destino.

Yo, que siempre fui un mal estudiante, ahora
No hago más que ver la nave que va
Por el canal de Suez conduciendo
Mi vida, alcanfor en el alba.

Perdí los días que ya aprovechara.
Trabajé sólo para tener el cansancio
Que es hoy en mí una especie de brazo
Que a mi cuello me sofoca y ampara.

Y fui niño como toda la gente.
Nací en una provincia portuguesa
Y he conocido gente inglesa
Que dice que sé inglés perfectamente.

Gustaba de tener poemas y novelas
Publicadas por Pión y en el Mercure,
Mas es imposible que esta vida dure.
¡Si en este viaje ni hubo tempestades!

La vida a bordo es una cosa triste
Si bien la gente se divierte a veces.
Hablo con alemanes, suecos e ingleses
Y mi dolor de vivir persiste.

Y pienso que no vale la pena haber
Ido al Oriente y visto la India y China.

La tierra es la misma y diminuta
Y hay sólo una manera de vivir.

Por eso yo fumo opio. Es un remedio.
Soy un convaleciente del Momento.
Vivo en la planta baja del pensamiento
Y me da tedio ver pasar la Vida.

Fumo. Me canso. ¡Ah, una tierra donde, al fin,
Muy al este no fuera ya el oeste!
¿Por qué visité la India que hay
Si no hay India sino el alma en mí?

Soy desgraciado por mi primogenitura.
Los gitanos robaron mi Suerte.
Tal vez ni así encuentre al pie de la muerte
Un lugar que me abrigue de mi frío.

Fingí que estudié ingeniería.
Viví en Escocia. Visité Irlanda.
Mi corazón es una abuelita que anda
Pidiendo limosnas a las puertas de la Alegría.

¡No llegues a Port-Said, barco de hierro!
Gira a la derecha, ni yo sé hacia dónde.
Paso los días en el fumador con el conde—
Un vividor francés, conde de final de entierro.

Regreso a Europa disgustado, y en vías
De llegar a ser un poeta sonámbulo.
Soy monárquico mas no católico
Y me gustaba ser las cosas fuertes.


Me gustaba tener creencias y dinero,
Ser la varia gente insípida que vi.
Hoy, al final, no soy sino, aquí,
En un barco cualquier un pasajero.

No tengo ninguna personalidad.
Destaca más que yo ese criado
De a bordo que tiene una hermosa pose estirada
De lord escocés que ayuna desde hace días.

No puedo estar en ninguna parte. Mi
Patria es donde no estoy. Soy achacoso y débil.
El comisario de abordo es un bellaco.
Me vio con la sueca... y lo demás él lo adivina.

Un día escandalizo aquí a bordo,
Sólo para dar de qué hablar a los demás.
No puedo con la vida, y encuentro fatales
Las iras con que a veces me desbordo.

¡Paso el día fumando, bebiendo cosas,
Drogas americanas que atontan,
Y yo ya tan ebrio sin nada! Dieran
Mejor cerebro a mis nervios como rosas.

Escribo estas líneas. ¡Parece imposible
Que aun teniendo talento mal lo sienta!
El hecho es que esta vida es un huerto
Donde se aburre una alma sensible.

Los ingleses son hechos para existir.
No hay gente como esta para estar hecha

Con la Tranquilidad. La gente arroja
Un centavo y sale uno de ellos a sonreír.

Pertenezco a una clase de portugueses
Que después de haber descubierto la India
Se quedaron sin trabajo. La muerte es cierta.
He pensado en esto muchas veces.

¡Al diablo la vida y la gente que la tiene!
Ni leo el libro de mi cabecera.
Me enfada el Oriente. Es una estera
Que la gente enrolla y deja de ser bella.

Caigo en el opio por fuerza. Querer
Que pase en limpio una vida de estas
No se puede exigir. Almas honestas
Con horas para dormir y comer,

¡Qué un rayo las parta! Y esto al final es envidia.
Porque estos nervios son mi muerte.
¡Que no haya un barco que me transporte
Hacia donde nada quiera que no lo vea!

¡Ahora! Me fatigaba del mismo modo.
Quería un opio más fuerte para ir de allí
Hacia sueños que acabasen conmigo
Y que me arrojase en algún lodo.

¡Fiebre! Si esto que tengo no es fiebre,
No sé cómo se tiene fiebre y se siente.
El hecho esencial es que estoy enfermo.
Esto está consumado amigos.

Vino la noche, Tocó ya la primera
Corneta para vestirse y la cena.
¡Toda una vida social! ¡Eso! ¡Y marchar
Hasta que la gente salga apergollada!

Porque esto acaba mal y ha de haber
(¡Cómo no!) sangre y un revólver allá al fin
de este desasosiego que hay en mí
Y no hay forma de resolver.

Y quien me mira, ha de hallarme banal,
A mí y a mi vida... ¡Ahora! un rapaz...
Y mi propio monóculo hace
Que pertenezca a un tipo universal.

¡Ah, cuánta alma habrá, que ande metida
Así como yo en la Rectitud, y como yo mística!
¿Cuántos bajo el frac característico
No tendrán como yo horror a la vida?

¡Si al menos por fuera fuese yo tan
interesante como lo soy por dentro!
Voy en el Maelstrom, cada vez más hacia el centro.
No hacer nada es mi perdición.

Un inútil. ¡Mas es tan justo serlo!
Pudiera la gente despreciar a los otros
Y, aunque con los codos rotos,
Ser héroe, loco, maldecido o bello!

Tengo ganas de llevar mis manos
A la boca y morder en ellas fuerte y castigarme.

Sería una ocupación original
Y distraería a los otros, los dizque sanos.

Lo absurdo, como una flor de la tal India
Que no vine a encontrar en la India, nace
En mi cerebro harto de cansarse.
Que Dios cambie mi vida o que la acabe...

Que me deje estar aquí, en esta silla,
Hasta que me metan en el cajón.
Nací para mandarín de condición,
Mas me falta el sosiego, el té y la estera.

¡Ah qué bueno sería ir de aquí en caída
Hacia la tumba por una trampa de estruendo!
La vida me sabe a tabaco rubio.
Nunca hice más que pasar la vida fumando.

Y al final lo que quiero es fe, es calma,
Y no tener esas sensaciones confusas.
¡Que Dios acabe con esto! Abra las esclusas
¡Y basta de comedias en mi alma!

A bordo, por el Canal de Suez

AZATHOTH II por HOWARD PHILLIPS LOVECRAFT



El demonio me llevó por el vacío sin sentido
Más allá de los brillantes enjambres del espacio dimensional,
Hasta que no se extendió ante mí ni tiempo ni materia
Sino sólo el Caos, sin forma ni lugar.
Allí el inmenso Señor de Todo
murmuraba en la oscuridad
Cosas que había soñado pero que no podía entender,
Mientras a su lado murciélagos informes
se agitaban y revoloteaban
En vórtices idiotas atravesados por haces de luz.
Bailaban locamente al tenue compás gimiente
De una flauta cascada que sostenía una zarpa monstruosa,
De donde brotaban las ondas
sin objeto que al mezclarse al azar
Dictan a cada frágil cosmos su ley eterna.
“Yo soy Su mensajero”, dijo el demonio,
Mientras golpeaba con desprecio la cabeza de su Amo.

NYARLATHOTEP por H.P. LOVECRAFT



Y al fin vino del interior de Egipto
El extraño Oscuro ante el que se inclinaban los fellás;
Silencioso, descarnado, enigmáticamente altivo
Y envuelto en telas rojas como las llamas del sol poniente.
A su alrededor se apretaban las masas,
ansiosas de sus órdenes,
Pero al marcharse no podían repetir lo que habían oido;
Mientras por las naciones se propagaba
la pavorosa noticia
De que las bestias salvajes le seguían lamiéndole las manos.
Pronto comenzó en el mar un nacimiento pernicioso;
Tierras olvidadas con agujas de oro cubiertas de algas;
Se abrió el suelo y auroras furiosas se abatieron
Sobre las estremecidas ciudadelas de los hombres.
Entonces, aplastando lo que había moldeado por juego,
El Caos idiota barrió el polvo de la Tierra.

miércoles, noviembre 16, 2011

CANCION DEL SOLITARIO por GEORGE TRAKL



Pleno de armonías es el vuelo de las aves. Los verdes
bosques.
se han reunido al atardecer en cabañas silenciosas;
las praderas cristalinas del ciervo.
Lo oscuro atenúa el murmullo del arroyo, las húmedas
sombras
y las flores del estío, que suenan bellas al viento.
Ya anochece sobre la frente del hombre pensativo.
Y alumbra una lamparilla, lo bueno, en su corazón,
y la paz de la cena; porque benditos son pan y vino
por las manos de Dios, y te contempla desde ojos
nocturnos
silencioso el hermano, que pueda descansar del
peregrinaje espinoso.
Oh, vivir en el azul animado de la noche.
Amoroso abraza también el silencio en el cuarto
las sombras de los antepasados,
los tormentos purpúreos, queja de una magna estirpe,
que piadosamente se extingue ahora en el nieto
solitario.
Porque siempre más resplandeciente despierta de los
negros minutos de la locura
el paciente en el umbral de piedra;
y lo abrazan poderosamente la frescura azul y el
luminoso fin del otoño,
la casa silenciosa y las leyendas del bosque,
medida y norma y las sendas lunares de los solitarios.

TIGRE DE PASCUA por ENRIQUE LIHN



Hace veinte años yo era profesor de inglés. A mi hermano, el Tigre -de filosofía-, lo
mataron a culatazos en el 73. Luego tuve un taxi; ahora nada. Con esto lo digo todo.
¡Tigre, a cada cual de acuerdo con sus necesidades! ¿Tan poco necesitados
estábamos nosotros?
Sobrevivo, pues, en una de esas poblaciones de nombre paradójico (La Triunfadora),
donde nunca antes me habría soñado poniendo los pies. Cuidadosa, cuidadosamente.
Las experiencias me sirven para ordenar una cosa, una imagen, un pensamiento, serán
las que se llaman vitales. En la de sobrevivir, no se capitaliza. Puro trabajo. Se parte una y otra vez de cero. Por eso hay quienes prefieren a la sobrevida, una vida peligrosa. Así, antes, el Tigre -héroe de elección- y, ahora, los cogoteros. Son demasiados, por otro lado, quienes mendigan. Y trabajamos los cesantes encubiertos. Por dignidad o por debilidad, según como se mire la cosa. Pero la cesantía encubierta es el disfraz de la mendicidad. En suma, mendigos somos casi todos. Hasta los aficionados al cogoteo que quitan en lugar de pedir, pero sin profesionalismo.
Desde aquí veo a unos y otros ir y venir. Todos los caminos llevan al Paseo Ahumada,
nuestra Roma. Aquí (por donde alguna vez tendrá que pasar el Papa) se cumple eso de que
siempre hay Pascua en diciembre. Nos entregaron la calle para vigilarnos mejor. Que no se diga que no hay trabajo para todos en las fiestas de guardar, carajo. No hay tigre, hermano, que se resista a la tentación de parecer un gato si le permiten olfatear, en las calles de Bagdad, las puertas de todas las carnicerías.
Entre los que venden cualquier cosa -cuchillos a cien pesos- reconocí, denantes, a los hermanos Cárcamo. Me perdonaron la vida una noche. No sé si por caridad o por desprecio.
¡Hijos de puta! Desde entonces me miran, fijamente, sin verme. Me niegan con esa mirada vacía el derecho territorial sobre el suelo que cubro con mis pies. ¡Tanto fue lo que tuve que deshonrarme, Tigre, para no morir como tú, con gloria!
Está también la gente de paz como esa familia gorda de apellido Soto, como la
pensión. Malos, pero muchos. Ocupan una buena lonja del Paseo. Para no tener que correr, compran productos "naturales", lejos de Santiago. Si se los requisan no tienen que pagárselos a los distribuidores. Por lo demás, los pacos no le codician una piedra pómez, un mojón de luche, un cachorro o una de esas muñecas horribles que ellos mismos tejen en su media agua.
Hasta tienen un permiso municipal. A lo menos el Soto viejo que reparte la mercadería entre los suyos o la reingresa a la casa matriz en caso de peligro. Están también los payasos Cuevas. Y cuatro locas que reproducen una escena de la ópera Carmen, haciendo fonomímica. Todo está, literalmente, botado en las calles. Un mosquerío de gente que entra y sale de las tiendas, transfigurado, en las tardes, por las luces de colores. País de mierda. Los reflejos condicionados de la oferta y la demanda. Comprar y vender basura.
En este cuadro los viejos de Pascua, que se repiten menesterosamente en la calle...
sin comentarios. Con trineos hechos de catres de guagua y de restos de bicicletas. Con ciervos de sacos harineros, enarbolando unos cuernos que parecen racimos de manos llenas de sabañones. Los que no son viejos de verdad merecerían serlo por lo desbaratados que están, con sus barbas y pelucas de algodón. Algunos a medio filo. Con una guagua en brazos o un cabro chico en las rodillas. Mientras el socio les toma una polaroid caída, de cuando en vez.
Sé, por los otros, que olemos mal. A viejo curado, de población. Tú, Tigre, no ibas a oler nunca así, mientras te mataban.
Así es que, en recuerdo tuyo, me estoy quitando toda esta mierda de encima. Hasta las
barbas, que son de verdad. Arranquen a perderse, cabros del carajo. Y usted, señora ¿no ha visto nunca a un mendigo de Pascua, todo desnudo?
¡Vengan a ver a un gato, señoras y señores, que tira para tigre! ¡Vengan a ver a un
tigre al que van a reventar estos cobardes, a culatazos!


De "La República Independiente de Miranda", Editorial Sudamericana, Bs. Aires 1989

LOS RETRATOS DEL HORROR SOBRE LOS MUROS DEL HOTEL KING por THOMAS HARRIS



El silencio era la arquitectura del Hotel King.
Los goznes, gargantas, placer, un gesto torvo
de agonía suprema. El agua escabulléndose por los
desagües, encarnaciones líquidas de nuestros cuerpos.
La luz de las ampolletas se diluía en el aire
cargado de la noche exterior. Yo pensé en huir por
la escalera que parecía dar al entretecho, tal vez,
allí, se abriría, límpido, el cielo: fue cuando
se abrió la puerta de la pieza número 6, de un golpe:
el catre de bronce y el velador vacío adosado al
muro pálido junto al retrato en blanco y negro del
victimario y su víctima: sobre el piso, el polvo,
la leche de la muerte coagulada los papeles confort
sangantes aventados muertos también sobre las tablas
el polvo las secreciones el semen. Fue cuando se
abrió la puerta de la pieza número 6, de un golpe,
como un desfase, y se crispó una cortina y se
entornó una ventana, como una mueca anonadada, de
oligofrénico: fue cuando se abrió la puerta
de la pieza número 6.

KillingJoke ESS dates




I'm a Judeo-Christian morality with a
Greco-Roman intellect
It's the way we're short-wired
It's a civilising force that demands respect
-from the Baltic to the Straits of Gibraltar
A blue flag gold star sparks a brand new empire
Ours to build, ours the choice

I'm in a European Super State
Every citizen required to debate!

Why are the proud descendants of Plato
paying off more debts accommodating NATO?
We the caretakers of democracy no longer
tolerate this hypocrisy
Baltic to the Straits of Gibraltar
A blue flag gold star sparks a brand new empire
Ours to build, ours the choice

I'm in a European Super State...

Old Europe

I'm a Judeo-Christian...


Soy una moralidad Judeo-Cristiana con un
Intelecto grecorromano
Es la forma en que estamos cortos y enlazados
Es una fuerza de civilización que exige respeto
-desde el Báltico hasta el estrecho de Gibraltar
Una estrella de la bandera azul oro chispas de un nuevo Imperio
Nuestra construcción, nuestra la elección

Estoy en un Super Estado Europeo
Cada ciudadano debe debatir!

¿Por qué los descendientes orgullosos de Platón
pagan más deudas que acomodan a la OTAN?
Los cuidadores de la democracia
ya no se tolera esta hipocresía
desde el Báltico hasta el estrecho de Gibraltar
Una estrella de la bandera azul oro chispas de un nuevo Imperio
Nuestra construcción, nuestra la elección

Estoy en un Super Estado Europeo

Vieja Europa

Soy una Judeo-Cristiana...

jueves, noviembre 10, 2011

DE PROFUNDIS por GEORG TRAKL




Hay un campo de rastrojos donde una negra lluvia cae.
Hay un árbol pardusco que se yergue solitario.
Hay un viento susurrante que abraza las chozas vacías.
Que triste este atardecer.
De paso por el caserío,
recoge aún la dulce huérfana escasas espigas.
Sus ojos pacen redondos y dorados en el crepúsculo,
y su seno aguarda al prometido celestial.
Al regreso
hallaron los pastores el dulce cuerpo
descompuesto en el zarzal.
Una sombra soy lejos de lúgubres aldeas.
El silencio de Dios.
bebí en el manantial del bosquecillo.
Mi frente pisó un frío metal.
Arañas buscan mi corazón.
Hay una luz, que se extinguió en mi boca.
De noche me hallé en un páramo
lleno de inmundicias y polvo de las estrellas.
Entre los avellanos
Sonaban de nuevo ángeles de cristal.

SEPTIEMBRE 1, 1939 por W.H. AUDEN



Me siento en un lupanar
de la calle cincuenta y dos,
incierto y asustado
mientras mueren las grandes esperanzas
de una década baja y deshonesta:
olas de rencor y de miedo
corren sobre las iluminadas
y oscurecidas tierras del planeta
oprimiendo nuestras vidas privadas;
el inmencionable olor de la muerte
ofende a la noche de septiembre.
La escolaridad debida puede
desenterrar toda la grosería que,
desde Lutero hasta ahora,
ha enloquecido esta cultura,
averigua lo ocurrido en Linz,
qué gran imagen hizo
un dios sicópata:
yo y el público sabemos
lo que aprenden los escolares:
aquellos a quienes se les hace mal
hacen mal a cambio.
Tucídides en el exilio sabía
todo lo que un discurso puede decir
acerca de la democracia,
y lo que hacen los dictadores,
la añeja porquería que dicen
a las tumbas apáticas;
todo lo analizó en su libro,
la ilustración ignorada,
el dolor que forma hábito,
pena y mala administración:
todo hemos de sufrirlo nuevamente.
Hacia este aire neutral
donde usan los ciegos rascacielos
toda su altura para proclamar
la fuerza del Hombre Colectivo,
derrama cada lengua su vana
competencia de disculpas;
pero quién puede vivir tanto tiempo
en un sueño eufórico;
se asoman fuera del espejo
la cara del Imperialismo
y el error internacional.
Los rostros en la barra
se aferran a lo cotidiano:
nunca deben apagarse las luces,
la música debe siempre oírse,
conspiran todas las convenciones
para que este fuerte asuma
los modos del hogar;
a menos de que veamos lo que somos:
perdidos en un bosque hechizado,
niños temerosos de la noche
que jamás han sido buenos ni felices.
La más ventosa basura militante
que gritan las Personas Importantes
no es tan vulgar como nuestro deseo:
lo que el loco de Nijinsky escribió
sobre Diaghilev
es cierto del corazón común;
pues el error creado en el hueso
de cada mujer y de cada hombre
ansía lo que no puede tener,
no el amor universal
sino ser en soledad amado.
De la oscuridad conservadora
hasta la vida ética
los trenes atestados vienen
repitiendo su voto matinal:
“Seré fiel a mi mujer,
me concentraré más en mi trabajo”,
se despiertan los desvalidos gobernantes
y reasumen su juego compulsivo:
¿quién puede liberarlos ahora?
¿quién puede alcanzar al sordo?
¿quién puede hablar por el mudo?
Lo único que tengo es una voz
para deshacer la mentira y sus dobleces,
la mentira romántica en los sesos
del sensual hombre-de-la-calle
y la mentira de la autoridad
cuyos edificios tentalean el cielo:
no hay tal cosa como el Estado
y nadie existe solo;
el hambre no deja escoger
ni al ciudadano ni al policía;
debemos amarnos unos a otros o morir.
Indefenso en la noche
nuestro mundo yace en estupor
y con todo, punteado en todas partes,
irónicos puntos de luz
relampaguean donde sea que los Justos
intercambian mensajes;
pueda yo, compuesto como ellos
de Eros y de polvo,
sitiado por la misma
negación y desesperanza,
mostrar una flama afirmativa.

VAMOS MAS RAPIDO por GUILLAUME APOLLINAIRE




Y cae la tarde y los lirios mueren
Mira mi dolor bello cielo que me lo envías
Una noche de melancolía
Sonríe niño oh hermana escucha
Pobres marchad por el gran camino
Oh selva mentirosa que surges por mi voz
Las llamas que queman las almas
Sobre el bulevar de Grenelle
Los obreros y los patrones
Árboles de mayo ese encaje
No te hagas el fanfarrón
Vamos más rápido santo Dios
Vamos más rápido
Todos los postes telegráficos
Van allá abajo junto al muelle
Sobre su seno nuestra República
Puso ese ramo de muguetes
Que bien se daban junto al muelle
Vamos más rápido santo Dios
Vamos más rápido
Boca de corazón Paulina tímida
Los obreros y los patrones
Uí-dá uí-dá bella adormecedora
Tu hermano
Vamos más rápido santo Dios
Vamos más rápido

CONTINUIDAD por GERARDO DIEGO



LAS campanas en flor no se han hecho para los senos de oficina
ni el tallo esbelto de los lápices remata en cáliz de condescendencia
La presencia de la muerte
se hace cristal de roca discreta
para no estorbar el intenso olor a envidia joven
que exhalan los impermeables
Y yo quiero romper a hablar a hablar
en palabras de nobles agujeros dominó del destino
Yo quiero hacer del eterno futuro
un limpio solo de clarinete con opción al aplauso
que salga y entre libremente por mis intersticios de amor y de odio
que se prolongue en el aire y más allá del aire
con intenso reflejo en jaspe de conciencias
Ahora que van a caer oblicuamente
las últimas escamas de los llantos errantes
ahora que puedo descorrer la lluvia
y sorprender el beso tiernísimo de las hojas y el buen tiempo
ahora que las miradas de hembra y macho
chocan sonoramente y se hacen trizas
mientras aguzan los árboles sus orejas de lobo
90 dejadme salir en busca de mis guantes
perdidos en un desmayo de cielo acostumbrado a mudar de pechera
La vida es favorable al viento
y el viento propicio al claro ascendiente de los frascos de esencia
y a la iluminación transversal de mis dedos
Un álbum de palomas rumoroso a efemérides
me persuade al empleo selecto de las uñas bruñidas
Transparencia o reflejo
el amor diafaniza y viaje sin billete
de alma a alma o de alma a cuerpo
según todas las reglas que la mecánica canta
Ciertamente las campanas maduras no se cierran como los senos de
[oficina
cuando cae el relente
ni el tallo erguido de los lápices comprende que ha llegado el momento
[de coronarse de gloria
Pero yo sí lo sé y porque lo sé lo canto ardientemente
Los dioses los dioses miradlos han vuelto sin una sola cicatriz en la frente

EL DRAGÓN por JORGE LUIS BORGES




El dragón posee la capacidad de asumir muchas formas, pero estas son inescrutables. En
general lo imaginan con cabeza de caballo, cola de serpiente, grandes alas laterales y
cuatro garras cada una provista de cuatro uñas. Se habla asimismo de sus nueve
semblanzas; sus cuernos se asemejan a los de un ciervo, su cabeza a la del camello, sus
ojos a los de un demonio, su cuello al de la serpiente, su vientre al de un molusco, sus escamas a las de un pez, sus garras a las del águila, las plantas de sus pies a las del tigre y sus orejas a las del buey. Hay ejemplares a quienes les faltan orejas y que oyen por los cuernos. Es habitual representarlo con una perla, que pende de su cuello y es emblema del sol. En esa perla está su poder. Es inofensivo si se la quitan.
La historia le atribuye la paternidad de los primeros emperadores. Sus huesos, dientes y saliva gozan de virtudes medicinales. Puede, según su voluntad, ser visible a los hombres o invisible. En la primavera sube a los cielos; en el otoño se sumerge en la profundidad de las aguas. Algunos carecen de alas y vuelan con ímpetu propio. La ciencia distingue
diversos géneros. El dragón celestial lleva en el lomo los palacios de las divinidades e impide que éstos caigan sobre la tierra; el dragón divino produce los vientos y las lluvias, para bien de la humanidad; el dragón terrestre determina el curso de los arroyos y de los ríos; el dragón subterráneo cuida los tesoros vedados a los hombres. Los budistas afirman que los dragones no abundan menos que los peces de sus muchos mares concéntricos; en alguna parte del universo existe una cifra sagrada para expresar su número exacto. El pueblo chino cree en los dragones más que en otras deidades, porque los ve con tanta frecuencia en las cambiantes nubes. Paralelamente Shakespeare había observado que hay nubes con forma de dragón («some times we see a cloud that’s dragonish»).
El dragón rige las montañas, se vincula a la geomancia, mora cerca de los sepulcros,
está asociado al culto de Confucio, es el Neptuno de los mares y aparece en tierra firme.
Los reyes de los dragones del mar habitan resplandecientes palacios bajo las aguas y se
alimentan de ópalos y de perlas. Hay cinco de esos reyes; el principal está en el centro, los otros cuatro corresponden a los puntos cardinales. Tienen una legua de largo; al cambiar de postura hacen chocar a las montañas. Están revestidos de una armadura de escamas amarillas. Bajo el hocico tienen una barba; las piernas y la cola son velludas. La frente se proyecta sobre los ojos llameantes, las orejas son pequeñas y gruesas, la boca siempre abierta, la lengua larga y los dientes afilados. El aliento hierve a los peces, las exhalaciones del cuerpo los asa. Cuando sube a la superficie de los océanos produce remolinos y tifones; cuando vuela por los aires causa tormentas que destechan las casas de las ciudades y que inundan los campos. Son inmortales y pueden comunicarse entre sí a pesar de las distancias que los separan y sin necesidad de palabras. En el tercer mes hacen su informe anual a los cielos superiores.

miércoles, noviembre 09, 2011

LAS JOYAS por CHARLES BAUDELAIRE


LES BIJOUX
La très-chère était nue, et, connaissant mon coeur,
Elle n’avait gardé que ses bijoux sonores,
Dont le riche attirail lui donnait l’air vainqueur
Qu’ont dans leurs jours heureux les esclaves des Mores.
Quand il jette en dansant son bruit vif et moqueur,
Ce monde rayonnant de métal et de pierre
Me ravit en extase, et j’aime à la fureur
Les choses où le son se mêle à la lumière.
Elle était donc couchée et se laissait aimer,
Et du haut du divan elle souriait d’aise
A mon amour profond et doux comme la mer,
Qui vers elle montait comme vers sa falaise.
Les yeux fixés sur moi, comme un tigre dompté,
D’un air vague et rêveur elle essayait des poses,
Et la candeur unie à la lubricité
Donnait un charme neuf à ses métamorphoses;
Et son bras et sa jambe, et sa cuisse et ses reins,
Polis comme de l’huile, onduleux comme un cygne,
Passaient devant mes yeux clairvoyants et sereins;
Et son ventre et ses seins, ces grappes de ma vigne,
S’avançaient, plus câlins que les Anges du mal,
Pour troubler le repos où mon âme était mise,



LAS JOYAS

La que yo amo, desnuda, y conociendo mi alma,
Sólo se había dejado sus joyas más sonoras,
Cuyo rico boato le daba aire de triunfo
Como sus días felices a las siervas de Moros.
Cuando bailando arroja un son vivo y burlón,
Ese mundo radiante de metal y de piedra
En éxtasis me encanta, y yo amo con furor
Las cosas cuyo ruido se mezcla con la luz.
Estaba pues tendida y se dejaba amar,
Y del diván en lo alto sonreía con gusto
A mi profundo amor, tan dulce como el mar,
Que hacia ella subía como a su acantilado.
Fijos en mí sus ojos, como un tigre domado,
Con soñador y vago aire ensayaba poses,
Y el candor unido a la lubricidad
Daba un encanto nuevo a sus metamorfosis.
Y su brazo y su pierna, su muslo y sus riñones,
Pulidos como aceite, como un cisne ondulantes,
Enfrentaban mis ojos videntes y serenos;
Y su vientre y sus senos, racimos de mi viña,
Mimosos, avanzaban, más que Ángeles del mal,
A turbar la quietud donde yacía mi alma,

AUTOPSICOGRAFIA por FERNANDO PESSOA



1-4-1931


EL POETA es un fingidor.
Finge tan enteramente
Que hasta finge que es dolor
El dolor que de veras siente.
Y quienes leen lo que escribe,
En el dolor leído sienten bien,
No los dos que el poeta tuvo,
Pero sólo el que ellos no tienen.
Y así por las vías rueda
Gira, para entretener la razón,
Este tren de cuerda
Que se llama corazón.

ESPANTAPAJAROS 7 por OLIVERIO GIRONDO



¡Todo era amor... amor! No había nada más que
amor. En todas partes se encontraba amor. No se
podía hablar más que de amor.
Amor pasado por agua, a la vainilla, amor al
portador, amor a plazos. Amor analizable, analizado.
Amor ultramarino. Amor ecuestre.
Amor de cartón piedra, amor con leche... lleno de
prevenciones, de preventivos; lleno de cortocircuitos,
de cortapisas.
Amor con una gran M, con una M mayúscula,
chorreado de merengue, cubierto de flores blancas...
Amor espermatozoico, esperantista. Amor
desinteresado, amor untuoso...
Amor con sus accesorios, con sus repuestos; con
sus faltas de puntualidad, de ortografía; con sus
interrupciones cardíacas y telefónicas.
Amor que incendia el corazón de los
orangutanes, de los bombreos. Amor que exalta el
canto de las ranas bajo las ramas, que arranca los
botones de los botines, que se alimenta de encelo y de
ensalada.
Amor impostergable y amor impuesto. Amor
incandescente y amor incauto. Amor indeformable.
Amor desnudo. Amor-amor que es, simplemente, amor.
Amor y amor... ¡y nada más que amor!

HOMENAJE A FREUD por ENRIQUE LIHN



Freud, el resucitado,
vuelve a encender la luz en el abismo
contra su propio voto de censura,
y ésta es la sesión definitiva.
Todos los medios fueron ensayados
para quitarle al viejo su palabra,
él mismo se prestó al experimento;
pero la selva del puritanismo
no lo pudo roer hasta los huesos
ni él mismo pudo dar la cara en falso.
La verdad está aquí, desesperada
por el acoso, las mutilaciones
y los milagros de la ciencia; rompe,
al avanzar con paso zigzagueante,
el círculo de tiza y, en un grito
que no estaba en el texto, el pudridero
de ese «santo remedio»: la mordaza.
En el brasero de los acusados,
aunque brillen cien años por su ausencia,
terminarán asándose los jueces.
Esa frente surcada de escrituras
lo había visto bien: el sufrimiento
viene de la raíz: el hombre crece
ligado al mundo por el sexo, nadie
puede volver a descubrir el fuego
sin destruir el fruto en su carozo.
El árbol de la ciencia
es una gran patraña abominable:
ha florecido a expensas del espíritu;
es natural que todo lo envenene.
Atención: fue plantado en Palestina,
fósil viviente, nada más que piedra
nutrida con el polvo del desierto.
Convendría instalarlo en la vitrina
del Museo del Hombre en su lugar
junto al poste totémico.
Empezó por hundir el paraíso
y ha terminado ensombreciendo al mundo.
El mal estuvo en no arrancarlo a tiempo,
en aceptar que se extendiera a bosque,
en no pedir manzanas al manzano.
La verdad, todo el mundo la confirma,
antes que nadie, sus impugnadores;
esas máscaras hablan por sí solas
diga lo que dijere el rostro oculto
del pretendido amor a lo divino.
¿Por quién juran los ángeles?
La carne es la semilla y es el fruto,
y el corazón florece en su trabajo d
e dar y recibir el paraíso.
Recójanse los falsos testimonios.

martes, noviembre 08, 2011

ESPANTAPAJAROS 12 por OLIVERIO GIRONDO



Se miran, se presienten, se desean,
se acarician, se besan, se desnudan,
se respiran, se acuestan, se olfatean,
se penetran, se chupan, se demudan,
se adormecen, despiertan, se iluminan,
se codician, se palpan, se fascinan,
se mastican, se gustan, se babean,
se confunden, se acoplan, se disgregan,
se aletargan, fallecen, se reintegran,
se distienden, se enarcan, se menean,
se retuercen, se estiran, se caldean,
se estrangulan, se aprietan, se estremecen,
se tantean, se juntan, desfallecen,
se repelen, se enervan, se apetecen,
se acometen, se enlazan, se entrechocan,
se agazapan, se apresan, se dislocan,
se perforan, se incrustan, se acribillan,
se remachan, se injertan, se atornillan,
se desmayan, reviven, resplandecen,
se contemplan, se inflaman, se enloquecen,
se derriten, se sueldan, se calcinan,
se desgarran, se muerden, se asesinan,
resucitan, se buscan, se refriegan,
se rehuyen, se evaden y se entregan.

LO INNOMBRABLE por Howard Phillips Lovecraft



Estábamos sentados en una ruinosa tumba del siglo XVI, a avanzada hora de la tarde de
un día de otoño, en el viejo cementerio de Arkham, y divagábamos sobre lo innombrable.
Mirando hacia el sauce gigantesco del cementerio, cuyo tronco casi había hundido la antigua y casi ilegible losa, y había hecho un comentario fantástico sobre el alimento espectral e incalificable que sus colosales raíces succionaban sin duda de aquella tierra vetusta y macabra; mi amigo me amonestó por decir esas tonterías, y añadió que puesto que no se habían efectuado enterramientos desde hacía más de un siglo, probablemente el árbol no recibía otro alimento que el ordinario. Añadió además que mi constante alusión a lo «innombrable» y lo «incalificable» eran un recurso pueril, muy en consonancia con mi escasa categoría como escritor. Yo era muy aficionado a terminar mis relatos con suspiros o ruidos que paralizaban las facultades de mis héroes y les dejaban sin valor, sin palabras y sin recuerdos para decir qué habían experimentado. Conocemos las cosas, decía él, sólo a través de nuestros cinco sentidos o nuestras intuiciones religiosas; por tanto, es completamente imposible hacer referencia a ningún objeto o visión que no pueda describirse claramente
mediante las sólidas definiciones empíricas o las correctas doctrinas teológicas,
preferentemente congregacionalistas, con las modificaciones que la tradición o sir Arthur Conan Doyle puedan aportar.
Con este amigo, Joel Manton, discutía a menudo lánguidamente. Era director de la East
High School, nacido y criado en Boston, y participaba de esa sordera autocomplaciente de Nueva Inglaterra para las delicadas insinuaciones de la vida. Su opinión era que sólo nuestras experiencias normales y objetivas poseen importancia estética, y que lo que incumbe al artista es no tanto suscitar una fuerte emoción mediante la acción, el éxtasis y el asombro, como mantener un plácido interés y apreciación con detalladas y precisas transcripciones de lo cotidiano. En particular, era contrario a mi preocupación por lo místico y lo inexplicable; porque aunque creía en lo sobrenatural mucho más que yo, no admitía que fuera tema suficientemente común para abordarlo en literatura. Para un intelecto claro, práctico y lógico,era increíble que una mente pudiese encontrar su mayor placer en la evasión respecto de la rutina diaria, y en las combinaciones originales y dramáticas de imágenes normalmente reservadas por el hábito y el cansancio a las trilladas formas de la existencia real. Según él, todas las cosas y sentimientos tenían dimensiones, propiedades, causas y efectos fijos; y aunque sabía vagamente que el entendimiento tiene a veces visiones y sensaciones de
naturaleza bastante menos geométrica, clasificable y manejable, se creía justificado para trazar una línea arbitraria, y desestimar todo aquello que no puede ser experimentado y comprendido por el ciudadano ordinario. Además, estaba casi seguro de que no puede existir nada que sea «innombrable». No era razonable, según él.
Aunque me daba cuenta de que era inútil aducir argumentos imaginativos y metafísicos
frente a la autosatisfacción de un ortodoxo de la vida diurna, había algo en el escenario de este coloquio vespertino que me incitaba a discutir más que de costumbre. Las gastadas losas de pizarra, los árboles patriarcales, los centenarios tejados holandeses de la vieja ciudad embrujada que se extendía alrededor; todo contribuía a enardecerme el espíritu en defensa de mi obra; y no tardé en llevar mis ataques al terreno mismo de mi enemigo. En efecto, no me fue difícil iniciar el contraataque, ya que sabía que Joel Manton seguía medio aferrado a muchas de las supersticiones de que las gentes cultivadas habían abandonado ya; creencias en apariciones de personas a punto de morir en lugares distantes, o impresiones dejadas por antiguos rostros en las ventanas, a las que se habían asomado en vida. Dar crédito a estas consejas de vieja campesina, insistía yo, presuponía una fe en la existencia de sustancias espectrales en la tierra, separadas de sus duplicados materiales y consiguientes a ellos.
Implicaba, además, una capacidad para creer en fenómenos que estaban más allá de todas
las nociones normales; pues si un muerto puede transmitir su imagen visible o tangible a la distancia de medio mundo o desplazarse a lo largo de siglos, ¿por qué iba a ser absurdo suponer que las casas deshabitadas están llenas de extrañas entidades sensibles, o que los viejos cementerios rebosan de terribles e incorpóreas generaciones de inteligencias? Y dado que el espíritu, para efectuar las manifestaciones que se le atribuyen, no puede sufrir limitación alguna de las leyes de la materia, ¿por qué es una extravagancia imaginar que los seres muertos perviven psíquicamente, en formas -o ausencias de formas- que para el observador humano resultan absoluta y espantosamente «innombrables»? El «sentido común», al reflexionar sobre estos temas, le aseguré a mi amigo con calor, no es sino una estúpida falta de imaginación y de flexibilidad mental.
Había empezado a oscurecer, pero a ninguno de los dos nos apetecía dejar la
conversación. Manton no parecía impresionado por mis argumentos, y estaba deseoso de
refutarlos. Con esa confianza en sus propias opiniones que tanto éxito le daba como profesor, mientras que yo me sentía demasiado seguro en mi terreno para temer una derrota. Cayó la noche, y las luces brillaron débilmente en algunas de las ventanas distantes; pero no nos movimos. Nuestro asiento -un sepulcro- era bastante cómodo, y yo sabía que a mi prosaico amigo no le inquietaba la cavernosa grieta que se abría en la antigua obra de ladrillos, maltratada por las raíces, justo detrás de nosotros, ni la total negrura del lugar que
proyectaba la ruinosa y deshabitada casa del siglo XVII que se interponía entre nosotros y la calle iluminada. Allí, sentados en la oscuridad, junto a la hendida tumba próxima a la casa deshabitada, conversábamos sobre lo «innombrable»; y cuando mi amigo dejó de burlarse, le hablé de la espantosa prueba que había detrás del relato mío del que más se había burlado él.
El relato se titulaba La ventana del ático y había aparecido en el número de Whispers
correspondiente a enero de 1922. En muchos lugares, especialmente en el sur y en la costa del Pacífico, retiraron la revista de los kioscos a causa de las quejas de los estúpidos pusilánimes; pero en Nueva Inglaterra no causó ninguna emoción, y las gentes se encogieron de hombros ante mis extravagancias. Era impensable, dijeron, que nadie se sobresaltase con aquel ser biológicamente imposible; no era sino una conseja más, una habladuría que Cotton Mather había hecho lo bastante creíble como para incluirla en su caótica Magnalia Christi Americana, y se hallaba tan pobremente autentificada que ni siquiera se había atrevido a citar el nombre de la localidad donde había tenido lugar el horror. Y en cuanto a la
ampliación que yo hacía de la breve nota del viejo místico... ¡era completamente imposible, y
típica de un plumífero frívolo y fantasioso! Mather había dicho efectivamente que había
nacido semejante ser; pero nadie, salvo un sensacionalista barato, podría pensar que se
hubiese desarrollado, se fuese asomando a las ventanas de las gentes por las noches, y se ocultara en el ático de una casa, en cuerpo y alma, hasta que alguien lo descubrió siglos después en la ventana, aunque no pudo describir qué fue lo que le volvió grises los cabellos.
Todo esto no era más que descarada mediocridad, cosa en la que no paraba de insistir mi
amigo Manton. Entonces le hablé de lo que había descubierto en un viejo diario redactado entre 1706 y 1723, desenterrado de entre los papeles de la familia, a menos de una milla de donde estábamos sentados; de eso, y de la verdad irrefutable de las cicatrices que mi antepasado tenía en el pecho y la espalda, que el diario describía. Le hablé también de los temores que abrigaban otras gentes de esa región, y de lo que se murmuró durante
generaciones, y de cómo se demostró que no era fingida la locura que le sobrevino al niño que entró en 1793 en una casa abandonada para examinar determinadas huellas que se decía
que había.
Fue sin duda un ser horrible... no es de extrañar que los estudiosos se estremezcan al
abordar la época puritana de Massachussetts. Se conoce muy poca cosa de lo que ocurrió
bajo la superficie, aunque a veces supura horriblemente con un burbujeo putrescente. El
terror a la brujería es un destello de luz de lo que bullía en los estrujados cerebros de los hombres; pero incluso eso es una pequeñez. No había belleza, no había libertad... como puede comprobarse en los restos arquitectónicos y domésticos, y los sermones envenenados de los rigurosos teólogos. Y dentro de esa herrumbrosa camisa de fuerza, se ocultaban farfullantes la atrocidad, la perversión y el satanismo. Esta era, verdaderamente, la apoteosis de lo innombrable. Cotton Mather, en ese demoníaco sexto libro que nadie debe leer de noche, no se anda con rodeos al lanzar sus anatemas. Severo como un profeta judío, y lacónicamente imperturbable como nadie hasta entonces, habla de la bestia que dio a luz un ser superior a las bestias, aunque inferior al hombre, el ser del ojo manchado, y del desdichado y vociferante borracho al que ahorcaron por tener un ojo así. De todo esto se atreve a hablar, aunque no cuenta lo que ocurrió después. Quizá no llegó a saberlo; o quizá sí, y no se decidió a contarlo.
Hay quien sí que se enteró, aunque no llegó a decir nada... Tampoco se dio explicación
pública de por qué se hablaba con temor de la cerradura de la puerta que había al pie de la escalera de cierto ático donde vivía un viejo solitario, amargado y decrépito, el cual se había atrevido a levantar la losa de determinada sepultura anónima, sobre la cual, sin embargo, existen numerosas leyendas capaces de helarle la sangre a cualquiera.
Todo está en ese diario ancestral que encontré: las secretas alusiones e historias
susurradas sobre seres con un ojo manchado que andaban asomándose a las ventanas por la
noche o eran vistos por los prados desiertos, cerca de los bosques. Mi antepasado vio a un ser así en una carretera sombría que corría por un valle, el cual le dejó señales de cuernos en el pecho y de garras en la espalda; y cuando buscaron sus pisadas en el polvo, encontraron
huellas mezcladas de pezuñas hendidas y zarpas vagamente antropoides. En una ocasión, un jinete del servicio de correo contó que había visto a la luz de la luna, unas horas antes del
amanecer, a un viejo corriendo y llamando a una criatura espantosa que andaba a zancadas por Meadow Hill, y muchos le creyeron. Desde luego, corrió una extraña historia una noche de 1710, cuando el viejo solitario y decrépito fue enterrado en una cripta que había detrás de su propia casa, cerca de la losa de pizarra sin inscripción. Nadie abrió la puerta que daba acceso a la escalera del ático, sino que dejaron la casa como estaba, pavorosa y desierta.
Cuando se oían ruidos en ella, la gente murmuraba y se estremecía, confiando en que fuese bastante sólido el cerrojo de la puerta del ático. Más tarde, esta confianza se vio frustrada cuando el horror se presentó en la casa parroquial y no dejó una sola alma viva o entera. Con el paso de los años, las leyendas adoptan un carácter espectral... pero supongo que aquel ser debió de morir, si era una criatura viva. Su recuerdo sigue siendo espantoso... tanto más espantoso cuanto que ha sido secreto.
Durante esta narración, mi amigo Manton se había ido quedando en silencio, y observé
que mis palabras le habían impresionado. No se rió al callarme yo, sino que me preguntó muy serio sobre el niño que enloqueció en 1793, y que parecía ser el héroe de mi historia. Le dije que el chico había ido a aquella casa encantada y desierta, seguramente movido por la curiosidad, ya que creía que las ventanas conservan latente la imagen de quienes habían estado sentados junto a ellas. El chico fue a examinar las ventanas de aquel horrible ático a causa de las historias sobre los seres que se habían visto detrás de ellas, y regresó gritando frenéticamente.
Cuando acabé de hablar, Manton se quedó pensativo; pero poco a poco volvió a su actitud
analítica. Concedió que quizá había existido realmente un monstruo espantoso; pero me
recordó que ni siquiera la más morbosa aberración de la naturaleza tiene por qué ser
innombrable ni científicamente indescriptible. Admiré su claridad y persistencia; pero añadí nuevas revelaciones que había recogido entre la gente de edad. Leyendas espectrales, aclaré, relacionadas con apariciones monstruosas más horribles que cuantas entidades orgánicas podían existir; apariciones de formas bestiales y gigantescas, visibles a veces, y a veces sólo tangibles, que flotaban en las noches sin luna y rondaban por la vieja casa; la cripta que había detrás, y el sepulcro junto a cuya losa ilegible había brotado un árbol. Tanto si tales apariciones habían matado o no personas a cornadas o sofocándolas, como se decía en algunas tradiciones no comprobadas, habían causado una tremenda impresión; y aún eran secretamente temidas por los más viejos de la región, aunque las nuevas generaciones casi las habían olvidado... Quizá desaparecieran, si se dejaba de pensar en ellas. Es más, en lo que se refería a la estética, si las emanaciones psíquicas de las criaturas humanas consistían en distorsiones grotescas, ¿qué representación coherente podría expresar o reflejar una nebulosidad gibosa e infame como aquel espectro de maligna y caótica perversión, aquella blasfemia morbosa de la naturaleza? Modelado por el cerebro de una pesadilla híbrida, ¿no constituirá semejante horror vaporoso, con todo su nauseabunda verdad, lo intensa,
escalofriantemente innombrable?
Sin duda se había hecho muy tarde. Un murciélago singularmente silencioso me tocó al
pasar, y creo que a Manton también, porque aunque no podía verle, noté que levantaba el
brazo. Luego dijo:
-Pero, ¿sigue en pie y deshabitada esa casa de la ventana del ático?
-Si -contesté-. Yo la he visto.
-¿Y encontraste algo... en el ático o en algún otro lugar?
-Unos cuantos huesos bajo el alero. Quizá fue eso lo que vio el niño; si era muy sensible, no necesitó ver nada en el cristal de la ventana para perder la razón. Si pertenecían al mismo ser, debió de tratarse de una monstruosidad histérica y delirante. Habría sido blasfemo dejar tales huesos en el mundo; así que los metí en un saco y los llevé a la tumba que hay detrás de la casa. Había una abertura por donde los pude arrojar al interior. No pienses que fue una tontería por mi parte... Quisiera que hubieses visto el cráneo. Tenía unos cuernos de unas cuatro pulgadas; en cambio, la cara y la mandíbula eran igual que la tuya o la mía.
Al fin pude notar que Manton, ahora muy cerca de mí, experimentaba un auténtico
escalofrío. Pero su curiosidad no se dejó intimidar.
-¿Y los cristales de las ventanas?
-Habían desaparecido todos. Una de las ventanas había perdido completamente el marco;
en las demás, no había rastro de cristales en las pequeñas aberturas romboidales. Eran de esa clase de ventanas de celosía que cayeron en desuso antes de 1700. Supongo que llevaban un siglo o más sin cristales... quizá los rompiera el niño, si es que llegó hasta allí; la leyenda no lo dice.
Manton se quedó pensativo otra vez.
-Me gustaría ver la casa, Carter. ¿Dónde está? Tanto si tiene cristales como si no, quisiera echarle una ojeada. Y también a la tumba donde pusiste aquellos huesos, y la otra sepultura sin inscripción... todo eso debe de ser un poco terrible.
-La has estado viendo... hasta que se ha hecho de noche.
Mi amigo se puso más nervioso de lo que yo me esperaba; porque ante este golpe de
inocente teatralidad, se apartó de mí neuróticamente y dejó escapar un grito, con una especie de atragantamiento que liberó su tensión contenida. Fue un grito singular, y tanto más terrible cuanto que fue contestado. Pues aún resonaba, cuando oí un crujido en la tenebrosa negrura, y comprendí que se abría una ventana de celosía en aquella casa vieja y maldita que teníamos allí cerca. Y dado que todos los demás marcos de ventana hacía tiempo que habían desaparecido, comprendí que se trataba del marco espantoso de aquella ventana demoníaca del ático.
Luego nos llegó una ráfaga de aire fétido y glacial procedente de la misma espantosa
dirección, seguida de un alarido penetrante que brotó junto a mí, de aquella tumba agrietada de hombre y monstruo. Un instante después, fui derribado del horrible banco donde estaba sentado por el impulso infernal de una entidad invisible de tamaño gigantesco, aunque de naturaleza indeterminada. Caí cuan largo era en el moho trenzado de raíces de ese horrendo cementerio, mientras de la tumba salía un rugido jadeante y un aleteo, y mi fantasía se valía de ellos para poblar la oscuridad con legiones de seres semejantes a los deformes condenados de Milton. Se formó un vórtice de viento helado y devastador, y luego hubo un tableteo de ladrillos y cascotes sueltos; pero, misericordiosamente, me desvanecí antes de comprender lo que ocurría.
Manton, aunque más bajo que yo, es más resistente; porque abrimos los ojos casi al
mismo tiempo, a pesar de que sus heridas eran más graves. Nuestras camas estaban juntas, y en pocos segundos nos enteramos de que estábamos en el hospital de St. Mary. Las enfermeras se habían congregado a nuestro alrededor, en tensa curiosidad, ansiosas por ayudar a nuestra memoria, contándonos cómo habíamos llegado allí; y no tardamos en saber que un granjero nos había encontrado a mediodía en un campo solitario al otro lado de Meadow Hill, a una milla del viejo cementerio, en un lugar donde se dice que hubo en otro tiempo un matadero. Manton tenía dos serias heridas en el pecho, así como algunos cortes o arañazos menos graves en la espalda. Yo no estaba malherido; pero tenía el cuerpo cubierto de morados y contusiones de lo más desconcertantes, y hasta una huella de pezuña hendida.
Era evidente que Manton sabía más que yo, pero no dijo nada a los perplejos e interesados médicos, hasta que le explicaron cual era la naturaleza de nuestras heridas. Entonces dijo que habíamos sido víctimas de un toro resabiado... aunque resultó difícil explicar e identificar
al animal.
Cuando las enfermeras y los médicos nos dejaron, le susurré una pregunta sobrecogida:
-¡Dios mío, Manton!, ¿qué ha pasado? Esas señales... ¿ha sido eso?
Pero yo estaba demasiado perplejo para alegrarme, cuando me contestó en voz baja algo
que yo medio me esperaba:
-No... no ha sido eso ni mucho menos. Estaba en todas partes... era una gelatina... un
limo..., sin embargo, tenía formas, mil formas espantosas imposibles de recordar. Tenía ojos...uno de ellos manchado. Era el abismo, el maelstrom, la abominación final... Carter, ¡era lo innombrable!

MAR DE LA DESESPERANZA por THOMAS HARRIS



Entramos en las urbes del Sur
se nos aceleraban los pensamientos al roce del vuelo
de las aves
habia ciudades hechas de carne
habia ciudades enteras orgánicas latientes
habia edificios que respiraban con inhumana lentitud
habia edificios zócalos muros cines corredores
que subian y bajaban lentos
en sus sistoles y diastoles enfermos
todo esto está vivo dijo una voz
habia mucha noche
mas noches de las jamás previstas y cuerpos
deslizándose en esas noches
que parecian barcos fantasmas deslizandose por esas noches
mujeres (colegialas, vestales, prostitutas,
puberes e impuberes, todo el catalago soñado)
oro no habia
habia música electrónica signos habia
peces
advertencias
no toques lo que late porque desaparecera al punto del tacto
dijo una voz
cada cosa relumbra con el brillo
que sueña tu ojo
y hubo miedo a que no hubiera nada
los escapes de los cines nos servían de refugios miradores
tuvimos que adecuar la mirada imaginar el tacto
entresoñar el coito
amamos los unos a los otros en el más total de los silencios
queriamos metenernos en esas visiones
empapasnos destas vestales
no toques lo que late porque desaparecera al punto del tacto
dijo la voz
pero todo latia casi imperceptible
con pasmosa lentitud
acequias prostibulos semiforos vitrinas y los cuerpos
todo subia y bajaba despoblado
en sus sistoles y diastoles
baldíos.

NO TENEMOS DINERO, TESORO, PERO TENEMOS LLUVIA por CHARLES BUKOWSKI



llámenle efecto invernadero o lo que sea
pero, simplemente, ya no llueve
como antes.
recuerdo en particular las lluvias de
la época de la depresión.
no había nada de dinero pero había
mucha lluvia.
no llovía sólo una noche o
un día.
llovía 7 días y 7
noches
y los sumideros de los Ángeles
no estaban hechos para tragar tanta
agua
y la lluvia caía gruesa,
malvada y
constante
y se oÍa como golpeaba contra
los tejados y en el suelo
cataratas de agua caían desde los tejados
y muchas veces granizaba
gruesos granos de hielo
como bombas
que explotaban
y se estrellaban contra las cosas
y la lluvia,
simplemente, no
cesaba
y todos los tejados tenían goteras.
cacerolas,
pucheros
por todas partes;
goteaba ruidosamente
y había que vaciarlos
una y otra
vez.
la lluvia alcanzaba los bordes de las veredas,
invadía el césped, subía por las escaleras y
entraba en las casas.
había trapos de pisos y toallas
y la lluvia muchas veces llegaba a los
retretes, burbujeando, marrón, enloquecida,
en remolinos
y los coches viejos estaban en las calles,
coches a los que les costaba arrancar hasta en
días soleados.
y los hombres que se habían quedado sin trabajo
miraban por la ventana
a sus viejas máquinas que morían
como objetos vivos
allá afuera.
los desocupados,
fracasados en época de fracasos,
estaban prisioneros en sus casas con sus
esposas, sus hijos
y sus
mascotas,
que se negaban a salir
y dejaban excrementos en
lugares impropios.
los desocupados se volvían locos
confinados con
sus mujeres, en otro tiempo hermosas.
había terribles peleas
mientras las notificaciones con desahucio
caían en los buzones.
lluvia y gritos, latas de porotos,
pan sin manteca, huevos
fritos, huevos duros, huevos
escalfados, bocadillos de
manteca de maní y un pollo
invisible
en cada puchero.
mi padre, jamás un buen hombre
en el mejor de los casos, le pegaba a mi madre
cuando llovía,
y yo me metía entre ellos,
piernas, rodillas,
gritos
hasta que
se separaban.
"te voy a matar" le gritaba yo
a mi padre, " si le volvés a pegar,
te mato".
"sacá a este pendejo
hijo de puta del medio"
"no henry, quedate
con tu mamá".
todas las familias sufrían
pero creo que la nuestra
estaba sometida a un terror
mayor que la media.
y por la noche
cuando intentábamos dormir
la lluvia seguía cayendo
y en la cama
en la oscuridad
al mirar la luna contra
la ventana rajada
que impedía que entrara
la mayor parte de la lluvia
yo pensaba en noé y en el
arca
y pensaba que el diluvio
había vuelto
todos lo
pensábamos.
y después de pronto
paraba.
parece que siempre
paraba
a eso de las 5 o 6 de la madrugada,
que paz entonces,
pero no exactamente silencio
porque las cosas seguían haciendo
ping
ping
ping
y ya no había niebla
y a las ocho de la mañana
había una
ardiente luz amarilla
- de un amarillo van ghogloca,
cegadora
y después
los desagües del tejado
aliviados del caudal de
agua
empezaban a expandirse con
el calor
pang pang pang
y todo el mundo se levantaba
y miraba afuera,
todo el césped
empapado,
más verde,
y allí estaban los pájaros
sobre el césped
piando como locos,
no habían comido decentemente
durante 7 días y 7 noches
y estaban hartos de
bayas y
esperaban que los gusanos,
gusanos casi ahogados,
salieran a la superficie.
los pájaros
tiraban de ellos para arriba
y se los echaban garganta abajo;
había mirlos y gorriones,
pero éstos
enloquecidos por el hambre,
más pequeños y más rápidos,
conseguían su
propósito.
los hombres estaban de pie en sus porches
fumando cigarrillos,
y sabían
que había que salir
a buscar empleo
que probablemente no
existía, que había que arrancar ese coche
que probablemente no
arrancaría.
y las en otro tiempo hermosas
mujeres
estaban en cuartos de baño
peinándose,
maquillándose,
intentando recomponer
su mundo,
intentando olvidar esa
terrible depresión que
las atenazaba,
preguntándose qué podrían
preparar para
el desayuno.
y en la radio
nos decían que
la escuela ya había
abierto
y
poco después
allí estaba yo
de camino a la escuela,
enormes charcos en las
calles,
el sol como un nuevo
mundo
mis padres de vuelta en aquella
casa,
y yo llegando a clases
en punto.
la señora sorenson nos recibió
con un " no tendremos
recreo, como siempre el patio
está demasiado encharcado"
"ohhhh", dijo la mayoría
de los chicos.
"pero vamos a hacer algo especial
a la hora
del recreo", continuo diciendo
"y va a ser divertido."
bueno, todos nos preguntábamos
en qué consistiría
y las dos horas de espera
mientras la señora sorenson
iba impartiendo
sus lecciones
se nos hicieron largas.
yo miraba a las
nenitas, tan lindas
todas, tan limpias y
atentas,
sentadas quietas y
derechas
y su pelo era
hermoso
bajo el sol
de california.
después sonó la campana del recreo
y todos esperábamos
la diversión.
entonces la señora sorenson nos
dijo:
"ahora lo que vamos a hacer
es contarnos
unos a otros lo que hicimos
durante la tormenta.
vamos a empezar
por la primera
fila y después con las siguientes
michael vos
empezás."
bueno empezamos a contar
nuestras historias. michael empezó
y siguió otro y después otro,
enseguida nos dimos cuenta de que
todos estábamos mintiendo, no
exactamente mintiendo, algún chico
empezó a reírse y alguna chica
empezó a lanzar
miradas aviesas y
la señora sorenson dijo:
"bueno
¡un poco de silencio!
a mí me interesa lo que
hicieron
durante la tormenta
aunque a ustedes
no."
así que tuvimos que contar nuestras
historias, y eso si que eran
historias.
una nenita dijo que
cuando salió el arco iris
la primera vez
había visto el rostro de dios
en uno de los extremos.
pero no explicó
en cual.
un nene dijo que había sacado
la caña de pescar
por la ventana
y había sacado un
pescadito
y se lo había dado a su
gato.
casi todo el mundo contó
mentiras
la verdad era simplemente
demasiado espantosa y
embarazosa
de contar.
y después sonó la campana,
el recreo
había terminado.
"gracias", dijo la señora
sorenson, "estuvo muy
bueno"
mañana el patio
estará seco
y podremos utilizarlo
de nuevo"
la mayoría de los chicos
aplaudió
y las nenitas
siguieron sentadas
derechas,
quietas,
tan lindas,
limpias y
atentas,
con sus cabellos hermosos
bajo un sol que
el mundo
no volvería a ver jamás.-

domingo, noviembre 06, 2011

Calle 13 - Latinoamérica [Video Oficial]




Soy... soy lo que dejaron
Soy toda la sobra de lo que te robaron
Un pueblo escondido en la cima
Mi piel es de cuero, por eso aguanta cualquier clima

Soy una fábrica de humo
Mano de obra campesina para tu consumo
Frente de frío en el medio del verano
El amor en los tiempos del cólera, ¡mi hermano!

Si el sol que nace y el día que muere
Con los mejores atardeceres
Soy el desarrollo en carne viva
Un discurso político sin saliva

Las caras más bonitas que he conocido
Soy la fotografía de un desaparecido
La sangre dentro de tus venas
Soy un pedazo de tierra que vale la pena

Una canasta con frijoles,
Soy Maradona contra Inglaterra
Anotándote dos goles
Soy lo que sostiene mi bandera
La espina dorsal del planeta, es mi cordillera

Soy lo que me enseñó mi padre
El que no quiere a su patria, no quiere a su madre
Soy América Latina,
Un pueblo sin piernas, pero que camina

Tú no puedes comprar el viento
Tú no puedes comprar el sol
Tú no puedes comprar la lluvia
Tú no puedes comprar el calor

Tú no puedes comprar las nubes
Tú no puedes comprar los colores
Tú no puedes comprar mi alegría
Tú no puedes comprar mis dolores

Tú no puedes comprar el viento
Tú no puedes comprar el sol
Tú no puedes comprar la lluvia
Tú no puedes comprar el calor

Tú no puedes comprar las nubes
Tú no puedes comprar los colores
Tú no puedes comprar mi alegría
Tú no puedes comprar mis dolores

Tengo los lagos, tengo los ríos
Tengo mis dientes pa' cuando me sonrío
La nieve que maquilla mis montañas
Tengo el sol que me seca y la lluvia que me baña

Un desierto embriagado con peyote
Un trago de pulque para cantar con los coyotes
Todo lo que necesito,
Tengo a mis pulmones respirando azul clarito
La altura que sofoca,
Soy las muelas de mi boca, mascando coca

El otoño con sus hojas desmayadas
Los versos escritos bajo la noche estrellada
Una viña repleta de uvas
Un cañaveral bajo el sol en Cuba

Soy el mar Caribe que vigila las casitas
Haciendo rituales de agua bendita
El viento que peina mi cabellos
Soy, todos los santos que cuelgan de mi cuello
El jugo de mi lucha no es artificial
Porque el abono de mi tierra es natural

Tú no puedes comprar el viento
Tú no puedes comprar el sol
Tú no puedes comprar la lluvia
Tú no puedes comprar el calor

Tú no puedes comprar las nubes
Tú no puedes comprar los colores
Tú no puedes comprar mi alegría
Tú no puedes comprar mis dolores

Não se pode comprar o vento
Não se pode comprar o sol
Não se pode comprar a chuva
Não se pode comprar o calor
Não se pode comprar as nuvens
Não se pode comprar as cores
Não se pode comprar minha alegria
Não se pode comprar as minhas dores

No puedes comprar el sol...
No puedes comprar la lluvia
(Vamos caminando) No riso e no amor
(Vamos caminando) No pranto e na dor
(Vamos dibujando el camino) El sol...
No puedes comprar mi vida
(Vamos caminando) LA TIERRA NO SE VENDE

Trabajo bruto, pero con orgullo
Aquí se comparte, lo mío es tuyo
Este pueblo no se ahoga con marullo
Y si se derrumba yo lo reconstruyo

Tampoco pestañeo cuando te miro
Para que te recuerde de mi apellido
La operación Condor invadiendo mi nido
!Perdono pero nunca olvido!

Vamos camimando
Aquí se respira lucha
Vamos caminando
Yo canto porque se escucha
Vamos dibujando el camino
(Vozes de um só coração)
Vamos caminando
Aquí estamos de pie

¡Que viva la américa!

No puedes comprar mi vida...

CERO por RODRIGO RAMOS BAÑADOS



Intentaremos reducir la cifra a cero señor Presidente, respondió Figueroa lanzando todo su cuerpo sobre el sofá gris en señal de cansancio, pero esa mezcla entre fe y sumisión que todavía le cliqueaba lo rebotó contra la esponja y regresó a la mesa como mono porfiado. Figueroa, que nunca se había considerado un pelotudo aunque todo el país dijera lo contrario, entendió -aunque no quisiera- que no quedaba oportunidad, pero de igual modo había que seguir con propuestas inútiles para anestesiar el tiempo. Por esto, Figueroa con su pera apoyada en sus puños esperó la señal del Presidente para continuar con la macroeconomía.

El Presidente se ubicó frente a una ventana donde en otros días era posible ver la plazoleta de las estatuas de sus antecesores. Ahora, en cambio, el vidrio estaba empañado por el efecto de los vapores que habían desprendido los cuerpos al hablar. Con un pañuelo desechable el Presidente intentó hacer un círculo en el vidrio. Su ojo sólo vio destellos de luces y algo de la multitud. Era más fácil escuchar los insultos. Bajo la nube de gases químicos se habían acumulado dos meses de crisis y si no caía del cielo la solución ahora, rápido, llegaría el peor panorama, dijo

Había dicho seguro el Presidente cuando comenzó la reunión.

El Presidente regresó a la mesa y como entregándole un naipe, le acercó su Iphone a Figueroa – No se sienta ofendido ministro, pero qué le parece esto-.
Ciertas imágenes punzaron a Figueroa.
-Entiendo que es broma- respondió Figueroa armando de cuajo lo que quedaba de la película en su cabeza.

-No es una broma ministro. Hacia allá vamos –afirmó con efusividad el Presidente pensando que Figueroa era su perro.

Figueroa miró a los generales como buscándole algún gesto, pero nada. Los tres tipos parecían estatuas, inmóviles y duros. No recaería en ellos el escarnio de la historia pues después de todo eran militares, si no que en él: el padre, el esposo, el hijo y otro montón de cosas puntuables para los de su clase que lo condujeron a esa mesa, asunto que era un logro y un orgullo. Sin embargo cuando finalizara la película que propuso el Presidente quedaría solo junto a éste; solos, pero el Presidente podría alegar desconocimiento y hasta demencia senil.

-Créame, es la mejor salida– la voz del Presidente le pareció asquerosa y lo que éste le dijo después le sonó a terrible falsa resignación- pero así están dadas las cosas lamentablemente. Lamentablemente le pareció eterno a Figueroa.

Pero no lo tome como una amenaza, no ministro, no. Adóptelo como un incentivo a su labor. De seguro pasará a la historia como quien le regresó la cordura a este hermoso país y quizás en un tiempo, quien sabe, esté sentado en mi lugar decidiendo que es lo mejor para nuestros compatriotas. Es una tarea difícil, pero del todo hermosa ministro. Usted es joven. Piense en sus hijos y su familia. Piense en los hijos de sus hijos, en la historia. Piense en el país –Figueroa se rascaba el cuello-. Nosotros nacimos para estar acá. Somos la cabeza. Somos quienes debemos tomar las decisiones por los nuestros aunque parezcan duras. Usted sabe cómo se maneja la hacienda ministro. Figueroa –el Presidente guardó silencio, lo miró fijo y continuó-, el país es como criar un hijo. Uno lo toma en pañales, lo ve crecer y también, claro está, debe disciplinarlo, enderezarlo, alejarlo de las malas juntas de lo contrario nuestro amado hijo se puede ir por mal camino como ahora. Escuche Figueroa. Escuche como nos putean ¿Usted es un hijo de puta? ¿Yo? Se perdió el respeto por las instituciones del país.

-Usted dio la orden- afirmó con entusiasmo el Presidente. Usted dio la orden, repitió más calmado con su sombra aplastando la humanidad de Figueroa. El resto aplaudió para oírse.

Era de noche y no había luz en gran parte de la ciudad. A varias cuadras de ahí, un hombre pequeño con traje de oficinista se desangraba en el asfalto después de los disparos de los guardias de un supermercado. Parecía condenado a la muerte. Había barricadas alrededor que impedirían el acceso de la ambulancia, pero la ambulancia no había salido de la posta por carencia de bencina. Su conductor, además, tenía otros 20 pedidos más urgentes y en consecuencia: mientras cargaba el estanque con conchos, negociaba por teléfono. Una turba corría por las calles del centro escapando de la nube lacrimógena y de la policía que actuaban sin órdenes ni precisión. De los edificios le disparaban a la policía. Un helicóptero, en tanto, le disparaban a los edificios.

Los F-16 ya habían despegado.

-Vamos Figueroa, quiero escucharlo- dijo el hombre.
Figueroa, cuyo apellido se leía en las paredes en compañía de insultos y dibujos obscenos, sin despegarle la vista a la corbata del Presidente comenzó a repetir calmadamente el mes y las cifras a favor y en contra. El país parecía ir creciendo por las cifras, pero a la vez iba decreciendo por las razones que explicaba Figueroa con la calculadora en mano.

El Presidente lo detuvo en mayo con su sonrisa plastificada -la de siempre cuando le molestaba algo-, y dijo que quienes estaban ahí no eran periodistas ni quería interiorizarse de porquerías macroeconómicas, así que fuera claro, concreto y sincero pues en estas ocasiones y mesas de trabajo todos se sinceraban –Figueroa nuevamente repasó con la vista a los generales-, y le pidió respeto, previo por favor, hacia los presentes quienes durante la reunión, recalcó el Presidente, ni siquiera habían puesto atención a sus celulares ni habían llamado a sus familias. Después el Presidente carraspeó, se ajustó por enésima vez el grueso nudo de la corbata más por nervio que comodidad y movió la cabeza.

-Lo espero ministro- afirmó el Presiente con las manos empuñadas.
El mayordomo abrió la puerta con un puntapié, los miró a todos con odio acumulado y les sirvió lo que quedaba de café. Antes de irse, les sacó una foto para asegurarse después con algo de plata.

-Figueroa usted es ingenuo o un imbécil- afirmó enrojecido el Presidente y como no logró respuesta pues ya no quedaban, retornó a la ventana a ver si esta vez podía mirar lo que venía.

Figueroa, sordo, blindado, continuó recitando cifras: año por año, mes por mes, día por día; comparando números, interpretando sobre la mesa hasta que en fracción de segundos quedó bajo ésta junto al ahora Dictador y los generales. Luego del estallido, vino el silencio. Afuera no quedó nadie.

sábado, noviembre 05, 2011

GORAKHNATH de JOEL VRIL: UNA UCRONIA RACIONAL SOBRE LA ESPIRITUALIDAD por EDUARDO J. FARIAS ALDERETE




La ucronía es un género literario que debería catalogarse en los términos de novela histórica alternativa, una manifestación que debe tener un buen número de adeptos. Comienza con un punto base de nuestra historia y luego la tergiversa creando universos y cosmogonías diferentes a lo que conocemos. Gorakhnat comienza como narración en un punto histórico conocido, una época pre Primera Guerra Mundial, este técnicamente sería el punto Jonbar de esta ucronía, este concepto es definido como un determinado suceso que determina toda una secuencia futura de hechos que son diferentes a la historia tal y como le conocemos, para continuar con este análisis debemos decir que Gorakhnat fue un yogi fundador de la disciplina yoga Nath aproximadamente por el siglo XI o XII , cuyo cuerpo es encontrado bajo tierra ocho siglos después y aquí comienza la trama.

La racionalidad de la forma de narrar y de delinear cada escena contrasta muy bien con la espiritualidad circundante de todos y cada uno de los personajes, desde soldados de guardia, casi los peones del tablero de ajedrez, científicos alemanes de gran relevancia, hasta los representantes de variadas manifestaciones espirituales son el andamiaje perfecto para ésta novela corta que nos va asombrando mientras vamos avanzando en ella.

Un narrador de aguda inteligencia va sumergiéndonos con una imaginería bien equilibrada en una serie de experimentos y protocolos sobre el cuerpo del yogi con el fin de utilizar su sobrenatural poder a favor de una guerra ad portas, una especie de arca de la alianza viviente, un puente, un portal entre dos dimensiones. Ningún detalle está dejado al azar y esto es lo que más seduce al lector, exige en cada una de sus páginas de una inteligencia o una agudeza espiritual suficiente para comprender cada paso en los protocolos sobre el cuerpo del yogi Gorakhnat.

Sobre la forma de esta obra la pulcritud de la forma de narrar de Joel Vril impresiona notablemente desde los primeros párrafos hasta el último, la lucidez que poseían los clásicos del siglo XIX combinados con la superposición de ambientes y de escenas de nuestro principio de siglo alienta al lector a hallar en esta ucronía la posibilidad de lo cierto, de lo que pudo perfectamente suceder o sucedió en una historia universal NO oficial, esa es la probabilidad que impacta que promete y desemboca en un rápido pero decisivo final, no es gratis ese requisito que se exige en este fantástico juego de ajedrez histórico definido como Ucronía, el conocer la historia “oficial”.

Lucidez, técnica, encanto, detalles precisos, un ahondar y recorrer espíritus dentro de los personales , hace de esta novela Gorakhnat y de su autor Joel Vril uno de los puntos brillantes de la narrativa actual de la macro zona norte, NO encontraremos personajes con nombres de opereta, escenas inútiles ni una narrativa pobre en tiempo o espacio, advertencia suficiente para disfrutar de una distendida lectura, un halago para el intelecto, un alimento para la espiritualidad que busca descubrir cada día algo nuevo para investigar y desarrollarse. Una joya.
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