sábado, octubre 05, 2013

TU por VLADIMIR MAIAKOVSKI


Entraste.
En serio miraste.
La estatura,
el bramido
sencillamente, examinaste
-un chiquillo.
Tomaste,
sacaste el corazón,
y sencillamente te fuiste con él a jugar,
como una niña juega con su pelota.
Y todas,
como si vieran milagros
exclamaron -damas y señoritas:
-"¿A ese, amarlo?
Si se echa encima,
hace falta una domadora.
¡Debe ser de una jaula!"
Y yo, de júbilo
-perdí el yugo y
de alegría,
olvidándome de mí mismo
saltaba,
-como en casamiento de indio tan
alegre, y bien me sentía.

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